Le Tarn

Le Tarn

El puente de la Purísima representa para nosotros la última oportunidad para hacer una buena escapada con la autocaravana antes de la llegada de Navidad, época en la que rodeados de amigos y familia, y empachados de cordero, turrones y polvorones apenas tenemos tiempo para pensar en disfrutar de unos días a nuestro aire. Aun así suele ser un puente en el que nos cuesta elegir destino. La casi segura llegada del frío invernal por esas fechas nos hace desechar los destinos de costa, y la gran afluencia de aficionados a los deportes de invierno queriendo aprovechar las primeras nevadas de la temporada nos hace huir también de las zonas de alta montaña. Teniendo en cuenta estos factores y las pocas horas de luz de las que se puede disfrutar nos pusimos a buscar un destino que nos resultara atractivo. Inicialmente el destino elegido fue Grenoble, y sus inmediaciones para poder disfrutar de los preciosos Marches de Noel, principal reclamo para visitar aquella zona. Grenoble esta situada al sureste de Francia. El encanto de la ciudad, su privilegiada situación al pie de los Alpes garantizaban unas vistas inigualables, y los alrededores hacían de este un destino muy atractivo, pero finalmente unos contratiempos de última hora acortaron los días de que disponíamos, decidiendo buscar un destino más cercano.

Albi fue finalmente el destino elegido, una ciudad que hacia tiempo que queríamos visitar y nunca habíamos encontrado el momento. Por supuesto los cuatro días de que disponíamos daban para mucho mas que para visitar únicamente una ciudad, pero el resto del camino lo dejábamos en manos del destino. Sin duda, la región de Le Tarn nos abrió un amplio abanico de posibilidades….

Día 1. Viernes

Iniciamos nuestro camino un viernes por la tarde. Preparamos las maletas, sin prisas, y fuimos a buscar a Suny. Salimos de Barcelona pasadas las siete de la tarde. Era ya de noche y lógicamente no íbamos a poder realizar ninguna visita, por lo que decidimos dirigirnos directamente a Leucate, donde un permanente campamento autocaravanista nos acogería para pasar la noche.

El viaje transcurrió sin contratiempos, y únicamente unas fuertes rachas de viento lateral una vez pasamos Perpigñan nos obligaron a reducir la velocidad. Llegamos al aparcamiento de Leucate cerca de las 10 de la noche, y apenas tres o cuatro autos se hallaban allí estacionadas. El aire soplaba con fuerza así que buscamos un lugar resguardado junto a unos árboles y pasamos allí la noche.

Día 2. Sábado.

Nuestro primer día en tierras francesas amaneció con un cielo gris y nublado. No sabíamos demasiado bien que era lo que el día nos iba a deparar, teníamos claro cual era el destino pero no el recorrido, así que nos lo tomamos con relativa calma. Desayunamos tranquilamente e iniciamos nuestro camino por carretera para poder saborear cómodamente del paisaje. Al llegar a los alrededores de Narbonne empezamos a encontrar el denso tráfico propio de una gran ciudad, por lo que decidimos tomar la autopista en dirección Carcassonne. Mapa en mano mientras íbamos devorando Kilómetros trazamos un camino alternativo al que nos indicaba el GPS para llegar a Albi, pasando por las poblaciones de Revel y Castres.

Una vez pasado Carcasonne dejamos la autopista y comenzamos a disfrutar nuevamente de esas pequeñas y solitarias carreteras francesas, que a través de verdes prados y cruzando pequeñísimas poblaciones nos conducen en muchas ocasiones a los mejores lugares de Francia. Nuestra siguiente parada fue en la población de Saissac. Allí se encuentran los restos de uno de tantos castillos Cataros existentes por la zona. En el corazón de la Montaña Negra, al noroeste de Carcassonne, el castillo de Saissac sitúa sus terrazas delante de un paisaje excepcional cerrado al horizonte por la cadena montañosa de los Pirineos.

El castillo aparece reseñado por primera ven en el año 960: es legado por el obispo de Toulouse al conde de Carcassonne quien, desde el siglo XI, lo enfeuda a unos poderosos vasallos. En vísperas de la cruzada contra los albigeois el lugar pertenece a Bertrand de Saissac, designado en 1194 como tutor del joven Raymond Roger Trencavel heredero del vizcondado de Carcassonne. Bertrand de Saissac es notablemente conocido por su intervención en la elección del prior de Alet: no dudó en desenterrar al antiguo abad y sentarlo en el trono para imponer la elección de uno de sus amigos. En 1209, los señores de Saissac se sometieron a los cruzados y fueron despojados provisionalmente en provecho de Bouchard de Marly y después de Lambert de Thurey, en 1234. Desde dicho periodo, la señoría de Saissac queda dividida entre varios señores: una parte fue restituida por Louis IX a los señores “faidits” de Saissac. Después, Saissac pasará de mano en mano.

