País Cátaro: Castillos de viento.

País Cátaro: Castillos de viento.

Habéis salido alguna vez de casa sin tener ni idea de que dirección tomar? Eso es lo que nos ha sucedido a nosotros este fin de semana. Durante toda la semana teníamos claro que nos apetecía escaparnos con la autocaravana, pero no encontrábamos ningún lugar que nos convenciera. Iniciamos nuestro camino el viernes por la noche, sin tan siquiera saber si dirigirnos hacia el norte o hacia el sur. Finalmente decidimos dirigirnos al norte, sin tener las cosas demasiado claras, la zona elegida fue la de Rosellón en Francia, donde últimamente estamos disfrutando de unas agradables escapadas. Allí hemos podido disfrutar de un magnifico fin de semana de sol y mucho viento, que nos ha permitido reconciliarnos con el País Cátaro, una zona donde ya estuvimos hace cinco años y de la que no guardábamos demasiado buen recuerdo.

Iniciamos nuestro camino el viernes noche, por la autopista AP-7 en dirección a la Jonquera. Algunos Kilómetros mas adelante nos detuvimos en la área de la Selva a cenar, y a la altura de Girona nos salimos de la autopista para dirigirnos a Besalú para pasar allí la noche. Ciertamente eran bastantes los Kilómetros que nos teníamos que desviar para llegar a Besalú, pero preferimos no complicarnos demasiado la vida y dormir en un lugar conocido.

SÁBADO.

Siempre es un placer despertarse con un día soleado en Besalú. El casco antiguo y su puente románico como paisaje, el viento frío procedente de la cumbre de unas montañas harinadas por las últimas nevadas, y un cálido y acogedor sol que nos animaba a comenzar el día con muchas ganas.

Comenzamos nuestra ruta en dirección a Figueres. Al llegar a las cercanías de la población se nos ocurrió que ya que estábamos allí podíamos aprovechar para visitar el Museo Dalí, algo que desde hacia tiempo queríamos hacer. Así fue como nos introducimos en Figueres y empezamos a dar vueltas y más vueltas por las estrechas calles del centro. Por imposible que parezca no encontramos ninguna indicación que nos indicara la ubicación del museo, y el GPS no tenía su mejor día. Decidimos que un día que había comenzado de tan buen rollo no se podía estropear por no encontrar un museo, y si la suerte no nos facilitaba su localización es porque algo mejor nos estaría esperando, así que nos salimos de la población y nos dirigimos nuevamente por autopista a la frontera con el país galo.

Habíamos recorrido ya bastantes Kilómetros por autopista y una vez pasada la frontera decidimos abandonarla. Estábamos en las cercanías de Perpiñan, y cansados de recorrer aburridos kilómetros de asfalto, sacamos el mapa para buscar un nuevo camino. Recordamos entonces una bellísima carretera que recorrimos hace más de siete años, la D117 que une la ciudad de Perpiñan con la de Quillan, ofreciendo unas magnificas vistas de la cara norte de los Pirineos. Ni cortos ni perezosos nos dirigimos a ella. La elección no nos decepciono ya que a estas alturas del año los viñedos, cultivo mayoritario del lugar, mostraban unos colores amarillentos y rojizos muy intensos..

Fue a la altura de la población de Maury donde un cartel indicativo del Castillo de Queribus llamó nuestra atención. Dirigimos nuestra mirada a lo alto de la colina hacia la que señalaba y allí se alzaba majestuoso en una rocosa colina.

