El siempre sorprendente Collsacabra.

El siempre sorprendente Collsacabra.

Hay lugares en los que por muchas veces que vuelvas nunca dejan de sorprenderte, sus mágicos paisajes nos devuelven miradas agazapadas y preciosas escenas que nunca olvidas. Eso es algo que siempre nos sucede con el Collsacabra, donde cada vez que regresamos, volvemos a casa con una gran sonrisa de satisfacción por los grandes momentos que la zona nos ofrece y los nuevos lugares que nos permite descubrir.

En esta ocasión, regresábamos al Collsacabra con ganas de evadirnos y perdernos del mundanal ruido y de disfrutar de un pequeño anticiclón que nos ofrecía un fin de semana de sol y agradables temperaturas, dándonos un respiro al frió intenso de este invierno. Era también una cita pendiente que teníamos en la agenda desde al año pasado, cuando aprovechando la celebración del Cabreres-BTT, una salida en bicicleta de montaña a la que Conrad asistió, tuvimos además ocasión de descubrir algunas de las maravillas del lugar, especialmente Tavertet.

Muchas cosas nos quedaron en el tintero, entre ellas regresar a la siempre sorprendente Rupit, o a la tranquilidad del pantano de Sau, por lo que el viernes por la tarde, una vez que los dos acabamos nuestras jornadas laborales, nos pusimos manos a la obra. Hay que decir que últimamente vamos los dos liadísimos, con lo que tuvimos que hacer autenticas peripecias para hacer las maletas, recoger, cargar la auto, y conseguir salir el mismo viernes a una hora más o menos razonable. Al final …. eran casi las nueve y media cuando lo conseguimos, pero somos de la creencia que más vale ponerse en marcha el viernes aunque sea tarde, que salir el Sábado y perder casi toda la mañana.

Iniciamos la marcha sin tener demasiado claro donde pasaríamos la noche, pero tampoco era algo que nos preocupara demasiado. Lo bueno de tener a nuestras espaldas tantas “eskapadas” es que empezamos a tener nuestros “ases” guardados en la manga, y para esta ocasión teníamos un par de ellos. La primera idea era ir a Espinelves, donde hay un tranquilo parking en el cual pernoctamos en nuestra primera salida con Suny y el recuerdo de aquel primer viaje con todo el encanto de las cosas que se realizan por primera vez, nos llamaba realmente a volver a aquel lugar especial. La segunda opción era repetir el lugar de pernocta del año pasado, en Roda de Ter, donde el compañero Danmc12 nos recomendó un parking que aunque no nos entusiasma, se duerme de maravilla. Al final decidimos dejar a un lado los “sentimentalismos” y por una vez ser prácticos, era tarde y estábamos realmente cansados, con lo que nos dirigimos directamente a Roda de Ter.

En poco más de una hora llegamos al parking sin dificultad alguna, aparcamos en el mismo sitio que la última vez, estratégicamente situados para no escuchar demasiado ni la carretera ni el rumor de el agua del río Ter. (41º 58′ 51,76” N; 2º 18′ 24,26”E).

Sábado.

Nos despertamos mas tarde de lo que teníamos pensado. La mañana estaba muy tranquila y el cansancio de la semana se había hecho notar, por lo que nos dimos un pequeño respiro. Al subir la cortina nos llevamos un gran susto: Niebla!!!! No nos lo podíamos creer. Conrad llevaba toda la semana enganchado a la página de Meteocat donde habían pronosticado sol, sol, y únicamente sol para este fin de semana. Por suerte, entre que desayunamos y nos preparamos para iniciar la marcha la niebla despejo y apareció el sol resplandeciente que nos ha acompañado durante todo el fin de semana.

Una vez preparados iniciamos la marcha. Primer destino del fin de semana, el pantano de Sau, un lugar al que habíamos intentado ir durante nuestra primera salida con Suny, pero al que no conseguimos llegar al parecernos la carretera demasiado estrecha para unos novatillos como eramos nosotros por aquel entonces. Ahora con unas cuantas tablas mas, nos veíamos con fuerzas para afrontarla, así que decidimos ir a visitar un lugar que muchos nos habían recomendado.

