Murcia: Un mar de posibilidades

ene 11, 2012 by     4 Comments    Posted under: Autocaravana, Deportes, Eskapadas, Trekking

Como una tela de araña aparecen enredados mis recuerdos, voy desenredando hilo a hilo los sentimientos que afloran de un viaje colmado de encanto. Suerte, palabra que a veces utilizamos sin darle la importancia que realmente tiene. Y remarco suerte, porque pudimos disfrutar de una climatología casi tropical en pleno mes de Diciembre.

Ha sido una ruta de descubrimientos y reconciliaciones, de romper ideas preconcebidas y de abrirnos al encanto de las acogedoras tierras murcianas. Un inmenso mar nos abrió sus puertas, mostrándonos todo lo que nos podía ofrecer, una infinidad de posibilidades que tomamos encantados, y que nos han llevado a descubrir lugares de una belleza sublime.

Parece mentira que haya kilómetros de playas vírgenes, con sus arenas pintadas de dorado y sus aguas balanceándose en calma en su danza vespertina. Han sido días de actividad frenética, de diversión, de cumplir sueños que llevábamos acariciando largo tiempo. Certezas cumplidas, en lugares tan mágicos como el delicioso atardecer en las salinas de San Pedro del Pinatar, descubrir la bahía de Portman, con sus tierras veteadas de colores.

El majestuoso Monte de las Cenizas, que exhala al viento suspiros en forma de peculiaridad, la infinidad del Parque de Calblanque, con sus dunas brillando al sol, el bullicio en Cabo de Palos, las fantasmagóricas construcciones de Bolnuevo, y el indescriptible Cabo Tiñoso, al cual llegamos por una carretera que bien merecía la visita por si sola.

Si tuviera que definir en una palabra a Murcia, seria “diversidad”, ya que se puede percibir a través de muchísimos matices la gran variedad de espacios que posee, desde ruinas románicas, a bastos terrenos mineros, o su colorida huerta, pero sobre todo recalcaría que es una región que está volcada hacia al mar, posando todos sus ojos en él, anhelando los beneficios y las bondades de un clima tan cálido y prolijo como es este.

1ª- Etapa: Barcelona- Els Muntells

Salimos de Barcelona el Viernes por la noche, anhelando vivencias y sobre todo escuchar ese click que sientes al alejarte de la gran ciudad. Era tarde y estábamos cansados, pero aun así quisimos hacer en la oscuridad tantos kilómetros como nos fuera posible, pues serían horas que ganaríamos al día siguiente. Nuestra intención era pernoctar en el Área de Amposta, pero las horas intempestivas y el agotamiento hicieron que no lográramos localizarla, y que acabáramos pernoctando en el área del Muntells, en pleno Delta del Ebro.

Aparcamos en ella pasada la media noche. Nos metimos en la cama, exhaustos, y esperamos que la mañana siguiente nos despertara con muchas mas fuerzas de las que teníamos en aquel momento.

2ª- Etapa: Els Muntells- Portman

Nos levantamos en un día de sol radiante. Los arrozales brillaban con fuerza desde la ventana de nuestra autocaravana. Desayunamos y nos fuimos a dar una pequeña vuelta por el Delta. Daban ganas de quedarse allí a pasar todo el puente, pero la ruta ya estaba trazada, y seguramente encontraríamos r otra ocasión para volver al Delta a disfrutar de él, por lo que pusimos rumbo hacia Murcia. Eran muchos los kilómetros que nos esperaban por delante, con lo cual tocaba tener paciencia y llevar el paso de los kilómetros de la mejor manera posible.

Las poblaciones pasaban a través de nuestra ventana, desdibujadas, íbamos charlando animadamente y escuchando música, lo que hizo el viaje mucho más ameno. Pasamos Valencia, con algunas retenciones que logramos evitar tomando la V-30, e hicimos una parada para comer al entrar en la provincia de Alicante, una pausa corta para intentar llegar cuanto antes a nuestro destino.

Logramos llegar a San Pedro del Pinatar cuando todavía no se había puesto el sol y tras aparcar, nos dirigimos al Parque Regional Salinas de San Pedro, que forma un paraje de litoral mediterráneo único, en el que es posible ver, en poco espacio, formaciones morfológicas tales como salinas, saladares, carrizales, playas, dunas, encañizadas “sistema tradicional de pesca del Mar Menor”, mediante el que se captura a los peces que entran desde el Mediterráneo, hacia la laguna con un complejo laberinto de maderos, cañas y pilares sobre arena.

La avifauna es especialmente numerosa, aunque los reyes, por su espectacularidad, son los flamencos, que llegan en bandadas a final del verano para iverrnar en la zona. También están presentes zampullines, chorlitos, garzas, garcetas, cigüeñuelas, lechuzas, gaviotas, aguiluchos y avocetas, entre otras especies. La presencia de las salinas es tan antigua como la del hombre en este espacio natural.

Los dos molinos que quedan en pie, sirvieron durante años para elevar el agua del Mar Menor a las lagunas de almacenaje. Hoy en día, han sido sustituidos por bombas eléctricas, pero su silueta sigue presidiendo el paisaje de una manera excepcional. El espacio esta totalmente delimitado por pasarelas de madera que te adentran en el parque, y que advierten al visitante, de no salirse del recorrido, aunque siempre te encuentras a gente desaprensiva que pasa de las señales y de la conservación de este tipo de parques.

