Después de muchas semanas de frío intenso, lluvias y fuertes vientos, al fin llegó un fin de semana con un pronóstico de buen tiempo. Fue por ello que ansiosos por hacer alguna salida con la auto decidimos preparar todo el viernes por la tarde para nada mas acabar de trabajar salir sin tan siquiera tener un destino demasiado claro. Dudábamos entre dirigirnos al Montsec, en la comarca de la Noguera, para hacer una ruta por el Congost de Mont Rebei, o al Montsant, en el Priorat, lugar que no conocemos demasiado y que durante una visita a Escala Dei despertó nuestro interés. Las fuertes nevadas de esta última semana y el frío intenso, lógico teniendo en cuenta que estamos en el mes de febrero, nos decantaron por el segundo de los destinos, más cálido y cercano. Así fue como pusimos rumbo a Tarragona por la AP-7.
Viernes.
Acabamos saliendo de Barcelona mas tarde de lo que hubiésemos querido, así que decidimos no complicarnos demasiado y pasar la noche del viernes en Platja Llarga, Tarragona. Lamentablemente la pernocta allí se esta complicando últimamente, y nada mas llegar vimos señales de prohibido estacionar caravanas. Aun así vimos un par de autocaravanas aparcadas, así que teniendo en cuenta la dualidad de la señalización (una autocaravana es una caravana?) y la época del año en la que estamos hicimos caso omiso a las señales y decidimos pasar allí la noche.
Una cosa si que tenemos clara, y es que tendremos que empezar a buscar otro lugar de pernocta por la zona de Tarragona para futuros viajes ya que la posibilidad de Platja Llarga tiene los días contados. La verdad es que es algo que se veía venir desde hace tiempo, y es que en este caso no hay otro culpable que los propios autocaravanistas, que en temporada alta y durante días ocupan la primera línea de costa con sus vehículos. Una cosa deberíamos tener clara, y es que para estar mas de 24 o como mucho 48 horas en un mismo lugar están los campings, ya que con esa conducta solo conseguimos llenar nuestro propio camino de espinas.
Sábado.
Nos levantamos tranquilamente el sábado por la mañana. Un magnífico sol hacia brillar el placido mar frente a la fina arena de la Platja Llarga, unas vistas que hacia días que ansiábamos ver. Afortunadamente, después de muchos fines de semana de fuerte viento al fin había dejado de soplar, algo que había que aprovechar, así que desayunamos y rápidamente nos pusimos en marcha.
Tomamos la carretera nacional 340 hasta Tarragona, luego la 420 hasta Reus, y finalmente tomamos la C-242, una bellísima carretera de montaña que nos condujo a Cornudella de Montsant. Una vez allí, nos detuvimos junto al punto de Información Turística existente para recabar toda la información que pudimos sobre la zona. En él, una amabilísima chica nos indicó los mejores lugares para visitar, y tras charlar un rato con ella decidimos empezar a descubrir el Montsant por nuestra cuenta, desde la población de la Morera de Montsant. Antes, eso si, dimos un paseo por la Cornudella para hacer algunas compras en sus tiendas tradicionales. Que pan tan magnífico!
El acceso hasta la Morera de Montsant se hace a través de una pequeña carretera asfaltada que se inicia en la Cornudella, la TV-7021, con ancho mas que suficiente para el paso de las autocaravanas.
La Morera de Montsant, situada a 743 metros de altitud, se cree que es de origen árabe. En 1170, Albert de Castellvell, señor de Siurana y de las tierras de la Morera, cedió su señoría a Arnau de Salfores y a su familia para que se encargaran de la repoblación del lugar. La actividad repobladora de esta familia fue mínima, ya que únicamente fundaron una granja que más tarde se convertiría en el monasterio femenino de Bonrepòs.