Dominando las Corbières meridionales, Queribús no aparece en los textos hasta 1020. Es uno de los mayores castillos de la frontera septentrional del reino de Aragón a partir de 1162. Poco se conoce de sus avatares durante la Cruzada albigense. Gobernado por Chabert de Barbaira, sirve de refugio en algunas ocasiones al “obispo” cátaro del Razès, Benoît de Termes, quien, por otra parte, morirá en ese lugar. Después de la caída de Montsegur en 1244, Queribús acoge a los últimos rebeldes contra el nuevo orden impuesto por el rey de Francia y la iglesia. La corona francesa no tolerará esta situación y conminará por la fuerza a Chabert de Barbaria a abandonar la ciutadela en 1255. Convertido en fortaleza real, Queribús, reacondicionado, será elguardián de la frontera entre los reinos de Francia y Aragón. La población fortificada de Cucugnan reemplaza, a principios del siglo XIII, a los señores de Peyrepertuse. En el transcurso de la Cruzada, la familia de Cucugnan brinda una lucha encarnizada contra los cruzados. En 1240, Pierre de Cucugnan ofrece su ayuda a Raimon Trencavel después del sitio de Carcasona. La iglesia de la población actual alberga una estatua de la virgen encinta del siglo XVI.

Decidimos dirigirnos hacia él. Una sinuosa carretera empezó a alzarnos ofreciéndonos unas increíbles vistas del valle por el que estábamos circulando. Los viñedos y sus curiosos colores otoñales contrastaban con la imponencia de las cumbres nevadas de los Pirineos al fondo. El precipicio junto a la estrecha carretera empezaba a cortarnos la respiración a medida que ascendíamos, aun así hicimos varias paradas para fotografiar tanto las magnificas vistas que estábamos disfrutando como el castillo situado en lo alto, al borde del precipicio.

En el punto más alto de la carretera en dirección a Cucugnan encontramos finalmente el desvió al castillo. Un amplio camino pero con mucha inclinación nos obligo a poner la primera en la autocaravana y ascender poco a poco, hasta que llegamos al parking donde pudimos aparcar tranquilamente.

Salimos de la autocaravana y pudimos comprobar que aun a pleno sol el frió era intenso. Nos abrigamos bien ya que quizás lo más molesto de todo era el fuerte viento que soplaba. Nos dirigimos a una pequeña garita donde vendían las entradas y ofrecían información tanto del castillo como el resto de lugares interesantes para visitar en los alrededores. Nos sorprendió leer en la información que nos dieron la advertencia de que aquella era una visita con cierto riesgo por el fuerte viento, y que convenía ir con cuidado.

Comenzamos a ascender por un sendero hasta que llegamos a las murallas del castillo y entendimos el porque de aquella advertencia. Efectivamente el viento allí era muy intenso, y lo fue mas aun cuando intentamos cruzar el umbral de las murallas. Solo os diré que junto a la escalera de piedra había una cuerda a la que hacia falta cogerse bien para que el viento no se nos llevara.

Realmente desde allí las vistas eran imponentes, nuestros ojos llorosos nos hacían ver el panorama mas fantasmagórico si cabe, la libertad que se respiraba arriba era total, nos fuimos encontrando con pequeños grupos de personas que como nosotros disfrutaban de todo aquello, pero el viento que azotaba sin parar todo aquel paisaje de ensueño, nos hacia darnos cuenta de lo frágiles que somos y de lo privilegiados por poder disfrutar de este espectáculo. Nos metimos en todos los recovecos que encontramos en el Castillo, para poder resguardarnos del viento implacable.

Saboreamos intensamente todas las maravillas que nos ofreció la vieja fortificación y el viento nos traía pequeños susurros y lamentaciones de tiempos pasados, como si aquellas viejas paredes de piedra escondieran tantos secretos, que solo se pueden contar susurrándose al oído.

Una vez realizada la visita regresamos a la autocaravana a descansar un poco de tanto viento, realmente terminamos agotados. Decidimos subir al punto mas alto de aquel parking donde pudimos comer disfrutando de unas magnificas vistas del castillo y del valle que se extiende a sus pies, mientras estudiábamos la información de la zona que nos habían proporcionado.

Fuimos raudos en recoger y continuar con nuestro camino. El horario de invierno tiene el inconveniente de dejarnos sin luz más pronto de lo que desearíamos, y queríamos llegar a nuestra siguiente visita, la fortaleza real de Peyrepertuse, antes de que se ocultara el sol.