El lugar nos pareció muy agradable, un paseo más bien corto que nos condujo hasta el mar, eso si con unas instantáneas brillantes del lugar. El primer contacto con la zona Murciana, nos dejó muy buen sabor de boca. El sol calentaba nuestras mejillas, pero el frío era considerable, eso sí, nada que un buen abrigo no pudiera aplacar. Nos volvimos a subir a la autocaravana y nos dirigimos a visitar la población de San Pedro del Pinatar. Aparcamos en un aparcamiento municipal junto al paseo marítimo, y salimos disparados de la autocaravana para aprovechar los últimos instantes de luz de aquel primer día.

Nada más bajar nos sorprendió encontrar un precioso molino a pie de playa, lo cual daba singularidad a la par que personalidad al lugar. Luego, nos adentramos caminando por el fantastico paseo que discurre sobre “la manga”. Comenzaba a atardecer, y la paleta de colores empezó a cambiar. Caminamos por un paseo que parecía no tener fin, en un momento en que la luz iba poco a poco abandonándonos y el viento llegaba cada vez más gélido hasta nuestros rostros, pero la grandiosidad de aquel atardecer nos dejaba sin palabras.

Hay momentos en que nos parece estar viviendo en Miami, o cualquier otra población de Estados Unidos, con un horizonte plagado de rascacielos y palmeras, una visión un tanto “friki”, pero que nos ofreció una de las puestas de sol mas bonitas que hemos vivido.

El lugar es realmente impactante, mezcla lo antiguo con lo nuevo de una manera espectacular. Los viejos molinos conviven con los altísimos edificios que le dan un aspecto un tanto decadente, eso si, sin quitarle un ápice de belleza al emplazamiento. A oscuras y medio congelados volvimos hacia la autocaravana. Ante aquella belleza solo se te ocurre agasajarla con un silencio respetuoso, y un suspiro de admiración al dejar atrás este pequeño paraíso.

Estábamos cansados y ya sin luz, apenas podíamos hacer más que algunas compras y buscar un lugar en el que pasar la noche. Nuestra intención era visitar los Molinos de viento y agua de Torre Pacheco a la mañana siguiente, por lo que a ellos nos dirigimos. Lamentablemente, tan siquiera los encontramos señalizados por ninguna parte, algo que ha sido una constante en toda la ruta y es que por poner un pero a Murcia, seria la poca información turística que hemos encontrado, tanto en las oficinas de turismo, como en sus indicaciones turísticas.

Dimos varias vueltas y no encontramos ningún lugar que nos gustara para dormir, por lo que decidimos ir al pequeño pueblo de Portman, donde nos habían comentado que se dormía bastante tranquilo. El pueblo es realmente pequeño y no encontramos ningún aparcamiento amplio para pernoctar, con lo que después de recorrer varias veces sus calles, nos acoplamos en una tranquila bocacalle y allí nos quedamos a dormir.

3ª- Etapa: Portman- Calnegre

Cualquier duda que pudiéramos tener sobre el lugar elegido para pernoctar se disiparon a la mañana siguiente pues no habíamos oído ni el aleteo de una mosca durante toda la noche. El lugar había resultado de lo más tranquilo y aunque Portman parecía un lugar de veraneo, en pleno Diciembre lógicamente había más bien poca gente. Después de desayunar, dimos un paseo por la población.

El día había amanecido un tanto gris, pero poco a poco los rayos de sol empezaban a colarse entre las nubes, lo que nos permitía tener unas vistas preciosas de toda la bahía. Era nuestra primera incursión en la sierra minera, uno de los motivos principales por los que elegimos Murcia para este puente, una ruta donde pudimos descubrir y observar las instalaciones más comunes de la sierra, castilletes, pozos, chimeneas y lavaderos.

La región dispone de un gran patrimonio cultural y arquitectónico, entre el que encontramos museos y edificios modernistas, legado de La Unión, antigua empresa minera encargada de la explotación de la región, además de espacios naturales bien diferenciados: unos alterados por la acción del hombre, como la bahía de Portman, y otros recuperados, como las antiguas balsas de estériles convertidas en miradores. Un lugar extraño, repleto de contrastes tanto cromáticos, como constructivos, ya que convivían en un perfecto equilibrio, antiguos restos mineros con nuevas construcciones de viviendas urbanas.

En lo alto de una colina, junto a Portman, se encuentra la mina de San Luis, que teníamos intenciones de visitar. Sin embargo, nos encontramos con que la antigua mina presentaba un estado de abandono considerable, lo cual nos dejó un tanto descolocados. Muchos se adentraban en ellas a través de los innumerables agujeros que su reja presentaba; en nuestro caso, ante la carencia de cartel alguno que indicara si se podían visitar o no, preguntamos a un lugareño que pasaba por allí.

El señor, amablemente nos comentó que no había ningún problema, pues las minas estaban abandonadas y no había vigilante. Con más dudas que otra cosa, y con muchísimo cuidado, nos adentramos en las entrañas de esta antigua mina, ascendiendo a través de unas escaleras que parecían que se iban a desintegrar a nuestro paso, encontrándonos un “colage” de crístales rotos, artefactos abandonados, y un sinfín de pequeños instrumentos que antaño hicieron su labor, y que hoy en día, simplemente estaban desperdigados en un lugar de aspecto desolado.

Pero extrañamente tenia una belleza arrebatadora, explicita, casi intrusiva, mostrándonos a través de mil detalles las vivencias allí concentradas, sufridas, calculadas por el paso del tiempo. Seguimos el compás de hierros retorcidos, donde el color predominante era el oxido. La tierra protestaba en forma de tonos extraños, rojos, lilas, negros, que el devenir de los años le había otorgado.

El agua, impregnada de oxido, se había ido filtrando poco a poco en la tierra, formando un cumulo de vetas multi-cromáticas que hacían teñir a la roca de tonos ajenos a ella. Posamos nuestros ojos ante aquellos jirones de caos, y cerramos nuestro circulo en el mismo lugar donde lo comenzamos, al pie de las destartaladas escaleras. Pero esta vez no bajaríamos por ellas, si no que cogeríamos un camino anexo que nos acercaría al lado contrario de la bahía, para así poner punto y final a una visita enriquecedora repleta de luces y sombras.

