Hautes Pyrénées: Caminando por el techo del mundo

oct 18, 2010 by     18 Comments    Posted under: Autocaravana, Eskapadas

Sant Joan es la excusa, Hautes Pyrénées el destino, Tourmalet el vehículo para llegar hasta sus cimas, el Pic du Midi du Bigorre la aguja con la cual tejer este delicado paño, Gavarnie la joya de la corona y Pont d´Espagne el alocado ritmo del agua que juguetea desde la altura. Un marco incomparable de belleza y tranquilidad que nos ha envuelto estos cuatro días de ruta.

Otra vez la naturaleza nos ha ofrecido momentos inolvidables de esos que te hacen sentir muy chiquito. Parajes de un verde intenso y cimas altísimas de esas que hacen cosquillas a las nubes. Túneles tan profundos que te tragan sin piedad y te trasladan a paisajes de postal. Esos paisajes que crees que tan solo pueden existir a miles de kilómetros de casa. Esta zona es tan especial que ni siquiera los kilómetros son la medida eficaz para cuantificar la distancia.

Como ese pasajero que tan solo intuye lo que se va a encontrar, nos encaminamos con “Suny” hacia lugares inexpugnables. Hacia carreteras que se retuercen una y otra vez para subir al cielo. Ese cielo que en muchos momentos encontramos decorado de nubes, teñido de colores metálicos, brumosos, fantasmagóricos. Ese cielo que ha sido tan importante en una ruta en la que continuamente estas caminando por el techo del mundo, de un mundo que por momentos nos ha ofrecido toda la belleza de los lugares que por indómitos cuesta llegar hasta sus puertas.

Curiosamente, todo empezó en una sala de cine, un fin de semana cualquiera, viendo una película cualquiera. El anuncio de un portal en Internet llamó nuestra atención por la increíble belleza de los paisajes que en él se mostraban. Se trataba del portal de la Oficina de Turismo del Midi-Pyrines, que quedó revoloteando por nuestras cabezas durante toda la película, hasta que al llegar a casa pudimos visitarlo. Simplemente, nos faltaba encontrar el momento adecuado en el que poder dirigirnos a él, y ese día al fin había llegado.

Os invitamos a uniros a un viaje de verdes, de agujas puntiagudas, de ciclistas pedaleando por llegar a culminar su meta y sobre todo de pasos esforzados en llegar a cascadas imposibles y momentos de esos que ya no olvidaremos.

Día 1: Barcelona – Ainsa.

Salimos literalmente huyendo de Barcelona. Necesitábamos aire puro y momentos en los que poder descansar nuestras pupilas de la intensidad de la ciudad. La operación salida para este ansiado puente de cuatro días estaba en su cenit, cuando comenzamos a encaminar nuestros pasos. El tráfico era muy denso a esas horas de la tarde, pero nos armamos de paciencia y con un buen planing para evitar las carreteras que se dirigen a la costa, más concurridas a estas alturas del año, conseguimos finalmente salir de la Ciudad Condal sobre las ocho de la tarde.

Iniciamos nuestro camino por la autovía A2 en dirección Zaragoza, y paramos a cenar en un área poco antes de llegar a Lleida. Más tarde, volvimos a poner rumbo hacia nuestro destino. Dos eran las opciones que nos planteábamos para cruzar al lado Francés de los pirineos, el túnel de Vielha y el de Bielsa. Nadie nos había sabido dar una respuesta concluyente, por lo que finalmente fue la opción Oscense la elegida.

Por otra parte, teníamos bien planeada la ruta, pero lo cierto es que no teníamos nada claro donde pernoctaríamos aquella primera noche. Habíamos preguntado en varios foros, pero todas las respuestas que habíamos recibido nos sumían en un mar de dudas, con lo cual al final decidimos dejarnos llevar y que el cansancio decidiera por nosotros.

Seguimos las indicaciones de nuestro GPS que nos llevaron por autovías y buenas carreteras hasta Monzón. Llevábamos ya varias horas de recorrido y empezábamos a estar cansados, pero nos encontrábamos en una zona muy poblada en la que probablemente nos resultaría difícil encontrar un lugar donde dormir, por lo que decidimos seguir hacia adelante. Al poco rato pasamos por Barbastro y enlazamos con la carretera en dirección a Ainsa. Creímos que encontraríamos algún lugar donde pasar la noche en aquel tramo de carretera ya que está bastante más despoblado, pero no pensábamos que lo estuviera tanto, ya que apenas encontramos algunas luces de pequeños grupos de casas en medio de la oscura noche. Finalmente decidimos hacer un último esfuerzo para llegar hasta Ainsa, donde sabíamos de antemano que había lugares donde pernoctar más o menos tranquilos.

Llegamos a Ainsa pasada la media noche. La población se encontraba en obras y había varias indicaciones de distintos parkings provisionales, que en nuestro caso ignoramos ya que nos dirigimos directamente al que se encontraba en la zona más tranquila, junto al río. Ya había un par de autocaravanas y alguna camper cuando llegamos, por lo que lo más rápida y silenciosamente posible aparcamos y nos abandonamos en un reparador sueño.

Día 2: Ainsa – Gavarnie.

La noche había sido bastante fresca, lo que nos permitió dormir plácidamente. La pereza había hecho acto de presencia y no nos dejaba movernos demasiado. En la cama nos “roneamos” todo lo que pudimos hasta que finalmente echamos a esa desaprensiva y nos pusimos manos a la obra.

Después de desayunar y comprar en los comercios de Ainsa algunas cosillas que nos faltaban, comenzamos con nuestro camino. Un camino que nos llevaría a descubrir lo que sin duda ha sido para nosotros una ruta de ensueño.

Nos encaminamos hacia el túnel de Bielsa con bastantes dudas. Habíamos oído hablar bastante mal de el, pero las cartas estaban ya sobre la mesa y buscar otra alternativa a estas alturas significaba dar un rodeo enorme, por lo que nos armamos de valor y tiramos hacia adelante sin pensar en si hubiese sido mejor elegir otro camino para el viaje.

El sol brillaba con fuerza e iluminaba los verdes prados del Valle de Ordesa y Monte perdido. Ascendimos poco a poco, disfrutando de los esplendidos paisajes que las lluvias caídas nos están ofreciendo este año, sin querer forzar tampoco la maquina, pues eran muchos los kilómetros a recorrer y los puertos de montaña que teníamos previsto cruzar.

Pasamos la población de Bielsa, y nos dirigimos directamente a la boca sur del túnel que nos conduciría  finalmente a Francia. El semáforo nos obligo a estar detenidos algunos minutos, cosas de la regulación del tráfico, hasta que finalmente nos dio luz verde para entrar en él. La sensación que sientes es indescriptible. Primero incertidumbre, mas tarde aprensión, hasta que al final todo ello se convierte en puro miedo. El túnel es estrecho, está mal asfaltado, y sobre todo no ves en él ninguna salida de emergencia por ningún lado, ni nada que te haga pensar que allí dentro estas seguro, pero respiramos profundamente e intentamos que los cinco kilómetros de recorrido se nos hicieran lo más cortos posibles.

Finalmente vimos la luz del día brillando a lo lejos. Ya habíamos llegado a la salida norte del túnel donde la sorpresa fue mayúscula: un paisaje perfecto nos esperaba enseñando su carta de presentación, y esa carta era tan preciosa que automáticamente paramos la auto, bajamos cámara en mano y nos dispusimos a recorrer aquellos primeros metros como si hubiéramos descubierto algún lugar en el que nadie había puesto un pie.

El amplio valle se tendía a nuestros pies. Sobre aquella alfombra verde, centenares de ovejas se encontraban tumbadas tomando el sol relajadamente, causando una estampa ciertamente curiosa. Al fondo las montañas abrían su paso a la pequeña y sinuosa carretera que descendía como si fuera una serpiente acechando a su presa.

Anduvimos por allí un buen rato, boquiabiertos, disfrutando de un paisaje esplendido, que un día soleado como este nos estaba brindando. No éramos los únicos, pues muchos de los que salían del túnel se apresuraban también a detenerse donde podían. Ciertamente la salida de este era gratamente impactante.

Continuamos finalmente con nuestra marcha, poco a poco, descendiendo el tortuoso puerto de montaña sin ninguna prisa, pues nuestra intención no era llegar a ningún lugar en concreto, sino disfrutar de todo el recorrido. Tras varios kilómetros a cámara lenta, llegamos a la población de Arreau, lugar que si bien habíamos señalado en el navegador GPS como destino, lo habíamos hecho por ser un lugar de paso mas que un destino propiamente dicho.

