Lagos, grutas y circos de l’Hérault

Lagos, grutas y circos de l’Hérault

Hace un par de semanas hicimos una eskapada a un destino algo más alejado de lo que estamos acostumbrados a realizar para tan solo dos días. Se trata de la zona de l’Hérault, en la región del Languedoc-Rosellón en Francia, situado aproximadamente a unos 300 Kilómetros de nuestro “campamento base”, en Barcelona. Ciertamente para un fin de semana no nos gusta buscar destinos para los que tenemos que recorrer demasiados kilómetros para llegar, mas que nada por el valiosísimo tiempo que perdemos en la carretera, pero hemos de reconocer que últimamente nos estamos encontrando con que tenemos muy “machacados” los destinos más cercanos, por lo que si queremos descubrir nuevos lugares no nos queda de otra que hacer Kilómetros.

La culpable de nuestra decision para este ruta, fue una guia Michelín de rutas por Francia que compramos hace algún tiempo, donde encontramos nuestro destino para este fin de semana. La guía no contiene demasiada información, y además está en francés, pero si nos ofrece ideas de lugares interesantes a los que poder escaparnos. Ojeando la guía nos llamó la atención la zona de l’Hérault, de la cual Montpelier es la capital, donde según pudimos entender existían distintos lugares que nos parecieron interesantes, sobre todo porque podían resultar visitas muy distintas las unas de las otras. La guía proponía una ruta de unos 4 días. En nuestro caso no disponíamos de tanto tiempo, con lo cual de todos los lugares que nos parecieron interesantes elegimos los situados más al sur para visitarlos.

VIERNES.

Tan pronto como salimos de trabajar, cargamos las cosas y emprendimos nuestro viaje, ansiosos por descubrir nuevos lugares a bordo de nuestra autocaravana. Nuestra intención era llegar hasta la población de le Bolou, ya en territorio francés, y pasar la noche en el área que allí se encuentra, pero como siempre salimos mas tarde de lo que teníamos pensado, así que teniendo en cuenta el considerable cansancio acumulado por el trabajo de la semana decidimos acortar el trayecto a realizar y quedarnos a dormir en Besalú. En esta ocasión eso si, decidimos estacionar en el aparcamiento municipal que se encuentra algo más escondido a las afueras de la población, mas que nada para evitar los ruidos procedentes de un Bar existente a la salida del pueblo, así como los producidos por el paso de vehículos, y que hemos tenido que sufrir en anteriores pernoctas. La decisión no pudo ser mejor ya que el lugar resulto ser increíblemente tranquilo.

SÁBADO.

El sábado amaneció un espléndido día soleado. Además, después de tantos días de crudo invierno, al fin hacia calor! Después de tanto tiempo pudimos dejar a un lado el chaquetón y la ropa de abrigo, y salir de la autocaravana cómodamente en lo que parecía un día casi primaveral, del cual disfrutamos como si hubiésemos estado viviendo en la era Glacial y de pronto vislumbras que cambiaras de era en aquel mismo instante, así estaban ya los ánimos con un Invierno tan duro como ha sido este.

Eran poco más de las diez de la mañana cuando ya habíamos desayunado y ordenado la autocaravana, relativamente pronto, pero como hemos comentado en esta ocasión nuestro destino estaba un poco más alejado por lo que no quisimos demorarnos demasiado y emprendimos de nuevo nuestro viaje tan pronto como pudimos.

No teníamos demasiado claro por donde empezaríamos la ruta, dependería de lo que tardáramos y el tiempo que nos encontráramos a nuestra llegada, así que pusimos como destino en el GPS la población de Clermont-l’Hérault, situada en el centro de todo los lugares que queríamos visitar.

El camino fue bastante plácido, y el hecho de no encontrar demasiado viento por una autopista normalmente muy “aireada” nos permitió mantener medias de velocidad bastante buenas. Llegamos a Clermont cerca la una del medio día, donde aprovechamos para hacer una parada para comprar algunas provisiones para el fin de semana. El día continuaba muy soleado, y dada la proximidad de la hora de comer decidimos dirigirnos al cercano Lac du Salagou donde dar un agradable paseo y comer con unas buenas vistas.