Desde lo alto de un formidable promontorio, Peyrepertuse vela el sur de las Corbières y la llanura de las Fenolledas sobre la antigua frontera franco-aragonesa. Se menciona una población fortificada por primera vez en este lugar en 1050. A principios del siglo XII, pasa a estar bajo la soberania feudal de barcelona; después, a partir de 1162, bajo la de los reyes de Aragón. Este hecho dejará a Peyrepertuse fuera de la Cruzada hasta la entrada en la misma del rey Pedro II de Aragón. En 1212, Gillhem de Oeyrepertuse rinde homenaje a Simón de Montfort antes de rebelarse contra la Iglesia y el rey de Francia entre 1224 y 1229. Peyrepertuse tendrá casi el mismo destino que su vecino Queribús. Su señor entregará el castillo a Jean de Belmont, el chambelán del rey de Francia, en noviembre de 1240. A partir de 1242, unos gigantescos trabajos convertirán a Peyrepertuse en un elemento esencial del dispositivo de defensa del reino de Francia contra Aragón. La importancia de la construcción, el acertado ensamblaje y lo complicado de los elementos defensivos incorporados por los ingenieros reales lo convierten en un ejemplo notable de arquitectura militar en el Midi de Francia.

Pasamos junto a la población de Cucugnan, que decidimos dejar para visitar más tarde; luego cruzamos la de Duilhac, en la que vimos un aparcamiento con varias autocaravanas aparcadas que ofrecía buenas perspectivas para pasar allí la noche. Iniciamos entonces el camino de subida hacia Peyrepertuse. La sombra de un monte cercano amenazaba con ocultar la fortaleza al resplandeciente sol, por lo que intentamos no demorarnos durante el camino, algo que a su vez resultaba complicado ante las paradas obligadas que el paisaje invitaba a hacer para fotografiar aquella magnifica puesta de sol.

Un último tramo no accesible a vehículos de más de 7 metros por el reducido radio de sus curvas nos condujo finalmente a los pies del castillo. Allí, nuevamente un amplio parking donde pudimos aparcar sin problemas y la garita donde vendían los tiquets de acceso a razón de 5 euros por persona. Un fuerte y frío viento seguía soplando por lo que decidimos iniciar la ascensión al castillo antes de que el sol se ocultara y se convirtiera en un lugar gélido.

El camino de ascensión en este caso era algo mas  complicado, una sucesión de rocas y arboles centenarios, hacia de aquel recorrido algo especial y mágico, rodeando la fortaleza ascendimos hasta ella por la cara norte, bastante sombría a esas horas de la tarde, algo que no nos entusiasmo demasiado, ya que realmente costaba hasta respirar el helado aire. Finalmente llegamos a la puerta principal del castillo, entramos y empezamos a disfrutar de él y de sus magnificas vistas. La fortaleza real de Peyrepertuse es bastante mas grande que el de Queribús, y se haya construida de manera que desde lejos es fácil confundirlo con la misma montaña. Su curiosa ubicación lo ha obligado a ser una construcción alargada, que serpentea la cumbre de la montaña.

Llegamos hasta el punto más alto de la fortaleza, y disfrutamos en ella de un buen rato hasta que casi nos quedamos sin luz. Realmente hemos de comentar que es magnifica, impresionante y cualquier otro calificativo que le queramos dar… No creo que esta fortificación pueda dejar a nadie indiferente ya que su majestuosidad queda patente en cada una de sus piedras.

El frío era intenso y el camino de vuelta hasta la autocaravana era largo, así que decidimos dar por concluida la visita y regresar. Llegamos a la autocaravana casi ya sin luz. Apenas un par de coches quedaban en el parking cuando iniciamos el descenso por la carretera de vuelta.

Era una noche fría y oscura en la que no apetecía seguir visitando mas lugares, además del palizón que llevábamos con la visita a las dos fortalezas, decidimos quedarnos en el parking que habíamos visto en la población de Duilhac y pasar allí la noche. Al llegar vimos que ya se encontraban allí media docena de autocaravanas, y nos dimos cuenta que aquel parking era realmente una área de autocaravanas. –“Menuda suerte”- pensamos, ya que aunque no necesitábamos los servicios del  área en aquel momento, siempre es agradece dormir rodeado de otras autocaravanas.