Arreau se encuentra en el corazón de Hautes Pyrénées, en la confluencia de los valles de Aure, de Louron y de Aspin. Será cosa del destino que al pasar por él, nos llamara la atención el ver como la población abrigaba al río a su paso por ella, y observamos como sus aguas cristalinas bajaban con una fuerza sublime y un sonido ensordecedor. Decidimos detenernos pues el viaje acababa de empezar, y como he dicho nuestro único destino consistía en disfrutar de todo el recorrido. Y menuda sorpresa.

Arreau nos sorprendió gratamente, no solo por el curioso dibujo que hace del rió, con sus pequeños puentes cruzando sobre él, sino por sus casas, su mercado, y un sinfín de pequeños detalles que hacían de aquel un lugar encantador.

La pequeña población disponía también de un fácil y divertido recorrido señalizado que conduce a las fincas con mayor interés histórico. Sin dudarlo nos pusimos a seguirlo en nuestro afán por descubrir todos los encantos de aquella pequeña población pirenaica.

Más tarde, continuamos con nuestro camino pues ansiábamos seguir descubriendo nuevas joyas de este escondido lugar de los Pirineos. Tomamos la carretera D929 en dirección a La Barthe-de-Neste, pero a menos de un kilómetro nos desviamos hacia el Coll d´Aspin, un emblemático puerto de montaña utilizado en muchas ediciones del Tour de Francia que queríamos recorrer. Probablemente no fuera esta la ruta más rápida, quizás si la más corta, pero como ya hemos comentado, en este viaje el “Kilómetro” no es una unidad de medida válida. En cualquier caso, nosotros no teníamos prisa alguna. Nos habíamos marcado Gavarnie como destino final del día, y teníamos todo el tiempo del mundo para llegar hasta él.

Nos es el Coll d’Aspin una carretera recomendada para vehículos demasiado grandes. El inicio, muy inclinado, hacia rugir el motor de “Suny” como nunca, a la vez que la estrechez de la calzada y unas curvas muy cerradas nos obligaban a estar bien atentos durante la conducción. Por si fuera poco, la zona se encontraba repleta de ciclistas que emulando las hazañas de sus grandes héroes como Induráin o Rominger, se empeñaban en ascender aquellas tortuosas carreteras. Nosotros, como pudimos, los adelantábamos, vigilando también a los que venían lanzados de cara. Pero sin duda alguna el esfuerzo valía la pena.

A medida que íbamos tomando altura los paisajes eran cada vez más increíbles. Tan solo lamentábamos que no hubiese algún mirador en el que detenernos para saborear tranquilamente aquella delicia, pero nos tuvimos que conformar con ir viendo poco a poco todo el paisaje.

Finalmente, llegamos a la cima de l’Abime, donde hallamos una explanada en la que autocaravanistas y ciclistas nos detuvimos a descansar. Las vistas desde allí eran increíbles. Era tarde por lo que decidimos que no encontraríamos un lugar mejor que aquel para comer, con vistas a las cumbres de los Pirineos y acompañados de un rebaño de vacas que curioseaba entre las autocaravanas.

Desde la cima del Col de l’Aspin son varias las rutas de treking que se pueden iniciar. Muchos, dejaban el coche en el aparcamiento en el que nos encontrábamos e iniciaban sus rutas a pié, pero en nuestro caso disponíamos de un tiempo bastante limitado, con lo que después de haber comido y jugueteado con las vaquitas continuamos con nuestro camino. Descendimos la cara oeste del Col de l’Aspin en dirección a Bagnères-de-Bigorre, pero una vez llegamos a la población de Sainte Marie de Campan, volvimos a tomar el desvío hacia el Col del Tourmalet.

Pocas presentaciones hacen falta de este famoso puerto de montaña. No es necesario ser demasiado aficionado al ciclismo de carretera, para saber que esta es sin duda, la etapa reina del Tour de Francia. Ascenderlo, significaba acercarnos ni que fuese un poquito a lo que tantos y tantos corredores habían sentido durante las distintas ediciones de la famosa prueba ciclista.

Iniciamos la ascensión, en esta ocasión de una carretera bastante más ancha pero abarrotada de ciclistas. Circular por ella era un continuo adelantamiento de una cola de bicicletas que se esforzaban por llegar a la cima. Pero no os creáis, que no eran niños. La mayoría de ellos nos doblaba la edad, lo cual hacia todavía más meritorio su esfuerzo.

A media subida, hicimos una pequeña parada, para encontrarnos con el primero de los destinos señalados para esta ruta, el Pic du Midi du Bigorre. Para alcanzar su cumbre, simplemente hay que dejarse transportar en una esplendida ascensión en telecabina. Durante todo el año, tanto en verano como en invierno, podemos acceder desde La Mongie, la estación de esquí del Tourmalet, hasta su cima. La encontramos fácilmente, y a estas alturas del año, ya sin esquiadores, no nos resultó nada complicado aparcar. Lo hicimos junto a otras autocaravanas, asegurándonos antes de salir de haberla cerrado bien, pues el sol a esas horas apretaba con fuerza.

A pocos metros encontramos el punto de información, donde un amable señor, con buenas dotes de castellano, nos ofreció algo más de información de toda la zona del Midi Pyrenees. Junto a la oficina se encontraba también la taquilla y el acceso al teleférico. Treinta euros por persona, un precio bastante elevado en nuestra opinión, pero que no nos negamos a pagar, para así poder disfrutar de las magnificas vistas que tendríamos desde las alturas.

A los pocos minutos accedíamos al teleférico que con 1000 m. de desnivel superados en 15 minutos, nos ofreció el tiempo necesario para prepararnos antes de tocar el pico a 2877 metros de altitud. Allí arriba, la pureza, la transparencia del aire y la luz, constituyen el secreto mejor guardado de un lugar en el que durante mucho tiempo ha estado reservado únicamente a científicos. Se acondicionaron 750 m2 de terrazas panorámicas, la vista se extiende a 300 km de cumbres de la cadena pirenaica, desde el Mediterráneo al Atlántico y sobre las mesetas del gran suroeste.

El esplendor de los paisajes le valieron al Pic du Midi, ser declarado en 2003 Patrimonio de la Humanidad. Todo comenzó a finales del siglo XIX con un observatorio meteorológico, en una increíble epopeya, cuyos héroes son apasionados y eruditos sabios, ávidos por comprender mejor el universo. Las cualidades excepcionales del lugar permiten efectuar observaciones y medidas que explican la evolución de la tierra. Esta aventura humana que continúa en la actualidad, se divulga en el espacio museo-gráfico más alto de Europa.

La magia del lugar prosigue también por la noche. Durante todo el año, con motivo de la celebración de actos nocturnos, el Pic du Midi está abierto para las sesiones de “Soirees Etoillees”, con un programa de animaciones sobre astronomía. De carácter aun mas mágico si cabe, El Pic du Midi, ofrece también las “Nuits au Sommet”, previa reserva, diecinueve privilegiados podrán dormir en esta cumbre emblemática y compartir momentos inolvidables bajo las estrellas.

Lamentablemente, nuestra llegada al pico, no fue todo lo exitosa que pudiéramos desear. El día parecía estar muy claro, pero una enorme masa de nubes se encontraba detenida justamente a la altura en la que se posicionaba el mirador, lo cual nos impedía disfrutar de sus increíbles vistas. -“ya nos podía haber avisado la chica de la taquilla”- pensamos en aquel momento, y es que algo parecido nos sucedió cuando intentamos subir al Aiguille du Midi del Montblanc en nuestro viaje a Rhone-Alps, pero en aquella ocasión la persona de la taquilla nos advirtió que no veríamos nada.

Recordamos que en algún lugar habíamos leído que recomendaban hacer la ascensión a primera hora de la mañana, para evitar inconvenientes como este. Pero por consecuencias del planing de ruta nos había resultado imposible llegar a esas horas, pero para quien planee un viaje por allí es una condición casi indispensable para subir al pico. Por suerte, hacia un pequeño micro-clima allí arriba, y aunque durante la ascensión habíamos apreciado un importante descenso la de temperatura por la altura a la que estábamos ascendiendo, se estaba divinamente en el mirador. Además, la instalación dispone de una pequeña cafetería con unas comodísimas tumbonas que todos nos apresuramos a ocupar a la espera de que las nubes se marcharan, y por fin pudiéramos disfrutar de las ansiadas vistas.