Nos dirigimos a “l’eix”, la carretera C-25 y tomamos luego el desvío por la N-141d en dirección a Vilanova de Sau. No pudimos evitar reírnos un buen rato cuando vimos las dimensiones de la carretera que años atrás nos había hecho palidecer y dar media vuelta.-“O la auto se ha encogido, o han ensanchado la carretera”- comentamos entre risas, pero sin duda la experiencia es un grado y con todas las batallitas que hemos vivido en las tortuosas carreteras por las que nos hemos metido con la autocaravana, eran las que hacían que viéramos aquella carretera con otros ojos.

Pasamos por VIlanova de Sau, y dejamos atrás el desvió hacia Sant Roma de Sau, hasta que llegamos a la presa del pantano de Sau. La mayoría de los turismos se detuvieron allí a contemplar el lugar, pero a nosotros no nos pareció un lugar especialmente interesante. Algunas de las vistas que habíamos contemplado por el camino eran mucho mejores, así que decidimos continuar hacia adelante en dirección al embarcadero. Llegamos a un parking cerca de la Riba, y nos detuvimos. Mas adelante el camino que continuaba era bastante mas estrecho. Miramos el mapa que teníamos y creímos que nos estábamos desviando demasiado, así que dimos media vuelta buscando un lugar mejor desde el que poder contemplar el pantano.

Decidimos tomar un desvió hacia la Coma, un lugar que señalaba el plano y parecía estar bien ubicado, cogiendo la carretera que rodea el pantano. Ahí la cosa se puso interesante ya que el camino se empezó a estrechar. Por suerte, no recorrimos demasiados metros cuando llegamos a un conjunto de edificios junto al pantano y en ellos, un amplio parking que nos permitió dejar la auto. Nos bajamos de ella y nuestra intrépida copiloto, Gish, quería ser la primera en poder disfrutar de un agradable paseito, con lo cual nos armamos de paciencia y paseamos con ella por todo aquel majestuoso e idílico paisaje. Realmente disfrutó de aquel momento y se lo pasó genial y como no, nosotros nos reímos viéndola como caminaba por aquellos lares como una bestia salvaje buscando a su presa :- ) ironía al poder!

Resulto que aquel conjunto de edificios era una enorme casa de colonias llamada Can Mateu y el entorno espectacular que nos encontramos fue como estar asistiendo a algún casting de localizaciones para realizar alguna película o algún video- clip. Realmente fue excepcional, el lugar, el entorno, el paseo que nos marcamos que nos llevo directamente hasta el pantano en el cual pudimos disfrutar de unas vistas y una calma realmente envidiables. Vislumbramos desde la orilla el campanario de la sumergida Iglesia de Sant Romà, una silueta triste y estática que se encuentra totalmente rodeada de agua y que solo en tiempos de sequía se puede ver en su totalidad.

De regreso volvimos estudiando cada milímetro del terrero, de las edificaciones que en aquel momento estaban totalmente deshabitadas, sin un ruido, sin un aliento que nos diera una sola pista de que en aquel lugar en otro momento del tiempo estaría repleto de vida, de juegos, de risas de niños, de confidencias al oído, de travesuras y de un sin fin de secretos que aquellas edificaciones solitarias escondían en su interior…

Durante el paseo nos sorprendió agradablemente el no escuchar el ruido de un solo coche. No había apenas trafico por la carretera que circunvalaba el pantano, así que decidimos ser valientes e ir por ella. Nada más arrancar nos cruzamos con el vehículo de un guarda forestal. Le hicimos señales para que parara y para estar mas seguros le preguntamos si el camino permitía pasar un vehículo de nuestras dimensiones. El chico, muy amable, observo la auto, y dijo que con la nuestra no tendríamos problemas ya que era pequeñita. Nos comento que igualmente tampoco pasan dos turismos, con lo cual el problema que tendríamos hubiera sido el mismo que si hubiéramos ido con un coche. La solución… amararse de paciencia y si por casualidad nos encontrábamos algún coche de cara, intentar ponernos a un ladito y dejar pasar. Con un hasta luego se montó de nuevo en su todo terreno y nos dejo solos con nuestra pequeña aventura.

Por suerte, lo único que nos encontramos de cara fue alguna bici, e imaginaros cual era el ancho que incluso con ellas tuvimos que arrimarnos para que pudieran pasar. Si que hubo algún turismo que nos quiso adelantar y que amablemente dejamos pasar en cuanto pudimos. Evidentemente nuestro ritmo era otro. No teníamos prisa alguna y lo único que queríamos era disfrutar de un día como aquel y de aquel entorno impresionante.

