El Minverois

sep 19, 2013 by     4 Comments    Posted under: Autocaravana, Bike, Deportes, Eskapadas, Trekking

Qué curioso es este mundo del autocaravanismo en el que nunca dejas de aprender, en el que por muchos viajes que realices siempre descubres nuevos matices de esta forma de viajar, que te enseñan a preparar nuevos viajes y sobre todo a descubrir un mundo repleto de lugares sorprendentes, algunos de ellos incalificables, como es el caso de la región del Minervois.

Emplazada en la región del Languedoc-Rosellón, entre los departamentos de L´Hérault y el Aude, el Minervois es una zona bastante desconocida pues, a excepción de Carcasonne, una de las ciudades medievales más importantes de Europa y lugar de peregrinación para muchos autocaravanistas, poco más se conoce de ella.

Poseedora de un fantástico entorno natural y construida mayoritariamente en piedra, es una región que se siente orgullosa de su pasado y de su presente. Una mezcla casi ceremoniosa que aúna ciudades vestidas de austeridad e historia, con paisajes escarpados que visten su altiplanicie de viñedos típicamente mediterráneos, ofreciendo al viajero una visión enriquecedora de estas antiguas tierras. Desde la gran llanura hasta la Montaña Negra encontráremos un paisaje extraordinario, repleto de abadías, profundas simas y canteras de mármol que piedra a piedra nos irán narrando su historia.

Jornada 1: Barcelona – Minerve

Iniciamos la ruta un sábado por la mañana, con un tiempo bastante desapacible. Sabíamos que las previsiones climatologías para este puente eran malas, pero supongo que uno nunca deja de perder la esperanza de que todos los meteorólogos del país se puedan equivocar. Lamentablemente, este no parecía ser el caso. Por delante teníamos cuatro días festivos, para los que habíamos preparado una pequeña escapada a una región cercana, el Minervois, de la que sin embargo sabíamos más bien poco.

Tras una larga semana de duro trabajo, cuesta ponerse en marcha, lo que hizo que nos lo tomáramos con tranquilidad, quizás demasiada. Finalmente fuimos a recoger la autocaravana y nos pusimos en marcha. Era cerca del medio día cuando entrábamos en territorio francés, y casi la hora de comer cuando llegamos a los alrededores de Narbonne. El tiempo parecía empeorar por momentos por lo que decidimos parar a comer para ver si mejoraba, y aprovechar para hojear los mapas y guías que teníamos, pues no habíamos tenido todo el tiempo que hubiésemos querido para preparar la ruta antes de salir.

Más tarde, tomamos la carretera D607 que sale de Narbonne en dirección noroeste, siguiendo las indicaciones hacia Aigues Vives, para continuar rumbo hacia Minerve, población de la cual toma nombre la región y primer destino de esta ruta.

Considerada una de las poblaciones más bellas de Francia, Minerve se encuentra situada en la salida de las gargantas de La Cesse y del Briant. La localidad aparece en el extremo más alejado de la meseta rodeada de impresionantes acantilados. Posee además, un paisaje con una fuerte personalidad natural. La localidad se extiende sobre un promontorio rocoso que domina el horizonte, rodeada de gargantas que ofrecen una visión salvaje del entorno.

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El origen de Minerve parece anterior a la fortaleza de los vizcondes de Minervois, construida en el siglo XII y unida a la meseta por un puente levadizo, que fue uno de los bastiones Cátaros más importantes debido a su situación estratégica.

Al llegar a la localidad nos encontramos solo un parking de autobuses, y hemos de seguir las indicaciones que nos dirigen hasta el aparcamiento público. Nos sorprendía la larga distancia que nos estaban haciendo recorrer y que teóricamente después de aparcar deberíamos recorrer a pie. Finalmente llegamos a él y afortunadamente, aunque nos habían hecho dar un importante rodeo, se encontraba situado en la parte posterior de la población, a tan solo unos pocos metros del centro histórico. El parking es de pago en temporada alta, no para las fechas en las que nosotros la visitamos.