El conjunto dispone también de un pequeño museo sobre la astronomía y la meteorología, temática de especial importancia en aquel lugar. Lamentar quizás que la mayor parte de la exposición se encuentre en francés, pero aun así resultó agradable dar un paseo por ella, curioseando todo lo que allí había.

El paseo por la exposición nos sirvió para darnos cuenta de la altura a la que nos encontrábamos, pues en algún momento, allí dentro, se nos iba un poco la cabeza, en el mejor sentido de la palabra.

Estuvimos un buen rato dando vueltas por el mirador, pero las nubes parecían empeñadas en no desaparecer, ofreciéndonos únicamente algunos claros en momentos señalados. Estos, nos permitían intuir la grandiosidad del lugar, dejándonos a su vez con la miel en los labios, ansiosos por ver lo que sabíamos que estaba ante nuestros ojos.

Después de casi dos horas y un magnifico chocolate calentito, desistimos. Hay ocasiones en que no todo sale como uno espera y tampoco nos apetecía pasarnos toda la tarde allí esperando a ver si despejaba. Resignados, volvimos a tomar el telecabina que a los pocos minutos nos llevó de vuelta a la autocaravana.

Iniciamos nuevamente la marcha, rodeados de verdes prados y ovejas lanosas, en dirección a la cima del Coll de Tourmalet, de la que tan solo nos separaban unos pocos kilómetros. Un último y empinadísimo tramo de sinuosas curvas nos condujo a un pequeño parking de arena en el que no dudamos en detenernos. Las vistas desde allí eran evidentemente magníficas. Andamos apenas unos pasos por la carretera cruzando un estrecho paso y llegamos a un pequeño mirador situado en la cara oeste de la montaña. Junto a él un pintoresco hotel ofrecía descanso a motoristas y ciclistas que iban en búsqueda de un refrigerio. Al lado, un pequeño chiringuito de recuerdos evidenciaba la importancia del lugar. En lo alto una imponente figura homenajeaba al primer ciclista que logró ganar una etapa del Tourmalet en el Tour de Francia.

Tras hacer algunas fotos iniciamos el descenso, poco a poco, y con mucha calma, pues la dificultad del ascenso ahora se convertía en peligrosidad conduciendo un vehículo de más de dos toneladas de peso.

La cara oeste nos ofrecía unas esplendidas vistas del valle que se tendía a nuestros pies, así como de la serpenteante carretera por la que teníamos que descender. Resultaba incluso difícil no detenerse, pues a cada pocos metros algo nos sorprendía: cuando no eran unas vistas increíbles, era una persona que se lanzaba al precipicio para hacer parapente, o un pequeño jardín botánico junto a la carretera. Lo cierto es que nos tuvimos que resistir, pues llevábamos todo el día haciendo paradas y parecía que nunca íbamos a llegar a nuestro destino, Gavarnie.

Finalmente después de alguna que otra parada más, ya que nos negamos a no disfrutar de lo que el destino nos iba ofreciendo, lo logramos haciendo una pequeña tirada sin detenernos, lo que nos permitió llegar cuando todavía el sol brillaba con fuerza. Según los datos de que disponíamos, Gavarnie dispone de un parking sin servicios en el que está permitido pernoctar, así que nos dirigimos directamente a él. No nos costó demasiado encontrarlo, nada más llegar a la población ya vimos a mano derecha un gran número de autocaravanas estacionadas, y hacia allí nos dirigimos.

Nos acomodamos en el lugar elegido y dejamos a “Suny” descansando de tanta paliza. Era tarde pero el circo de Gavarnie resplandecía a lo lejos, invitándonos a ponernos las botas de montaña y a hacer una primera aproximación. Así lo hicimos y cámara en mano iniciamos el camino que conducía hasta él.

Paseamos por el pueblo, pequeñito y tranquilo a aquellas horas. Imaginábamos como de abarrotadas debían estar aquellas pequeñas tiendas, principalmente repletas de artículos de montaña y souvenirs, en plena temporada de esquí. Continuamos río arriba en dirección al circo. El lugar realmente era perfecto, unas vistas preciosas nos invitaban a perdernos a lo largo de caminos enmarcados por el sonido límpido de las aguas gélidas del rió. Un pequeño puente de piedra, nos condujo a la otra orilla, donde desde allí comenzaba la ruta hacia el Circo de Gavarnie.

En aquel momento, nos pareció que la ruta no debía ser demasiado larga, incluso dudábamos si tendríamos tiempo de hacerla antes de que nos quedáramos sin luz, algo de lo que al día siguiente nos daríamos cuenta de cuan equivocados estábamos. Menos mal que nos dimos cuenta a tiempo y dejamos nuestro ímpetu para el día siguiente.

Comenzaba a ser tarde y los primeros rayos del atardecer teñían el cielo de tonos anaranjados. Nosotros seguíamos encantados con todo lo que nos íbamos encontrando, ni siquiera éramos conscientes del cansancio que llevábamos acumulado por los kilómetros recorridos. Eran pocos los que se encontraban paseando por allí a aquellas horas, apenas algún grupo de rezagados que regresaba tarde de haber visitado el circo, pero que demonios la estampa era tan preciosa que bien merecía la pena disfrutarla.

Nos sentamos en la hierba, aspirando profundamente el magnífico aroma que inundaba aquel lugar, nuestros sentidos se inflaban y desinflaban con cada bocanada de aire que tomábamos. Un aire tan puro que se filtraba a través de nuestros pulmones como elixir sublime. Más tarde, simplemente nos levantamos y a paso de tortuga nos dirigimos hacia el parking donde reposaba “Suny”.

Al llegar a él, conocimos a unos chicos que, como nosotros, viajaban con un gatito y nos quedamos charlando alegremente con ellos durante un buen rato. Al final, éramos apenas unas sombras dibujadas en el suelo, ya que la poca luz que quedaba había desaparecido hacia bastante tiempo. Entramos en la autocaravana y pensamos en la buena pinta que tenía todo aquel lugar, en las ganas locas que teníamos por desgranar todo aquel paisaje inmaculado y sobre todo en lo increíble que debía ser llegar a su cima y poder admirar en primera persona aquel emblemático lugar.

Cerramos los ojos entre brumas y susurros. La auto se mecía plácidamente con el vaivén del viento, y nos dejamos acunar por su dulce canción mientras nos quedamos dormidos en el tiempo que uno dice “buenas noches”.

Día 3: Gavarnie – Cauterets.

Después de una noche más que placida nos levantamos ansiosos ante la ruta que íbamos a realizar. Tras desayunar y hacernos unos bocatas que nos darían las fuerzas necesarias para aguantar todo el recorrido, nos encaminamos hacia la oficina de turismo, situada apenas a unos metros del parking, para recabar más información sobre la subida al circo.

En apenas cinco minutos cogimos toda la información que necesitábamos y por un euro compramos además un mapa con las indicaciones de los recorridos de treking que podíamos realizar por la zona. Luego nos dirigimos nuevamente hacia el camino que nos conduciría, esta vez sí, hasta los pies del Circo de Gavarnie.

Hacía un calor considerable, pero íbamos bien pertrechados de agua, con lo cual el primer tramo, bastante llano, nos pareció más que razonable. Seguimos caminando cada vez mas sofocados, ya que el calor iba apretando de lo lindo y las subidas que empezábamos a encontrar comenzaban a ser realmente inclinadas, con lo cual nuestras fuerzas comenzaban a ir mas justillas. Por suerte, las increíbles vistas de las que se pueden disfrutar durante todo el recorrido nos hacían olvidar el cansancio, y centrarnos únicamente en llegar a la meta trazada.

Después de un buen rato de subida, nos topamos de bruces con el restaurante que culmina la primera parte del recorrido. Aprovechamos para comprar una botella de agua fresquita y seguimos con paso firme hacia nuestro destino.

Gavarnie es de esos pocos lugares en el planeta donde se entra en contacto con la increíble potencia de la naturaleza en estado puro, pero también donde se hace realidad la absoluta necesidad de preservarla, ya que te das cuenta del complicado equilibrio que allí existe.

Al llegar allí es cuando comprendes que estas en el corazón del Parque Nacional de los Pirineos. Con más de 3.000 metros de altitud, el Monte Perdido se erige orgulloso y majestuoso entre Francia y España. Al Sur, se vislumbran los extraordinarios cañones de Ordesa, Aniscle y Pineta en los que se respaldan los circos de Gavarnie, el más mítico, Troumouse, el más vasto y Estaubé, el más salvaje.

