Perigord: El Medievo mas exquisito

nov 29, 2010 by     18 Comments    Posted under: Autocaravana, Eskapadas

Mucho habíamos oído hablar de esta zona, de sus famosos pueblos suspendidos en las alturas y colocados sobre la roca como un pequeño mecano, flanqueados por relucientes aguas y por frondosos bosques de tonalidades intensas. Sus casitas de muñecas dibujadas por manos expertas, nos han acompañado a lo largo de muchos kilómetros de tesoros escondidos. Es posible que tanta belleza exista a tan pocos metros de distancia? Y si así fuera, podría llamarse Saint Cirq Lapopie, Cordes-sur-Ciel o Saint Atonin Noble Val? Nombres con una musicalidad distinta, que enmarcan caracteres complicados y detalles preciosistas. Toda su magia a la disposición de quien sepa saborearla.

Durante este viaje hemos tenido la sensación de estar viviendo dentro de un cuento constante y eterno, donde los protagonistas no siempre han sido infatigables constructores de sueños, pero si afanosos creadores de casas con entramado de caramelo. Tonos cobrizos recubiertos de negra pizarra, chimeneas que tiñen de gris paisajes escrupulosamente engarzados, que nos sumergen de bruces en un mundo donde las horas fluyen tan despacio, que te permiten saborearlas de una manera única.

La belleza ha sido una excusa y nos ha regalado instantes preciosos que han quedado atrapados en el tiempo. Una mezcla de gotas cristalinas y días grises fabricaron notas de melancolía. Esa belleza que a veces nos resulto exasperante, incluso cansina, porque cada pueblo te puede resultar igual de bonito que el anterior. Al final te da la sensación de ser un paisaje bastante lineal, con joyas preciosas que tu retina no consigue distinguir unas de otras, ya que las imágenes se agolpan en nuestro cerebro haciendo de ellas algo poco tangible.

La primavera había llegado a la zona en forma de copiosa lluvia, dejando una apariencia reluciente al lugar, como si cientos de manos hubiesen sacado brillo a un lugar único, pero también dificultándolos la realización de varias actividades que teníamos planeadas, lo que nos obligo a hacer varios cambios en la ruta prevista. Esto ha hecho que durante el viaje hayamos echado en falta algo más de actividad física, ya que nos tuvimos que centrar únicamente en visitar poblaciones, algo que nos gusta, pero hemos de reconocer que termina resultando algo monótono. Aun así, este hecho no ha sido un cortapisa para poder saborear esta encantadora zona de Francia.

Día 1: Barcelona – Bourg-Madame.

Iniciamos nuestras pequeñas vacaciones de Semana Santa un miércoles por la noche. Teníamos el privilegio de disponer del jueves santo, un día no festivo en Cataluña, lo que nos permitió salir de Barcelona sin más tráfico que el de cualquier otro día de la semana. Nuestro primer objetivo en esta ruta era el pequeño lago de Saint Ferréol, en las inmediaciones de la ciudad de Revel, origen del conocido Canal Du Midi. Para llegar hasta allí teníamos varias rutas posibles y finalmente elegimos recorrer el camino más corto, optando así por cruzar los Pirineos a través de los famosos túneles del Cadí y Puymorens.

Para esta primera etapa, sin embargo, teníamos planeado recorrer algunos Kilómetros menos, quedándonos justo en la frontera con Francia, en un pequeño aparcamiento situado en la fronteriza población de Bourg-Madame, en el que ya hemos pasado más de una noche. Tras hacer una parada para cenar en las inmediaciones de Manresa, llegamos a Bourg-Madame cerca de la media noche, por lo que lo más rápido y silenciosamente posible, nos acurrucamos junto a un par de autocaravanas que se encontraban allí pasando la noche.

Día 2: Bourg-Madame – Cordes-sur-Ciel.

Nuestro primer amanecer comenzó con una sensación desagradable de sobras conocida. La bombona de gas se había terminado a media noche, lo que hacia que el ambiente en el interior de la autocaravana a aquellas horas de la mañana, fuera realmente gélido. Conrad se levanto perezosamente, se abrigó, y salió en zapatillas para hacer el cambio de bombona, que nos permitiera caldear un poco el ambiente y tomarnos un café calentito que nos entonara el cuerpo.

Sin duda había sido un acierto elegir este lugar de pernocta, pues en Puigcerdà, apenas a un par de kilómetros de donde nos encontrábamos, sabíamos de la existencia de una gasolinera en la que poder cambiar la bombona vacía. Probablemente con la que nos quedaba, hubiésemos tenido más que suficiente para los cinco días de estas mini-vacaciones de Semana Santa, pero preferimos no iniciar la ruta con más interrogantes o dudas de las necesarias, así que una vez desayunados, nos dirigimos a la gasolinera para cambiar la bombona, aprovechando además, para hacer algunas compras en un cercano supermercado.

Más tarde, iniciamos la marcha por la carretera N20 que conduce al Port de Puymorens. En esta ocasión sin embargo, optamos por coger el túnel que toma su nombre, evitando así tener que pasar el tortuoso puerto de montaña que conduce a las puertas de Andorra en El Pas de la Casa, así que tras abonar los 12,20 € que cuesta cruzar el túnel, nos encontramos a los pocos minutos en la cara norte de los Pirineos, en dirección a la población de Foix.

No teníamos ninguna prisa, con lo cual una vez pasada la población de Foix nos dejamos llevar por el navegador GPS, quien nos condujo a través de pequeñas carreterillas, cruzando esplendidos paisajes en un fantástico día soleado. El pronóstico del tiempo para este puente era realmente malo, así que decidimos disfrutar de cada rayo de sol, como si de un tesoro se tratara.

Cruzamos Castelnaudary y a los pocos Kilómetros llegamos a la población de Revel. Esta era la segunda vez que pasábamos por la ciudad, ya que la habíamos visitado en nuestra ruta por el Tarn, una fría tarde de invierno, durante el viaje que hicimos por la región, por lo que continuamos sin detenernos hasta llegar a la orilla del Lago Sanit Ferréol.

Allí comenzaría realmente nuestra ruta. Empezaba a ser tarde, por lo que aprovechamos para hacer una parada y comer. Más tarde con el estomago lleno, comenzaríamos nuestra visita.

Situado a 6 Kilómetros de Revel y a los pies de la gran montaña negra, con una superficie de 67 hectáreas, en medio de un entorno forestal privilegiado, se encuentra el lago de Saint Ferroel. Fue diseñado por Pierre Paul Riquet, arquitecto del Canal du Midi, con el propósito de convertirlo en el principal surtidor del canal.