Siguiendo las buenas indicaciones existentes llegamos fácilmente hasta el lago. Junto a él, un amplio camping, y poco después varios parking se encuentran junto a la orilla. Lamentablemente nos encontramos con las malditas “porterías” impidiéndonos el acceso a los mismos, y una señal indicaba la existencia de un área específica para autocaravanas siguiendo un camino a mano derecha. Pocos metros mas adelante encontramos tal área. La verdad es que nos supo mal lo que nos encontramos. Con todo el espacio que había, el área estaba formada apenas por un pequeño descampado donde no cabían más de 6 autocaravanas colocadas en batería, apenas sin vistas del lago. Además, de pago, 5 euros/noche o 2 euros por repostar, y no es que no nos guste pagar, sino que nos sabe mal hacerlo en un lugar donde las instalaciones son tan deficientes. Suponemos que en verano aquel tiene que ser un lugar bastante concurrido, a lo que si añadimos la proximidad del camping entendemos el porque del precio y características de esta área. En cualquier caso, para estancias mas prolongadas o una mera visita al lugar yo casi recomiendo el uso del camping.

El hambre apretaba así que decidimos comer y dejar el paseo para el postre. La verdad es que parecía un día casi de verano, en el que el sol apretaba con fuerza obligándonos a abrir ventanas para no cocernos dentro la autocaravana. Una vez comidos nos dispusimos a dar un agradable paseo.

A igual distancia de la meseta de Larzac y del Mar Mediterráneo, se halla el Lac du Salagou envuelto por un paisaje excepcional de colores africanos. Construido para nivelar las crecidas del río Hérault y servir de reserva para el regadío, el Lago de Salagou se llenó de agua en 1968 y pronto se tornó en un lugar de recreo y una importante localización turística, hoy en día con la consideración de sitio clasificado. Este enclave, con su vasta extensión de agua, las colinas surcadas de cañones y las columnas basálticas, ofrece un espectáculo cuya originalidad se ve acentuada por sus tierras rojas, denominadas “ruffes”. Nos acercamos a la orilla, donde se encuentran dos amplias playas que imaginamos en verano estarán de bote en bote. A mano izquierda, un caminito rodeaba el lago y al final nos pareció ver varias autocaravanas allí aparcadas. Quizás un lugar mejor donde aparcar? En otra ocasión lo investigaremos.

Continuamos nuestro paseo, y nos cruzamos con varias familias muy bien equipadas dispuestas a iniciar un paseo en bicicleta. Descubrimos entonces un cartel junto al lago donde se indica la existencia de varias rutas alrededor del lago y su entorno para hacer a pié o en bici. Además, como si de una estación de esquí se tratara, indicaba la dificultad de cada recorrido con colores, algo que puede ser de mucha ayuda para los que pedaleen en familia y con “peques”.

El sol continuaba resplandeciendo, pero desafortunadamente un fuerte y frío viento empezó a soplar haciendo más desapacible el paseo y recordándonos la estación del año en la que todavía nos encontramos. Fue por ello que decidimos continuar con nuestra ruta y dirigirnos a otros lugares que visitar. Eso si, marcamos en el mapa el Lac du Salagou como un lugar donde regresaríamos para pasar un plácido fin de semana practicando kayak, bici, o simplemente disfrutando de la tranquilidad del lugar.

Pusimos rumb0 a nuestro siguiente destino: la Gruta subterránea de Clamouse. Aunque no era demasiado tarde en Francia los horarios van un poco “adelantados” y no queríamos haber ido hasta allí y perder la oportunidad de visitar la Gruta.