Volvimos a la autocaravana y emprendimos la marcha en dirección al este, adentrándonos en el Parque Regional de Cablanque y Monte de las cenizas. De pronto, a pie de carretera y apenas señalizado, encontramos un aparcamiento de arena con varios vehículos estacionados. Nos detuvimos y nos dirigimos a un pequeño sendero que se iniciaba junto a él. Efectivamente, comprobamos que aquel era el camino que conducía al Monte de las Cenizas, siguiente destino en nuestra agenda. Afortunadamente lo habíamos encontrado, y no gracias precisamente a la deficiente señalización.

La ascensión al monte de las Cenizas, es todo un espectáculo, ya que ofrece una panorámica de gran belleza, en la cual, se puede observar el parque regional de Calblanque, una excepcional reserva botánica, que dibuja un fino hilo de plata que bordea el mar hasta el Cabo de Palos. A parte se puede divisar el sosegado Mar Menor desde las alturas, y un valle vestido de pinos que moria en Atamaría.

El lugar cuanto menos es peculiar. Comenzamos con nuestra ascension a la cenicienta montaña, haciendo el trazado todo de subida, siendo está bastante suave, mejorando sus vistas a cada paso. El principio de la ruta es algo soso, pero más tarde se disfruta de unas buenas panorámicas de la bahía de Portman y el parque de Calblanque.

En los últimos recodos del monte, encontramos los restos de la batería militar de las Cenizas, su famoso “Portus Magnun”. Este portal se construyó inspirándose en el Templo de los Guerreros Blancos de la ruinas de Chichen-Itzá, simulando gigantescas serpientes emplumadas con la cabeza en la base y los crótalos como capiteles.

A través de este “rara avis”, te adentras en la historia del lugar, observando todo con ojos de asombro e incertidumbre. Además del Portus Magnum, se encuentra una de las baterías costeras que se construyeron en la Segunda República, bajo el mando del general Primo de Rivera. Desde Cabo Tiñoso a Cabo Negrete, en las inmediaciones del Monte de las Cenizas, el litoral se cubrió de baterías que cruzaban sus fuegos para evitar que los buques enemigos bombardearan Cartagena.

La de las Cenizas estaba dotada de dos cañones Vickers. Desde la cumbre se observa una esplendida instantánea del parque regional, ribeteado de playas de arena fina, el cerro Sancti Spiritu y la peña del Águila, codiciados enclaves mineros por la abundancia de plomo y plata que tenían. Todo allí parecía raro y escurridizo, era una mezcla realmente curiosa, incluso distraía el batiburrillo tan distinto de peculiaridades que allí podías encontrar, desde cañones y garitas donde se introducían para vigilar el entorno, hasta las torres de vigilancia.

Pero desde luego, lo que más satisfacción produce al viajero, son sin lugar a dudas sus vertiginosas y excepcionales vistas, ya que desde allí arriba te encuentras en el mismísimo corazón del Monte de las Cenizas, un nombre ensoñador para un entorno aún más embestido de singularidad.

Un agradable descenso nos permitió regresar a la autocaravana en pocos minutos. El reducido aparcamiento se encontraba lleno, y aunque empezaba a ser tarde y el hambre a aparecer, preferimos dejar nuestra plaza libre para otros viajeros, y buscar otro lugar en el que detenernos a comer. Emprendimos la marcha en dirección al Parque Regional de Calblanque. Un pequeño cartelito en la autovia MU-312, a la altura de Los Belones, nos indicó el camino que conduce al parque regional, una pista de tierra pero bastante ancha, que poco a poco permite llegar a las autocaravanas con relativa facilidad.

En un primer desvío, tomando el camino de la derecha, llegamos a la Oficina de Turismo del Parque. En ella nos ofrecieron información sobre las rutas y lugares de interés del parque.  Antes de continuar, comimos reposadamente.

Había varios caminos, pero nosotros fuimos directamente hacia la playa de Calblanque, donde comienza la visita a través de unas pasarelas de madera, que te acompañan hasta las primeras dunas fósiles. La playa natural tiene un gran valor paisajístico, al estar situada dentro del mismo parque natural, un espacio que se conserva casi virgen. Su gran riqueza se basa principalmente, en sus áridas sierras, largas playas de arenas tostadas por el sol, y solitarias calas en conjunción perfecta con sus impresionantes dunas fósiles.

Comenzamos la ruta a pie y nos llevo a adentrarnos hacia la costa de Calblanque. Las vistas eran excepcionales durante todo el recorrido, el estanque de los pájaros, nos abrió sus puertas en una silenciosa letanía, que iba enredando nuestros sentidos; aroma a tierra húmeda, y al mismo tiempo a terrenos áridos que al caminar sobre ellos, te ungían de polvareda, una dualidad maravillosa.

Seguimos nuestro camino hacia la playa, y observamos en el horizonte la punta de Calnegre, pero caminamos sin tener ni idea de cuanto nos separaba hasta ella. Después de un largo recorrido, seguíamos sin estar ni medianamente cerca. Comenzaba a ser tarde y estábamos realmente cansados, con lo que decidimos abandonar nuestra misión de llegar hasta la dichosa punta.