Hoy en día es un lugar muy visitado por la gente que practica deportes acuáticos, ya que son aguas muy tranquilas en las cuales poder disfrutar con toda la familia de un tranquilo día de relax. El canal es una de las vías navegables más importantes de Francia, que une el rió Garona en Toulouse con el Mar Mediterráneo. Aquí comienza la ruta propiamente dicha, donde disfrutamos contemplando todo el esplendor de las fuentes del Canal du Midi. Lo primero que te encuentras al llegar a la zona es el Museo del Canal, donde explican con pelos y señales todo lo acontecido en la construcción y puesta en marcha de esta gran obra de ingeniería. Al salir de él, te adentras en los jardines del canal y en el parque de Saint Ferroel que fue trazado en el siglo XIX.

Simplemente hay que dejarse llevar durante todo el recorrido, por el espectáculo de cascadas y sonidos que nos encontramos durante el paseo, además de poder descubrir todos los mecanismos que regulan el paso del agua de las acequias hasta llegar al corazón mismo de la presa. Un paseo indescriptible a través de los ojos de un gran ingeniero, que supo transmitir una gran idea y cambió el devenir de las vidas de mucha gente. Es esta una ruta muy interesante y apta para todos los públicos, ya que es un camino bastante sencillo y agradable, que te lleva a desentramar todo lo referente al Canal du Midi.

Más tarde, emprendimos la marcha hacia nuestro próximo destino, la población de Cordes-sur-Ciel. Eran casi un centenar de Kilómetros los que nos separaban de ella, por lo que decidimos acelerar un poco el ritmo para llegar antes de quedarnos sin luz y poder disfrutar así de ella. Por el camino a Cordes-sur-Ciel, dejamos atrás lugares como Lautrec, o Albi, localidades que ya habíamos visitado durante nuestro viaje a Le Tarn.

Llegamos a Cordes cuando todavía el sol nos brindaba unos cálidos reflejos. Sabíamos de la existencia de un Área de Autocaravanas allí, por lo que nos dirigimos directamente a ella. Un primer aparcamiento con cerca de media docena de autocaravanas se perfilaba ante nosotros como un lugar no demasiado cómodo para pernoctar, ya que el pavimento era bastante inclinado, pero aun así aparcamos. Nos dirigimos al parquímetro, pues parecía ser un lugar “de pago”. No habíamos logrado descifrar las indicaciones, cuando llegó uno de los guardas del parking a quien pedimos ayuda. Éste nos indicó que no nos encontrábamos en el área para autocaravanas, y que esta se encontraba un poquito más adelante.

Siguiendo sus indicaciones volvimos a iniciar la marcha, y en unos minutos llegamos, esta vez sí, al área de autocaravanas. Perfectamente nivelada, en un emplazamiento tranquilo y con muy buenas vistas. Junta a ella, una empinada escalera conducía al centro de la población, así que tras buscar una buena plaza nos dirigimos hacia ella.

Dominando el Albigeois, Cordes-sur-Ciel se encuentra en un entorno encantador. El pueblo está situado en el cruce del viñedo denominación de origen “Gaillac” y el inmenso bosque de Gresigne, de 4000 hectáreas. También ocupa el centro de un lienzo histórico en el que se desgranan otras pequeñas maravillas como los pueblos medievales de Puycelsi, Castelnou de Montmiral, Penne e incluso Bruniquel, en las gargantas del Aveyron.

Descubrimos en Cordes-sur-Ciel, una de las más antiguas villas fortificadas de Midi Pirinees, una de esas ciudades cuyo florecimiento marco a la región durante la edad media. Fue fundada en 1222 por Raimond VII, conde de Toulouse, que deseaba erigir un bastión contra los avances de las tropas enviadas desde el norte de Francia para acabar con los Cataros. Rápidamente, experimentó una gran prosperidad gracias al comercio de paños, sedas y pieles. En los siglos XIII y XIV, los comerciantes y los nobles edificaron lujosas residencias, y otros palacios góticos protegidos por la infranqueable red de fortalezas que rodeaba la ciudad.

Cuando llegamos, la oficina de información se encontraba cerrada, pero pensamos que no habría mejor momento para visitar la población, así que siguiendo las indicaciones del mapa que había junto a la Oficina de turismo, iniciamos nuestro recorrido por una población, que parecía que nos abriera sus puertas únicamente a nosotros.

A medida que fuimos ascendiendo por sus escarpadas callejuelas, observamos las sencillas construcciones, excepcionales por su expresividad y abundancia. En las fachadas de gres ocre cobraban vida dragones, animales y personajes extraños, todo un lenguaje simbólico, cuyo misterioso significado hacia que reinase un clima de leyenda. Sombras dibujadas en porticones y silenciosos relojes que se empeñaban en dar horas inexistentes.

Sin un alma que molestara la tranquilidad de nuestra visita, nos adentramos más y más en el interior de una localidad, cuyo nombre ya evoca magia por si misma. Escaparates que mostraban orgullosas telas de araña mezcladas con viejos retazos de realidad, en un sin fin de retales olvidados que antaño tuvieron vida propia, y que hoy en día están olvidados y expuestos ante los ojos de quien sepa descubrirlos.

Capas de polvo brillante que hacían resplandecer, más si cabe, la luz que se filtraba por todo el lugar. ¡Como resonaban nuestros pasos en el frió pavimento, cuando no hay nadie más para escucharlos!  Las escurridizas formas que se dibujaban en el suelo, en un fantástico atardecer fueron simplemente mágicas.

No pudimos disfrutar del encuentro con los artistas y artesanos que dan fama y vida a la ciudad. A aquellas horas ya no había bullicio, ni gente, solo una ciudad por descubrir que nos había robado el corazón. La pintura, la escultura, la cerámica, y las pieles, quedarán para otros. Nosotros nos llevamos las sensaciones, los momentos robados al atardecer y sobre todo, un lugar en el que los círculos concéntricos nunca se cierran, se abrazan una y otra vez mostrando toda la vida que contienen.

Nos dirigimos en volandas hacia el delicioso jardín del paraíso, para poder disfrutar de su frescor y terminamos nuestra visita desde el Pied Haut, un promontorio rocoso desde el que se ve como surge la ciudad entre un mar de nubes. Así es como realmente comprendes el porque del nombre de la localidad, un nombre con personalidad propia, que nos dejo postrados a sus pies durante toda la visita.

Con los últimos rayos de luz regresamos a la autocaravana, en el mismo momento en que muchas de ellas iban ocupando poco a poco todas las plazas. Allí nos quedamos descansando el resto de la tarde-noche, haciendo los preparativos para la próxima jornada, hasta que poco a poco, las lucecitas de aquel pequeño campo de estrellas denominado “área de autocaravanas”, se fueron apagando.

Día 3: Cordes-sur-Ciel – Rocamadour.

Unos cálidos y brillantes rayos de sol nos despertaron en nuestro tercer día de viaje. Los pronósticos de mal tiempo se estaban demorando, por lo que nos apresuramos a salir de la cama. Desayunamos, y empezamos a disfrutar de este nuevo y soleado día.