Ya a pié iniciamos la visita a la población. Afortunadamente la lluvia parecía habernos ofrecido una pequeña tregua, por lo que aprovechamos para descubrir Minerve. Lo primero que nos encontramos fueron los Pozos de Saint Rustique, cuya destrucción fue lo que provocó la rendición absoluta de Minerve. Continuamos hacia su iglesia románica, donde pudimos ver algunos restos del siglo V y su museo arqueológico. Lo cierto es que merece la pena recorrer las bonitas calles de la localidad, pues se encuentra flanqueada por antiguas casas de construcción en piedra caliza, que hacen de la visita a esta pequeña población, un agradable recorrido por el pasado.

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Proseguimos hacia sus murallas y bajamos por sus empinadas escaleras hasta llegar al puente natural, que nos sirvió de pasarela para descubrir una de las catapultas más grandes que podremos observar en la zona, además de tener unas vistas increíbles de la localidad desde las alturas. Tanto el lugar como el entorno son magníficos, de una peculiaridad que en contadas ocasiones volveremos a observar.

De regreso hacemos una pequeña parada en una de sus encantadoras terracitas, a la luz de una vela, pudimos saborear sus excepcionales vinos, producidos desde hace siglos por los viticultores del lugar. Con el gusto a madera y frutos del bosque en nuestro paladar, pusimos rumbo hacia el aparcamiento. El día comenzaba a llegar a su fin. El incomodo horario de invierno, y el cielo gris plomizo, hacían precipitar la noche sobre nosotros como una manta cae sobre la cama para protegernos del frió.

Eran varias las autocaravanas que allí se encontraban, por lo que decidimos que sería un buen lugar para pasar la noche. Buscamos una plaza que estuviera más o menos nivelada, y nos dispusimos a terminar de pasar lo que quedaba de día con una agradable charla.

Jornada 2: Minerve – Villeneuve-Minervois

Nuestro segundo día de viaje amaneció con un denso manto de niebla. -”Al menos no llueve”, pensamos. Afortunadamente, durante lo que duró nuestro desayuno, la niebla fue desapareciendo dejando paso a un fantástico día soleado.

No quisimos perder tiempo pues, un día así había que aprovecharlo, por lo que rápidamente nos pusimos en marcha. Tomamos la carretera D-10 por la que habíamos llegado la tarde anterior, denominada “Ruta de Minerve”, hasta llegar a Azillanet, por un recorrido sinuoso que nos obligaba a circular poco a poco, punto este que nos encanto, pues aprovechamos para deleitarnos con las vistas de las que se disfrutan durante el trayecto. Una vez llegamos a Azillanet tomamos la carretera D168 y más adelante nos desviamos por la carretera D115, ambas son cómodas a la hora de recorrerlas y nos permitieron descansar de tanta curva, hasta llegar a nuestro primer destino del día, Caunes Minervois .

Lo primero que nos sorprende al llegar a Caunes, es su gigantesca escultura de ocho metros de altura que acoge la entrada a la población. De hecho, el mármol es el principal motor de su economía. Su famoso mármol rojo, ha servido para construir monumentos tan importantes como el Trianon de Versailles, la Ópera de París, la Gran Mezquita de Córdoba y la fastuosa Basílica de San Pedro en Roma. En la actualidad Caunes, explota tres canteras de mármol rojo de diferentes densidades; rosado pálido, rosado oscuro y rojo sangre en los sitios conocidos como “La Bouriette”, “Terralbo-ouest” y “Villerambert”.

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Aparcar en Caunes resultó relativamente sencillo, gracias al amplio aparcamiento existente en el centro de la población, si bien localizarlo nos resultó un poco más complicado. Finalmente lo encontramos, y aparcamos cómodamente junto a otra autocaravana que allí se encontraba.

Una vez estacionados, nos dirigimos a pie a la ciudadela de Caunes, construida en torno a la abadía benedictina de Notre Dame du Cros, y atravesada por el río L´Argent Double, un pequeño y bonito afluente del Aude. Sus antiguas callejuelas son muy interesantes, al igual que la naturaleza que la rodea.