En 1194, la reina Sancha retiró el señorío a los Salfores para entregárselo a Ramon d’Obac aunque la donación fue temporal ya que muy pronto las tierras volvieron a estar en manos del monasterio de Bonrepòs. Al fundarse la cartuja de Escaladei, el rey Jaume I les traspasó la posesión de todas las tierras. Durante la Guerra de la Independencia española sufrió diversos ataques. En 1810 las tropas napoleónicas incendiaron la iglesia parroquial y se destruyeron parte de los archivos municipales.
Dentro del termino municipal de la Morera de Montsant se encuentra precisamente la Cartuja de Escaladei, un edificio de nave única y bóveda apuntada, donde se intentó crear una comunidad de religiosos en dos ocasiones (1161 y 1210). La iniciativa fracasó y la pequeña comunidad terminó trasladándose a Bonrepòs. En esta ocasión no hemos realizado dicha visita, pero el año pasado tuvimos ocasión de visitarla y sin duda la recomendamos como uno de los lugares culturales más interesantes de la zona.
Una vez llegamos a la Morera dimos alguna vuelta para encontrar un lugar donde aparcar hasta que advertidos por una pareja de autocaravanistas sobre la masificación del parking situado en la zona mas alta decidimos retroceder hasta un pequeño merendero que había a mano izquierda antes de llegar al pueblo. En él pudimos aparcar tranquilamente y prepararnos unos buenos bocadillos para el camino. Nos equipamos bien, cogimos algo de beber e iniciamos nuestro camino. La intención era llegar hasta el Clot del Cirer, una gran concavidad ubicada en la cumbre de la sierra, donde antiguamente se hallaba un árbol cerezo. En la actualidad, según nos dijeron, se encuentra un roble.
Llegamos hasta el pueblo, y nos dirigimos a la zona alta, cerca de la torre repetidor y la balsa de agua que suministra a la población, donde, mapa en mano, iniciamos la ascensión al Montsant. A escasos metros de la parte más alta del pueblo encontramos un cruce con indicaciones donde seguimos en dirección al Grau de la Grallera. Poco a poco fuimos haciendo nuestro camino, alejándonos del pueblo, cada vez a mayor altura, pudiendo disfrutar de unas vistas magníficas del Montsant. Antes de llegar al canal dels Codolells decidimos hacer una primera parada para comer algo y descansar. Llevábamos poco más de una hora de camino pero sin duda la ascensión era considerablemente fuerte, realmente mucho más de lo que suponíamos a primera vista.
Una vez descansado y disfrutado de las impresionantes vistas del Montsant bajo el cálido sol, continuamos en dirección a la cima del Montsant, a través de la canal dels Codolells, donde tuvimos que sufrir el tortuoso paso a través de una canal repleta de guijarros. Como plato final, un fuerte repecho hasta llegar a lo más alto de la Serra Major, situado a 1.132 m. Esta última ascensión nos dejó francamente exhaustos. Ciertamente somos grandes aficionados al treking, pero hemos de reconocer que a estas alturas del año, tras varios meses de parón invernal, nuestro estado físico no era el óptimo. Fue por ello que decidimos tomar un poco de aire contemplando el paisaje desde la cima del Montsant, y de paso decidir que camino continuar. En aquel punto un palo indicador señalaba cuatro caminos distintos. Decidimos continuar sin demorarnos demasiado para no quedarnos fríos en dirección oeste, con la intención de llegar al Clot de Cirer, objeto de la ruta, y luego iniciar el descenso por el Grau de Salfores, cuyo recorrido aun siendo mas largo que el de ida, parecía estar marcado en el plano como un camino de mayor importancia y por tanto sin tanta inclinación.