Solo 28 lugares en el mundo están inscritos en la lista del patrimonio mundial de la humanidad, tanto por sus valores culturales como naturales. Gavarnie se encuentra pues al mismo nivel que la Gran Muralla China, Las Pirámides de Egipto, el Parque Yellowstone en Estados Unidos, los templos de Angkor o el Machu Pichu.

Al evocar estos nombres, nos percatamos de que Gavarnie es un lugar especial y que todos los esfuerzos, como lo estipula la convención internacional del patrimonio mundial, están dirigidos a legar este paraje de manera sostenible a las futuras generaciones, en un intento de preservar los pocos lugares que quedan en el mundo de esta magnitud.

El circo en sí, tiene 1.700 metros de altura y 14 kilómetros de diámetro, de donde brotan varias cascadas, pero la más importante es un salto de 423 metros de alto, que convierte el lugar en algo excepcional.

Seguimos con esfuerzo nuestro recorrido. El camino, cada vez era más abrupto y se complicaba por momentos. Lo bueno era que estábamos relativamente cerca de nuestro objetivo y si cabe, más nerviosos.

Son varias las opciones que tenemos para visitar el Circo, en la medida en la que uno se quiera complicar. Algunos se quedaban en el restaurante, lugar a partir del cual no se permite el acceso de animales domésticos. La mayoría se quedaban al final del camino propiamente dicho, a las puertas de la lengua de hielo, donde un amplio prado ofrece unas increíbles vistas del circo. Allí, muchos aprovechan para sacar sus bocadillos mientras contemplan todo aquel espectáculo.

De ahí en adelante el sendero que conduce a los pies de la cascada se convierte en un auténtico pedregal. Evidentemente nosotros queríamos llegar hasta el pié de la cascada en búsqueda de la foto perfecta, una misión que en principio nos pareció sencilla, pero que a medida que nos acercábamos se iba complicando.

Para llegar hasta allí, primero tuvimos que descender y cruzar la lengua de hielo que nos llevaría hacia la zona de subida. Aun con el calor que hacia nos sorprendió ver la cantidad de hielo que había en el lugar. No sin algún que otro resbalón, conseguimos cruzarla.

Continuamos con la subida, realmente dura. Un viento glacial comenzaba a soplar con bastante fuerza, convirtiendo un día caluroso como aquel, en un instante poco apacible. Nos abrigamos bien, pero el intenso viento traía hacia nuestras caras diminutas gotas de agua helada, que poco a poco nos iban mojando.

Seguimos subiendo, como si estuviéramos poseídos por el espíritu de la montaña. Había bastante piedra suelta lo que nos obligaba a ser cautos e ir muy despacio. Jugueteamos con varias cabritas que nos encontramos durante el recorrido y seguimos subiendo. Cuando ya quedaban apenas 200 metros para llegar a la cascada, la subida se complicó aún más.

La inclinación era importante y el firme estaba constituido únicamente por piedras sueltas que se iban desprendiendo a nuestro paso. Decidí frenar en seco. Por primera vez fui consciente de que después de subir, tendría que bajar por una pista resbaladiza que parecía un autentico tobogán, o al menos así me lo pareció, desde la perspectiva que yo tenía desde la altura.

Le comente a Conrad que él siguiera con la ascensión, y que yo le esperaría en aquel punto. El siguió con su camino. Le vi ascender rápidamente, mientras su silueta se convertía en una figura diminuta, hasta que finalmente casi desapareció entre la niebla de agua pulverizada que la catarata provocaba en su caída sobre la piedra.

Allí a la expectativa, sentada sobre una roca, todo se torno oscuro. Un miedo irracional se apodero de mí, haciendo que me quedara literalmente “petrificada”.

El tiempo se detuvo en ese instante. Mi corazón latía con tanta fuerza que era doloroso. Conrad volvió bastante rápido, dando saltos sobre las rocas como si de una cabra montesa se tratara, pero a mí me pareció como si hubiera tardado un millón de años. En cuanto vio mi cara, comprendió que algo iba mal y se comenzó a preocupar. Después de tranquilizarme un rato, comenzamos a bajar lentamente, pero cada vez estaba más asustada. Cada paso que daba provocaba el desprendimiento de más rocas, por lo que no conseguía dar un paso en firme. Tal fue el colapso en que me vi envuelta, que un amable señor Ingles al ver la situación me prestó su bastón, un detalle que sin duda me ayudó a descender hasta donde el terreno era firme.

Con paciencia y gracias al bastón mágico del caballero inglés ;-) logre llegar por fin a tierra firme. A veces el miedo nos juega malas pasadas, y sin saber muy bien el porque, pasé uno de los momentos más angustiosos de toda mi vida. Eso sí, aprendí que a la montaña hay que respetarla, mucho no, muchísimo, y que cuanto mejor preparado vayas, muchísimo mejor, porque nunca sabes lo que te puedes encontrar. En ese sentido íbamos bastante bien preparados, pero nos faltó disponer de unos bastones que nos hubiesen proporcionado aquel equilibrio que tan bien nos hubiese venido en aquel momento.

Nos sentamos en tierra firme, bebimos agua, e intentamos tranquilizarnos lo máximo posible. Respiré profundamente e intenté memorizar cada momento de aquella ascensión y ver donde pudo estar el error. Pero más allá de errores y de estrategias, entendí que cada ascensión es distinta y que en un segundo te puede cambiar la vida. Más tarde nos comimos los bocadillos para recuperar las fuerzas y tras una sesión doble de mimos, volvimos a ponernos en marcha.

Nos esperaban un par de horas de caminata hasta llegar a la auto. El cuerpo me dolía como si hubiera estado durmiendo sobre cristales afilados, pero por fin la sensación de miedo había desaparecido. Durante la bajada conocimos a unos chicos e hicimos parte del descenso con ellos, charlando de chorradas e intentando olvidar el episodio anterior.

Gavarnie, es realmente una delicia. A fecha de hoy he de decir que tengo recuerdos agridulces de aquel día, aunque en honor a la verdad si tuviera que volver a hacerlo, lo haría con los ojos cerrados.

Lo primero que hicimos nada más llegar al pueblo de Gavarnie, fue comprarnos unos “maravillosos bastones” para próximas salidas. Desde ese momento siempre que salimos a hacer trecking, vamos pertrechados con nuestros fabulosos palos. Siempre había pensado que eran una chorrada, pero habiendo vivido lo que viví en aquel descenso, he de decir que son unos estupendos compañeros de viaje.

Regresamos finalmente al parking. Llegamos algo angustiados pues el calor apretaba con fuerza y habíamos dejado la autocaravana aparcada bajo el sol, por lo que nos temíamos que “Gish” lo estuviera pasando mal. Por suerte, el interior se había mantenido a una buena temperatura por lo que la gatita, aunque somnolienta, no parecía haber pasado mucho calor.

Aprovechamos para ventilar el habitáculo mientras descansamos y nos tomamos una horchata fresquita, uno de los muchos privilegios que tiene ir siempre con la casa a cuestas. Allí sentados, empezamos a mirar toda la documentación que en la Oficina de Información Turística nos habían ofrecido de la zona.

Lo cierto es, que con todas las rutas que se podían realizar por allí, nos podíamos haber quedado tranquilamente todos los días de los que disponíamos para el puente, pero en nuestro caso teníamos un planing ya hecho y no nos apetecía dejarnos nada de lo que habíamos señalado en él.

Nuestro siguiente destino, Pont d’Espagne, nos esperaba, así que decidimos poner rumbo hacia él. Antes eso sí, decidimos desviarnos por la estrecha carretera que conducía al Circo de Troumouse. Con un diámetro medio de 4 kilómetros y una base situada en torno a los 2.200 metros de altura, es uno de los circos más grandes de los Pirineos y de Europa. Las cumbres que lo conforman alcanzan los 2.800 y 3.100 metros de altitud, siendo el de pico de La Munia el más alto.

A medio camino, una barrera de peaje ofrece dos posibilidades: o bien dejar el vehículo aparcado y hacer una ruta a pié, o pagar por acceder a la carretera que conduce hasta un parking cercano a los pies del circo.

Lo cierto es que después de la paliza que llevábamos no nos apetecía ponernos otra vez a caminar, pero por otra parte llevábamos ya bastantes puertos de montaña recorridos, y tener que hacer otra carretera para luego regresar por el mismo camino no nos apetecía tampoco demasiado en aquel momento, por lo que nos quedamos a las puertas del circo disfrutando de sus fantásticas vistas, eso si, esta vez desde lejos.