Iniciamos nuestro camino por la carretera D922 en dirección a Figeac, uno de los puntos fuertes del día. De camino a ella nos encontramos con la pequeña población de Laguepie, cuya esplendida imagen del río a su paso por ella, nos hizo detenernos a disfrutar del lugar. Unos inmensos sauces llorones reflejaban toda su tristeza sobre las brillantes aguas del río, y no nos pudimos resistir a salir y robar alguna instantánea para no olvidar el momento.

Más tarde, nos desviamos por un pequeño camino cuyo único destino era Najac, población en la que decidimos hacer una pequeña parada. Justo a la entrada de la población está la estación de autobuses y la Oficina de correos, donde se encuentra un pequeño aparcamiento en el que se puede dejar cómodamente la autocaravana estacionada. No intentéis buscar otros lugares, pues sus calles son muy estrechas y conviene no adentrarse en la población. Nosotros lo hicimos, básicamente porque deseábamos encontrar el camino que nos llevaría hasta las Gorges de Aveyron, pero después de dar vueltas y más vueltas, fuimos incapaces de encontrar el comienzo de dicha ruta. Con cara de circunstancias, decidimos dejar esta maravilla para otra ocasión en la que tuviéramos más suerte, y regresamos al susodicho parking.

Ya a pié comenzamos a adentrarnos en la población. Tan solo un grupo de escolares nos acompañaban en esta pequeña excursión. La maestra como podía intentaba que su atención se centrara en la magia del lugar, pero ellos sin duda estaban más pendientes por la diversión, que por lo que la salida les podía ofrecer.

En una de las antiguas casas de aquella empinada calle principal, se encontraba una pequeña oficina de información turística. Que maravilloso es este país que destina sus recursos en cualquier población, por pequeña que sea, para que los que a ella nos dirigimos la podamos descubrir.

Entramos en la oficina y pedimos información a la persona que allí se encontraba, y hemos de decir que nos dio un montón de folletos del lugar y de la zona. Nos detuvimos en varias ocasiones para admirar sus delicadas construcciones, pero sobre todo nos paramos en una tiendecita diminuta, que encontramos y compramos unas deliciosas manzanas que allí había.

Con total despreocupación, salimos de la tienda, momento que aprovecho una de las niñas que iba en el grupo de escolares, para acercarse a nosotros tímidamente y preguntarnos algo en francés, pusimos cara de circunstancias, dándole a entender que no comprendíamos nada de lo que decía y ella se marcho sonrojada, al pensar, que justamente había preguntado a los únicos que no sabían lo que estaba diciendo. Pobrecita que mal rato paso…

Después de un pequeño tentempié para deleitarnos con las manzanas que acabábamos de comprar, volvimos a coger la auto y pusimos rumbo directo a Figeac.

Una vez llegamos nos dirigimos directamente a la zona de estacionamiento de autocaravanas de la que disponía la población. Muy cercana a una calle de mucho tránsito, no nos pareció un área demasiado tranquila para pasar la noche, pero si cumplía nuestras expectativas de un buen lugar donde dejar aparcada la autocaravana mientras visitábamos la ciudad, y además disponía de servicios! Ya instalados, comimos algo y nos dirigimos al centro de la población en búsqueda de la oficina de información turística, para así ver todas las opciones que ofrecía el lugar. Realmente conviene acercarse a ella, pues la información que ofrecen es realmente buena. Existe además un itinerario señalizado por la población, que te permite recorrer los lugares más interesantes a visitar de una forma fácil y sencilla.

Hemos de decir que Figeac es una ciudad vitalista y con mucho carácter, además de estar rodeada de importantes emplazamientos. Los relieves montañosos que anuncian al norte el macizo central, los paisajes pastorales de las mesetas del Quercy, los meandros y los acantilados del esplendido valle del Celem, hacen de esta localidad algo muy especial.

La situación envidiable de Figeac, la convirtió en una ciudad floreciente. Al entrar en contacto con las vías comerciales que surcaban el Midi de Francia, se impuso desde el siglo XII por su vocación comercial convirtiéndose al mismo tiempo en una importante etapa del camino de Santiago. El centro histórico de Figeac ofrece un paisaje de una armonía única. En el se vive, se trabaja, puedes comprar auténticos manjares, aparte de tener uno de los mercados más peculiares de la zona.

Éste cálido ambiente acoge un conjunto extraordinario de casas y palacios urbanos que datan de la edad media, construidos entre los siglos XII y XIV por los ricos comerciantes de la ciudad. En las fachadas de gres, de las galerías medievales de tiendas con desvanes abiertos, donde se secaban los frutos, se puede leer la evolución de la arquitectura, de la edad media hasta nuestros días.

Después de visitar los lugares más significativos de la población, nuestros pasos nos llevaron directamente hasta la plaza de los escritores, donde reina un ambiente de exotismo bastante considerable, incluso por momentos nos pareció no estar en Francia, sino inmersos en cualquier calle del Egipto mas profundo. La culpa de ello la tuvo Champollion, que acercó el Egipto de los faraones hasta nosotros. Pusimos nuestros pies sobre la inmensa baldosa de granito negro con jeroglíficos que cubre por completo la plaza. Esta baldosa representa la piedra roseta, fragmento de estela egipcia que permitió a Champollion (1790-1832) descifrar la escritura de los faraones.

Presidiendo la plaza de los escritores está el museo Champollion, llamado también Museo de las Escrituras. Nuestro principal interés en esta población era principalmente visitarlo. Ya que habíamos oído hablar maravillas sobre el. Pagamos los 11 euros que nos costaron las entradas, con audio-guía incluida y nos adentramos en la cultura Egipcia, de mano de un gran erudito. Pero la sorpresa fue mayúscula, ya que aparte de la cultura Egipcia, había fragmentos de escrituras de todo el mundo. Reúne colecciones formadas por objetos y caracteres de escritura de muy variada procedencia, que reflejan la maravillosa diversidad de culturas existentes.

Este museo, único en Europa, se abre a la ciudad mediante una fachada con 1000 letras de cobre y cristal, creando signos de luz sobre los suelos coloreados de las salas de exposición que difícilmente olvidaremos.

Recorrimos todas sus salas fotografiando casi todo lo que llamo nuestra atención, que fue mucho, y disfrutamos de toda la información que ofrecía el museo, en algunos momentos, incluso se nos hizo un poco dura por la cantidad de la que disponíamos. Pero también hemos de decir que la información entregada fue exquisita, disponiendo de las últimas tecnologías a nuestro alcance durante todo el recorrido, en un viaje a través de las escrituras del mundo realmente fascinante. Además, hemos de comentar que dicha información la tuvimos en todo momento en castellano, lo cual siempre es de agradecer.