El resto de la tarde – noche la pasamos allí tranquilos, contemplando las pocas estrellas que se dejaban entrever en una noche tan cerrada. El viento mecía la autocaravana en un frenético baile en el que había momentos que el baile se convertía en un autentico desenfreno de movimientos desafiantes.

DOMINGO.

El Domingo amaneció algo más nublado que el día anterior, y el fuerte viento apenas cesó, lo que propició que al poco rato volviera a resplandecer el sol. La tranquilidad que aquel lugar nos ofreció durante toda la noche, continuo por la mañana, invitándonos a levantarnos tranquilamente y tomar muy relajadamente nuestro desayuno.

Volvimos a revisar la información que nos dieron el día anterior (y que guardamos a buen recaudo) existían muchísimos lugares interesantes para visitar, pero no nos olvidemos que esta era una escapada de fin de semana, y tampoco queríamos llegar demasiado tarde a casa. Fue por ello que mapa en mano marcamos una ruta de regreso a Perpiñan, recorriendo algunas carreteras secundarias algo mas al norte de la de ida, aprovechando así para visitar algún otro lugar en nuestro camino.

La primera parada fue Cucugnan, una pintoresca población dedicada esencialmente al cultivo de la viña y el turismo, junto a la que habíamos pasado el día anterior. Construida en forma de anfiteatro, Cucugnan se encuentra serpenteada de callejuelas y calles escarpadas, dominadas por un molino de viento denominado “le moulin d’Omer”.

Ya desde lejos pudimos contemplar su antiguo molino de viento, alzándose en lo más alto, y nos detuvimos en un pequeño mirador para contemplar el paisaje. Entonces fue cuando nos sorprendimos al ver revoloteando alrededor de la población una bandada de pájaros como nunca habíamos visto. Continuamos hasta llegar al parking que hay en la población y nos quedamos perplejos al ver el espectáculo que allí nos encontramos. No sabemos el motivo, pero una increíble cantidad de pájaros se arremolinaban alrededor de la población, ofreciéndonos una escena más propia de una famosa película del director Alfred Hitchcok que de un encantador pueblo francés. Salimos de la autocaravana, no sin cierto temor recordando alguna de las escenas de la famosa película, intentando retratar con nuestra cámara aquel espectáculo jamás visto antes por nuestros ojos. Aun hoy no sabemos el motivo de dicho fenómeno, pero lo cierto es que tan repentinamente como apareció …. volvió a desaparecer.

Aprovechamos para visitar la población. El frío viento seguía soplando con fuerza por lo que no nos entretuvimos demasiado en dar el paseo y nos dirigimos directamente a visitar el molino de viento “d’omer”. Este molino, que perteneció al señor de Cucugnan, fue edificado directamente sobre el pico rocoso, encima de tres antiguas eras. Quizás lo mas peculiar del molino es que sus aspas de fresno se orientan cara al viento gracias a un techo giratorio, mecanismo parecido al de los que podemos encontrar en la zona de las Bardenas Reales. Dichas aspas se hallaban forradas con tela que el molinero desplegaba según la fuerza del viento. La viga maestra es de roble, y los engranajes de boj. Las ruedas horizontales son de granito. El molino fue considerado en ruinas en 1838, y restaurado tanto el edificio como el mecanismo en el año 2003.

A los pies del molino, nos sorprendió encontrar una pequeña y encantadora Boulangerie (panaderia). Entramos en ella y fue como retroceder en el tiempo ya que aquel era un comercio tradicional en el que preparaban el pan con los hornos de antaño. No pudimos contenernos y aprovechamos para comprar pan y unas deliciosas galletas de chocolate “im-presionantes”.

El fuerte viento rugía con violencia y resultaba bastante molesto, por lo que decidimos regresar a la autocaravana y continuar nuestro camino, no sin cierta sensación de no haber podido destinar todo el tiempo que aquella población se merecía. Poco a poco fuimos recorriendo Kilómetros por pequeñas carreteras, siempre con buen asfalto, disfrutando de los colores del paisaje otoñal francés. Pasamos junto a las poblaciones de Padem y Tuchan, hasta que llegamos al desvío hacia nuestro siguiente destino, el castillo de Aguilar.