Volvimos a la autocaravana, realmente cansados. Lo cierto es que llevábamos todo el día andando y, absortos por el paisaje, apenas nos habíamos dado cuenta de cuan cansados estábamos hasta que nos sentamos. Sin embargo, todavía había un lugar que queríamos visitar antes de que la luz nos abandonara, el Cabo de Palos. Este lugar forma parte de una pequeña cordillera de colinas volcánicas que forman una pequeña península. Una prueba de ésta cordillera son las islas próximas al mar mediterráneo, como la isla Grosa y las Islas de las Hormigas, así como las cinco situadas en el Mar Menor.

En sus origines, Cabo de Palos fue un lugar de pescadores, aunque hoy en día es principalmente una localidad turística, conocida por su gastronomía y, como no, por su majestuoso faro de ochenta metros de altura sobre el nivel del mar. También son laureados sus impresionantes fondos marinos, un paraíso sumergido bajo el agua que pinta de colores marinos un lugar, donde la magia esta asegurada.

Llegamos al faro tras cruzar la población de Cabo de Palos y estacionamos en un amplio aparcamiento a los pies del mismo. Desde allí, una escalera permite llegar hasta el faro, lugar que muy a nuestro pesar se encontraba repleto de gente, que hizo la visita un tanto incomoda.

Más tarde nos dirigimos a la punta del Sabinar, donde disfrutamos de una increíble que transformó todo el lugar, poesía en movimiento. Desde las alturas observamos las islas de las hormigas, diminutas, como un pequeño peñasco entre las brumas doradas del atardecer. Una vez finalizada la visita, regresamos a la autocaravana. Era tarde, ya casi de noche, y estábamos molidos, por lo que no podíamos más que buscar un lugar para pasar la noche.

Vimos en Cabo de Palos varios aparcamientos en los que parecía se podía pernoctar, pero necesitábamos urgentemente vaciar por lo que, sin demorarnos, nos dirigimos a una de las áreas que teníamos señalizada. Concretamente fue la Área de Puntas de Calnegre la elegida. Tras algún contratiempo ya que pusimos mal las coordenadas, llegamos al lugar cuando era ya noche cerrada.

Estábamos totalmente a oscuras y no había nadie en el lugar. Simplemente una puerta grande, cerrada a cal y canto, y un número de teléfono en un cartel anotado. Llamamos y nos comentaron que venían en un momento a abrirnos. Después de varios minutos de espera llegó un señor, muy amable, que nos abrió la puerta y nos dio a elegir donde colocarnos. Lo hicimos lo más lejos de la carretera que pudimos, por el ruido.

Como pudimos, ya que apenás había luz y las instalación eran más bien sencillas, vaciamos y nos colocamos en nuestra plaza. En el área había varias autos ya aparcadas, todas ellas extranjeras, por lo que mucho antes de la media noche no se escuchaba ni un ruido.

Estábamos realmente cansados del día tan ajetreado que habíamos tenido, por lo que tras ducharnos y cenar algo, consideramos que lo mejor que podíamos hacer era dejamos caer en la cama y cerrar los ojos, esperando que el silencio se apoderara de nosotros. En apenas unos segundos caímos en un profundo y reparador sueño.

4ª Etapa: Calnegre- Bolnuevo

Nos levantamos con energías renovadas en nuestro cuarto día del viaje. La mañana había amanecido soleada y, después de las maravillas descubiertas el día anterior, ansiábamos seguir conociendo Murcia.

Recogimos todo y tras charlar un rato con el amable propietario del área, un anciano que cansado de ver extranjeros supongo agradecía ver un “paisano” por allí, emprendimos la marcha. La ubicación del área, situada en las inmediaciones del Parque Natural de Cabo Cope, era ciertamente excepcional, algo que no habíamos podido ver en la oscuridad de nuestra llegada.

Sin embargo nuestro primer destino aquella mañana era Bolnuevo, y a él nos dirigimos sin pensarlo. Quizás la elección del área no había sido la más acertada, pues ahora teníamos que deshacer parte del camino realizado la noche anterior, pero en esta ocasión recorrimos por pequeñas carreteras secundarias, aprovechando para perdernos por los caminos que recorren los campos de la famosa huerta murciana. Aquel enorme “mar de plástico” lo cubría todo, haciendo de aquel un paisaje ciertamente singular.

Llegamos al Puerto de Mazarron y nos dirigimos directamente a las Gredas de Bolnuevo, principal interés de nuestra visita. Nos resultó curiosa su ubicación, pues estaban en medio de la población, rodeada de casas. Justo delante había un parking repleto de Autocaravanas, junto a la playa. -“Un buen lugar para haber pasado la noche”-, pensamos nada más verlo.

Aparcamos en él y bajamos dispuestos a descubrir Bolnuevo, sin duda es el paisaje más destacado de la localidad de Mazarron y uno de los más peculiares y atractivos de toda la Región de Murcia. Dichas formaciones se pueden ver desde primera línea playa, donde destacan sus formaciones de material arcilloso conocido como greda, material que esta formado por sílice y aluminio, transformado a su vez tras la alteración de rocas ígneas y metamórficas, en un material que es muy apreciado en alfarería.

El aire, muchas veces acompañado de partículas de arena y agua, ha modelado los curiosos perfiles de estas Gredas, dando forma a lo que también ha sido conocido como el “paisaje encantado de Bolnuevo”, una belleza que en ocasiones y durante las fiestas patronales, es utilizada como parte de un escenario para la celebración de alguna actuación artística.

El lugar nos pareció bonito, pero no excepcional. Supongo que el haber visto miles de fotografias, nos jugó una mala pasada, ya que al llegar hasta él, su visíon nos dejo un tanto frios. El hecho de estar rodeado de casas, restaurantes, etc… nos descolocó bastante. El lugar es agradable, pero lo esperabamos mucho más grandioso, pues son poco más que cuatro construcciones de arenisca. Eso si, no quiero con esta opinion, desmerecer el encanto de la zona… pero he de confesar que a mi personalmente, me decepciono un poco.