Nada más llegar, lo primeo que hicimos fue dirigirnos a la Oficina de Información Turística de Caunes, donde nos ofrecieron información detallada de todas las visitas que podíamos realizar. La más interesante de ellas es la Abadía, que se levanta altiva mostrando sus dos grandes torreones, que se han mantenido estoicamente a través de los siglos, pasando por periodos de reafirmación y periodos claramente de decadencia, sin olvidar la tumultuosa época de la cruzada lanzada por el rey de Francia contra los albigenses. Con la revolución, los habitantes de Caunes escogieron conservar la nueva abadía como lugar de culto, y sacrificar la antigua iglesia parroquial de Saint Génes, que fue vendida como cantera de piedra.

Aparte de la visita a la población, existen en Caunes cinco rutas de senderismo a cual más interesante, de un importante nivel tanto natural como cultural, y diferentes trazados con longitudes y dificultades para todos los gustos. Lamentablemente, no entraba en nuestros planes destinar tanto tiempo a la visita de este lugar, pues todavía teníamos muchos otros por visitar, por lo que, tras pasear por su casco antiguo y realizar algunas compras en sus comercios tradicionales, reemprendimos la marcha.

Nuestro siguiente destino era la Grotte Géante de Cabrespine, uno de los platos fuertes del día, a la que llegamos tras pasar por Villeneuve-Minervois. Dos kilómetros antes de llegar a la población de Cabrespine, encontramos el desvió que sube hasta la Sima Gigante de Cabrespine. La fuerte inclinación de este último tramo hacía rugir el motor de nuestra autocaravana, esfuerzo que sin duda se vio recompensado al introducirnos en su peculiar mundo subterráneo.

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Llegamos cuando la mayoría de coches parecían marcharse de allí. Desafortunadamente habíamos llegado justo cuando estaban cerrando para irse a comer, por lo que decidimos hacer lo mismo y detener nuestra ruta para cargar pilas. Era pronto, pero así podríamos realizar la visita en cuanto abrieran y continuar con nuestra ruta.

El día estaba esplendido y allí, tomando el sol, la espera se nos hizo un suspiro. Pronto empezaron a llegar coches e incluso tuvimos que correr para no quedarnos sin entradas para el primer pase. A la media hora de comprar las entradas, entrabamos en la gruta.

Esta gruta caliza, estupenda por su talla y la belleza de sus concreciones, es una joya del mundo subterráneo. Conocida por sus impresionantes dimensiones, de ochenta metros de ancho por doscientos cincuenta metro de profundidad, es conocida mundialmente por sus ricas formaciones.

Esta sima descubierta en el año 1968 por el Club de espeleología de la red del Aude, dispone de varios kilómetros de galerías que han ido actualizando varios espeleólogos desde el año 2004. Desde entonces ha sido la sima más grande situada en la zona del Languedoc-Rosellón.

El lugar es bastante turístico, aunque no por ello deja de tener su encanto. La cueva en si impresiona, sobre todo por la gran profundidad que tiene la misma. El recorrido visitable no es muy largo y se realiza cómodamente sin tener que realizar un esfuerzo físico importante. La visita guiada es en francés, pero afortunadamente existen varios puntos de información de audio que disponen de explicaciones en varios idiomas, entre ellos el castellano.

Horarios de apertura:

-Febrero, marzo y noviembre: de 14 horas a 17 horas
-Abril, Mayo, junio, septiembre y octubre: de 10 a 12 horas, y de 14 a 18 horas.
-Julio y agosto: de 10 a las 18:30 horas.
Personas con movilidad reducida, acceso solo al precipicio de Cabrespine.