Con todo este batiburrillo histórico hay que incorporar el “Tesoro de Saissac”. En 1979, unos trabajos efectuados en la comuna sacaron a la luz un tesoro de más o menos 2000 monedas datadas de los años 1250-1270. La casi totalidad de las monedas provienen de la autoridad real atestando el embargo de la administración sobre la región del Languedoc. Una historia suculenta olvidada por muchos y anhelada por otros tantos.

Nada más entrar a Saissac, desde lo alto de la carretera, nos sorprendió la configuración del castillo, muy alargado, situado en la parte mas baja de la población, algo poco habitual en un castillo. Un escondido pero cómodo parking nos permitió dejar bien aparcada la autocaravana, y ya a pié nos dispusimos a dar un paseo por la población y llegar hasta el castillo. El frío era intenso, y apenas nos cruzamos con un par de vecinos durante nuestro paseo. Saissac era una población bastante pequeña pero sus calles se encontraban magníficamente urbanizadas. Descendimos siguiendo las indicaciones hacia el castillo y finalmente llegamos hasta él. En esta ocasión, a diferencia de otros castillos cataros que hemos visitado, la venta de tickets se hacia en una amplia y bien acondicionada caseta. Nos dirigimos al chico que allí se encontraba y en un correctísimo español nos vendió los tickets (6 € por persona) y nos ofreció una amplia información de la zona.

Iniciamos la visita al castillo, hemos de decir que no es de los castillos Cataros que mas nos hayan impresionado, pero realmente tiene un algo especial, que difícilmente podría describir con palabras. Nos adentramos por cada hueco que encontramos y estuvimos mirando con lupa cada detalle de este singular castillo.

Dimos por concluida la visita y regresamos a la autocaravana. La vuelta se hizo algo mas larga ya que tuvimos que subir por aquellas fuertes pendientes por las que habíamos descendido, algo que ciertamente no nos vino mal para entrar un poquito en calor ya que el frío era impresionante. Una vez en Suny continuamos con nuestro camino por aquellas estrechas carreteras hasta llegar a Revel. Habíamos leído en Acpasion que aquel fin de semana tenia lugar en Revel uno de los Mercadillos de Navidad, y creímos que era una visita que podía ser realmente curiosa. Lamentablemente nada mas llegar al pueblo vimos carteles donde anunciaba que el Mercadillo tendría lugar el Domingo, con lo cual habíamos llegado un día antes del susodicho Mercadillo. Como ya comenzaba a ser tarde, decidimos aprovechar y comer allí. Revel dispone de amplios parkings donde es fácil dejar la autocaravana mas o menos cerca del centro. Aun así, en la información que nosotros disponíamos hablaba de una área para autocaravanas, aunque por muchas vueltas que dimos nos resultó imposible encontrarla.

Revel parecía una agradable población, pero sin el Mercadillo de Navidad celebrándose en ella nos resultaba menos atractiva, por lo que sin mas dilación decidimos dirigirnos al plato fuerte del viaje, Albi.

Ciudad fundada en tiempos del Imperio Romano, conocida como “Albiga”. La secta Heretica de los Albigenses desarrollada en los siglos XII-XIII toma su nombre de esta ciudad. Esta secta religiosa, dotada de una profunda religiosidad, surge para hacer frente al problema del maligno, todo lo carnal procede del mal y la adhesión al Dios del bien exige una abstinencia carnal total, con lo cual como podéis suponer era una secta bastante estricta y que no dejaban nada al azar. Trataban como iguales a las mujeres y aceptaban las diferencias de credo, a la vez que defendían que el infierno no existe. Sólo los puros, los cátaros, ponían en práctica este principio. Para éstos, Dios no se pudo encarnar, entrando en clara contradicción con la doctrina de la Iglesia. Los adeptos se agrupaban en comunidades que se vieron favorecidas frente a la inmoralidad imperante, obteniendo el apoyo de los nobles, la burguesía local y la población en la comarca del Languedoc, en el sureste francés, donde se respiraban aires de mayor libertad frente a la opresión de la Iglesia católica.