Aprovechando la cercanía, nos dirigimos a Mazarrón, concretamente a la oficina de Información turística, pero para no variar, la encontramos cerrada. -”Cerrado por vacaciones-”, decía un cartel. Manda narices que en pleno puente de Diciembre, las oficinas de información estén precisamente de “vacaciones”. Esto es el mundo al revés.

Continuamos por la carretera de la costa, pasando por el Mojón e Isla Plana, tomando luego la carretera E-16 en dirección a Cartagena. Más adelante, nos desviamos hacia por una pequeña carretera hacia Campillo de Adentro, para dirigirnos al Cabo Tiñoso. La carretera era realmente un espectáculo, aunando unas vistas de infarto con la complejidad de una calzada muy estrecha que dificultaba el paso de dos vehículos en todo el recorrido. Llegamos al aparcamiento a través de aquella curvilínea carretera, que se retorcía una y otra vez hacia el infinito. Suspiramos, e intentamos aparcar. El parking era muy pequeño y estaba abarrotado, pero tras algún que otro problema, al final lo conseguimos.

Desde el parking hasta el comienzo de la batería militar, había un pequeño recorrido que solventamos sin mayores problemas. Subimos por unas pequeñas escaleras y comenzamos con nuestra visita a la batería de Cabo Tiñoso. El lugar tiene bastantes construcciones en varios lugares estratégicos, siendo su edificio central a imitación de un castillo medieval lo que más llamó nuestra atención. De hecho, el nombre de Batería de “los Castillitos”, se debe precisamente a él. Estas construcciones tanto la de Castillitos como la del Monte de las Cenizas, han sido declaradas “Bien de Interés Cultural”.

Desde la cima se contempla un paisaje casi irreal, con el mar a ambos lados, brillando con fuerza, una estampa que nos pareció ensoñadora e inolvidable. También pudimos observar a lo lejos, la Punta de los Aguillones y Cabo de Gata. Estuvimos un buen rato observando la batería, metiéndonos en todos sus recovecos, haciéndonos fotografiás en sus torreones, y sintiendo el fuerte viento zarandeándonos de un lado a otro, pero algo inquietos por el lugar en el que habíamos dejado la auto, decidimos regresar y poner punto final a nuestra visita a Cabo Tiñoso.

De hecho, nuestras sospechas estaban bien encaminadas, ya que cuando regresamos al parking vimos que nos habían dejado encajados y que no podíamos salir. Por suerte, un coche se iba en aquel mismo instante y, haciendo unas cuantas maniobras, al final conseguimos salir de aquel atolladero. Volvimos a deshacer la carretera de Cabo Tiñoso y continuamos rumbo hacia Cartagena. Subimos el la cuesta de Cedaceros, magnífico mirador de Mazarrón, y nos detuvimos en la población de Canteras a comer. Después, nos dirigimos a la población de La Unión, para visitar sus famosas minas.

La Sierra minera de La Unión-Cartagena, se caracterizó por na fuerte actividad minera ya en tiempos de Cartagineses y Romanos. Sus yacimientos metálicos, principalmente de plomo y zinc, volvieron a ser explotados con el auge de la minería, en el siglo XIX y principios del siglo XX, y a partir de 1950, la minera a cielo abierto provoco un brutal impacto sobre el paisaje, hasta el cierre definitivo de la minería en 1991.

Se ha configurado así un paisaje peculiar y único que hoy se encuentra salpicado de vestigios de aquellas épocas, con una gran riqueza y diversidad del patrimonio cultural y ambiental que hace de la Sierra Minera, un territorio-museo, que por su importancia y singularidad ha sido declarado como Sitio Histórico. Lamentablemente nos encontramos con que las minas estaban cerradas cuando llegamos. Con cara de incredulidad, intentamos recabar información. Viendo que no había ninguna opción de visitarlas, nos percatamos de que al menos podemos visitar el entorno en el que se encuentran. De pronto llegó una furgoneta, y resultó que era el vigilante del parque, quien muy amablemente, se ofreció a llevarnos en su vehículo hasta el acceso a las minas.

De hecho, incluso nos abrió alguna galería para que pudiéramos ver algo de la visita que se realiza habitualmente en las minas, pues le sabia mal que no pudiéramos ver nada, y al menos así le hacíamos algo de compañía. La verdad es que nos quedamos gratamente sorprendidos con la amabilidad de aquel señor.

Después de recorrer casi todo el parque y hacer bastantes fotografiás decidimos comenzar a bajar, ya que un fuerte viento comenzó a ponernos las cosas un tanto complicadas. Agradecidos por la visita inesperada a las minas, comenzamos a descender por el camino que nos había enseñado el guarda. Dándole las gracias, volvimos hacia la auto.

Seguimos buscando las minas y nos acercamos a visitar la mina Matilde, pero también nos la encontramos cerrada, con lo que, con bastante desanimo, decidimos poner rumbo hacia otro de los lugares de nuestra ruta. Nuestra idea era conseguir ver los restos de aquellas antiguas minas, charcas teñidas por los minerales, pero no hubo manera. No fue hasta llegar a casa al final del viaje cuando, gracias al Google Earth, conseguimos averiguar que lo que andábamos buscando se encuentra localizado entre la Unión y Portman, una verdadera lastima por que habíamos estado justo al lado, con lo cual ya tenemos la excusa perfecta para volver.

No encontrábamos en las inmediaciones de Cartagena, e incluso nos adentramos en ella, pero lo cierto es que nos dio pereza visitarla. Descubrir una ciudad de ese tamaño requiere una preparación: un lugar donde dejar la autocaravana a buen resguardo, información de qué visitar, desplazamientos en transporte público, y no nos encontrábamos con fuerzas para todo eso, por lo que decidimos continuar con nuestro camino. Nos dirigimos al área de que dispone la población.