Salimos de la gruta, abrumados por el sol y el calor que hacia en el exterior. Después de salir del interior de la cueva todos los colores brillaban como recién estrenados. Íbamos justos de tiempo, por lo que decidimos ponernos manos a la obra y continuar rápidamente con nuestra ruta, poniendo rumbo hacia nuestro siguiente y último destino de esta segunda jornada, Lastours, población situada en el corazón de la Montaña Negra, que constituye un lugar excepcional por su conjunto de cuatro castillos.

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Edificados a trescientos metros de altura, en la cima de un peñasco rocoso, los castillos de Cabaret, Surdespine, Quertinheux y Tour Regine dominan el curso del rio Orbiel y de su torrente el Grézilhou, profundamente encajados en el valle. Los vestigios más antiguos conocidos, se remontan a la época del Bronce Medio, unos “mil quinientos años antes de nuestra era”, en la cual se encontraron restos de la sepultura de una niña, cuyo cuerpo estaba recubierto de objetos preciosos, entre los cuales se hallaron perlas de ámbar y joyas evocando el arte egipcio.

Los castillos de Cabaret, Surdespine, Quertinheux existían antes de la cruzada contra los albigeois, pero con formas diferentes a su aspecto actual. En la época del catarismo floreciente, el señor Pierre Roger de Cabaret aparece muy unido a los seguidores de la nueva religión y sufre desde 1209 los ataques de los cruzados. Entre los años 1223 y 1229, la actividad cátara fue intensa en Cabaret y los castillos fueron atacados en vano una segunda vez en el año 1227. Se tuvo que esperar hasta el año 1229 para asistir a la rendición definitiva de estos baluartes.

Después de la Cruzada, el rey de Francia recuperó los bienes de los señores, eliminó la población y los castillos. Más tarde, los volvió ha reconstruir sobre la cima y añadió una cuarta torre: Tour Regine. A finales del siglo XVI, durante la Guerra de Religiones, Cabaret constituye una plataforma importante para los protestantes quienes adaptaron los castillos a las armas de fuego. Fueron desalojados en 1591 por los ejércitos del mariscal de Joyeuse. En la Revolución, los castillos de Lastours fueron definitivamente abandonados. Son clasificados como Monumentos Históricos desde 1905, y una visita imprescindible para entender el Catarismo y disfrutar de su fantástica ubicación.

Para llegar hasta Lastours tuvimos que regresar a Villeneuve-Minervois, donde tomamos nuevamente la carretera D111, esta vez en dirección oeste, hasta enlazar con la D101 que nos condujo a Lastours. Apenas diez Kilómetros son los que separan Villeneuve-Minervois de Lastours, distancia que, sin embargo, requirió más tiempo del que nos pensábamos, sobre todo debido al lento trazado de la carretera.

Al llegar a Lastours nos dirigimos directamente al aparcamiento público situado junto al río, al pie de la población. El aparcamiento no era excesivamente grande, y no había demasiadas plazas cuyas dimensiones permitieran aparcar una autocaravana. Afortunadamente, empezaba a ser tarde y muchos ya se marchaban, por lo que no nos fue demasiado complicado aparcar. Eso si, imaginamos que, teniendo en cuenta que los castillos de Lastours son uno de los lugares más visitados del País Cátaro, allí no habrá quien encuentre plaza por la mañana.

Sin perder tiempo y equipados con el calzado adecuado, nos dirigimos al norte de la población, donde se encuentra el acceso a los castillos, en una antigua fábrica textil acondicionada a tal fin, situada a apenas un centenar de metros del párking. En el edificio encontramos también la exposición “Lastours, 4000 años de historia” que presenta los principales descubrimientos de los veinticinco años de búsquedas arqueológicas. Dicha exposición se presenta en tres partes : “Desde la prehistoria hasta la historia”, “Vivir en Cabaret”, “De Cabaret a Lastours”.

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La visita a los castillos está dividida en dos partes: La visita a los castillos propiamente dicha, y la vista panorámica que se dispone de los cuatro castillos desde el Belvédère de Montfermier. En nuestro caso dudamos de si tendríamos el tiempo suficiente para realizar ambas visitas, por lo que nos conformamos con poder visitar los castillos. Pagamos los cuatro euros que constaba la entrada de adulto, e iniciamos la ascensión.