Tardamos aproximadamente unos 30 minutos en llegar. Tuvimos que retroceder hasta Clermont-l’Hérault, donde tomamos dirección a Gignac. Una vez allí continuamos por la carretera D32, pasamos por la población de Aniane a la que luego regresaríamos a pasar la noche, y llegamos hasta el acceso a las Grutas. Un amplio parking a pié de carretera nos permitió dejar aparcada a Suny. Mas adelante existe otro parking especifico para autocares y autocaravanas pero en esta ocasión estaba cerrado, supongo que por la poca afluencia de público en esta época del año.

La visita a la Gruta de Clamouse es obligatoriamente guiada, tiene un coste de 8,70 euros (adultos) y una duración aproximada de una hora. En nuestro caso llegamos apenas 10 minutos tarde a la sesión de las cuatro, así que compramos las entradas para la última sesión, la de las cinco. Como teníamos casi una hora libre, aprovechamos para visitar el Pont du Diable que se encuentra a escasos metros de la entrada a la Gruta, un edificio de arquitectura románica construido al final de las gargantas de l’Hérault hace más de mil años, y que cada año atrae a numerosos turistas en verano.

El Pont du Diable es uno de los puentes de las novelas más antiguas de Francia, y está clasificado como monumento histórico desde el cinco de abril de 1935. Según la última investigación de la Universidad de Montpellier su construcción se llevó a cabo en 873, tras un acuerdo entre el abad de Aniane y el abad de Gellone, probablemente en el primer semestre siglo XI. Posteriormente fue ampliado a finales del siglo XVIII.

El puente debe su nombre a una antigua leyenda que afirmaba que durante la construcción del puente, el diablo destruía cada noche lo que los hombres construían durante el día. Llegó un día en el que finalmente Saint Guilhem llegó a un acuerdo con el diablo: él podría tomar el alma de la criatura que diera el primer paso sobre el puente una vez éste estuviera finalizado. Así fue como pudieron terminar el puente, pero resulto que la criatura que dio el primer paso fue un perro.

Loco de rabia, el diablo trató en vano de destruir el puente, pero falló y cayó en el agua, de ahí el nombre “Puente del Diablo”. A parte de la leyenda en si, realmente es un sitio precioso que bien merece dedicarle mas tiempo del que nosotros le pudimos dedicar, además estaban haciendo una pequeña competición de motos que fue todo un espectáculo.

A la hora en punto regresamos a la Gruta, e iniciamos la visita. Para empezar, nos pusieron un video con una breve explicación del origen de la Gruta, su evolución con el paso de los años, así como su descubrimiento. La explicación del video era en francés, pero por suerte estaba subtitulado en castellano.

Según explicaba el video, la gruta de Clamouse había mantenido bien guardados sus secretos hasta que, debido a un excepcional periodo de sequía en el verano de 1945, se vio obligada a revelarlos. La gruta tiene millones de años de edad y constituye una maravilla del mundo subterráneo. Incluso ahora, el lento trabajo de las aguas no cesa de acrecentar sus antiguos encantos. Debe su fama a la belleza, variedad, abundancia y rareza de sus concreciones. En 2005 fue designada como “Sitio de Interés Científico y Pintoresco”; actualmente se encuentra en proceso de ser designada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Se pueden realizar visitas guiadas durante todo el año.

Una vez finalizado el vídeo, iniciamos nuestra visita acompañados por el guía, todo un personaje, que únicamente hablaba francés y que nos resultó imposible entender. La verdad que nosotros el francés no es un idioma que hayamos estudiado, pero el hecho de hablar el catalán, idioma parecido en algunos aspectos, así como nuestra cercanía con el país galo hace que en muchas ocasiones nos resulte fácil entenderlo. En esta ocasión he de decir que nos fue totalmente imposible comprender lo que aquel hombre peculiar nos estaba explicando. La velocidad a la que el guía hablaba, combinado con su acento cerrado y el desanimo con el que daba las explicaciones hacia que no pudiéramos entender mas que algunas palabras sueltas. Por suerte, en la entrada pudimos coger un pequeño folleto informativo donde detallaba la ruta a seguir durante la visita, las galerías que visitaríamos, y algunas características sobre estas. No eran unas explicaciones demasiado extensas pero al menos nos sirvieron para poder seguir la visita.