La cruzada impulsada por el Papa Inocencio III, por el rey de Francia, por los cistercienses y dirigida por Simón de Montfort indujeron en 1209 a la masacre de Beziers (pasando a cuchillo a más de 20.000 ciudadanos), a la expulsión de los ciudadanos de Carcasonne y a la persecución de los principales nobles implicados. Tras los desastres ocasionados por la Guerra de los Cien Años, las incursiones de los saqueadores y la peste negra, Albi conoce una nueva edad de oro con el “azul de cucaña”. Desde comienzos de 1450 a 1560 Albi se inscribe en un período de prosperidad comercial debido en su mayor parte al cultivo de la “Isatis Tinctoria”, planta tintórea más conocida como “pastel”.

Algo mas de 60 Kilómetros separan Revel de Albi, recorrido que hicimos por carreteras bastante más amplias y de mejor asfalto que por las que veníamos circulando. Entre ambas poblaciones se encuentra Castres, un importante núcleo comercial de la zona, aparentemente poco atractivo para el turismo, y en el que no consideramos necesario detenernos.

Finalmente llegamos a Albi, el plato fuerte de este viaje, y que sin duda nos sorprendió gratamente. Primer paso: aparcar la autocaravana. Nuevamente la información de la que disponíamos indicaba la existencia de un área de autocaravanas allí, pero sin duda su localización no estaba demasiado bien indicada. Guiados por los PDI (Puntos de Interés) de nuestro GPS encontramos primero un área de servicios para autocaravanas a las afueras de la población, cuyo estado de conservación era bastante deficiente, y que únicamente nos permitió vaciar grises. En dicha área había un descolorido mapa, donde pudimos apreciar la indicación de un aparcamiento para autocaravanas en las inmediaciones de la catedral. Así fue que ni cortos ni perezosos pusimos rumbo a este. Dimos no pocas vueltas, e incluso estuvimos a punto de dejarla aparcada en algunos aparcamientos para turismos donde había alguna otra autocaravana, pero finalmente encontramos nuestro parking! Junto a la catedral, un amplio aparcamiento de turismos situado en una ladera dispone en su parte mas baja de una zona especifica para autocaravanas. Aunque algún turismo se había “colado” en la zona tuvimos suerte y encontramos una buena plaza. A nuestro parecer aquel tenia pinta de ser un buen lugar donde pasar la noche, así que con la tranquilidad de quien tiene todos los deberes hechos nos fuimos a visitar la población.

A escasos metros del aparcamiento nos encontramos con la Catedral, una impresionante construcción que enmarcaba todo el lugar, dándole un aspecto señorial que nos encanto. La catedral de Albi es todo un paradigma, una mezcla del Gótico Meridional, incluye los mayores murales medievales de todo el Pais, pero con un énfasis altamente Albiano. Construida íntegramente en ladrillo, tiene una nave única, con capillas entre los contrafuertes a lo largo de todo su perímetro. Sorprende el interior por su rotunda unidad espacial, en el exterior ocurre otro tanto. Frente a la compleja organización de los elementos, destacan sus contrafuertes que están integrados en el muro. Como consecuencia, la sensación de robustez es muy acusada.

Continuamos nuestro paseo callejeando por el casco antiguo, que se encontraba precioso adornado para la inminente llegada de la Navidad, cientos de bombillas de miles de colores hacian de Albi un lugar mágico, supongo que todos los lugares en fechas Navideños tienen este peculiar aspecto de cuento de Dickens, nos dio la impresión que era mas “ciudad” de lo que nos pensábamos, encontrándonos en su centro . Pero su casco antiguo sigue guardando todo el sabor de las ciudades con solera y con miles de anécdotas que contar en cualquier esquina, es un autentico placer callejear por ellas, y embelesarte mirando sus tiendecitas o el paso calmado de sus habitantes.

En uno de estos paseos nos topamos con una preciosa Boulangerie, a la que llegamos flotando como en un sueño, nos encontramos a sus puertas como por obra de magia, un delicioso aroma nos invadió por todas partes como si de pronto nos hubiésemos encontrado con algún hada traviesa que hubiera usado un potente hechizo contra nosotros y nos hubiera transportado hasta allí. Entramos en el establecimiento y compramos un delicioso pan de cereales que quitaba el sentido, y no nos pudimos resistir a la tentación de comprar varios pastelitos que comimos vorazmente, realmente estaba todo delicioso, lastima no poder haber comprado mas provisiones : -)

Volvimos hacia la auto, con cara de felicidad y con las manos bien ocupadas, y pasamos una agradable y plácida noche en un aparcamiento que aun siendo muy céntrico resulto ser muy tranquilo y silencioso.