El sol brillaba con fuerza, pero amenazaba con esconderse pronto detrás del horizonte, por lo que realizamos el camino de ascensión tan rápido como pudimos, para así disfrutar de la magia de los castillos en un fantástico atardecer. Poco a poco, fuimos llegando a cada uno de los cuatro castillos que forman este impresionante conjunto: El Cabaret, formado de tres partes: un torreón poligonal, un cuerpo logis y un muro poligonal que une todo el conjunto arquitectónico. La extremidad norte contiene los vestigios de una antigua torre cuadrada;  Surdespine, dominado por una torre cuadrada separada de una base cuadrangular y unido a una cisterna; Tour Regina y Quertinheux, construidos en el siglo XIII. Dos castillos idénticos gracias a sus torres circulares, que impresiona verlos desde las alturas.

La visita también incluye alguna sorpresa como “El trou de la Cite”, la más grande de las cuarenta cuevas que contiene Lastours. Dicha cueva está formada por un túnel subterráneo el cual pudo ser utilizado como reserva o refugio.

Al norte del recorrido encontramos el pueblo medieval de Cabaret, de finales del siglo XII, testigo de una intensa actividad tanto espiritual como artesanal. En él podemos descubrir los vestigios de casas, talleres, calles y muchos objetos de la vida cotidiana.

El camino para llegar hasta el último de los castillos tiene cierta dureza, por la inclinación del recorrido, pero las vistas que se tienen en todo momento de los cuatro castillos son indescriptibles. En muchos momentos te la impresión de estar suspendido únicamente en un cielo de piedra, fuerte y carente de vida, pero de entre sus piedras la vida renace luciendo tonos verdosos de líquenes y pequeñas plantas que luchan por sobrevivir en un entorno hostil como este.

El sol decidió finalmente ocultarse en el horizonte y un frió e intenso viento comenzó a soplar, dándonos el primer aviso, enseñándonos tan solo su pálida silueta, por lo que decidimos dar por finalizada la visita y regresar a la autocaravana. El descenso sin embargo se nos hizo bastante más duro de lo que nos imaginamos a priori. El fuerte desnivel y el cansancio acumulado durante el día, comenzaban a pasar factura y hacían mella en nuestras piernas, que parecían quejarse de la intensidad de la visita. Finalmente llegamos a la autocaravana, cuando ya la luz empezaba a escasear en las calles. Varias autocaravanas se encontraban en el aparcamiento, con claras intenciones de pasar allí la noche. Sin embargo, la cercanía con la carretera hacia de aquel parking un lugar poco atractivo por lo que, teniendo en cuenta que al día siguiente teníamos que volver por donde habíamos venido, decidimos regresar a Villeneuve-Minervois, cuya área municipal de autocaravanas nos pareció que nos ofrecería una noche más confortable.

Tras recorrer nuevamente la tortuosa carretera D101, llegamos a Villeneuve, donde encontramos fácilmente el área junto a la zona deportiva de la población. Asfaltada, bien nivelada, y con unos edificios que protegían del ruido procedente de la carretera, indudablemente era aquel un buen lugar en el que pasar la noche relajadamente. Aparcamos junto a otras dos autocaravanas que ya se encontraban allí, y nos dispusimos a pasar una reparadora noche.

Jornada 3: Villeneuve-Minervois – Lagrasse

Nuestros cuerpos evidenciaban el cansancio por el intenso segundo día de viaje del que habíamos disfrutado. El ritmo infringido por tal de aprovechar al máximo el tiempo de que disponíamos, parecía estar pasándonos factura. Además, el tiempo parecía haber dado un nuevo giro, pues unas nubes amenazadoras se ceñían sobre el horizonte.