Dejando aparte el tema del guía, la visita a la gruta nos pareció altamente recomendable. No es la gruta más espectacular que hayamos visitado, pero también hay que decir que hemos visto muchas, y en este caso hay que destacar la existencia de algunas salas de muchísimo interés. Lástima quizás el no poder haber realizado la visita a nuestro ritmo, como nos sucedió en la gruta de Les Grans Canaletes, cuya visita nos resulto altamente cómoda al no tener que seguir el ritmo impuesto por el guía, pudiendo tomarte tu tiempo para hacer una fotografía si apetece, o ir mas rápido en otras zonas que no te resulten tan excepcionales.

Durante la visita hubo también un espectáculo de luces con música, para nuestro gusto demasiado largo y poco atractivo. He de decir que no somos demasiado partidarios de este tipo de animaciones en las grutas ya que para que resulten atractivas tienen que estar hechas con muy buen gusto, y en cualquier caso deben ser algo más breves de lo que en este caso fue.

Pero sin duda si hubo algo que nos sorprendió gratamente fue encontrar en el interior de la gruta un pequeño acuario en el que tenían un ejemplar del Olm, también conocido como pez humano, del que tanto habíamos oído hablar en Eslovenia este pasado Verano y nos habíamos quedado con ganas de ver.

El Olm (Proteus anguinus) es una especie de caudado troglodita presente en ciertas cuevas de Eslovenia, Croacia y Bosnia y Herzegovina. Este extraño representante de la fauna europea es el único miembro del género Proteus y una de las especies de caudados que respira mediante branquias. Esta especie tiene un gran parecido con al Typhylomolge rathbuni. Antaño, se creía que el Olm era la cría del dragón.

No logramos llegar a saber como o porque había llegado aquel ejemplar hasta allí, pero sin duda nos maravilló tener la posibilidad de contemplarlo tan de cerca, el destino a veces es caprichoso y nos ofreció esta preciosa sorpresa.

Después de aproximadamente una hora de visita, y con un apoteósico monologo final del guía en el que parecía decir todas las palabras y emociones que durante la visita se había estado ahorrando y que pocos de los visitantes entendimos, salimos al exterior de la gruta atónitos. Nos dirigimos entonces al parking en el que pocos vehículos quedaban aparte de nuestra autocaravana.

El día comenzaba a llegar a su fin así que decidimos aprovechar las últimas horas de luz que nos quedaban. Decidimos visitar la cercana población de Saint-Guilhem-le-Désert, situada pocos kilómetros mas al norte y que estaba indicada en la guía como un lugar de interés, y aunque no venían demasiados detalles sobre la misma su ubicación nos pareció que haría de ella un lugar bastante interesante. Saint-Guilhem-le-Désert es un pequeño pueblo medieval y comuna francesa, situada en el departamento francés de Hérault y la región de Languedoc-Rosellón, en el valle del río Verdus que desemboca en el río Hérault. Se encuentra en el camino de peregrinación de la ruta a Santiago de Compostela. El pueblo está clasificado con el sello de calidad de Los pueblos más bellos de Francia, Les plus beaux villages de France y como Grand site national de Francia. En 1840 la Abadía de Gellone fue declarada monumento histórico, restaurándose en gran parte, y en 1998 fue clasificado como Patrimonio de la humanidad por la Unesco como parte del Caminos de Santiago en Francia.

Saint-Guilhem-le-Désert fue fundado por Guillermo I de Tolosa, Conde de Tolosa y Duque de Aquitania, primo de Carlomagno y nieto de Carlos Martel. Tras destacar como militar en numerosas campañas contra los sarracenos en las incursiones a Septimania, en el año 801 consiguió liberar Barcelona junto a las tropas de Luis el Piadoso, rey de Aquitania, convirtiéndola en la capital de la Marca hispánica y alcanzando así todos los honores. Tras este episodio decidió deponer las armas y, guiado por Benito de Aniane, fundó un monasterio pre-románico en la soledad del valle del Gellone, instaurando un culto popular, la veneración a la Vraie Croix, pertenencia de Carlomagno. Tras su fallecimiento, en el año 812, sus gestas fueron loadas por trovadores y se forjó toda una leyenda a su alrededor, como gran señor feudal y como un santo a venerar, afirmándose el sentido espiritual e influyendo consecuentemente en considerar el monasterio fundado por Guilhem, como uno de los más significativos lugares en la ruta del camino de Santiago durante la Edad media. Así, en el siglo XI se desarrolló la vila alrededor del monasterio, en la orilla izquierda del río Verdus.