Más tarde pusimos rumbo hacia nuestra siguiente parada de la tarde, Cauterets, población que nos serviría además como lugar de pernocta para visitar al día siguiente el Pont d´Espagne.

No eran muchos los kilómetros que nos separaban de ella, apenas una treintena, pero tardamos casi una hora en llegar, y finalmente eran cerca de las 6 de la tarde cuando entramos en la población.

Nada más llegar a Cauterets nos encontramos de bruces con el área de autocaravanas, así que nos dispusimos a aparcar en ella. En este caso el área consistía en una amplia explanada de arena en la que las autocaravanas, se encontraban todas agrupadas en su perímetro en búsqueda de alguna sombra en la que cobijarse. Por suerte, encontramos un pequeño hueco más o menos sombreado y nos colocamos en él. Nuevamente dispusimos la auto para protegerla del calor, compramos el ticket tipo “zona azul” de estacionamiento en el área, nos volvimos a calzar las mochilas y nos encaminamos a visitar la población.

El sol apretaba con fuerza, incrementando la sensación de cansancio que teníamos por la caminata realizada durante la mañana, por lo que decidimos dar un tranquilo paseo por la conocida población pirenaica.

La gran fama de Cauterets se debe principalmente a sus manantiales y sus aguas termales. A parte del termalismo esta población se hizo famosa desde el siglo XVI ya que la reina Margarita, hermana de Francisco I acudía con su corte. Entre los bañistas ilustres que visitaron los manantiales de Cauterets podemos citar al Duque de Richelieu, Victor Hugo ó Flaubert. Gracias a esta larga historia de hospitalidad, Cauterets es actualmente una de las primeras estaciones de montaña de los Pirineos. La estación ofrece una amplia gama de actividades en torno a los deportes de montaña y al termalismo.

Nos perdimos por sus calles intentando desentramar todo aquel recorrido de calles empedradas. Visitamos su popular y antigua estación de tren, un edificio de madera de pino labrado, que bien podría pertenecer a cualquier poblado del viejo Oeste americano. Se construyó para recibir la línea de ferrocarril Pierrefitte-Cauterets en 1898 y dejó de tener usos ferroviarios en 1949 tras clausurarse la línea de alta montaña. Hoy es la terminal de autobuses y el Centro Social de Cauterets, mientras que los viejos raíles se han transformado en una Vía Verde de 30 kilómetros, la cual te permite disfrutar de unas vistas maravillosas de todo el valle.

Pero, probablemente lo que más nos gusto fueron sus termas. La verdad es que con el cansancio que llevábamos y el calor sofocante eran una opción muy apetitosa, así que intentamos entrar en ellas, pero hay que recordar que esto es Francia y las instalaciones cerraban a las 7 de la tarde, con lo cual decidimos dejarlo para el día siguiente.

Con ganas de seguir descubriendo la ciudad seguimos paseando por sus callejuelas, cuando de pronto descubrimos otra área de autocaravanas en la zona norte de la población, justo al pié de la carretera que conduce a Pont d’Espagne. Bastante más pequeña y acogedora, el enclave de esta nos pareció mucho más agradable que en el que habíamos aparcado, así que tras verificar que tuviera todos los servicios en funcionamiento y que dispusiera de plazas disponibles, nos dirigimos rápidamente (más bien todo lo rápido que nuestras fatigadas piernas nos lo permitieron) a buscar a “Suny” para cambiar de lugar de pernocta. Además, ambas eran áreas municipales por lo que el ticket que ya habíamos pagado en la otra área tranquilamente nos serviría para esta.

Llegamos al área con los últimos rayos de sol. Saludamos a la gente que allí se encontraba y nos dispusimos a acomodarnos en nuestra nueva plaza. Decidimos quedarnos tranquilamente descansando, pues el día había sido muy intenso y estábamos realmente agotados, así que nos introdujimos silenciosamente en nuestra casita de ruedas dispuestos a descansar todo lo que pudiéramos.

Después de una buena ducha y una cena calentita nos metimos en la cama con la necesidad de descansar el cuerpo y cargar las pilas para el día siguiente.

Día 4:  Cauterets – Bagneres-de-Luchon.

Nos despertamos con las ansias del niño que amanece en la mañana de reyes. El cuerpo empezaba a notar el cansancio por el “tute” que nos estábamos pegando, pero la zona nos tenia completamente enamorados, y ansiábamos seguir descubriendo lugares como los que habíamos encontrado hasta el momento. Además el área, aun estando a pié de carretera, había resultado ser realmente tranquila, ofreciéndonos una placida y reparadora noche.

La mañana, algo mas nublada, aconsejaba no demorarse demasiado pues la montaña puede ser traicionera, así que una vez hubimos desayunado, nos pusimos rápidamente en marcha iniciando las ascensión por la carretera que conduce al Pont d’Espagne.

En los años cincuenta Cauterets se negó a que los lagos de sus valles fueran represados para producir energía hidroeléctrica. Desde entonces, el agua discurre libremente entre los pinos de las montañas que dominan la ciudad, en una sucesión de cascadas a través de oquedades en las rocas, un espectáculo que se puede contemplar desde la carretera que conduce al Pont d´Espagne, con una parada especial ante las cascadas de Lutour y Ceriset.

Existe también un pequeño sendero que asciende siguiendo el curso del río, y que permite hacer una ruta a pié hasta Pont d’Espagne disfrutando de toda la sucesión de cascadas. En coche, siguiendo el sendero de las cascadas, llegamos enseguida al Pont d´Espagne, puerta del más antiguo de los Parques Naciones Franceses, creado en 1967. Se extiende sobre más de 100 kilómetros de este a Oeste, incluyendo dentro de sus límites seis altos valles fronterizos con España. Su existencia contribuye a preservar una biodiversidad excepcional.

El Pont d’Espagne, con el lago de Gaube situado más arriba, se encuentra entre los lugares más visitados del parque nacional, tanto en verano como en invierno. Paseos, excursiones o esquí nórdico seducen a grandes y pequeños. Para facilitar el acceso, se han llevado a cabo obras de acondicionamiento, siempre con el mayor respeto hacia el medio ambiente, que incluyen aparcamiento, edificio de recepción, transportes y un equipamiento hotelero.

En esta ocasión nuestra intención era hacer la ruta que va desde Pont d’Espagne hasta el lago Gaube, por lo que muy a nuestro pesar tuvimos que desistir de hacer la ruta de las cascadas, dosificando así el tiempo del que disponíamos y de paso nuestras fuerzas. Por carretera, en pocos minutos llegamos al amplio aparcamiento de pago, y estacionamos tranquilamente en una zona delimitada específicamente para las autocaravanas. Sobre dicho aparcamiento únicamente destacar que no está permitida la pernocta al tratarse de un Parque Natural.

Luego, nos dirigimos al inicio de la ruta, donde se encuentra la oficina de Información Turística y venta de tickets. Son varios los caminos señalizados que permiten hacer la ruta de distintas maneras. La forma más sencilla es tomar un primer telecabina hasta Pont d’Espagne, y luego subir en el telesilla que conduce al lago Gaube. Otra opción evidentemente es hacer todo el recorrido a pié, a través de parajes impresionantes y grandes rocas colocadas por enormes gigantes. Esta última opción fue la elegida por nosotros.

Un primer tramo, bien pavimentado y apto para todos los públicos, nos condujo en apenas unos metros al Pont d’Espagne. Junto a él, un pintoresco hotel hace las delicias de quienes quieran pasar un idílico fin de semana en plena naturaleza. Frente al hotel, la terracita de la cafetería permitía a los que querían tomar un pequeño descanso, hacerlo con unas impresionantes vistas del lugar, disfrutando de los primeros rayos de sol de un inminente verano.

Lo cierto es que no entendimos demasiado la existencia de aquel primer telecabina, pues el camino era más que sencillo. Probablemente la existencia del hotel y el intento por facilitar el acceso al lugar a las personas con alguna minusvalía, hayan sido los motivos para la instalación del mismo, con lo cual bienvenido sea.

Tras realizar unas cuantas instantáneas del lugar continuamos con nuestro camino. Nos pensábamos que sería una ruta sencilla después de ver aquel primer tramo, pero como siempre, nos equivocamos de todas todas. El camino que conduce de Pont d’Espagne al lago Gaube resultó ser un abrupto y trialero sendero en el que agradecimos haber realizado la compra de los palos de treking la tarde anterior. Un primer tramo, bastante empinado, nos quitó el frió de golpe, recordándonos que nos encontrábamos en medio de los Pirineos.