Bien equipada pero muy ruidosa, junto a una área de servicio, no nos pareció un lugar demasiado agradable en el que dormir por lo que decidimos vaciar y dirigirnos nuevamente a Bolnuevo. No era excesivamente tarde pero estábamos cansados y pensamos que no había mejor lugar para pasar la noche que junto al mar. Llegamos a Bolnuevo cuando todavía quedaba algo de luz. Aparcamos sobre la misma arena de playa, abrimos un poquito la ventana para que la brisa marina refrescara un poquito el ambiente, y nos echamos en la cama a observar la estampa marinera que tenemos delante.

Poco a poco la luz fue desvaneciéndose y el mar desapareciendo, no así el susurro de sus olas, que nos fue acompañando lentamente en una placida y agradable noche.

5ª Etapa: Bolnuevo- Elche

Nos despertamos tal y como nos habíamos acostado, con el agradable sonido del mar de fondo, un sonido suficientemente suave para que no resultara molesto, y lo suficientemente alto para recordarnos lo cerca que estábamos del mar. El día volvía a amanecer soleado, lo que nos hacía tener alas a la hora de planear el día.

De toda la ruta, éste era probablemente el día que teníamos menos planeado pero. Las oficina de Información de Mazarrón continuaba cerrada así que una vez revisada toda la información que de Murcia nos quedaba, pusimos rumbo hacia la zona más sureña de la región, y es que como bien dice la canción, “todos necesitamos un poco de sur, para poder ver el norte”.

Nuestro destino aquel día se centraría en Águilas, población que cuenta con una situación geográfica privilegiada y un entorno medioambiental rico y carente de polución. En la época romana fue conocida con el nombre “Aquilae” y más tarde “Aquila”. Estuvo en poder de los Alanos, Suevos y Visigodos y perteneció a Carthago Espertaria hasta la invasión árabe, al visitar Águilas podremos constatar las numerosas culturas que han dejado su huella en el lugar, enriqueciendo, no solo su faceta histórica y monumental, sino el propio carácter de los aguileños.

Antes de llegar a Águilas sin embargo teníamos una primera parada en Cabo Cope, situado en el Parque Regional de Cabo Cope y Puntas de Calnegre. La vertiente litoral del parque, bañada por las aguas del Mediterráneo, se extiende a lo largo de más de diecisiete kilómetros sobre tierras de Águilas y Lorca. Los límites naturales quedan definidos por Calabardina, al sur; Puntas de Calnegre al noroeste y el Lomo de Bas, que constituye la barrera norte del Parque, quedando el flanco este bañado por el mar.

Cabo Cope ha sido designado Zona de Especial Protección para las Aves y, junto con Puntas de Calnegre, han sido propuestos como Lugar de Importancia Comunitaria para formar parte de la Red Natura 2000.Nos adentramos a Cabo Cope desde el sur, cruzando la fantastica playa de que dispone Calabardina, lugar en el que pudimos ver varios grupos de autocaravanas disfrutando de parajes únicos en un esplendido día soleado.

Tras cruzar la población, llegamos hasta la famosa torre de Cabo Cope, restaurada sobre las ruinas del siglo XVI, siendo una torre de vigilancia y defensa, destruida y reconstruida numerosas veces a los largo de la historia. Testigo mudo de multitud de batallas en el mar, sufrió el acoso insistente de los corsarios norteafricanos.

Aparcamos junto a la torre, donde se inicia un pequeño sendero que se adentra en el Cabo y a él nos dirigimos. Una amalgama de materiales y estructuras geológicas confluían allí; calizas, filitas así como dunas fósiles, playas y acantilados. Ingenuamente, no nos preparamos demasiado para hacer el camino, pensando que aquel sería un agradable paseo, pero al poco rato nos dimos cuenta de que el terreno era demasiado escarpado, y que no estábamos suficientemente preparados para realizarlo. Ademas, estábamos cansados, y no nos apetecía pegarnos semejante paliza, con lo cual decidimos regresar a la autocaravana y continuar con nuestro camino.

Llegamos a Águilas, situada a pocos kilómetros de donde nos encontrábamos, y en primer lugar visitamos el embarcadero del Hornillo. Situado en el extremo norte de la población, es un antiguo cargadero de mineral construido por la compañía Británica de Ferrocarriles del Sureste, en el año 1903. Disponía de un sistema de carga y descarga de mineral revolucionario para la época, semejante a los ya existentes en Huelva y Bilbao. Actualmente no está en funcionamiento.

Desde allí, podíamos observar a lo lejos la Isla del fraile, un pequeño islote situado a pocos kilómetros al norte de la población y que tiene una interesante y antigua historia. Habitada desde la época romana, quedan en ella restos de este periodo y ruinas de principios del siglo XX. Se han encontrado allí ánforas y platos del siglo IV y cerámica de la variedad “Sigillata Gris”, que fue muy apreciado en la antigüedad.

Decidimos visitarla, pero llegar a ella no nos resultó demasiado sencillo, pues no se encontraba señalizada, y para acceder a ella hay que hacerlo a través de una urbanización. Preguntamos al guarda de la misma quien, muy amable, nos dijo que pasáramos sin ningún problema. Nos sorprendió ver aquella macro-urbanización y la especulación que conlleva aquel enorme mamotreto, y nos dio que pensar sobre el autocaravanismo, sobre lo mal vistos que todavía estamos en algunos lugares, cuando nuestra presencia es totalmente nociva. No podíamos decir lo mismo de aquellos mastodontes de hormigón que, para privilegio de unos pocos, se erigían destruyendo por completo la virginidad del lugar.