En el siglo XII, el monasterio fue reformado construyéndose un nuevo claustro, y el lugar cambió de nombre, pasando de denominarse Guilhem de Gellone a Saint-Guilhem le Désert. Las tomas de poder de los abades comendatarios del siglo XV y las Guerras de religión del siglo XVI influyeron en un declive del lugar, hasta que fue ocupado por la congregación de Sant Mauro en el siglo XVIII. Durante la Revolución francesa fue vendido como bien nacional, instalándose en las dependencias artesanos textiles y curtidores, y despojándose el claustro de las esculturas, parte de las cuales se encuentran actualmente en el Museo de los Claustros, de Nueva York.

Apenas recorrimos unos pocos kilómetros cuando llegamos hasta ella. A pié de carretera había la indicación de un desvío hacia un único parking “de pago” al que había que recurrir si se quería visitar la población, algo que no nos alegró pero sin duda era una indicación de que aquella era una población concurrida que merecía la pena visitar.

Una estrecha carretera nos hizo dudar si habíamos interpretado correctamente la señal pero tampoco teníamos la oportunidad de dar la vuelta para comprobarlo, así que continuamos hasta que finalmente llegamos al final de la misma, donde se encontraba el acceso principal de la población (a pié) y al susodicho parking. Accedimos al parking con cuidado por la cercanía de las ramas al paso de los vehículos.

Tengo la duda de si una capuchina hubiese podido entrar en él, pero en cualquier caso para tales autocaravanas quizás sea mas recomendable el uso de un parking de pago (privado en este caso) que hay a pié de carretera al llegar al pueblo. De todas formas la pernocta estaba prohibida en él, así que decidimos dar un paseo y luego buscaríamos algún otro lugar para pernoctar.

Ya a pié iniciamos la visita al pueblo. Nada más entrar llegamos a la plaza “mayor”, y en ella nos invadió un estupendo olor a “creppes” que procedía de un pequeño establecimiento. –“Que mejor momento que ese para deleitarse con unos exquisitos creppes franceses?-“ pensamos!, así que raudos fuimos en busca de uno. Una vez saciado nuestro apetito continuamos con el paseo por Saint-Guilhem-le-Désert. La verdad es que cuando empezamos la visita a la población no sabíamos lo que íbamos a encontrar pero la sorpresa que tuvimos fue mayuscula. Saint-Guilhem-le-Désert, es uno de los pueblos mas bonitos que hemos visto de Francia, su tranquilidad, su limpieza, sus pequeños rinconcitos decorados con miles de florecillas y con un encanto tan especial que nos quedamos profundamente enamorados de este pequeño remanso de paz.

Disfrutamos dando un paseo por todo el pueblecito, adentrándonos por pequeños recovecos que nos invitaban a participar de ellos y a empaparnos con toda la historia que este fantástico pueblo nos ofrecía. Descubrimos el Castillo de Géant, de probable origen visigodo, la Abadía de Gerolle, con su cripta pre-románica y claustro románico, la iglesia de Saint-Laurent, románica del siglo XI y la Tour des Prisons, torre medieval del siglo XII. En general disfrutamos de toda la villa y sus numerosos vestigios románicos, arcadas, y trazados renacentistas en ventanas y casas.

Llegamos a la parte inferior de la población, donde se encuentra la Oficina de Información Turística que lógicamente se hallaba cerrada a esas horas. Allí nos llamó la atención un establecimiento situado a pie de carretera en el que anunciaban la realización de salidas con canoa. Nos detuvimos en él y pudimos comprobar que allí organizaban salidas en canoa para descender por las gargantas de l’Hérault, un paseo que nos pareció debía ser muy atractivo.