Salimos del Museo con un montón de pájaros en la cabeza. La experiencia había sido fascinante y teníamos muchísimas ganas de seguir descubriendo mas y mas de esta zona. Figeac nos había encandilado tanto por la belleza de sus calles, como por la oferta cultural de que disponía, pero aun teníamos un pequeño caramelo para terminar de endulzar un día como este. Nuestra siguiente parada nos llevaría hasta Saint Cirq Lapopie, otra de las localidades que mas ganas teníamos de visitar.

Es por ello que iniciamos rápidamente la marcha hacia ella, primero tomando la carretera D19 hasta Cajarc, donde nos desviamos por la hermosa carretera D662 que recorre la serpenteante silueta del río Lot. Fueron aproximadamente veinte kilómetros de un hermoso camino que nos hubiese gustado hacer más lentamente. La silueta de la pequeña población de Calvignac nos confundió haciéndonos pensar que llegábamos a nuestro destino. No era sino otro de tantos lugares interesantes que se esconden en esta región, por lo que decidimos continuar con nuestra ruta, encaminando nuestros pasos hacia la ciudad acantilada, hacia sus abismos, hacia su leyenda.

Finalmente llegamos a ella, suspendida sobre el rió, su pueblo medieval se ceñía al acantilado de una manera excepcional. Desde la altura, tuvimos una visión casi perfecta de todo el recorrido.

Las incesantes lluvias que habían caído en la zona, nos ofrecían una imagen deslucida de sus aguas, dando un aspecto más descuidado al lugar, pero la peculiaridad de su emplazamiento nos produjo una sensación de euforia nada más poner nuestros ojos en ella. Habíamos visto tantas fotografías que nos parecía mentira estar por fin a sus puertas.

Nos dirigimos directamente a uno de los tres aparcamientos de que dispone, el situado en la zona más alta de la población. Aparcamos a Suny al resguardo de varios árboles y con paraguas en mano, pues comenzaba a llover, nos dispusimos a recorrer las empedradas calles de la población.

Era relativamente temprano, pero no dispondríamos de demasiadas horas de luz, pues un cielo tremendamente plomizo se cernía sobre nosotros, con lo cual tendríamos que encaminar nuestros pasos, sin vacilaciones, para así poder sacar el máximo partido a la localidad. De pronto, el pronóstico del tiempo comenzó a hacerse realidad y una fina lluvia comenzó a caer lenta pero constantemente sobre nosotros.

Sant Cirq Lapopie se encuentra situada en el Valle del Lot, el cual describe un sinuoso desfiladero por el que navegan embarcaciones de recreo. Los acantilados se elevan altos y majestuosos, circundando el rió, donde refresca arboles y prados, regalando visiones imposibles de una belleza casi perfecta, en uno de los recorridos fluviales más bellos de Francia.

El pueblo ha conservado todo su patrimonio y también su encanto. Desde comienzos del siglo XX, atrajo a artistas y galeristas parisinos, y a partir de 1950 a numerosos artistas surrealistas. El poeta y escritor Andre Breton fue el que dio a conocer Saint Cirq Lapopie y el que descubrió el encanto de esta peculiar localidad. Y que decir sobre ella, lo primero que me viene a la cabeza al recordar aquel día es una sensación de felicidad en un día gris, flores de colores, escaparates con viejos soldaditos, esta vez no de plomo, si no de madera, piedras relucientes, casitas blancas con techos de pizarra roja, chimeneas humeantes y el ruido de la lluvia cayendo sobre nuestro paraguas.

Caminando por sus calles mojadas, encontramos cientos de detalles que se resistían a ser mostrados, en cada lugar que posábamos nuestros ojos, nos encontrábamos con uno de esos tesoros escondidos. Un repiqueteo de campanas sonando en la lejanía, junto con rayos de sol que se filtraban a través de las densas nubes, nos dejaron instantes de una belleza inigualable. Lo que hizo que nos fuésemos mimetizando con la excepcionalidad del paisaje. De sus construcciones de cuento me quedo con sus puntiagudos tejados y con sus maravillosas vistas aéreas.

Entre lluvias transparentes y nieblas espesas que intentaban confundir nuestros ojos, nos vimos envueltos en un dulce dilema, nuestras ropas estaban mojadas y el frió comenzaba a meterse en nuestros huesos, la lluvia seguía su danza caprichosa y los pocos rallos de sol que conseguían llegar hasta nosotros, resultaron ser a todas luces insuficientes, con lo cual, deshicimos nuestros pasos y nos encaminamos hacia donde se encontraba Suny, para así poner punto y final a nuestra estancia en la majestuosa, Saint Cirq Lapopie.

En aquel momento surgieron algunas dudas sobre cuales serian nuestros siguientes pasos. Empezaba a ser tarde y la noche pronto caería sobre nosotros, lo que aconsejaba empezar a buscar un lugar en el que pasar la noche. Por otra parte nuestro siguiente destino, Rocamadour, y más concretamente la cueva de Guffre de Padirac, requería que estuviésemos allí a primera hora de la mañana, por lo que decidimos recorrer los ochenta Kilómetros que nos separaban de ella, aprovechando así las incomodas horas que quedaban sin apenas luz. El único problema fue, que un recorrido que nuestro navegador GPS calculó nos llevaría algo más de una hora, se convirtieron en más de dos horas de tortuosas carreteras mal asfaltadas.

Finalmente, eran pasadas las nueve de la noche cuando llegamos a Rocamadour, cansados pues el día había sido muy intenso. Dimos unas cuantas vueltas y nos dimos cuenta de que nos habíamos equivocado, ya que en Rocamadour no había ningún parking que nos permitiera pasar la noche, por lo que decidimos dirigirnos a un camping cercano y pasarla allí. Nos preparamos una ducha reparadora y una cena calentita que nos entonó el cuerpo al instante.

Mas tarde, abrimos el mapa para planear nuestra próxima jornada. Estábamos ansiosos por realizar la visita a la cueva de Gouffre de Padirac, de la cual habíamos oído hablar verdaderas alabanzas. Vimos que el acceso a la cueva se encontraba a unos pocos Kilómetros de Rocamadour y no junto a ésta como nos pensábamos. Sin duda un nuevo error que nos obligaría a madrugar un poquito más para estar allí a primera hora.

Cansados por el devenir del día, nos metimos en la cama, intentando descansar el máximo posible, ya que el día siguiente volvería a ser igual de intenso.

Día 4: Rocamadour – Sant Antonin Noble Val.

Había estado toda la noche lloviendo lo que hizo que nos levantáramos perezosos. Hacía frío y no apetecía demasiado salir de la cama, pero la recomendación que nos hicieron fue clara, Gouffre de Padirac había que visitarla a primera hora, para así no tener que aguantar aglomeraciones innecesarias, con lo cual, no había excusas que valieran; teníamos que salir de la cama de inmediato.