Poco a poco fuimos recorriendo aquel pequeño camino que rodea el pantano. Bien asfaltado, pero “estrechito”. Tiene la peculiaridad de no tener subidas muy largas, por lo que nos pareció un recorrido especialmente interesante para repetir algún día con la bici.

Llegamos al final del camino, y nos encontramos con la carretera que conduce al parador de Vic. Junto a él se encuentra el “Monasterio de Sant Pere de Casserres”, y decidimos que no había mejor ocasión que aquella para ir a visitarlo.

Llegamos al monasterio sin problema alguno. La carretera (que está cerrada a partir de las 18:00) es amplia y permite el paso de las autocaravanas. Llegamos al parking cerca de la hora de comer, por lo que decidimos aprovechar el lugar y comer antes de hacer la visita. Hay que comentar que existe un camino para hacer a píe con buena pinta, que enlaza el Parador con el Monasterio.

Nos dispusimos a realizar la comida y a disfrutarla al máximo ya que el hambre apretaba y las fuerzas comenzaban a ir mas justillas. Un sol impresionante calentaba la auto y la convertía en un pequeño invernadero super agradable. Una vez con el estomago lleno compramos las entradas el Monasterio (3 euros/persona) y nos adentramos en el gigante de piedra que teníamos delante.

El Monasterio de Sant Pere de Casserres, es el único de la orden Benedictina en Osona, y fue construido en el año 1050 en el punto mas extremo de la cresta de Casserres, la cual por su configuración geográfica forma una península rodeada por el meandro mas espectacular que dibuja el Rió Ter, cuando abandona la zona de Vic para adentrarse hacia Les Guilleries . El Monasterio fue construido sobre una necropolis del poblado que existía en Sant Pere de Casserres. Su famoso claustro fue construido durante los famosos terremotos del siglo XV, ha sido reconstruido en la actualidad y restaurado una parte en Arte Románico, y la otra tal y como lo hicieron rehacer los monjes después de los terremotos. El centro del claustro es una gran cisterna de agua excavada directamente sobre la roca, que recoge todas las aguas fluviales del cenobio.

Es mas que recomendable a parte de la visita del Templo en si, el recorrer los caminos adyacentes y disfrutar de las espectaculares vistas que desde el se tiene de todo el Casserres y del Pantano, que en aquel punto forma un meandro que abraza al peñasco donde se encuentra el monasterio. También señalar que en uno de los edificios se proyecta un video muy interesante de toda la historia y reconstrucción del Monasterio, así como las costumbres y usos de todos los pobladores de aquella zona.

Después de disfrutar de todo lo que nos ofreció el monasterio y de relajarnos tumbados al sol en su acogedor césped, nos dispusimos a volver hacia la auto para ir al encuentro de nuestro siguiente punto en esta fantástica ruta, Rupit.

Una vez en marcha, regresamos al parador donde tomamos la carretera que comunica Tavernolas con el pantano de Sau. En pocos minutos enlazamos con la carretera C-153 que después de un considerable número de curvas nos conduciría a nuestra próxima parada, Rupit. Comentar que a medio camino, exactamente a la altura del desvío hacia Sant Martí Sescorts, intentamos encontrar un pequeño salto de agua que venia indicado en nuestro plano. Debía estar probablemente en el antiguo camino Real de Vic a Olot, pero en esta ocasión la suerte no estaba de nuestro lado. Además, la señalización del lugar era completamente inexistente por lo que preferimos no demorarnos mas y aprovechar las ultimas horas de luz que nos quedaban en nuestro próximo destino.

Llegamos a Rupit, sobre las 6 de la tarde, con lo cual nos quedaba realmente nada para poder disfrutar de este magnifico lugar con la luz del sol, pero como ya lo habíamos visitado en varias ocasiones realmente nos dio igual la poca luz que encontraríamos y el frió incipiente que comenzaba a hacer. Nos abrigamos a conciencia y salimos a encontrarnos con uno de los lugares mas especiales de los que hemos podido disfrutar.