Día 3: Domingo.

Nos levantamos temprano en nuestro tercer día de viaje. Una mañana fría pero con un cielo claro presagiaba un soleado día de invierno que queríamos aprovechar al máximo. El paseo por Albi la tarde anterior nos había permitido descubrir muchos de los encantos de esa pequeña ciudad, pero no el que más ansiábamos descubrir : El museo de Tulouse Lautrec.

Situado a los pies de la Catedral, el palacio de la Berbie, es el museo que alberga la mayor colección de su obra de Toulouse Lautrec, otra magnífica obra construida por Bernard de Castanet que merece la pena visitar por si misma.

No hay que perderse el jardín ya que es uno de los lugares mas especiales de Albi. En su interior se pueden ver 210 pinturas, 600 dibujos e innumerables carteles y litografías de Toulouse Lautrec, además de otras obras notables de Georges de la Tour, Matisse, Bonnard, Dufy, Rodin y otros maestros franceses.

Para mi estar dentro del Museo fue un sueño hecho realidad, ya que Toulouse es uno de mis pintores favoritos, y realmente nada mas entrar al Museo ya iba nerviosa por todo lo que me iba a encontrar allí. Alrededor de la vida de Henri de Toulouse-Lautrec existen muchos tópicos, ciertos en la mayor parte de los casos. Los mitos de Lautrec, especialmente su incapacidad para mantener una relación estable con las mujeres debido a su inseguridad, son conocidos por una amplia parte de la gente que ha seguido su historia, incluso a través del cine (una de las películas mas actuales y para mi preciosa Mouling Rouge) dan pinceladas sobre su vida. Estas inseguridades y frustraciones llevarán a Henri a desarrollar en la pintura una vía de escape, una forma de evasión de la misma manera que harán Gauguin o su buen amigo Van Gogh. Sus padres eran primos hermanos y ostentaban el título de condes de Toulouse; eran bastante ricos e influyentes en la ciudad pero carecían de poder a escala nacional. Henri era el primogénito, naciendo cuatro años más tarde su hermano Richard-Constantine, que falleció a la edad de un año.

La situación familiar no era muy estable debido a la incompatibilidad de caracteres de ambos cónyuges lo que motivó su separación en el mes de agosto de 1868 quedando Henri al cuidado de una institutriz. A los ocho años, el pequeño Henri se traslada a París con su madre, iniciando sus estudios en el Lycée Fontanes. Ya en estos años inicia su relación con la pintura al elaborar dibujos y caricaturas, recibiendo sus primeras lecciones de René Princeteau, pintor de animales y amigo del conde. En 1874 se empiezan a manifestar las primeras dificultades motrices, lo que obligó su retirada del colegio para ser sometido a tratamiento médico, trasladándose a Albi. La madre del pintor recorrerá todos los especialistas para curar la dolencia del pequeño, sin encontrar una solución. La enfermedad que padecía Henri era totalmente desconocida en el siglo XIX, denominándose actualmente picnodisostosis, desorden genético provocado por la consanguinidad de los padres que afecta al desarrollo de los huesos. Ésta es la razón por la que Toulouse-Lautrec apenas creció en la adolescencia. A esta dolencia debemos añadir dos fracturas en los fémures de ambas piernas entre mayo de 1878 y agosto de 1879. Desde este momento sus piernas dejarán de crecer, alcanzando una altura de 1,52 metros.

Durante aproximadamente dos años Henri estuvo casi inválido, desarrollándose en el joven un acentuado interés por el arte y la pintura, continuando con su faceta de dibujante. La lectura será su otra gran afición en estos dos largos años de convalecencia. En 1881 Toulouse-Lautrec se traslada a París donde se decide a ser pintor apoyado por su tío Charles y por el maestro Princeteau. Su madre cede, recibiendo las primeras clases en el taller de Princeteau en el invierno de 1882 donde conoce a Jean-Louis Forain. En abril es aceptado en el estudio de Léon Bonnat, retratista de moda en aquellos momentos, donde Lautrec perfeccionó su dibujo. Pero Bonnat cerró su taller en septiembre de ese movido año 1882, lo que motivó que todos sus alumnos tuvieran que buscar un nuevo maestro. El elegido es Ferdinand Cormon. en cuyo taller Henri conocerá a Émile Bernard y a Vincent van Gogh. fue Lautrec quien diseñó el cartel publicitario del cabaret, sirviendo el vestíbulo del Moulin en numerosas ocasiones como sala de exposiciones para el artista.