Desayunamos, nos vestimos e iniciamos el camino hacia la gruta. Salir del camping en esta ocasión no supuso el aburrido ritual de tener que pasar por “taquilla”, pues al tener una tarifa especial para autocaravanistas se pagaba al llegar, algo que es de agradecer, por lo que en pocos minutos estábamos en marcha.

Desde Rocamadour, el navegador GPS nos indicaba seguir recto por una estrecha carreterilla, pero ya habíamos tenido ocasión de conocer el estado de algunas de las carreteras secundarias de la zona, por lo que decidimos continuar por el camino “normal” aunque para ello tuviéramos que dar un poquito mas de vuelta. A medida que nos íbamos acercando a la cueva, el número de vehículos que nos íbamos encontrando era mayor, por lo que temíamos que el lugar ya estuviera de bote en bote cuando llegáramos.

Al llegar, vimos un amplio parking con un gran número de autocaravanas aparcadas. Al parecer en temporada baja es posible pasar allí la noche, lástima no haberlo sabido antes. Aparcamos y salimos bien equipados para visitar la cueva, pues seguía lloviendo copiosamente. -”Como odio que llueva cuando estamos en ruta, cuanto puede llegar a limitar, y cuan pesada resulta”-.

Nos dirigimos al edificio desde el que se inicia la visita a las cuevas. Afortunadamente la cola para comprar las entradas era razonable. Comentar para el que quiera visitarla, que hay que tener en cuenta que únicamente se puede visitar de Abril a Octubre. Nosotros tuvimos la gran suerte de poder hacerlo el primer día de apertura de la temporada, punto que nos daba bastante miedo, por el tema de las aglomeraciones que pudiera haber, pero no fue así y disfrutamos de una visita bastante tranquila y relajada. Pagamos los 8,50 € que costaba la entrada y nos sumergimos en un mundo de verdes y pequeñas hileras de agua, que nos dejo sin palabras.

Gouffre de Padirac es una gran cueva de piedra caliza, situada a unos 20 Kilómetros al este de Rocamadour, en el otro lado de la carretera principal que une Brive y Figeac. La cueva tiene unos 80 metros de profundidad y más de 100 metros de ancho. Probablemente lo que más impresiona de esta, es la gran sima por la cual se accede hasta ella, que da una panorámica maravillosa de todo el recorrido. Esta sima fue descubierta en 1889 por Édouard Alfred Martel célebre espeleólogo, al igual que las cuevas y lagos que se encuentran en su interior. Dentro circulan ríos subterráneos y se localizan grandes cavernas kársticas, que nos sumergen en un mundo subterráneo casi perfecto.

La visita a la cueva se realiza en aproximadamente hora y media y se accede bien por ascensor o a través de unas enormes escaleras metálicas. Nosotros elegimos esta última opción para descender hacia el abismo. Comenzamos a encaminar nuestros pasos lentamente, ya que la escalera estaba muy resbaladiza debido a la lluvia que estaba cayendo y a los constantes pequeños saltos de agua que nos íbamos encontrando durante el recorrido.

El lugar era realmente fascinante. Bajamos el primer tramo de escaleras que nos llevó directamente hasta la primera balconada. Desde allí hicimos cientos de fotografías intentando captar toda la grandiosidad del lugar, pero realmente fue bastante complicado realizar una fotografía en condiciones, aun así lo intentamos largo y tendido.

El agua caía sobre nosotros desde una altura considerable. Se nos veía diminutos dentro de la gran sima. Escuchábamos el repiquetear del agua cayendo sobre las rocas y nosotros en medio de todo este espectáculo, siendo meros participes del momento que estábamos viviendo.

Este es uno de esos lugares en los que los verdes parecen más verdes, y las gotas de agua mas cristalinas, en los cuales intentamos pasar desapercibidos, para no molestar a una naturaleza tan impactantemente perfecta como aquella.

Continuamos con nuestra bajada, más escaleras resplandecientes que nos conducían directamente al interior de la cueva, en esos momentos fría y sin vida. Una vez dentro uno discurre por un camino delimitado que recorre toda la longitud de sus cavernas, permitiéndonos el lujo de poder observar las formaciones naturales que hay en su interior. Todas ellas colocadas de una manera perfecta, haciendo brillar los pequeños charcos que nos íbamos encontrando durante el recorrido.

En su parte central llegamos hasta el gran lago, en el cual esperamos a que una de las barcas que hace el recorrido, nos llevara a investigar el resto de la cueva. Un lago con unas aguas tan cristalinas que pudimos apreciar sus fondos de una manera indescriptible. Aquí, descubrimos un mundo estrictamente silencioso y mágico que nos mostró todos sus encantos, ya que las imágenes que pudimos disfrutar durante el recorrido eran alucinantes.

Bajamos de la barca con la sensación de haber vivido un momento único e irrepetible de belleza absoluta. Pusimos los pies en el suelo, un suelo que seguía siendo resbaladizo, esquivo en algunos momentos e imperecedero en todo su recorrido. Comenzamos a vislumbrar algo más de luz, lo que nos indico que volvíamos a estar cerca de las escaleras que nos devolverían a la realidad del día, de la luz, de la cálida lluvia.

Habíamos experimentado un intimo paseo al centro de la tierra, y volvíamos a la superficie con una sensación de haber descubierto, el paradigma de una sima tan profunda y tan llena de vida a la vez.

Ya en la salida, nos detuvimos un instante en la tienda de regalos para comprar algunas postales, pues fotografiar el interior de la cueva estaba totalmente prohibido, como nos habían recordado los guías constantemente. Una lástima, pues no deja de ser parte del encanto de cualquier paraje el poder “capturarlo”, con nuestras cámaras para tenerlo siempre en nuestro recuerdo. Llevábamos apenas unos pocos minutos por allí curioseando, cuando de pronto oímos un par de voces conocidas. Se trataba de unos viejos amigos, Mari y Santi, quienes con sus hijas y a bordo de su autocaravana habían decidido también pasar unos días por el Perigord. Con ellos fuimos andando tranquilamente hasta las autocaravanas, y allí estuvimos un buen rato charlando y poniéndonos al día, pues hacía mucho tiempo que no sabíamos nada de ellos. De hecho, estuvimos casi el resto de la mañana paliqueando con ellos, pero acaso no forma esto parte del viaje? Conocer nuevos lugares,  nuevas gentes y porque no, reencontrarnos con viejos amigos que hemos ido dejando a lo largo del camino.

Con un hasta pronto nos despedimos de ellos y de Gouffre de Padirac, poniendo rumbo nuevamente a Rocamadour, esta vez sí, para visitarla. En esta ocasión sin embargo, nos adentramos en ella para dirigirnos hasta uno de los aparcamientos desde el que poder visitarla. El acceso hasta este no dejaba de tener su encanto, pues una estrecha carretera descendía por el borde del acantilado hasta el río. Ya allí aprovechamos para comer algo mientras veíamos como empezaba a caer un nuevo aguacero.