Las casas en Rupit están construidas con una armonía perfecta entre la montaña y como es natural sus calles estrechas y empinadas nos ofrecen una de las estampas mas típicas de la localidad. El término se extiende por el altiplano de Collsacabra, las sierras de Tavertet y los riscos de Aiats y Falgars.

El nombre de Rupit viene del Latin “Rupes” que significa Roca, y si la geografía ha condicionado el nombre del lugar hay que imaginarse lo que ha podido condicionar a las personas nacidas allí. Todas las historias que se cuentan sobre Rupit están llenas de montañas poderosas, de espíritus del bosque y de seres mágicos. .. muy próximas a la tradición Celta.

Rupit es una fantástica puerta de entrada para descubrir el Collsacabra. El pueblo, situado en las peñas que rodean una serpenteante riera al norte de Barcelona, conserva un espíritu viejo y poderoso como sus grandes riscos. Cuenta la leyenda que en la zona de Guilleries, próxima a Rupit, vivía un gigante. Los viejos del lugar cuentan que el gigante colocó un pie sobre el “Avenc” y otro sobre la montaña de “El Far”. Al poner todo su peso sobre el pie que descansaba en el Avenc, partió su extremo y solo quedó una roca que recibió el nombre de la “Agullola”. Aún puede verse la roca partida, tal como se cuenta que la dejó el gigante, según las leyendas locales, los bosques que envuelven el pueblo de Rupit están llenos de seres fantásticos, como aloges, goges o donas d’aigua (mujeres de agua), que viven cerca de las rieras y las fuentes, y que cantan con dulce voz. De ellas se dice que si alguien les roba una prenda de ropa tendida, obtendrá un gran poder, pero hay que tener cuidado y ver a quien quitarles la prenda de ropa, no vaya a ser que nos equivoquemos y le dejemos sin ropa a cualquier pobre parroquiana ; – ) .

De l’Avenc cuentan los mayores que es donde habitan “los otros”, los que pertenecen al submundo y pueden interferir en los asuntos terrenales. Se dice que desde el castillo de Rupit se podía llegar hasta la Vall d’Aro a través de un túnel que empezaba en la Torre del Moro. También se comenta que en tiempos de asedio un gato utilizaba la mina para llevar los peces que capturaba a los que se encontraban dentro del castillo.

Rupit es tierra nebulosa y misteriosa. Cuenta otra leyenda que la niebla que cubre a menudo Rupit surge de unos agujeros que hay en algunos lugares, como, por ejemplo, en el Far. Lo cierto es que estos agujeros existen en las rocas de los senderos, pero la realidad es que se utilizaron como tumbas antropomórficas… Ciertamente la realidad y la ficción se entremezclan como un sutil hilo de araña que te atrapa y te enamora a partes iguales.

Todo en Rupit parece tener un halo mágico, ya sea por su entorno, por su castillo, por sus gentes mas bien silenciosas, o por sus magníficos dulces que parecen estar realizados en otro mundo. Realmente Rupit no deja indiferente a nadie…

Volvimos a la auto en un silencio casi respetuoso, solo interrumpido por el bullicio de unos turistas bastante peculiares que nos encontramos en nuestro camino, un grupo de Rusos que a esas horas de la noche iban bastante “contentillos” disfrutando de todo el encanto y la magia de este peculiar lugar. Nadie mas transitaba aquel puente colgante a esas horas ya de la tarde- noche, el sonido del agua cayendo sobre las rocas se amplificaba por mil y las risas juguetonas de los rusos que miraban todo con ojos expectantes nos hizo mucha gracia… sonidos de cámaras fotográficas resonando en la quietud de la noche.

Realmente no había prisa, pero si frió… mucho frió, Suny estaba esperándonos en el parking casi solitario (42º 01′ 34,50” N; 2º27′50,31” E) y allí tranquilamente pasaríamos la noche arropados por sus mágicas montañas que serian las vigilantes ocasionales de esta aventura.

Nuestra auto nos acogió con los brazos abiertos y con un calor que nos reconforto al instante. Nos dimos una duchita reparadora, pusimos la cena, la saboreamos y deleitamos detenidamente. Mas tarde, después de comentar algunas cosillas, nos adormilamos entre sueños de color de piedra y nieblas que nos transportaron directamente a los brazos de Morfeo.