Como artista de vanguardia, Toulouse-Lautrec no será admitido en el Salón de París al considerar inaceptables sus obras, lo que llevará al maestro a buscar todas las vías alternativas posibles para que el público conociera su obra, incluso mediante ilustraciones en los periódicos.. La relación de Toulouse-Lautrec con las mujeres será una de las facetas más interesantes de su vida. La primera relación conocida es de 1883, cuando contacta con una modelo de 17 años llamada Marie Charlet. Lily Grenier se baraja como un de sus amantes hasta que conoció a Suzanne Valadon, conviviendo por un periodo de dos años hasta que Suzanne intenta suicidarse al no querer Henri tener un hijo con ella. La vida noctámbula y de crápula que llevaba Henri desde los 25 años motivaría su alcoholismo, sugiriéndose incluso que podría haber contraído la sífilis.

En 1897 tiene lugar el primer ataque de “delirium tremens” que le llevará a disparar con un revólver a imaginarias arañas. Al año siguiente alquila una vivienda en el mismo edificio de su madre, preocupada por la salud de su hijo. En 1898 sufrirá un ataque de manía persecutoria al creerse perseguido por la policía, refugiándose en casa de un amigo. Cada vez bebe más y pinta menos. La crisis más grave se produce en 1899 al sucederse las manías, depresiones y neurosis, acentuadas por el traslado de su madre a Albi. Henri decide suicidarse con metileno en el prostíbulo de la rue des Molins siendo ingresado en un sanatorio durante una temporada. Su estado de salud será noticia y motiva la subida en el precio de sus obras.

El 15 de agosto, en Arcachon, sufre un derrame cerebral que le deja medio cuerpo paralizado. Su madre decide llevarle al castillo de Malromé, cerca de Burdeos, donde ella habita, falleciendo Toulouse-Lautrec en ese lugar el 9 de septiembre de 1901. Una historia fascinante para un pintor único que vivió con la misma pasión que pintaba sus cuadros, por eso me encanta por que realmente supo encontrar la belleza en detalles que para cualquier otra persona hubiera resultado impensable.

Únicamente lamentar el horario francés que nos obligó a dar por concluida la visita a las doce del medio día, algo que no logro entender teniendo en cuenta que el horario de apertura del museo son las diez de la mañana. Solo dos horas de apertura por la mañana? Teniendo en cuenta la información que en él se encuentra, si se quiere disfrutar de todo el museo a un ritmo agradable resulta insuficiente.

Al salir del museo decidimos dar un último paseo por el centro de Albi, para disfrutar de sus calles también a la luz del día, y poder hacer así también alguna otra fotografía. Aprovechamos también para volver a la Boulangerie que donde habíamos comprado un delicioso pan el día anterior, y coger provisiones para el resto del viaje.

Con este último paseo consideramos que ya habíamos sacado el máximo partido de nuestra visita a Albi, e iniciamos rumbo hacia un nuevo destino. Lamentablemente la Oficina de Información Turística de Albi había estado cerrada durante nuestra estancia en la población, por lo que no habíamos podido recabar mas información sobre lugares cercanos que visitar. Esto, y el hecho que no quisiéramos alejarnos mucho más al no disponer de muchos más días hizo que nos decidiéramos por regresar a Revel, cuyo mercado navideño nos habíamos quedado con ganas de visitar.

Así fue que empezamos a deshacer el camino andado el día anterior, y tomamos nuevamente la carretera en dirección a Castres. No habíamos realizado mas de 10 Kilómetros cuando nos llamó la atención la indicación de Lautrec a pié de carretera, en la cual lo señalaba como un lugar de interés turístico. Quizás fue por el día tan agradable que hacia, quizás porque empezábamos a tener hambre y buscábamos un lugar donde comer, o quizás simplemente porque nos llamó la atención su nombre, pero de una manera u otra fue que pusimos rumbo hacia Lautrec.