Cogimos información y al igual que nos pasó en el Lac du Salagou, decidimos que aquel era un lugar al que regresaríamos mas adelante, cuando el buen tiempo y sobre todo cuando las altas temperaturas hubiesen llegado, para disfrutar de una refrescante bajada en canoa por el río.

Finalmente la oscuridad inundó las calles, y cientos de lucecitas amarillentas comenzaron a iluminar aquella estampa maravillosa, había un pequeño hotel de esos que piensas que realmente tienen un algo especial, llamémoslo “encanto”, y eso que no somos muy amantes de los hoteles, pero realmente este invitaba a un acercamiento especial, con este buen sabor de boca decidimos dar por concluida la visita.

Regresamos a la autocaravana y abrimos el mapa en búsqueda de un lugar donde pasar la noche. Según nuestro mapa en la población Aniane por la que habíamos pasado unos kilómetros antes de llegar a la gruta existía un área de autocaravanas, así que pusimos rumbo hacia ella. Al llegar a la población ninguna indicación revelaba la situación del área. Tampoco los PDI que tenemos instalados en el GPS donde también aparecía el área de Aniane especificaban el lugar exacto de la misma. Dimos un par de vueltas, y antes de desistir y continuar en búsqueda de algún otro lugar decidimos entrar en una plaza al final de la que parecía haber un aparcamiento. Fue entonces cuando empezamos a ver señalizaciones que indicaban la ubicación del área, que, contrariamente a lo que nosotros pensábamos, no se encontraba en el aparcamiento de turismos sino en un alejado y tranquilo descampado donde ya se hallaban varias autocaravanas aparcadas.

No nos pareció aquel lugar el más bonito del mundo, pero si parecía tranquilo y estábamos en buena compañía, así que sin más dilaciones aparcamos la autocaravana lo más nivelada que pudimos y nos dispusimos a pasar allí la noche. Efectivamente el lugar era muy tranquilo, y tan solo el paso de algún vehiculo poco antes de la media noche rompió el silencio durante toda la noche.

DOMINGO.

Nos despertamos tranquilamente el domingo por la mañana. Por la poca luz que entraba en la autocaravana nos pareció que el día había amanecido algo nublado pero nada mas alejado de la realidad, para nuestra fortuna continuábamos con un agraciado preludio de la primavera. Resultó que los grandes árboles que había en el área arropaban las autocaravanas ocultándolas a la luz, algo que debe ser muy preciado en pleno verano. Detrás de sus ramas un esplendido sol brillaba ofreciéndonos nuevamente otro gran día del que poder disfrutar.

Desayunamos tranquilamente mientras comentábamos los posibles lugares que podíamos visitar aquel domingo sin demorarnos o alejarnos demasiado ya que no debíamos olvidar que nos quedaba un buen trecho hasta llegar a casa.

Dos eran las opciones que barajábamos: la grotte des demoiselles, y el circo de Mourèze, un paisaje dolomítico situado a pocos kilómetros de Clermont que ofrece una visión espectacular del proceso de disolución en la roca. Ésta última opción fue la elegida pues en un día como aquel nos apetecía hacer un poco de treking y disfrutar de aquel magnifico entorno. Iniciamos la marcha en dirección nuevamente a la población de Clermont-l’Hérault, desde donde parte la carretera que conduce al Lac du Salau, pero en este caso nos desviamos por la D-908 en dirección a Bédiareux. A partir de ahí únicamente tuvimos que ir siguiendo las indicaciones y a los pocos Kilómetros llegamos al desvío que conduce a la población de Mourèze.

Al legar a Mourèze encontramos justo antes de entrar en la población un amplio parking gratuito. A esas horas apenas tres o cuatro coches se encontraban allí, así que no tuvimos mayor problema para aparcar la autocaravana. Hay que decir que en dicho parking, según pudimos ver indicado, existe la posibilidad de pernoctar por un precio de tan solo dos euros, aun- que no logramos ver si existía algún tipo de servicio para las autocaravanas.