Domingo:

La mañana amaneció resplandeciente. Nos desperezamos tranquilamente y comenzamos desayunando sin prisas. El sol entraba cálido en nuestra auto y nos hacia pensar en las aventuras que viviríamos a lo largo del día. Rupit estaba tranquilo y apenas habían empezado a llegar los centenares de turistas que inundan sus calles durante los fines de semana. Decidimos que era una buena ocasión para dar otro paseo por los alrededores mas desconocidos de Rupit, y dejar que el gélido aire de la mañana nos despertara. Iniciamos el paseo por el camino que sale en dirección a Sant Joan de Fabregues, circunvalando la población. El suelo decorado con una sutil escarcha nos obligaba a tener cuidado a cada uno de los pasos que dábamos. Llegamos hasta la ermita, desde la que pudimos disfrutar de unas fantásticas vistas de la población. Hubiésemos seguido perdiéndonos por sus alrededores, pero nuestra siguiente cita nos esperaba, y queríamos aprovechar al máximo la mañana dominical.

Nuestra siguiente parada nos llevo directamente a Cantonigros, un pueblo situado a pocos Kilómetros de Rupit, cuyo principal atractivo turístico es la excepcional “Foradada”, uno de esos lugares que la naturaleza regala al viajero y que no puedes hacer otra cosa que disfrutarla con los brazos abiertos. Es un gran salto de agua con la peculiaridad que tiene un gran agujero que le hace único en su especie…. Todo un espectáculo para los ojos. Eso si hay que tener en cuenta que el lugar no esta apenas señalizado. Nosotros llegamos a Cantonigros en pocos minutos, pero nos volvimos un poco locos buscando donde dejar la auto, o mejor dicho, para saber donde se iniciaba el camino que conducía a la Foradada. Al final preguntamos a unos señores muy amables y nos comentaron que el camino comenzaba a pocos metros mas adelante de donde estábamos situados, junto a un campo de fultbol situado en la entrada del pueblo . (42º 02′ 28,66” N; 2º 24′ 13.14” E).

No tuvimos problema alguno para aparcar allí mismo a Suny y comenzar a caminar por el abrupto camino que nos llevaría hasta la Foradada. El terreno estaba bastante mojado y hubo momentos que realmente teníamos que tener bastante cuidado para no resbalar, pero aparte de este minúsculo detalle que no ensombreció para nada el resto, hemos de comentar que es una visita casi indispensable…

Es imprescindible llevar calzado adecuado, ya que en muchos tramos del recorrido nos encontramos bastante piedra suelta, pero también hemos de decir que lo que nos encontramos durante todo el camino fueron unas vistas impresionantes. Hay tramos que tienen pequeñas vayas para no encontrarnos con ningún susto innecesario. Anduvimos mas o menos una media hora hasta llegar a la cascada. La fuerza del agua nos iba llamando poco a poco contra mas nos acercábamos, hasta que ya casi llegando a ella la furia del agua y el sonido ensordecedor nos invadió por completo.

Al llegar allí nos quedamos encantados al ver la preciosa cascada, la luz se filtraba por el gran agujero que había y hacia que las luces bailaran con una melodía desconocida y perfecta. Impresionante la poza de aguas cristalinas, de un color verde turquesa impactante. Saltamos varias piedras con cuidado de no resbalar para poder pasar hacia el otro extremo del riachuelo y así poder subir hasta el agujero que presidia la cascada y tener mejores vistas desde arriba.

Hay que tener bastante cuidado al subir ya que como comentamos anteriormente el terreno estaba bastante mojado y el sombrío de alguna de las zonas lo hacia altamente resbaladizo. Al llegar al enorme agujero nos quedamos parados simplemente observando aquella postal mágica que nos ofrecía otra vez la “naturaleza”. Era espectacular ver aquellos reflejos dorados casi imposibles que se perdían en el fondo del estanque. El agua nos mojaba la cara ya que había una sutil brisa que nos acercaba las gotas juguetonas y notamos toda su magia.