Un bellísimo camino de altos robles, a través de cuyas ramas nos deslumbraba un calido sol que iniciaba su descenso, nos condujo hasta Lautrec, población clasificada como uno de ” los pueblos más bonitos de Francia “. A quince kilómetros de Castres y Graulhet, y treinta kilómetros de Albi, la ciudad medieval de Lautrec se encuentra al centro de la provincia del “Tarn”. Desde lo alto de su armella rocosa, el Calvario de “la Salette” nos ofrece una vista magnifica sobre el valle del Agout, la Montaña Negra y los Pirineos.

La colegiata de Santo Remi, monumento histórico clasificado del siglo XIV, la puerta de la Caussade, las casas a entramados, el molino de viento, las plazas del XV, los silos subterráneos, los pozos, son un libro verdadero de historia puesto en la disposición de su mirada. Asociamos comúnmente la ciudad medieval de Lautrec a la familia del pintor Enrique de Toulouse – Lautrec. Descendiendo de una familia muy vieja de la nobleza de Languedoc. Su familia también poseía el castillo de Montfa, hoy en ruinas, donde nació el padre del pintor (a 8 km de Lautrec). A la Edad Media, la comunidad de Montfa estaba situada sobre el territorio de Vizcondado de Lautrec. La dinastía de la Tolosa – Lautrec nació en el siglo XII cuando Alix, la chica de Sicard Vizconde de Lautrec se casó con Baudoin, el hijo de Raymond V, El conde ilustre de Tolosa.

Según la tradición, este matrimonio celebrado en 1196 dio origen a prestigiosa reyada Tolosa – Lautrec. Los Vizcondes de Lautrec eran señores poderosos, vasallos de los Condes de Tolosa. Dominaron Vizcondado durante cerca de tres siglos (XII – XIV) sacando provecho de una autonomía creciente, izando a Lautrec al nivel de cabeza de distrito de Vizcondado dotado de fortificaciones poderosas. A partir del reinado de Philippe IV el Bello, ” El Rey de hierro “, abandonaron una parte de sus posesiones en provecho de varias familias del cual el Rey de Francia. En 1789, cuando la revolución estralla, el marqués de Ambrès también Vizconde de Noailles y Duque de Mouchy reivindica el título de ” solo Vizconde de Lautrec “. En cuanto a Pierre – José de Toulouse – Lautrec, Mariscal de campo, residiendo en el castillo de Montfa, fue elegido en marzo de 1789 delegado en los Estados Generales para representar la nobleza de Sénéchaussée de Castres. Emigró a 1790.

Llegamos a Lautrec, y siguiendo las indicaciones rodeamos la muralla que lo circunvala hasta llegar a un amplio parking con vistas al Tarn. Dimos un breve paseo para aprovechar aquel magnifico sol de invierno, y luego regresamos a comer a la autocaravana. Ya con el estomago lleno iniciamos la visita al interior de la población. Nos sorprendió ver que Lautrec tiene una amplia oficina de información turística, y mas aun que un domingo por la tarde se encontrara abierta. En su interior, un amable chico nos explico en perfecto español que no debíamos perdernos del pueblo, así como nos aconsejó sobre que visitar por los alrededores. Que lastima lo cortos que se hacen los días en invierno, y no poder disponer de más días para visitar todo lo que aquel chico nos había aconsejado.

Con toda esta información nos dispusimos a visitar la población:

Plaza Central y Arcos del siglo XV

Hacia 1338, una plaza de piedra protegía un horno. Queda sólo un pozo central, cubiertos Magníficos de madera que protegen el mercado El suelo de esta plaza acaba de ser rehecho al antiguo en 2002 (pavimentos).

 

 

El Molino de viento (1688)

En 1830, 19 molinos de viento y a agua producían harina sobre el municipio de Lautrec, cuyo nueve a viento. En 1882, eran todavía 16. Sobre el arroyo del Bagas subsisten 6 molinos de agua. Devuelto en marcha bajo el impulso de la Oficina de turismo, el molino de Lautrec es todavía capaz de hacer la harina.

 

 

El Calvario de Salette (Altitud 328m)

Desde lo alto del Calvario, podemos admirar a un lado el pueblo de Lautrec y del otro la valle de Castres con en lejano la Montaña Negra. Por tiempo despegado, se puede percibir hasta los Pirineos. Desde él, un mapa de orientación permite de ver los sitios notables.