Decidimos descender hasta el nivel del mar y no mirar atrás, para que la especulación inmobiliaria no nos impidiera disfrutar de aquel fantástico enclave. Aparcamos al final de la carretera, junto a otros vehículos, y nos adentramos en las playas más próximas a la Isla del Fraile. Nos quedamos sin palabras pues el lugar era precioso. Algunas embarcaciones se adentraban en el mar desde la playa en que nos encontrábamos, llegando hasta la isla, en la que desembarcaban como piratas en un abordaje.

Hacía un día realmente de verano y lamentábamos no haber traído el kayak, pero quien iba a decirnos que estaríamos disfrutando de un tiempo como aquel en pleno mes de diciembre? Aprovechamos para meter los pies en el agua y disfrutar de los deliciosos rayos de sol. Nos quedamos allí tranquilos, tomando el sol, sin ser del todo conscientes de la suerte que estamos teniendo.

Más tarde regresamos a la autocaravana y buscamos un lugar en la cima de la urbanización en el que comer tranquilamente. Aparcamos al final de la carretera, junto a otros vehículos, y nos adentramos en las playas más próximas a la Isla del Fraile. Nos quedamos sin palabras pues el lugar era precioso. Algunas embarcaciones se adentraban en el mar desde la playa en que nos encontrábamos, llegando hasta la isla, en la que desembarcaban como piratas en un abordaje.

Hacía un día realmente de verano y lamentábamos no haber traído el kayak, pero quien iba a decirnos que estaríamos disfrutando de un tiempo como aquel en pleno mes de diciembre. Aprovechamos para meter los pies en el agua y disfrutar de los deliciosos rayos de sol. Nos quedamos allí tranquilos, tomando el sol, sin ser del todo conscientes de la suerte que estamos teniendo. Más tarde regresamos a la autocaravana y buscamos un lugar en la cima de la urbanización en el que comer tranquilamente.

Ya por la tarde nos dirigimos al centro de águilas. Aparcamos en el puerto, donde un cartel nos avisaba que esta prohibido pernoctar. Queríamos visitar el Castillo de San Juan de Aguilas por lo que subimos hasta la cima en la que se encuentra. Lamentablemente, todavía era pronto y cuanto llegamos estaba cerrado. Que desesperación! Cómo puede ser que nos estemos encontrando todos los lugares a visitar cerrados.

Decidimos no esperar la hora que todavía nos quedaba para que abrieran el castillo pues hacia un calor insoportable, con lo cual nos, tras disfrutar de las vistas, nos encaminamos a visitar la población. Águilas resultó ser un lugar agradable de casitas pintadas de blanco y escaleras empinadisimas que nos invitaban a perdernos entre sus callejuelas.

Nos acercamos a la playa de Poniente, para visitar el peñón del Roncaor, una impresionante mole de piedra asentada sobre una base firme, que se encuentra medio hundida en el mar en un extremo de la bahía de Poniente y al pie del Castillo de San Juan. Su nombre hace alusión a los sonidos que produce el mar al penetrar por las oquedades que existen debajo de la roca y que se asemejan a “ronquidos”, un lugar que aunque no es especialmente bonito, es recomendable por su peculiaridad.

Terminamos de dar el paseo por el casco antiguo de la población y regresamos a la autocaravana. Apenas nos quedaban más que unas horas para iniciar el camino de regreso a casa, pero nos resistíamos a no seguir disfrutando de un día como aquel, por lo que iniciamos la marcha sin un destino concreto.

Tomamos rumbo sur, quizás por las ganas por pisar territorio andaluz al que hacia tiempo que no acudíamos, o quizás un empeño por perseguir al sol en su suave descenso en el horizonte, pero la cuestión es que en el mismo punto en el que un cartel señala la división entre ambas provincias, un lugar llamó poderosamente nuestra atención, y a él nos dirigimos. Se trataba del Paisaje Protegido de Cuatro Calas, que se encuentra situado en el extremo meridional del litoral regional, un ejemplo de la belleza de los aflojamientos volcánicos.

Situado en el municipio de Águilas, incluye las calas de Calarreona, la Higuerica, la Carolina y los Cocedores, esta última en la provincia de Almeria. La erosión del viento y del mar han producido unos paisajes de una excepcional belleza. En la playa de los cocedores, podemos encontrar pequeños diques construidos con piedra, que se utilizaban para cocer el esparto, el cual constituía la primera transformación del producto que fue la base de la economía local durante mucho tiempo.

Además la interesante vegetación litoral y la extraordinaria calidad de las playas, y su particular geología, es lo que hacen que esta zona tenga una singular belleza, ya que sucesivos hundimientos y levantamientos que ha sufrido esta zona en diferentes periodos geológicos, nos permiten encontrar una gran cantidad de fósiles marinos, incrustados en las areniscas y conglomerados de sus promontorios, salientes estos que han dado lugar a esculturas naturales impresionantes. Incluso el hombre participó en esta bacanal pétrea, excavando en la rocas sus viviendas trogloditas. Una zona realmente interesante que no os podéis perder.

De repente, el viento empezó a soplar violentamente, zarandeándonos a su antojo. Los ojos nos lloraban y las lagrimas caían veloces sobre nuestros rostros, pero el sito era indescriptible. Tan solo lamentar algunos inaprensivos que habían dejado su basura tirada por todos lados, y eso que es un “paisaje protegido”. Caminamos por sus arenas, a aquellas horas ya frías, y encontramos un rincón en unas de las calas en el que resguardarnos del viento. Poco a poco no estábamos quedando sin luz. El lugar nos parecía un paraíso.