Ya a pié continuamos hasta el centro de la población, al que no recomendamos adentrarse con la autocaravana por la estrechez de sus calles. Desde él salen las rutas para visitar el circo de Mourèze, únicamente hay que fijarse en unas pequeñas marcas pintadas en el suelo que nos conducen a la parte alta de la población. Fuimos siguiendo las indicaciones y a los pocos metros nos encontramos con un cartel informativo donde especificaba los cuatro distintos recorridos que desde alli podíamos seguir, cada uno marcado con un color distinto, y con distinta duración y dificultad. En esta ocasión decidimos tomar el mas sencillo de todos, el amarillo, cuyo recorrido era de aproximadamente una hora. Nos apetecía andar, pero tampoco era “plan” de pasarnos allí tres o cuatro horas dando vueltas.

Iniciamos el recorrido mas “light” bajo un sol de justicia. Quizás solo lamentar que a ratos se levantaba un fuerte viento helado que nos recordaba que aun debíamos ir bien abrigados.

Fuimos siguiendo cuidadosamente las señales para no repetir lo sucedido en el Montsant, adentrándonos poco a poco en el Circo de Mourèze, cuya formación de lapiaces gigantes evoca un campo de ruinas, de ahí la denominación de relieves ruiniformes o caos dolomíticos. Las espectaculares formas de animales que se observan hacen de este un lugar fantástico que nos fascinó.

En muchas ocasiones nos recordó al paisaje que pudimos disfrutar en Semana Santa del año pasado en la Ciudad Encantada, en Cuenca, quizás con unas construcciones no tan impresionantes pero que en este caso resulta mucho más inhóspito y salvaje, algo que sin duda hace de esta una visita muy recomendable.

Muy entretenidos haciendo fotografías o simplemente disfrutando del paisaje hicimos el recorrido en poco más de una hora, apenas sin darnos cuenta, realmente fue un trecking sencillito pero del que disfrutamos como niños, a veces las pequeñas cosas te ofrecen mucho mas que cuando te esperas algo mas importante de una Ruta. Cruzamos nuevamente la población de Mourèze y regresamos a la autocaravana.

El parking que se encontraba casi vacío a nuestra llegada se hallaba repleto de coches. No resultaba esto un problema para salir, pero quizás en temporada alta puede resultar conveniente para quien quiera visitar el circo pasar allí la noche y aprovechar para hacer la visita a primera hora de la mañana.

Una vez en la autocaravana retomamos nuestro camino. No teníamos ya ninguna otra visita programada así que decidimos el camino de regreso a casa. Nuestro fin de semana tocaba a su fin, pero como nuestro añorado Leucate quedaba de paso decidimos hacer una parada para disfrutar de el, como siempre que tenemos oportunidad.

En esta ocasión nos sorprendió la cantidad de Autos que ya había allí, mas que nada por que la ultima vez que estuvimos (no hacia mucho) y el lugar estaba casi desértico.

En esta ocasión pudimos volver a disfrutar de todos los Windsurfistas que allí se congregaban y volver a encontrarnos con gente que temporada tras temporada coincidimos allí. Leucate es uno de esos lugares que se quedan grabados a fuego en tu corazón y que difícilmente saldrán de el por mucho tiempo que pase.

Que mejor colofón para terminar este fin de semana, repleto de kilómetros y de emociones. Hemos disfrutado de una zona estupenda que no conocíamos y que nos ha hecho plantearnos regresar dentro de poco tiempo, para seguir conociéndola mucho mas. Realmente le hemos sacado todo el jugo posible a dos días y para un fin de semana no se puede pedir mas, no? … Pues si, por pedir pediría mas aventuras de más días. Viajar en Autocaravana es una manera de vivir la vida estupenda.

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La cortesía es como el aire de los neumáticos, no cuesta nada y hace mas confortable el viaje.