 

 

Abandonamos Lautrec cuando ya empezaba a anochecer y llegamos a Revel, nuestro siguiente destino. Ya totalmente de noche, algo que tampoco era un inconveniente pues nuestra intención era visitar el mercadillo de Navidad que allí se celebraba. Al llegar dimos un par de vueltas y decidimos aparcar en un amplio parking no lejos del centro, donde ya se encontraba otra autocaravana aparcada. Estacionamos junto a él, y nos dirigimos a pié al centro de Revel. A esas horas hacia un frío de tres pares de narices, por lo que hubo que salir bien abrigados. La población no tenía gran interés, y apenas cuatro luces adornaban sus calles, pero sin duda su mercado, catalogado dentro de los 100 más bellos mercados de Francia, bien merecía la visita.

Nos adentramos en su bullicioso interior, realmente el mercado estaba muy animado y había bastantes puestecitos con miles de pequeños detalles de Navidad y otros tantos que bien podríamos haber encontrado en cualquier otra época del año. Pero como los Franceses de cualquier cosita sacan todo el máximo provecho posible, hicimos caso omiso y nos unimos al festín…. Nos acercamos todo lo que pudimos para poder disfrutar de todo lo que ofrecia en este peculiar mercadillo. Después de hacer varias compras y de que nos llegara un delicioso olor a chocolate calentito… que casi nos hacia ir de puntillas a buscarlo deseosamente, pusimos punto final a nuestra escapada no sin antes haber hecho acopio de todo nuestro calor corporal para poder aguantar las frías temperaturas de Revel.

Una vez visitado el mercado no quisimos alargar demasiado la estancia y dejar el resto de la población para otra ocasión mas propicia, ya que el frío era tan intenso que no podíamos articular tan siquiera pequeñas palabras. Realmente tampoco nos pareció que hubiese allí mucho mas que visitar, pero quien sabe… con otro tiempo mas propicio puede que le hubiésemos sacado mas provecho. No era demasiado tarde, apenas pasaban unos minutos de las siete de la tarde, pero la oscuridad y el frío nos hacia suponer que fuese mucho mas tarde, lo que despertó nuestra duda sobre donde pasaríamos la noche. Decidimos volver a la autocaravana y continuar nuestro camino en dirección Carcassone, en cuyas cercanías habíamos oído hablar de la existencia de un área de autocaravanas.

Lamentablemente dirigirnos a Carcassone significaba dejar atrás muchos de los lugares que el chico de información turística de Lautrec nos había señalado, pero no nos podíamos engañar. Nos quedaba solo un día de ruta con lo que tampoco no nos daba tiempo a mucho mas. Además, algo hay que dejar en “el tintero” como excusa para regresar a lugares donde ya hemos estado, verdad?

Llegamos a Carcassonne cerca de las ocho, algo cansados tras circular durante algo más de una hora en una noche tan cerrada como aquella. Nuestro inseparable compañero de viaje, el GPS, volvió a hacer una de las suyas y nos metió de pleno en el centro de la ciudad, quedando atrapados en el intenso trafico que a aquellas horas había en la ciudad. Poco a poco y con mucha paciencia conseguimos cruzar la ciudad hasta llegar a la Square Gambetta, una plaza enorme que nos dejo totalmente sorprendidos. La plaza se encontraba magníficamente adornada con motivos navideños, cautivándonos y obligándonos a detenernos en un hueco que encontramos al margen de la carretera. El frío era intensísimo, pero ver aquella plaza adornada y con un espectáculo de luces multicolores nos devolvió a la calle y disfrutamos haciendo un montón de fotografías con todas las esculturas navideñas que por allí había, eramos como dos dios niños inmersos en un cuento de Dickens.

Comenzamos a no notar la punta de los dedos de los pies, por lo que decidimos que ya era “hora de retirarse” y volver a la autocaravana. Fue antes de entrar a ella, cuando percibimos un agradable olor a masa de pizza recién horneada que procedía de un establecimiento cercano. Resulta que habíamos aparcado justo delante de donde hacían unas apetecibles pizzas para llevar, por lo que decidimos que ya teníamos cena. Compramos un par de pizzas y continuamos hasta la avenida Mullot-Pont Neuf, donde en un pequeño parking que había sobre el puente, pudimos disfrutar de una magnifica cena “italiana” con vistas a la Cité de Carcassone, que a esas horas se encontraba preciosa iluminada, fue un tet a tet totalmente improvisado, pero que nos dejo un fantástico sabor de boca, solo hubieran faltado unos pequeños manteles de cuadros y un para de velitas para parecer que estábamos acomodados en cualquier pequeño Restaurante con sabor Italiano.