En él había además varios aparcamientos con bastantes autocaravanas aparcadas, algunas de ellas con pinta de haber pasado varios días allí, y lo cierto es que invitaba a quedarse allí a pasar la noche. Pero teníamos que ser lógicos, y la lógica decía que debíamos aprovechar aquellas horas para recorrer algunos de los Kilómetros de vuelta a casa, para así al día siguiente no fuera tanta paliza. Tras ver como desaparecían los últimos rayos de luz iniciamos el camino de vuelta a casa. Nuestro destino aquella noche era Elche, lugar en el que teníamos señalada un área en la que pasar la noche.

Todo por autopista, no tardamos demasiado en llegar a la población. Sin embargo, llegar hasta el área se convirtió en toda una gincana: caminos de tierra, naranjales, palmeras, señales escondidas. El GPS parecía haberse vuelto loco y nosotros nos partíamos de risa con la escena. Nos parecía absurdo estar a esas horas perdidos por aquellos caminillos de arena, rodeados de palmeras, sin encontrar la dichosa área.

Finalmente la encontramos y entonamos un Aleluya. La dueña, una holandesa muy amable, salió a recibirnos. El área era chulisima! Olía a lavanda y a romero, en una mezcla perfecta de tranquilidad y relax. Había un par de autocaravanas aparcadas por lo que, intentando molestar lo menos posible, nos acomodamos, sacamos un poquito a Gish, para que estirara las patitas, y cenamos relajadamente.

6ª Etapa: Paraje protegido Cuatro Calas- BCN

Amaneció un nuevo fantástico día soleado en nuestro último día del viaje. Lamentablemente sabíamos que poco lo íbamos a aprovechar pues ahora si, tan solo nos quedaban los largos y aburridos Kilómetros hasta llegar a casa.

Desayunamos, nos despedimos de los vecinos del área, e iniciamos el perezoso camino de regreso. Durante el trayecto, fuimos recordando cuanto habíamos visto, comentando cuanto nos había sorprendido Murcia, y la suerte que habíamos tenido con el tiempo en un puente en el que, para que engañarnos, nunca se nos había dado demasiado bien.

Luego, ya en casa descubrimos que el resto de España había estado sufriendo lluvias muy intensas, que incluso se habían producido auténticos diluvios no lejos de donde nosotros, habíamos disfrutado de un clima casi caribeño. Pensamos que habíamos sido afortunados, que el viaje no se nos había hecho muy largo, y que en un futuro quizás decidiéramos volver a poner “rumbo al sur”.

ROAD BOOK

1ª Etapa:

Pernocta Área Els Muntells
Coste: 6 euros/noche.
Servicios: Agua, vaciado, WC, merenderos.
GPS: 40º 40′ 07.34” N – 0º 45′ 25.28” E

2ª Etapa:

Visitas:
Parking Sant Pedro del Pinatar 1
GPS: 37º 49′ 59” N – 0º 45′ 60” W

Parking Sant Pedro del Pinatar 2
GPS: 37º 49′ 15” N – 0º 46′ 35” W

Pernocta: Portman
GPS: 37º 35′ 21” N – 0º 51′ 03” W

3ª Etapa:

Visitas:
Parking visita Monte de las Cenizas
GPS: 37º 35′ 45” N – 0º 49′ 28” W

Oficina de Turismo de Calblanque
GPS: 37º 36′ 37” N – 0º 45′ 27” W

Parquing Playa de Calblanque
GPS: 37º 36′ 04” N – 0º 45′ 09” W

Parking Faro de Cabo de Palos
GPS: 37º 38′ 02” N – 0º 41′ 30” W

Pernocta Área Puntas de Calnegre
Coste: 10,50 €/noche
Servicios: Agua, vaciado y electricidad.
GPS:N_37º 30′ 43” / W_1º 24′ 43”

4ª Etapa:

Visitas:
Parking Bolnuevo
GPS: 37º 33′ 48” N – 1º 18′ 47” W

Cabo Tiñoso
GPS: 37º 32′ 28” N – 1º 07′ 33” W

La Union
GPS: 37º 36′ 55” N – 0º 52′ 23” W

Pernocta en Bolnuevo
GPS: 37º 33′ 48” N – 1º 18′ 47” W

5ª Etapa:

Visitas:
Playa del Hornillo
GPS: 37º 24′ 25” N – 1º 33′ 46” W

Isla del Fraile
GPS: 37º 24′ 44” N – 1º 32′ 54” W

Aparcamiento puerto de Águilas
GPS: 37º 24′ 10” N – 1º 34′ 43” W

Paisaje Protegido Cuatro Calas
GPS: 37º 22′ 35” N – 1º 37′ 44” W

Pernocta Área de Elche (MV)
Coste: 10 €/noche
Servicios: Agua, Vaciado, Elect. Wifi, Piscina
GPS: 38º 11′ 49” N – 0º 43′ 52” W’

4 Comments + Add Comment

  • Una pequeña duda, en que fechas ocurre este bonito relato por tierras Murcianas, je je je saludos y un abrazo pareja.

  • Hombre Gralla, ya te echabamos de menos!!! Pues de esta salida …. hace exactamente un año, cuando media España estaba entre aguaceros nosotros pudimos disfrutar de un clima esplendido! A ver cuando tenemos ocasión de volver por tierras murcianas.

    Un abrazo.

  • delicia de relato, como todos, para guardar y hacer planes.
    Fieles a los sitios que nos permiten o recomiendan, tendremos que probar los que proponéis, no?
    gracias por todo, pareja
    :-) )

  • Hola Jimmy la verdad que el viaje fue una delicia, y además con la climatologia que tuvimos en pleno Diciembre, resulto ser más delicioso todavia.

    Es una ruta 100% recomendable.

    Saludetes.

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