Despacio, pero con paso firme, fuimos poco a poco ascendiendo un camino que afortunadamente era cada vez mas llano, y en el que únicamente algún paso complicado que nos veíamos obligados a sortear subiendo a través de las rocas, nos obligaba a disminuir el ritmo. Las increíbles vistas del lugar nos animaban a continuar paso a paso, deseando llegar a la cima, pero para ello todavía nos quedaba un buen trecho.

Seguimos caminando, disfrutando  los preciosos reflejos que se producían en el agua que descendía entre la vegetación procedente del lago Gaube, y con las vistas del Vignamale a lo lejos, una montaña cuya cima se encuentra situada a 3.298 metros de altitud. Finalmente, después de más de dos horas de travesía llegamos a nuestro ansiado Lago Gaube.

Nos lo encontramos casi de repente, quedando atónitos al contemplar toda la belleza del lugar. El Vignamale se reflejaba en sus aguas cristalinas ofreciéndonos una imagen que bien merecía el esfuerzo que habíamos realizado. Nos sentamos un momento en una gran roca para tomar algo de aliento. En ese instante, suspendidos en la altura observando todo aquel paisaje, nos sentíamos realmente afortunados. No se oía ni un ruido que nos distrajera, solo sensaciones únicas que se agolpaban en nuestros cerebros.

Desde allí arriba vimos que había varias rutas para recorrer el lago, los más osados incluso se aventuraban a ascender el Vignemale. Nosotros, ni cortos ni perezosos, bebimos un poquito de agua y seguimos en la búsqueda y captura del momento perfecto, de la luz filtrándose entre las hojas, y del sonido chispeante del viento que se colaba por todas partes.

¡Como disfrutamos de aquel momento! Qué maravillosa sensación el poder recorrer sus orillas, saltando de roca en roca, disfrutando de nuestra compañía en un entorno tan idílico como aquel. Aprovechamos el lugar para sentarnos y comer unos “deliciosos bocadillos”, un bocado “di cardinalle” que nos supo a gloria.

Al rato, comenzamos a sentir el cansancio en el mismo momento en el que un manto de nubes empezó a cubrir el cielo. El aire fresco empezó a traspasar nuestra ropa provocando que, con la sudada que llevábamos, comenzáramos a sentir frío. Nos abrigamos algo más. Habían pasado ya varias horas desde que comenzáramos  la ascensión, casi tres horas de marcha, mas otra hora que llevábamos recorriendo el lago y el tiempo transcurrido en comer, lo que nos había llevado prácticamente toda la mañana.

Fue por ello que decidimos emprender el camino de vuelta, para el cual teníamos dos opciones: o bien volver sobre nuestros pasos, opción que no nos llamaba demasiado la atención, ya que consistía en recorrer otra vez el mismo camino pero esta vez de bajada, cargando más nuestras fatigadas piernas, o una segunda opción que consistía en bajar en el telesilla. La historia es que no habíamos comprado ningún ticket en la Oficina de Información, por lo que dudábamos si lo podríamos hacer en el mismo telesilla. El mayor inconveniente de todo era que para llegar hasta alli debíamos desviarnos por otro camino un buen tramo, y que en caso de que no pudiéramos bajar deberíamos deshacer lo andado.

Con no pocas dudas, pero confiando en que nos dejarían subir, decidimos arriesgarnos y tras un largo paseo llegamos al telesilla. Allí había un chico al que preguntamos si podíamos comprar los tickets de bajada y nos comentó que no había ningún problema. Le pagamos los 14 euros por los dos billetes y nos dispusimos a disfrutar de las magnificas vistas que nos ofrecía un telesilla que iba flotando a tantísimos metros de altura.

Llegamos a tierra firme. Justamente al lado del Pont d’Espagne, pero consideramos una tontería tomar el telecabina que conduce hasta el aparcamiento, así que hicimos este último tramo a pié, aprovechando para hacer una última tanda de fotos. Al poco rato estábamos en la auto y poníamos rumbo otra vez hacia Cauterets.

Nuestra aventura empezaba a llegar casi a su fin y nos daba muchísima pena acabar una ruta en la cual habíamos disfrutado tantísimo. Pero aun nos quedaban algunas cosillas en el tintero y estábamos dispuestos a disfrutarlas al máximo.

Nuestra intención para aquella tarde era dirigirnos a Les Bains du Rocher, lugar que nos habíamos quedado con ganas de visitar la tarde anterior. Lamentablemente el tiempo estaba cambiando bruscamente y un cielo amenazador se cernía sobre nosotros, dándonos la impresión de que pronto caería un buen chaparrón. Esto hacia algo menos apetecible el baño, pero aun así nuestros planes estaban claros: después de regresar al área donde habíamos pasado la noche y tomar un pequeño tentempié, dejamos aparcada la autocaravana y nos dirigimos directamente a Les Bains du Rocher, dispuestos a pasar el resto de la tarde dedicándonos únicamente a mimar nuestros cuerpos.

Pagamos los 32,00 € que nos costaron las entradas y nos introdujimos en un mundo etéreo que nos envolvió al momento. Con describiros la publicidad que nos dieron en su folleto creo que entenderéis al cien por cien lo que sientes al estar en ellos: “Los suelos son de jade, los muros de piedra, los Baños termales de La Rocher te invitan a relajarte después del esfuerzo realizado en días anteriores. Disfrutar del bienestar en un entorno original y con fantásticas vistas es lo que nos ofrecieron estas termas”.

Los baños los habían inaugurado hacia apenas unas semanas, por lo que casi podíamos decir que los estábamos estrenando. Sus aguas termales se calientan de forma natural, tanto en el interior como en el exterior. Su interior es una hermosa laguna delicadamente iluminada bajo una majestuosa cúpula; en el exterior uno puede bañarse en las cálidas aguas en cualquier estación del año.

Nos dimos un primer baño en la laguna interior para romper el hielo. A la hora a la que entramos en el recinto eran pocas las personas que se encontraban en él, por lo que pudimos disfrutar de sus aguas cálidas en un silencio casi místico, pero sin duda, el tesoro de estas termas reside en el exterior. Su preciosa laguna exterior te invita a soñar con unas vistas de ensueño. Bañándote relajadamente en ella te da la sensación de que el tiempo se ha detenido por completo y tu eres la única persona que está teniendo la suerte de disfrutar de un tesoro como aquel.

Cerramos los ojos y dejamos caer nuestras cabezas en uno de los reposacabezas que había para tal efecto. Todo era silencio y relajación, hasta que lamentablemente el recinto comenzó a llenarse poco a poco de gente, rompiendo finalmente la magia del momento. Resignados, pero satisfechos por haber disfrutado ni que fuera de unos instantes de tranquilidad, observamos como de repente se puso a llover. Al principio parecían ser cuatro gotas, pero esas cuatro gotas dieron paso a una lluvia realmente copiosa, y allí, empapados, nos quedamos contemplando el constante y cristalino goteo que caía sobre la laguna. En aquel momento, ya estábamos completamente mojados, con lo cual un poquito más de agua no iba a estropear nuestra permanencia en la piscina exterior, pero si nos empezaba a molestar la cantidad de gente que comenzó a llenar el lugar de una forma bastante bulliciosa.

Decidimos retirarnos y dejar paso a la siguiente tanda de visitantes, pues ya habíamos tenido suficiente. Nuestros cuerpos salían hiper-relajados, y de eso se trataba, de salir con las pilas cargadas.

Pusimos nuestros pies en el exterior y nos encontramos con que el chaparrón había aumentado en virulencia, y estaba lloviendo literalmente “a cantaros”. Decidimos detenernos un momento en una boulangerie hasta que cesara un poco la lluvia, y ya de paso saciar nuestro repentino apetito, con alguna de las delicias caseras del lugar. Al rato, el diluvio cesó, momento que aprovechamos para llegar hasta la auto, quitarnos la ropa mojada, secarnos, y tomarnos un chocolate calentito. Luego, nos pusimos otra vez en marcha.

Con esta última parada en las termas de La Rochel dábamos por finalizadas las visitas de nuestro viaje, pero aun nos faltaba todo el planing de vuelta, y nos resignábamos a pasar por varios lugares únicamente como meros espectadores. Eso si, para el camino de vuelta teníamos planeado tomar la autopista francesa que recorre la cara norte de los pirineos, evitando  tener que volver a recorrer los numerosos puertos de montaña que durante la ida habíamos cruzado.