Por nuestra parte, no podíamos más que limitarnos a continuar con el plan establecido, deseando que el tiempo nos ofreciera una tregua de al menos veinticuatro horas. Desayunamos y antes de emprender la marcha, decidimos dar un pequeño paseo por Villeneuve, población típica dentro del Minvervois, que dispone de una gran alameda sombreada por una treintena de plataneros. Desde la población pudimos caminar hacia sus famosos dolmenes y visitar su molino, todavía hoy en funcionamiento, sin olvidar el Museo de la historia y Paleontología del Señor Chaix.

Tras realizar unas últimas compras en los comercios de la población y repostar en el área, iniciamos camino hacia el Canal Du Midi, principal destino de esta cuarta jornada de viaje. Por él queríamos hacer un agradable paseo en bici, si el tiempo nos lo permitía.

Para ello tomamos la carretera D11 que en un momento nos permitió llegar a la población de La Redorte, en la que antiguamente existía un área de autocaravanas, pero que lamentablemente ha sido eliminada. Fue por ello que decidimos continuar hasta la población de Homps, situada junto al Canal Du Midi. En ella,  junto al puerto, encontramos un lugar donde aparcar cómodamente.

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El tiempo parecía habernos concedido la tregua que habíamos pedido, e incluso algún rayo de sol iluminó el cielo, por lo que sin pensarlo dos veces, descargamos las bicicletas y nos dispusimos a disfrutar del Canal du Midi.

El Canal du Midi fue un intento de unir el océano Atlántico y el Mar Mediterráneo. La idea se remonta a la era del imperio Romano, pero fue Pierre-Paul Piquet quien entre los años 1666 y 1681 consiguió realizar el canal. Fueron necesarios alrededor de doce mil trabajadores para la ejecución de un proyecto complejo que estuvo plagado de problemas técnicos. Para su realización fue necesaria la construcción de numerosos puentes y túneles mediante los que salvar la orografía. Precisamente, uno de los elementos más característicos del Canal son las esclusas que los barcos tienen que ir pasando y conseguir salvar el desnivel.

Curiosamente, el canal no llegó a culminar su misión. El cambiante contexto económico y político impidieron que la región tuviera el desarrollo económico esperado. Tras doscientos años de explotación el canal comenzó a sufrir la competencia del transporte por tren y más tarde por carretera. Finalmente, en la década de los setenta, el Canal quedo finalmente destinado únicamente al turismo.
Hoy en día el Canal du Midi es patrimonio de la Unesco, registrando la quinta parte del turismo fluvial francés. Además, legado de los senderos que utilizaban originariamente los caballos para arrastrar los barcos, dispone hoy de dos caminos a ambas orillas del canal, que permiten disfrutar de un largo y precioso paseo, ya sea a pie o en bici.

De los 241 kilómetros que recorre el Canal, son varios los tramos especialmente interesantes a realizar. En nuestro caso decidimos hacer un pequeño tramo de aproximadamente de cinco Kilómetros entre las poblaciones de Homps y La Redorte, trayecto que hicimos relajadamente, deteniéndonos para disfrutar de cada detalle que encontrábamos a nuestro paso.

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No quisimos llegar mas allá pues el cielo estaba cada vez más amenazante, además de que encontramos muchos tramos inundados y repletos de barro, y menos mal que decidimos regresar, pues a nuestra llegada a la autocaravana, empezaban a caer las primeras gotas de lluvia.

Tras descansar y disfrutar de una larga sobremesa contemplando la lluvia, reemprendimos la marcha. En nuestros planes estaba dirigirnos el cercano Lago de Jouarres, un embalse de cien hectáreas situado al borde del Canal du Midi, donde se realizan muchisimas actividades náuticas, además de tenerlo preparado con casi todas las opciones que podemos encontrar en cualquier lugar de playa. Lamentablemente el día no acompañaba, por lo que decidimos emprender la marcha hasta el último de los destinos del día, la población de Lagrasse, clasificada como uno de los pueblos más bellos de Francia.