Poniendo al mal tiempo buena cara nos calzamos las botas, cogimos los paraguas y nos dispusimos a visitar la localidad. La ciudad fue edificada en niveles superpuestos en la ladera. Se encuentra suspendida sobre un cañón por el que discurre el río Alzou. Sus casas, sus tejados e iglesias, forman parte de la roca que cae desde la Causse de Gramat, en el suroeste francés, es una meseta calcárea que se extiende entre dos valles.

A la ciudad entramos por la puerta del Figuier, antes de continuar por la calle de la Couronnerie, la única calle de Rocamadour, animada, llena de tiendas coloristas.

A continuación llegamos ante una escalera monumental de 233 peldaños, que asciende hasta el corazón de Rocamadour, una explanada en la que se agrupan, protegidas bajo las rocas, siete antiguas iglesias y capillas. Todo ello muy bien puesto y con una afluencia de público bastante considerable. Seguía lloviendo a mares, y bajo nuestro paraguas Rocamadour nos pareció una gran tienda de souvenires.

Después de haber visitado Cordes sur Ciel, Saint Cirq Lapopie, Figeac y Gouffre de Padirac, Rocamadour nos pareció un mal chiste. No es que la ciudad sea fea, que no lo es, ni que sus tiendecitas no tengan su encanto, que lo tienen, pero aparte de alguna casita aislada que nos pareció interesante, no hubo nada mas en Rocamadour que llamara nuestra atención.

Quizás demasiado turística, quizás demasiado mal tiempo, quizás no despertó nada en absoluto de lo que tenía que despertar en nosotros, o quizás simplemente se quedo en eso, como dice la canción, quizás…quizás… quizás!

Anduvimos hacia la auto. Estábamos realmente empapados y muertos de frió. Conseguimos quitarnos la ropa mojada y después de un chocolate calentito, seguimos con nuestro camino. La constatación del pronosticado del tiempo, nos impedía realizar cualquier actividad al aire libre que pudiéramos tener planeada, por lo que deseando que aquel fuera un nubarrón anclado sobre Rocamadour, decidimos poner rumbo al sur con esperanzas de encontrar mejor tiempo.

En esta ocasión encaminamos nuestros pasos hacia la pequeña localidad de Bruniquel, situada en la orilla del Aveyron. Para ello tomamos la autopista A20 y descendimos rápidamente hasta la población de Caussade, donde nos desviamos hasta a Bruniquel.

Como todas las ciudades medievales de la zona, Bruniquel tiene un encanto muy especial. Sus calles solitarias nos invitaron a recorrerla de cabo a rabo sin tener que esquivar a cientos de visitantes. Sus laberínticas calles nos ofrecieron momentos impagables. Por un instante cesó la lluvia, lo que nos produjo una alegría infinita, al poder dejar aparcado nuestro paraguas, aunque fuera durante un pequeño instante. Un instante pequeño y precioso que nos permitió visitar tranquilamente la población y disfrutar de las vistas de las gorgas del Aveyron que desde ella se vislumbraban, porque al momento el espejismo se esfumo y comenzó  otra vez a lloviznar.

Empezábamos a estar cansados de tanta lluvia y del mal tiempo. Eran apenas las seis de la tarde y no había casi luz. Como pudimos, terminamos de visitar Bruniquel y volvimos a la auto para planear donde pasar la noche. La localidad elegida fue, Saint Antonin Noble Val, en la que teníamos referencia que había un área. Nos dirigimos hacia ella, con calma, ya que volvía a llover copiosamente y las carreteras eran muy estrechas como para hacer tonterías.

En medio de un aguacero considerable, llegamos a las puertas de Saint Antonin Noble Val. Sin vistas, rodeados de oscuridad, y sobre todo sin esperanzas de que el tiempo mejorara, comenzamos a buscar el área. Esta  no estaba demasiado bien señalizada pero el enclave era agradable y tranquilo. Aparcamos junto a una veintena de autocaravanas que estaban reposando en el lugar. Con cara de cansancio, abrimos nuestro plan de viaje y llegamos a varias conclusiones:

La primera, si el tiempo nos lo permitía, visitar al día siguiente la localidad en la que nos encontrábamos y un pequeño pueblecito llamado Penne que nos hacía gracia. Pero sobre todo concretar y decidir, que hacer, si seguía lloviendo de esa manera. Solo había dos opciones posibles, o quedarnos en la zona y seguir visitándola, o poner rumbo a casa y rezar para que allí hiciera mejor tiempo, y así poder aprovechar al menos el día que nos quedaba de vacaciones.

Con muchísimas dudas, nos metimos en la cama deseando con todas nuestras fuerzas que la climatología nos diera un respiro. Y así, con el sonido de la lluvia cayendo sobre Suny, nos quedamos adormecidos.

Día 5: San Antonin Noble Val – Besalú.

Nos levantamos igual que nos habíamos acostado, escuchando caer la incesante lluvia sobre nosotros. Con la impotencia reflejada en nuestros rostros. Desayunamos con calma y por suerte un pequeño rayo de sol se coló a través de los nubarrones, ofreciéndonos algo de esperanza. Paraguas en mano nos encaminamos para visitar Saint Antonin Noble Val.

Menos mal que la sorpresa fue mayúscula y nos encontramos con una localidad teñida de grises, pero realmente preciosa. Nos adentramos por sus calles empedradas y comenzamos a descubrirla poco a poco. San Antonin Noble Val está inscrita en el registro de patrimonio nacional, por su gran belleza, pero sobre todo por dos de sus edificios que datan del siglo XII, que incluye el edificio civil más antiguo de Francia y el campanario de la casa Romana, restaurada por Viollet Le Duc. Tiene una larga y fascinante historia que se remonta a la época Galo-Romana, aparte de ser la ciudad más antigua de la región de Rouergue y Quercy.

También hay un puente impresionante que abarca el río Aveyron para traer este a la ciudad. En los alrededores, hay más de dos centenares de kilómetros de senderos señalizados (Petites Randonnées). Qué lástima, no haber podido disfrutar de mejor tiempo para realizar alguna. Muy cerca se encuentra la piedra caliza Grotte du Bosc, que tiene una gran cavidad, en la que se entra a través de un corredor de 200 metros.

El pueblo está ubicado en la confluencia de los ríos, Bonnette y Aveyron, además esta situado por debajo de los acantilados de Roc d’Anglars, en el corazón de las gargantas del Aveyron, en un entorno natural rodeado de altos acantilados y grandes cambios de elevación. En cual se pueden practicar bastantes deportes, desde senderismo, barranquismo, kayak de aguas rápidas, o simplemente disfrutar de un paseo agradable por una localidad muy especial.