Iniciamos el camino en dirección a Lourdes, localidad que pasamos como un relámpago. Lo cierto es que en un principio habíamos pensando en detenernos en ella, aunque fuera a echar unas cuantas fotos, pero había tantísima gente en la población que nos dio pereza, así que continuamos con nuestro camino. Al poco rato llegamos a las inmediaciones de Tarbes, donde tomamos la autopista A64 en dirección Toulouse, y que no abandonaríamos hasta llegar a la población de Gourdan-Polignan. Según nuestro navegador GPS el camino más rápido para volver a casa era continuar por autopista hasta llegar a la costa mediterránea, y entrar a España por la Jonquera, pero lo cierto es que preferíamos cruzar de nuevo los Pirineos que tener que hacer tantísimos kilómetros por autopista. Además, todavía nos había quedado algo en el tintero, la pequeña población de Bagneres-de-Luchon, una localidad de la cual nos habían hablado muy bien y decidimos visitar. Según teníamos entendido hay en ella un área para autocaravanas, por lo que sería un buen lugar para pasar la noche.

Nada más salir de la autopista, tomamos la carretera N-125 que más adelante, se convierte en la nacional N-230 al cruzar la frontera, y que permite entrar a España a través del túnel de Vielha. En nuestro caso, nos desviamos unos kilómetros antes de llegar a la frontera para dirigirnos a Bagneres-de-Luchon.  La localidad es pequeña y dinámica, y esta dedicada a la puesta en forma, el bienestar y el deporte. También es conocida por su famoso balneario. De dicha población hay que destacar, en primer lugar, sus famosas termas. Por otra parte, dispone de una amplia gama de actividades deportivas para realizar a lo largo del año, tanto en verano como en invierno: bicicleta de montaña, piragüismo, escalada, parapente, esquí, y un sinfín de deportes siempre con los Pirineos como marco excepcional. Para los amantes de los deportes de invierno hay que destacar que Bagneres-de-Luchon dispone de un telecabina que permite llegar en 15 minutos a la estación de esquí de Superbagnères.

Llegamos a Bagneres-de-Luchon ya un poco tarde. Entre el baño en las termas y el trayecto hasta llegar allí, pasaban de las seis de la tarde. La población nos pareció muy bonita. Su peculiar arquitectura típica de la época de Napoleón tercero te muestra una estampa única del lugar, pero por otra parte nos dio la impresión de ser una localidad venida a menos. Su época dorada ya pasó y a fecha de hoy tan solo sus famosas termas centran la atención de la ciudad. De aquel momento glorioso ahora tan solo nos queda un recuerdo en forma de multitud de establecimientos cerrados y hoteles antiguos y destartalados que encontramos diseminados por toda la localidad. Realmente resulta una lástima porque el lugar es francamente bonito.

Nuestra intención era encontrar en primer lugar el área de autocaravanas y luego ya tendríamos tiempo de entretenernos lo que quisiéramos. Lamentablemente, no disponíamos de información detallada de la ubicación exacta de ella, y tampoco conseguíamos encontrar ninguna señal que nos indicara donde se encontraba, por lo que estuvimos un buen rato dando vueltas. Ya en las afueras de Bagneres-de-Luchon, en la vecina población de Montauban-de-Luchon, vimos una indicación y después de muchos obstáculos, ya que la zona se encontraba en obras, logramos llegar hasta allí. Apenas se encontraban un par de autocaravanas cuando llegamos. Tras dar un primer suspiro por haberla encontrado, nos dimos cuenta de que esta se encontraba pegada a un cementerio, lo que la hacía disponer de una vistas como mínimo singulares. No nos lo podíamos creer, tantas vueltas para eso! Pero por otro lado, muchos nos habían hablado de la magnífica área de Bagneres-de-Luchón, cuya descripción no concordaba en absoluto con la de aquel lugar.

Cansados pero sin resignarnos, decidimos que no nos apetecía para nada, pasar nuestra última noche de ruta durmiendo en un cementerio, por lo que emprendimos de nuevo la marcha, volvimos al centro de Bagneres-de-Luchon, y fuimos poco a poco fijándonos en cada calle, pues sabíamos que en algún lugar se debían encontrar las autocaravanas. De pronto, vimos medio escondido un pequeño cartel indicando la existencia de un área. A los pocos metros (y unas cuantas vueltas mas) otro cartel, hasta que finalmente logramos encontrarla! Perfectamente emplazadas junto a un lago se encontraban más de una veintena de autocaravanas. Nos parecía increíble que no las hubiésemos conseguido encontrar antes. Aparcamos y nos dirigimos al parquímetro. El coste del área era de tan solo cuatro euros la noche, pero lamentablemente no disponíamos de suficientes monedas. Nos acercamos a un paisano de una autocaravana cercana, y como pudimos, en nuestro precario francés le preguntamos si disponía de cambio. Finalmente logramos que nos entendiera, y amablemente nos facilito cambio para la máquina.

A nuestro regreso entablamos conversación con un amiguete de éste, un señor que hablaba un perfecto castellano, con quien estuvimos charlando un buen rato. Éste, nos comentó que habíamos sido muy ingenuos comprando el ticket, que nadie allí pagaba en aquel área, a lo que nosotros le respondimos que no nos importaba pagar, puesto que valorábamos mucho el poder disfrutar de áreas como aquella, algo que en nuestro país es casi imposible.

Era tarde pero no queríamos perder la ocasión de dar un pequeño paseo por los alrededores antes de quedarnos sin luz. Junto al área se iniciaba un caminito peatonal que permitía dar un agradable paseo alrededor del lago. Ya fuese a pie o en bicicleta aquel era un lugar del que nos hubiese gustado disfrutar durante más tiempo, pero lamentablemente el día no daba para mucho mas, y ya apenas sin luz regresamos a la autocaravana donde cenamos tranquilamente recordando los mejores momentos del viaje.

Día 5: Bagneres-de-Luchon – Barcelona.

Un sol esplendido anunciaba que el día ya hacia rato que había comenzado. Nosotros, con pocas ganas de volver a casa nos resistíamos a salir de la cama. Finalmente lo hicimos, y desayunamos lentamente. Parecíamos querer detener el tiempo, o mejor dicho, hacerlo volver atrás para así iniciar de nuevo aquella aventura en la que tan bien lo habíamos pasado. Pero debíamos volver a la realidad, y esta se llamaba “viaje de vuelta a casa”.

La noche anterior habíamos dicho que quizás pudiéramos dar otro paseo por el lugar a la mañana siguiente, pero Bagneres-de-Luchon se merecía más tiempo del que podíamos destinar en aquel momento.  Iniciamos perezosamente la marcha, y digo perezosamente porque lo primero que nos encontramos fue el Col du Portillón. Un empinadísimo puerto de montaña que nos despedía de Francia tal y como habíamos entrado en ella un par de días atrás, rodeados de altos abetos y ciclistas.

El buen tiempo nos estaba brindado unas vistas de postal, y es que por mucho que lleváramos tres días viendo montañas parecíamos no cansarnos nunca de ellas.

Descendimos el puerto, y enlazamos con la carretera N-230 que habíamos abandonado la tarde anterior. Lo cierto es que no sé muy bien en que momento cruzamos la frontera, pero nos resulto sencillo saber que ya estábamos en Cataluña pues nos encontramos de bruces con un control de los Mossos d’Esquadra. Sin mayores contratiempos, seguimos con nuestro camino, cruzamos Vielha, y ascendimos a la boca norte del túnel. Después del recuerdo que teníamos del túnel de Bielsa, llegamos al de Vielha algo temerosos. Pero el Túnel de Vielha era casi una autopista, con lo cual nuestros miedos se disiparon al instante.

Era poco ya el tiempo del que disponíamos, por lo que continuamos poco a poco recorriendo los kilómetros que nos separaban de casa, primero por la nacional N-230, y luego por la autovía A-2.

Una última parada para comer por los alrededores de Lleida nos hizo ser conscientes del privilegiado clima del que habíamos disfrutado durante los cuatro días del puente de San Juan, pues el calor allí era asfixiante, lo que nos obligó a refugiarnos bajo la sombra de unos árboles, para no “achicharrarnos”.

A media tarde entrabamos en Barcelona, con aquel sentimiento agridulce que produce llegar a casa después de un viaje en el que te lo has pasado tan bien, pero que lamentablemente ha llegado a su fin. A partir de entonces las distancias han vuelto a medirse en kilómetros, y los caminos en metros, pero por nuestra parte seguro que no olvidaremos jamás ese lugar donde las cumbres hacían cosquillas a las nubes.

Haute Pyreénes from conrad y echobelly on Vimeo.