Pasamos, junto al Piló dels Senyalets (1.106 m), otro de los puntos mas altos señalados en la ruta, y continuamos por el camino que serpenteaba la cumbre del Montsant hasta llegar al Pi de Cugat, un impresionante árbol centenario que bien merece parar junto a él. Lamentablemente fue precisamente en este lugar donde empezó la parte más “dura” de la aventura. Llevábamos ya casi 3 horas caminando pero esto resulto solo el comienzo. Para empezar, junto al Pi de Cugat sale un camino a la derecha que baja por el Comellar de l’Obac dels Frares hasta el Clot del Cirer. Lamentablemente en nuestro caso no vimos ninguna indicación así que continuamos en dirección oeste, persiguiendo al resplandeciente sol, pero pasando de largo del que era precisamente el destino de nuestra ruta.
Continuamos andando durante largo rato, algunas veces por caminos más o menos señalizados, otras casi por senderos campo a través, pero en cualquier caso el recorrido era más o menos llano por lo que pudimos seguir un ritmo bastante rápido, hasta que llegamos a otra pequeña cumbre donde vimos una señalización que decía la Cogulla (1063 metros). Comprobamos en nuestro plano que lamentablemente nos habíamos pasado tanto del Clot del Cirer como del recorrido que teníamos planeado, lo que nos infundió un cierto temor. Nuestra intención era regresar descendiendo por el Grau de Salfores, pero si no éramos capaces de encontrar el desvío nuestra única opción era deshacer el camino andado. El problema es que eran cerca las cuatro de la tarde, y si teníamos en cuenta que de subida habíamos tardado tres horas quería decir que de regreso nos podíamos encontrar bajando por el Grau de Grallera prácticamente sin luz, algo no demasiado recomendable en una ruta que resulto casi de escaladores.
Empezamos a deshacer el recorrido andado para intentar enlazar con nuestro camino y hallar en que lugar nos habíamos desviado. Andamos durante unos instantes algo perdidos (que distintos se ven los caminos en la montaña si los miras desde un lado o desde otro) y finalmente vimos las ansiadas marcas amarillas que señalaban nuestro sendero. Empezamos a seguirlas, poco a poco, hasta que logramos encontrar el desvío que conducía al Grau de Salfores. Hay que comentar que si hacéis esta ruta, es altamente recomendable ir con un mapa en condiciones por que el que nos dieron en el punto de Información realmente nos sirvió para poco, ya que la mala señalización de la ruta, nos hizo estar en alerta casi todo el recorrido.
No ver un pequeño desvío casi sin indicar hacia un pedregal denominado el “Barranc del Miró” había sido nuestro error. Bajamos por él no sin ciertas dificultades por el cansancio que empezábamos a experimentar, y por el camino en si, ya que era un pedregal repleto de piedras sueltas que hacia de la bajada una tortura y que nos hacia patinar constantemente, pero con el alivio de quien ha conseguido retomar el rumbo perdido, pero aun quedaba alguna sorpresa mas por encontrarnos.
Seguimos el camino, poco a poco ya que algún tramo el descenso era algo mas complicado y el cansancio podía darnos algún susto, además de que convenía ir con cuidado siguiendo las señalizaciones ya que en más de un lugar resultaba complicado encontrar el camino adecuado. Pasamos por el Racó de Misa y llegamos a la parte más alta del Grau de Salfores. Desde allí, situados en la cima de aquellas enormes rocas, pudimos contemplar unas espectaculares vistas Montsant.
El camino seguía recorriendo la ladera de la montaña en dirección Este, por lo que la dirección evidentemente era la correcta, pero desde allí arriba, con aquellos acantilados a nuestra mano derecha, nos surgió la duda: -“Por donde se supone que hemos de bajar?”- La respuesta llego a los pocos minutos, después de cruzar algunos pasos complicados agarrados a un cable metálico, literalmente colgados sobre el barranco, llegamos al punto donde había que empezar a bajar.