Pasamos por una de sus diminutas calles y descubrimos la casa de los enamorados, donde se puede ver la cabeza en piedra de los dos amantes dándose un beso. Seguimos con nuestro paseo, y llegamos Le Place de la Halle, donde descubrimos que había una exposición de arte, la cual llamo nuestra atención por su originalidad y colorido. Se trataba de la Fiesta del Huevo, si como leéis, del huevo, y haciendo una exposición de obras de arte utilizando el huevo como único tema para sus diseños.

Realmente fue divertidísimo. Había un montón de obras con esta temática, que nos hizo en todo momento tener una sonrisa dibujada en nuestras caras. Huevos en forma de lobo feroz, de aeronave, de submarino, de pingüino, toda la imaginación de los artistas para retratar a este singular elemento, como si fuera un héroe legendario. Salimos de la exposición, compramos un pan delicioso en una de sus Boulangeries y nos dirigimos otra vez hacia la auto para poner rumbo a nuestro siguiente destino.

En esta ocasión el lugar elegido era Penne, una pequeñísima localidad medieval en un estado de conservación excelente, que nos ofreció todo su encanto y sobre todo un kit-kat, sin lluvia. No dirigimos directamente a visitar los restos del castillo que fue construido por el archi- conocido, Ricardo Corazón de León. Desde arriba se puede disfrutar también de una magnífica panorámica del río Lot y del puente que marca la línea divisoria entre Penne y la vecina villa de Saint Sylvestre Sur Lot. El puerto fluvial de Penne, hoy en día está dedicado al recreo y a la pesca, es un punto más que nos habla de la importancia de esta ciudad en el pasado.

Vuelve a llover, y decidimos encaminar nuestros pasos hacia el Parque del Espacio, en Toulouse, en aquel momento pensamos que no habría mejor opción, ya que al menos estaríamos mas cobijados, aunque hiciera un tiempo de mil demonios.

Desde que tomamos la decisión, el tiempo comenzó a empeorar por momentos. Conseguimos llegar hasta Toulouse con bastantes problemas, pues además de la lluvia se había levantado un viento bastante violento, que hacía que la auto fuera moviéndose de lo lindo. Era tarde, con lo cual al llegar al parking del Parque del espacio, decidimos comer tranquilamente y esperar a que la tormenta amainara un poco. Pero lejos de que esto sucediera, comenzaron a caer rayos y centellas por todos lados, lo que hizo que el día de pronto se tornara mas negro y desapacible si cabe.

Con este panorama, terminamos de comer, esperamos que la tormenta bajara en intensidad, y cuando vimos que únicamente caía lluvia, pusimos rumbo hacia Cataluña, cruzando los dedos para que allí hiciera mejor tiempo. Decidimos tomar el camino más tranquilo, todo por autopista y cruzar la frontera por la Jonquera.

Llegando a Perpignan, vimos que el tiempo en la costa era bastante más bueno. Nos resistíamos a volver a casa, pues teníamos ganas de disfrutar del día que nos quedaba y  poder terminar la ruta con algo de actividad, por lo que decidimos ir a lo seguro y poner rumbo hacia Besalú, una población que conocemos bien.

Llegamos a Besalú al atardecer, pero con buena luz. Nos parecía mentira que hiciera un tiempo tan excelente. Nos dieron ganas de salir al exterior y gritar que por fin podíamos disfrutar de buen tiempo. Aparcamos la auto en el parking público situado a las afueras de la población y nos encaminamos a visitar Besalú, una localidad que hemos disfrutado en bastantes ocasiones, pero de la que difícilmente te cansas de hacerlo.

Besalú es una población de la comarca de la Garrotxa, situada a 150 metros de altitud y que cuenta con una extensión de 4,81 km2. Como su origen indica, Bisuldunum era una fortaleza entre dos ríos: Fluviá al sur y Capellades al norte. Besalú empezó a adquirir importancia como capital del condado independiente. El 1966, fue declarado “Conjunto Histórico-Artístico Nacional” por su gran valor arquitectónico.

Cuando uno cruza el puente que sirve de entrada a Besalú, puede imaginarse inmerso en plena Edad Media. Sus calles nos recuerdan, que en otros tiempos, fue un lugar importante por el que pasaron, comerciantes, guerreros, nobles, monjes y un largo etc. De los judíos todavía se pueden encontrar huellas en la aljama medieval, ya que conserva varios resquicios de su pasado judío. De hecho el escritor Martí Gironell, se inspiro en esta ciudad para escribir su libro “El puente de los judíos”.

El pueblo respira un aire antiguo y evocador en cada una de sus esquinas, pero lo que más nos impresiona, son los preciosos reflejos que dibuja su puente en sus cristalinas aguas. Una ciudad en la que disfrutamos de unas horas magnificas de sol, de buen tiempo, y de cultura a partes iguales.

Hicimos muchísimas fotografías a lo largo de la tarde, y casi ya sin luz, continuamos haciéndolas a lo largo de la noche. Fotografías de esas que transmiten, todo el magnífico encanto que tiene esta localidad medieval.

Nos resistíamos a dejar la ciudad y volver a la auto. Se estaba tan a gusto que nos daba pereza, pero una brisa fresquita comenzaba a hacer acto de presencia, recordándonos la época en la que nos encontrábamos, rompiendo así el hechizo en el que nos veíamos envueltos.

Las vistas que teníamos de Besalu desde la auto, eran fascinantes, sus luces amarillentas, nos daban un aspecto de cuento medieval que nos envolvía por todos lados, y hacia que nos quedáramos ensimismados disfrutando de ellas.

Cenamos tranquilamente con la única iluminación de un par de velitas, ya que nos parecía un sacrilegio encender las luces de la auto y destruir así la magia del momento. Cansados por el trajín del día, nos acurrucamos en la cama, mientras veíamos por la ventana, la silueta de la ciudad y la impresionante arquitectura de Besalu.

Día 6: Besalú – Barcelona.

Nos despertamos con un sol resplandeciente. Parece mentira como puede cambiar nuestro estado de ánimo cuando comienzas con un día de estas características. Después del desayuno, miramos las opciones que teníamos para disfrutar del día. No teníamos muy claro el planning, pero recordamos que estábamos cerca de la Vía Verde del Carrilet, y nos pareció una buena idea terminar un viaje como éste haciendo algo de ejercicio. De esta manera tendríamos la oportunidad de quitarnos el mono.

Nos dirigimos a Olot para encontrar el inicio de la ruta. La verdad es que no fue tan fácil como pensábamos, pues logramos encontrar la vía verde pero no un lugar donde aparcar la autocaravana en el centro de la población. Finalmente y tras unas cuantas vueltas decidimos saltarnos un trozo de ruta e iniciar el recorrido en la vecina población de Les Preses. Allí, junto a una antigua estación de tren convertida en Oficina de Información Turística pudimos aparcar tranquilamente. Además, para quien le coja poco preparado, disponen de un servicio de alquiler de bicicletas allí mismo.