Créditos vídeo: Rolling Stones: Route 66/Siouxie and the Banshees: I am a passenger

ROAD BOOK

Día 1
Pernocta en Parking Municipal de Ainsa
Precio: Gratuito
Sin servicios.
Coordenadas GPS: 42º 24’ 50.54’’ N – 0º 08’ 28.66’’E

Día 2
Pernocta en Parking Municipal de Gavarnie
Precio: Gratuito.
Sin servicios.
Coordenadas GPS: 42º 44’ 09.78’’N – 0º 00’ 44.06’’ O

Día 3
Pernocta en Área de Autocaravanas de Cauterets (Area dirección Pont d’Espagne)
Precio: 8 euros/24 horas.
Servicios: Agua, vaciado, y luz.
Coordenadas GPS: 42º 53’ 10.59’’ N – 0º 06’ 53.99’’ O

Otra opción: Área de Autocaravanas de Cauterets (Área a la entrada del pueblo)
Precio: 8 euros/24 horas.
Servicios: Agua, vaciado, y luz.
Coordenadas GPS:42º 53’ 35.05’’ N – 0º 06’ 47.04’’ O

Día 4
Pernocta Area Bagneres de Luchon
Precio: 4 euros/noche
Servicios: Agua y vaciado.
Coordenadas GPS: 42º 47’ 42.46’’ N – 0º 35’ 54.14’ E

y para los más valientes … la del cementerio:
Area Montauban-de-Luchon:
Precio: Gratuita.
Coordenadas GPS: 42º 47’ 02.44’’ N – 0º 36’ 14.90’’ E

18 Comments + Add Comment

  • Hola pareja!!

    Qué ilusión volver a leer de nuevo un relato vuestro y ver el montaje! Me he convertido en una adicta con el mono esperándolos, es que lo necesitaba después de un duro mes de vuelta a la rutina, etc, etc…

    Besotessssssss.

    Glòria

  • Hola Gloria:

    Como bien dices el volver a la rutina es bastante doloroso jajja. Mas que nada por que no te permite tener demasiado tiempo y eso hace que los relatos tardemos mas en escribirlos. Pero bueno, con un poquito de paciencia, Voila!!!

    Me alegro un monton que seas adicta a leer nuestros relatos y el no hacerlo te produzca “mono” jajaj asi seguiras siendo una fiel lectora ajaj.

    Muchos besitos a los dos Gloria. Y a seguir siendo así de majetes.

  • Hola chicos:

    Que ganas teniamos de volver a leer vuestras aventuras. Como bien dice Gloria teniamos ya mucho mono jejej.

    Me ha encantado todo, como siempre. Aunque vaya tela la bajada de Gavarnie, yo te entiendo perfectamente por que a mi a veces me ha pasado algo parecido.

    Nosotros todavia no hemos estado por aquella zona, pero tiene que ser preciosa. Volvemos a dejar vuestro relato, como futuro posible viaje jejej.

    Saludetes a los dos.

    Maria y Bernardo.

  • Hola guapa:

    Gracias por el comentario pero sobre todo por la visita. Si la zona no la habeis visitado es cien por cien recomendable, con lo cual ahora solo os queda encontrar el momento.

    En cuanto a lo de la bajada, pues que decirte… Que a veces el miedo es libre, y cada uno coge el que quiere, y yo me quede con todo jajaj.

    Muchos besitos para ti y Bernardo.

  • Hola y enhorabuena por el blog. Llevo mucho tiempo leyendo pero no me había atrevido a escribiros. El relato en dos palabras, IM- Presionante jeje. Nos ha encantado, se lo acabo de leer a mi mujer y a mis hijos y es como si acabáramos de ver una película, joe que bien relatado y que bien explicado, parece que estuviéramos allí viviendolo en primera persona.

    Gracias por compartir vuestras experiencias y contarlas tan bien.

    Saludos desde Toledo.

  • Hola Manu y bienvenido. Nos alegra que por fin te hayas decidido a escribir. Leer esta bien pero participar siempre es mejor ajaja.

    Gracias por vuestras palabras, es genial que puedas compartir de esa manera nuestros relatos y que los disfruteis como si fueran propios.

    Un saludete enorme, espero que vuelvas muchas otras veces, y que nos digas algo jajaj.

  • Por fin acabé el relato. Me ha costado un par de sentadas.
    Precioso viaje (como todos) y en una zona sumamente bonita. Dentro de 10 días estaremos muy cerca de esa zona, en el parque de Ordesa, haciendo (si todo va bien) los circos de Carriata y Cotatuero.
    Y valiosa lección la aprendida. Mucho ojo en la montaña, que las cosas pueden complicarse antes de que te des cuenta. Me alegro de que todo acabase bien.
    Un gran saludo para los dos.

  • Hola Jony, se nota que vas liado y tienes que repartir la lectura jajaj. Ya contareis como os va por aquellos lares. Nosotros la zona que vais a visitar la tenemos pendiente, con lo cual nos vendrá de perlas la info. Aunque a estas alturas del año ir bien abrigados, por que tiene que hacer una rasca importante ;-) Espero que lo paséis Genial.

    Y si, si que aprendí la lección, por la cuenta que me trae jajaj. Pero ahora con los estupendos palos que compramos, vamos como Harry Potter y su fantástica varita mágica jajaja.

    Me alegra leerte otra vez por aquí, ya sabes que esta es tu “casa virtual” jaja.

    Bon Voyage, y saludetes a los dos.

  • Hola pareja. Como siempre gran viaje y gran crónica.
    En una semana estaré muy cerca de esa zona, en el parque de Ordesa, quizá haciendo la faja de Racún o la de Pelay. Tengo muchas ganas porqeu tiene una pinta estupenda.
    Un saludo

  • Enhorabuena por el relato y por el viaje, es muy interesante. Con vuestro permiso, como siempre, lo he colgado en V.E.A.
    Salut!

    Toni

  • Hola Toni:

    Que alegría leerte por aquí. Gracias por tus palabras, nos alegra mucho que te haya gustado y que pueda resultar interesante. Realmente es una zona fascinante, con lo cual lo hemos tenido muy fácil a la hora de escribir nuestras aventuras allí.

    Ya sabes que tienes carta blanca para utilizar la información que necesites o creas conveniente : -).

    Saludetes a los tres.

  • Buenos dias, Soy una de las personas que iniciaron esta campaña de publicidad para el turismo en Midi-Pyrénées en los cines catalanos, y la verdad es que me alegro mucho ver une infima parte de lo concreto que impacto. Esta muy bien escrito vuestro testimonio, mejor que cualquier folleto de informacion turistica, y el montaje de fotos al final me gusta mucho tambien!
    Un saludo,
    Cécile

  • HOla Cecile:

    Bienvenida a nuestro blog y gracias por tus palabras. Nos alegra infinitamente que te haya gustado el relato y que seas una de las “culpables” de este magnifico viaje.

    Hemos de felicitaros por el portal y por toda la información tan extensa que pudimos recavar a la hora de realizar el viaje.

    Aunque escribir sobre unos lugares tan magníficos es muy sencillo, solo hace falta dejarse llevar.

    Saludos cordiales.

  • Me a gustado mucho, hasta la música. Sois geniales,
    Nosotros tendremos cuatro dias para semana santa, y es posible que vallamos a Cauterets.
    Lo del túnel de Bielsa, volverias a pasar o es mejor ir por Vielha, pensando tambien en el recorrido posterior.
    Gracias
    Isa I Carles

  • Gracia Carles, como ya te he comentado en privado, si sois miedosos es mejor que vayais directamente por Vielha, aunque si al final os atreveis a ir por Bielsa es paisaje sera vuestra recompensa.

    Me alegra que os haya gustado el relato. Ya sabeis donde estamos, si teneis cualquier duda, solo teneis que tocar la puerta virtual del blog jajaj

    Saludetes.

  • Muy completa la entrada y con mucha información. Tenía que decíroslo!!!

  • Gracias Pilar! Un saludo

  • ¡Me ha encantado!, este año nuestra primera parada para el parapente no será Castejón de Sos, iremos a Saint Lary de Soulan y mirando vuestro blog me encuentro con este relato que nos va a venir perfe, así que le dedicaremos unos pocos de días a la zona. La idea era seguir luego para Dolomitas, sur de Austria y Eslovenia, que también llevo vuestros relatos, aunque no se si finalmente la crisis nos lo permitirá. Espero que ya esteis preparando vuestro viaje de verano y sobre todo que la salud vaya bien. Un abrazo.

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