Emplazada en pleno valle del Orbieu, en el seno del macizo de Corbières, encontramos la población de Lagrasse. Su historia está estrechamente ligada con la de la Abadía de Sainte-Marie de Lagrasse, de la que toma su nombre, y principal atractivo turístico de la población. La abadía, que se inició con la instalación de algunos monjes que acabaron formando un pequeño monasterio, se convirtió en abadía en el año 778, bajo el reinado de Carlomagno, y llegó a ser una de las más importantes de la Europa medieval.

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Separados por el río, pueblo y abadía se encuentran unidos por el Pont Vieux, un elegante puente románico del siglo XII, cuyo estado de conservación es excelente, y que antiguamente constituía el único medio de comunicación ente la abadía y el pueblo.

Llegamos a la población con las últimas luces del día. Las coordenadas GPS de que disponíamos nos dirigieron a un amplio aparcamiento situado junto a la zona deportiva de la población, en la que había alguna autocaravana estacionada. Sin embargo, nuestra intención era dar un paseo por la población aprovechando que había dejado de llover, por lo que nos dirigimos al centro. Allí encontramos un segundo aparcamiento, en el que precisamente había una zona de servicio para autocaravanas. En él estacionamos y fuimos a dar un paseo por la población. Capital de Cobrières hasta el siglo XIX, Lagrasse fue punto de encuentro entre comerciantes y artistas. En la Plaza del Halle encontramos su precioso mercado cubierto, una joya de la arquitectura medieval construida en 1315, que atestigua la importancia de las ferias que se celebraban antaño.

La población alberga todavía hoy numerosos artistas, artesanos y comercios, donde se ofrecen productos locales de gran calidad, como miel, vino, alfarería, piel, joyas y artesanía.

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El origen medieval de la población queda patente en los callejones de la población y las murallas que rodean su casco antiguo, así como por La Tour de la Plaisance, una torre defensiva del siglo XII, vestigio del antiguo amurallamiento.

Empezaba a ser tarde, y el frió iba poco a poco calando en nuestros cuerpos, por lo que decidimos que era el momento de regresar a la autocaravana a descansar.
En el aparcamiento del centro, varias indicaciones nos invitaban a dirigirnos a la zona deportiva a estacionar. Sin embargo, teniendo en cuenta la poca afluencia del lugar por esas fechas, decidimos arriesgarnos y quedarnos allí a pasar la noche junto a otro par de autocaravanas, pues nos pareció aquel un lugar más agradable en el que pasar la noche.

Jornada 4: Lagrasse – Barcelona

Nos levantamos con el pesar de saber que nuestra pequeña ruta llegaba a su fin. El día había amanecido nuevamente gris, pero nos resistíamos a irnos a casa, pues queríamos disfrutar de este último cuarto día de este pequeño puente.

Desayunamos y fuimos a dar un  paseo por la población, pues la tarde anterior, apenas sin luz, había muchas cosas que habíamos pasado por alto. Más tarde, emprendimos la ruta hacia nuestro último destino de este viaje, la pequeña población de Villerouge-Termenes, población que dispone de un pequeño y bien conservado castillo cátaro, que en muchas otras ocasiones habíamos pasado por alto.

Una estrecha y serpenteante carretera nos condujo hasta Villerouge. Apenas fueron catorce Kilómetros los que nos separaban de ella, recorrido durante el que, sin embargo, dio tiempo más que suficiente para que las nubes se marcharan dejando paso a un fantástico y soleado día.

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A pie de carretera, junto al acceso a la población, un pequeño aparcamiento con un espacio destinado exclusivamente a las autocaravanas nos permitió estacionar y dirigirnos tranquilamente a pie al centro de la población.

Situado a unos cincuenta Kilómetros al suroeste de Carcassonne, Villerouge Termenes es la puerta mediterránea del alto Corbières. Nada más llegar, llama la atención la silueta de su imponente castillo, clasificado Monumento Histórico en 1976, situado en el centro de la población. Las primeras informaciones históricas que le conciernen, se remontan a principios del siglo XII. En dicha época y hasta la Revolución francesa, los poderosos arzobispos de Narbonne fueron los señores del castillo y del pueblo. Pero el castillo de Villerouge Termenes fue varias veces ocupado.