Un fuerte y largo descenso nos quedaba por delante. Hubo momentos en que literalmente estábamos como colgados en el aire. Saltos de piedras de bastante altura que nos hacían constantemente ralentizar el paso. En ocasiones la mejor táctica fue sencillamente sentarse y deslizarse literalmente entre las rocas para poder bajar. La belleza exultante de la montaña te dejaba sin aliento, pero lo complicado de la ruta, no nos dejo disfrutarla del todo, haciéndonos pasar incluso miedo en algunas ocasiones. Creo sinceramente que las personas de la Oficina de Turismo deberían explicar estas cosas mejor, por que no quiero pensar si en vez de gente más o menos acostumbrada como nosotros, hubiera subido cualquier persona con poca preparación.
Después de una bajada interminable, y de tener varias veces que parar para poder tomar aliento al final comenzamos a divisar a lo lejos el pueblo. Aun así eran tantas las ganas que teníamos de llegar a nuestro destino que los últimos metros se hicieron eternos, cada vez bajábamos más, pero al mismo tiempo cada vez veíamos más lejano el pueblo. Después de todo el periplo, llegamos pasadas las seis de tarde, con el sol ya en su cenit mas bajo. Con cara de alivio y con un agotamiento tal que casi no podíamos caminar, habían sido casi seis horas de ruta por alta montaña, siendo un treking que a veces había parecido mas bien una “grimpada”.
Nuestra idea antes de iniciar la ruta era al finalizarla continuar recorriendo el Montsant por la cara norte, pero teniendo en cuenta la hora, el cansancio, y que el lugar donde teníamos aparcada la autocaravana parecía un buen sitio donde pasar la noche, decidimos no complicarnos mas la vida, y disfrutar realmente del hecho de estar en condiciones y sin ningún percance físico.
Al llegar a la autocaravana vimos que la autocaravana de la pareja con la que nos habíamos cruzado anteriormente estaba aparcada junto a la nuestra. Les saludamos y estuvimos hablando con ellos hasta bien entrada la noche, cuando nos dimos cuenta que casi estábamos congelados. Realmente la compañía era muy agradable, una pareja deportista con dos crios pequeños, en Carles y la Maria, que nos cayeron realmente genial. Esperemos que el destino nos vuelva a encontrar en cualquier otra escapada. Siempre es especial encontrar gente con la que poder compartir aunque sean pequeños momentos.
Una vez en la auto, pusimos algo de música para terminar de pasar el día de San Valentín, nos dimos una gratificante ducha, cenamos algo… y caímos literalmente agotados en la cama. Pero no sin antes darnos cuenta de que nos estábamos quedando sin batería en la Auto. Realmente teníamos tantas ganas de salir con la auto que no habíamos hecho del todo bien los deberes, entre ellos cargar bien las baterías de la auto. Así fue que previendo que no íbamos a disponer de calefacción durante gran parte de la noche pusimos un par de mantas, y tuvimos una placida noche, unos mas que otros…
Domingo
A la mañana siguiente se despertó un día gris y lluvioso. Solo un día de tregua y el mal tiempo volvía a hacer acto de presencia. Recogimos todo y nos quedamos charlando animadamente con nuestros compañeros de aventura en esta ocasión. Después de una larga charla nos despedimos de ellos y pusimos rumbo hacia la población de Montblanc. Habíamos hecho ya bastantes kilómetros y la lluvia y el mal tiempo no cesaban, por lo que decidimos poner dirección a Barcelona para llegar mas o menos pronto a casita. Comimos tranquilamente en un área de descanso y sobre las cuatro de la tarde dejábamos aparcada a Suny.
Ha sido un fin de semana divertido y agotador al mismo tiempo. En algunas ocasiones hemos pasado algunos apuros, incluso miedo en algún caso, pero lo importante es que hemos disfrutado de cada segundo de esta escapada. Pero si algo hemos aprendido es que a la Montaña hay que quererla, hay que disfrutarla, pero también hay tenerle un respeto considerable. Muchas veces creo que no somos conscientes de donde nos metemos… y lo hacemos confiadamente pensando que todo tiene que resultar sencillo, que todo esta previsto. En nuestro caso hemos aprendido que posiblemente haya que ir siempre preparado porque nunca se sabe lo que puede ocurrir.