Elemento esencial de la defensa de las Cobrières, Aguilar fue fortificado ya a finales del siglo XI. Se encontraba entonces bajo la dependencia de los señores de Termes, vasallos de los condes de Carcasonne. El destino de este castillo está desde entonces unido al de esta familia, una de las mas hostiles con los Cruzados, antes de que su último representante, Olivier de termes, se someta al rey de Francia Luís IX para convertirse en uno de sus más fieles caballeros. A partir de 1260, el castillo pasa a integrarse en los dominios reales. Forma parte de la lista de fortalezas reales destinadas a proteger la frontera sur del reino frente a Aragón. Conquistado dos veces por los españoles en el siglo XV, pierde todo interés estratégico después de la firma del Tratado de los Pirineos.

En este caso, el camino de acceso al castillo es algo mas complicado que en los anteriores visitados. No sabemos si es por una menor importancia del castillo, o quizás por la no tan impresionante ubicación del mismo, pero lo cierto es que la menor afluencia de visitas al mismo hace que el camino sea bastante estrecho y con un asfalto bastante peor. Agradecimos no encontrarnos ningún otro vehículo de cara, y disfrutamos de todo el recorrido entre viñedos de colores imposibles y de una tranquilidad que bien valía su precio en oro.

A la llegada al castillo no encontramos los amplios parkings de los anteriores ni las garitas de venta de tickets. En este caso encontramos un pequeño descampado vacio, y una pequeña choza de madera donde en temporada alta supongo que venderán los tickets. Por aquel entonces permanecia cerrada por lo que una vez aparcada la autocaravana tomamos el pequeño sendero hasta el castillo.

Como ya hemos dicho en el caso del castillo de Aguilar su ubicación no lo hace tan impresionante como los anteriores; así mismo, su menor tamaño y peor estado de conservación nos revela el porque de su menor afluencia de visitantes y lo complicado del acceso hasta él. Por otra parte, aquella tranquilidad y soledad del lugar, que nos permitió visitar el castillo unicamente acompañados del incesante murmullo del viento hacia de esta una visita quizas no tan atractiva pero si muy peculiar.

Una vez finalizada la visita al castillo regresamos a la auto, y una vez desecho el estrecho camino tomamos la carretera D12 en dirección a Perpiñan. Era aquella nuevamente una carretera secundaria, poco concurrida, pero con buen asfalto que nos permitió serpentear poco a poco las montañas y llegar de nuevo al Mediterraneo. Decidimos encontes dirigirnos a Leucate, reencontrarnos así con otro de los lugares en los cuales habíamos dejado nuestro corazón en la ultima visita. Teníamos claro que solamente estaríamos allí para comer, pero aun así la tentación fue mucha y decidimos disfrutar de ese momento. Al fin y al cabo estos pequeños momentos son los que hacen que la vida la disfrutemos a tope. Dimos una pequeña vuelta por aquel encantador paraje y disfrutamos de las preciosas vistas. Comimos tranquilamente e hicimos una pequeña sobremesa, comentado todo lo acontecido durante el fin de semana.

Le dijimos un “Hasta pronto” a Leucate, y pusimos rumbo hacia Barcelona, seguimos disfrutando de la agradable compañía y de todos los paisajes que fuimos encontrando a nuestro paso. Ha sido un fin de semana intenso, hemos luchado como valientes guerreros entre fortalezas Cataras, hemos sentido el viento zarandeándonos de un lado a otro, hemos disfrutado de un paisaje excepcional y hemos saboreado nuestra afición, como se saborean las cosas que se viven intensamente, llenando nuestros pulmones de aire puro y cargando las pilas para la larga semana que nos volverá a esperar a la vuelta de la esquina. Pero realmente podremos gritar a los cuatro vientos ¡Que nos encanta disfrutar de esta manera tan peculiar de viajar y de sentir la Libertad… viajar en Autocaravana es todo un placer!

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La cortesía es como el aire de los neumáticos, no cuesta nada y hace mas confortable el viaje.