Al terminar de cenar, iniciamos el camino hacia una área próxima indicada en los PDI de nuestro GPS y de la que habíamos oído hablar. No tardamos mucho en llegar a ella, situada en el camino de la Lande de la cercana población de Trèbes. El área consiste apenas en un camino sin tráfico situado a la orilla del río, en la que se haya una boca de llenado de agua para autocaravanas bastante deteriorada. No era la mejor área del mundo, pero habían allí varias autocaravanas aparcadas, con lo que decidimos quedarnos y pasar la noche un poco acompañados.

Día 4: Lunes.

Despertamos perezosos en nuestro último día. La verdad que el área no nos había convencido mucho a lo primero pero al final pasamos allí la noche verdaderamente tranquilos. Nuestro viaje llegaba a su fin, y debíamos iniciar el camino de vuelta a casa. Como consuelo únicamente la posibilidad de hacer algunas paradas para visitar algo mas por el camino ya que íbamos bastante bien de tiempo.

Nos pusimos en marcha en dirección a Narbone. En este caso decidimos ir por carretera por la mayor facilidad que ofrece para desviarse a ver posibles lugares interesantes a nuestro paso. Fue poco antes de llegar a Narbone cuando encontramos señalizado un desvío a la Abadia de Fontfroide, y decidimos dirigirnos a ella. Un último tramo por un amplio camino de tierra nos permitió llegar cómodamente hasta un amplo parking situado a los pies de la Abadia.

Situada en un pequeño valle rocoso de Corbieres, la abadía está nidada en el corazón de un paisaje típicamente mediterráneo, donde dominan los cipreses, el pino y el boj. Los orígenes de la abadía remontan al final del siglo XI. Habiendo adoptado la regla benedictina, Fontfroide se afília, a mediados del siglo XII, a la orden de los “Citeaux”. El establecimiento recibe rápidamente un inmenso patrimonio territorial que se extiende hasta Cataluña. De este modo, desde principios del siglo XIII, Fontfroide ha dispersado ocho abadías.

Durante la Cruzada contra los Albigeois, Fontfroide se afirma como bastión ortodoxo católico frente al catarismo, contra el cual dicha abadía combate con vigor. Dos monjes de Fontfroide son particularmente ilustrados : Pierre de Castelnau y Raoul fueron nombrados legados por Inocencio II. Entre los obispos celebres, conviene mencionar a Jacques Fournier, el cual fue Papa bajo el nombre de Benoît XII (1334-1342). Después de un periodo de decadencia, Fontfroide se convierte en “commende” desde 1476 hasta1746, fecha en la cual la abadía pierde su título de abadía y sus revenidos.

Realmente nos pareció una construcción interesante, pero allí mismo se iniciaban también varias rutas a pie que en aquel momento nos resultaron mas atractivas que la visita al interior de la Abadía, con lo que decidimos realizar una de ellas. Esta nos llevó por preciosos caminos que limitaban con la Abadía y nos ofreció la opción de realizar una pequeña ruta de treking altamente recomendable. Hay que decir que el día seguía siendo bastante frío pero que disfrutábamos de un espectacular día soleado que lo hacia mucho mas llevable. Al final terminamos sudando de la pateada que nos pegamos, pero realmente mereció la pena el paseito.

Regresamos de nuevo a la autocaravna e iniciamos nuestro camino de regreso a casa. Empezaba a ser tarde por lo que decidimos tomar en esta ocasión la autopista, que abandonamos únicamente en las inmediaciones de la población de Fitou, para visitar su castillo cátaro. En esta ocasión el castillo se hallaba convertido en un restaurante, así como una atracción turistica un tato peculiar, y que además por ser lunes nos encontramos cerrada. Optamos por aprovechar la parada para comer, y ya de una tirada llegar hasta casa.

Esta ha sido una aventura no tan intensa como la que estamos acostumbrados en nuestros viajes. Nuestros planes iniciales se truncaron y decidimos hacer esta ruta in estremis teniendo muy poca información y con las fuerzas mas bien justitas. Aun asi hemos intentado disfrutar a tope nuestra salida y sacar el mayor juego posible a esta zona… Sintiendonos contentos con todo lo que hemos descubierto.

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La cortesía es como el aire de los neumáticos, no cuesta nada y hace mas confortable el viaje.