Enteramente restaurado, este castillo es un incuestionable ejemplo de arquitectura militar del siglo XIII. Cuatro torres ocupan los ángulos de dicha obra fortificada. Su fantástica ubicación, a unos veinticinco metros del río Lou, domina la imponente torre sureste que corresponde sin ninguna duda al torreón más impresionante.

En lo más alto de la muralla se aprecia el camino de ronda, el cual una parte está cubierto y cien por cien recomendable su visita. Al norte, accedemos al monumento por una rampa precedida de una puerta fortificada con las armas del arzobispo Bernard de Farges. El castillo, el cual presenta tres épocas de construcción, se remonta esencialmente al siglo XIII, y contiene una exposición titulada “El mundo de Guilhem Bélibaste, último Perfecto Cátaro”, la visita guiada audiovisual permite, a través de los destinos cruzados de Guilhem Bélibaste y de Bernard de Farges, explicar el catarismo, el poder del arzobispo de Narbonne y de la vida cotidiana de Villerouge Termenes en el siglo XIV. Gracias al circuito escenográfico, en tres niveles y en tres lenguas (Francés, Inglés, Español), os podréis sentir transportados a setecientos años atrás.

Después de la visita a su impactante castillo, es recomendable adentrarse en la población para poder visitar su puerta medieval con su precioso jardín, su bonita iglesia de Saint Etienne y su retablo del silo XVI enteramente restaurado. Pequeña pero perfectamente conservada, Villerouge es un lugar delicioso por el que pasear. Su gran variedad de plantas aromáticas y flores, la convierten casi en un pequeño jardín del edén. Como viene siendo habitual durante nuestro recorrido, sus calles empedradas invitan a la relajación, a escuchar nuestros propios pasos resonando en la piedra, a apreciar con admiración los pequeños detalles y a intentar mimetizarnos con un entorno tan peculiar como es esta zona del Minervois.

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Por otra parte, la localidad está íntimamente ligada al final de la historia del Catarismo, como bien nos han explicado en su exposición sobre “El Mundo de Guilhem Bélibaste”, pues en el año 1321, fue quemado vivo en Villerouge Termenes, cuya muerte significó el final del Cátarismo.

Con esta visita pusimos el punto y final a nuestra ruta. Por delante, ya solo nos quedaban cerca de doscientos cincuenta Kilómetros hasta llegar a casa, por lo que no debíamos demorarnos demasiado. Iniciamos el camino de regreso, tras disfrutar de un puente breve, pero intenso, que nos había permitido aprender que, por muchas veces que hayas pasado por algún lugar, siempre te habrás olvidado de algún detalle que, por pequeño que sea, merece la pena contemplar.

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  • pues que ya notabamos a faltar estos cuentos, tan bonitos, y esas fotos, o postales! por no decir, que son verdaderos descubrimentos, los que nos brindáis.
    Graciaaassss
    Un abrazazo muy fuerteee

  • Gracias Jimmy! También nosotros echábamos de menos la “cercanía” del blog y, entre nuestros propositos para este nuevo “curso” está el intentar ponernos al día con todos los viajes pendientes pues, a pesar de todos los problemas que hemos tenido en este último año, eso no quita que nos hayamos pegado unos buenos viajecitos!

    Un abrazo

  • Aunque no suelen hacer comentarios son muchos los ACVnistas que leen y se benefician de los que publicitais vuestros viajes, quiero agradeceros vuestra cortesia y trabajo en nombre de todos “los ausentes” que valoramos y utilizamos vuestra experiencia para nuestras “escapadas”.
    Gracias, os seguiremos siguiendo.

  • Gracias Ximo en nombre de los que, con toda la ilusión del mundo, trabajamos para mantener vivos nuestros pequeños blogs, a traves de los que contamos nuestras experiencias al mundo!

    Esperamos seguir leyendote por aquí y mil disculpas por la demora en contestar pues lamentablemente si algo nos falta a todos es tiempo!

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