Fotografiamos la cascada de mil maneras, nos sentamos simplemente a disfrutarla y después de un ratito de miradas cómplices dejamos el sitio a otra persona que acaba de llegar para que pudiera también disfrutar de todo aquello…

Bajamos con cuidado y volvimos a cruzar las mismas piedras que nos habían llevado hasta allí arriba. Comenzamos el camino de regreso disfrutando de cada detalle, sonriendo a la gente que pasaba cerca de nosotros y hablando de la espectacularidad y peculiaridad de aquel entorno. Teníamos ganas de mas, con lo que al llegar a uno de los cruces decidimos meternos por otro camino para intentar descubrir la manera de como llegar a lo alto de las rocas en las que se inicia la cascada. Al final llegamos a un gran desfiladero que resultaba imposible cruzar. Hacia un solecito casi primaveral por lo que nos sentamos en uno de los peñascos y decidimos disfrutar del panorama y la quietud del momento. Parecíamos allí arriba seres diminutos ante la inmensidad de aquel impresionante desfiladero.

Mas tarde nos volvimos a poner en marcha y retomamos el camino de vuelta que nos conduciría otra vez hasta Suny, esta vez el esfuerzo fue mayor ya que todo el camino era de subida y las piernas comenzaban a notar el esfuerzo. Al cabo de media hora habíamos alcanzado nuestra meta. Tomamos un poquito de bebida isotónica y volvimos a enfilar la carretera esta vez ya de regreso a casa…

Comenzaba a ser tarde y buscábamos un lugar para comer relajadamente. No teníamos claro donde hacer dicha parada, pero al final recordamos que en Roda de Ter había un yacimiento arqueológico del que habíamos hablado en varias ocasiones, y pensamos que aquel seria un modo perfecto de acabar una ruta como aquella. Aunque teníamos hambre pensamos que seria mejor ver primero el yacimiento y después comer tranquilamente, con lo cual dejamos aparcada a suny cerca de la entrada al yacimiento y nos dispusimos a disfrutar de aquel lugar. Hay que comentar que la visita al yacimiento es gratuita, con lo que siempre se agradece tener lugares tan cuidados y encima poder disfrutarlos gratis.

El Yacimiento de L´Esquerda es un poblado Ibero y medieval (s. VIII aC-XIV dC) Se trata de un asentamiento a 462 m. de altura sobre el nivel del mar, que aprovecha los primeros acantilados sobre el Ter cuando éste se adentra en las Guilleries. Este hecho le da una situación estratégica y de control sobre la Plana y sobre la principal vía de comunicación hacia la costa gerundense. Seguramente esto explica las continuas ocupaciones humanas del lugar desde la prehistoria hasta la Edad Media.

L’esquerda forma parte de los yacimientos de la ruta de los Íberos desde el mes de junio de 2000. Por ello, se puede visitar este importante yacimiento siguiendo la nueva señalización que se ha implantado y que permite hacer un recorrido por todos los espacios y estructuras más significativos del yacimiento, desde la fortificación ibérica, con sus calles y las torres de defensa. En el siglo V a. C., el poblado se fortifica y se organiza: se construye una potente muralla de seis metros de ancho atravesada por una calle, con unas recámaras internas o Armor. La función de estas habitaciones no es de vivienda, sino que por los restos que se han encontrado en el armorum les daban  una función comunitaria o de almacenamiento, ya que se han encontrado restos de grandes recipientes hechos a mano y a punto  para guardar grano y líquidos.

El despoblamiento del Esquerda comienza hacia finales del siglo XIII, coincidiendo con una serie de luchas feudales. La zona se incendia varias veces, definitiva destrucción en 1314. Debido a esto la gente marcha hacia una zona más tranquila y mejor comunicada, formando un nuevo núcleo en la cabeza del puente. Este será el origen de la actual Roda de Ter.

La visita al yacimiento es muy recomendable. Es un paseo agradable con unas vistas impresionantes del río Ter. Recorrimos sus viejas piedras y supusimos como podrían vivir aquellas antiguas gentes. Un manto de un intenso verde cubría todo aquel yacimiento como si de un lienzo se tratara. Una visita repleta de tranquilidad en un marco incomparable.

Para terminar regresamos al párking de Roda de ter donde esta ruta tuvo su inicio. Bajo un agradable sol nos dispusimos a comer recordando todos los momentos que esta pequeña aventura nos había ofrecido. Sin duda el Colsacabra había conseguido sorprendernos de nuevo. Ahora solo esperamos que nuestra siguiente salida nos ofrezca todo el encanto y los preciosos momentos que nos ha ofrecido esta “impresionante” zona.

Collsacabra from conrad echobelly on Vimeo.

Créditos vídeo: Interpol- Green eyes

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