Rápidamente bajamos las bicis y nos pusimos en marcha para disfrutar de esta famosa vía verde. El Ferrocarril Girona-Olot fue la principal arteria de comunicaciones de las comarcas de La Garrotxa, La Selva y el Gironés hasta los años sesenta. Un modesto ferrocarril de vía estrecha llamado “carrilet”, de 54 Kilómetros de longitud, surcó las orillas de los ríos Ter, Bruguent y Fluvià bajo la inquietante sombra de los volcanes de La Garrotxa. Hoy en día, reconvertida en carril bici es un esplendido camino para que los amantes de la naturaleza y el ciclismo podamos disfrutar de la zona.

En un futuro no lejano, está previsto además que esta Vía Verde quede unida por un camino a la Vía Verde del “Camí de Ferro”, la cual comunica actualmente las poblaciones de Ripoll y Sant Joan de les Abadesses con un recorrido de 12 Kilómetros. Si a este tramo sumamos la Vía Verde de Girona-Costa Brava, que ya es toda una realidad, entre Girona y San Feliú de Guíxols (39 Kilómetros) nos podemos desplazar desde el alto Pirineo hasta el Mediterráneo a lo largo de casi 135 Kilómetros de paisajes de infarto.

Salimos de la estación y recorrimos algo más de veinte Kilómetros por sendas que nos llevaron a través de riachuelos y pequeños puentes, en un día de luz y sol impresionante. Lo disfrutamos más si cabe, que si hubiéramos tenido la oportunidad de realizarla en Francia, ya que con el mal tiempo que nos había hecho, fue realmente un regalo.  Hemos de decir que a nosotros particularmente, nos gustó mucho más la vía verde de “Terra alta”, la cual habíamos realizado hacia un par de años. Supongo que los altos acueductos y los túneles hacían que la ruta fuera mucho más auténtica y los paisajes eran realmente excepcionales, sin desmerecer en absoluto a los que nos encontramos durante nuestra ruta por el Carrilet.

Finalmente, cansados pero contentos con este final de ruta que nos había devuelto la sonrisa, regresamos a la autocaravana, comimos algo, e iniciamos perezosamente el camino de vuelta a casa.

Habían sido seis días de sensaciones irrepetibles, en los que nos hemos sumergido en ciudades de cuento, en viejas civilizaciones casi olvidadas, en simas abismales que nos han llevado al mismo centro de la tierra, en los cuales hemos vivido un poco de todo; calor, lluvia, frió, sensaciones de agobio en algún momento por el mal tiempo acontecido. Hemos sonreído disfrutando de detalles nimios, que generalmente pasan desapercibidos, sin tan siquiera darles una oportunidad.

Pero sobre todo hemos vivido experiencias que volverán a cargarnos las pilas y a aumentar nuestro bagaje personal, que nos harán crecer y seguir queriendo descubrir cientos de lugares, que están desperdigados a lo largo y ancho de este planeta. Tan solo hace falta, pararse, mirar, saborear y disfrutar de todo lo que se nos ofrece en cada momento.

Perigord from conrad y echobelly on Vimeo.

Créditos vídeo: Nawja Nimri: Crime / Angus and Julia Stone: Chocolats and cigarretes

ROAD BOOK

Dia 1.

Pernocta: Parking de Bourg-Madame
Coste. Gratuito.
Servicios: WC
GPS: 42º 25′ 59”N – 1º 56′ 33” E

Dia 2.

Aparcamiento Museo Saint-Ferroel.
Coste: Gratuito.
Coordenadas GPS: 43º 26′ 13”N – 2º 1′ 10” E

Pernocta: Área AC Cordes-sur-Ciel
Coste: 5 euros/noche.
Servicios: Agua y vaciado.
Coordenadas GPS: 44º 03′ 51” N – 1º 57′ 29” E

Día 3.

Parking Najac:
Coste: Gratuito.
Coordenadas GPS: 44º 13′ 15” E – 1º 59′ 03” E

Área Figeac:
Coste: Gratuito.
Servicios: Agua y vaciado.
Coordenadas GPS: 44º 36′ 39” N – 2º 02′ 12” E

Parking Saint-Cirq-Lapopie
Coste: 2 euros.
Coordenadas GPS: 44º 28′ 00” N – 1º 39′ 56” E

Pernocta
Camping Le Roc (Rocamadour).
Coste: 9,10 euros/noche.
Servicios: Agua, vaciado, electricidad, WC
Coordenadas GPS: 44º 49′ 10” N – 1º 39′ 19” E

Día 4.

Parking cuevas Goufre de Padirac.
Coste: Gratuito.
GPS: 44º 51′ 20” N – 1º 44′ 57” E

Parking Rocamadour
Coste: Gratuito.
GPS: 44º 48′ 06” N – 1º 37′ 29” E

Pernocta:
Área AC Saint Antonin Noble Val
Coste: Gratuito.
Servicios: Agua y vaciado
Coordenadas GPS: 44º 09′ 08” N – 1º 45′ 05” E

Día 5.

Pernocta: Parking Besalú.
Coste: Gratuito.
GPS: 42º 11′ 52” N – 2º 42′ 08” E

Día 6.

Parking Estación Les Planes
Coste: Gratuito.
Servicios: Oficina Información turística, alquiler de bicicletas
Coordenadas GPS:

18 Comments + Add Comment

  • carai, si es que estáis por todos sitios!
    aunque por Cordes ya habíais estado, no?
    además de divinos, sois oportunos: justo a tiempo para el puente, una escapadita cercana, interesante e ideal.
    tendremos que probar una cueva de esas!
    Cuando pasamos un fin de semana como el pasado, (frio, lluvia y poco sol), aparcamos la auto con las vistas a la salida del próximo mes. Pero aparece un relato vuestro, y se contagia ese calor, esas botas de caminar, esa tarjeta de memoria de la cámara, esas boulangeries, …
    después de Ken Follet, estáis vosotros, en mi mesita.
    un enorme saludazo!

  • Hola Jimmy:

    Ya sabes, somos como la mal hierva jajaja. Gracias por tu comentario, como siempre nos das alas para continuar y seguir hasta el infinito.

    En cuanto a lo de Cordes es la primera vez que la habíamos visitado, aunque supongo que no sera la ultima, por que el pueblo es precioso. En cuanto a la cueva, si tienes la oportunidad, ves con los ojos cerrados, es uno de los lugares mas especiales en los que hemos puesto nuestros pies.

    Sobre el frió, es que si no te pones la botas y esperas a que haga buen tiempo, te quedas en casa mas de la mitad del año jajaja.

    Gracias a ti siempre por hacernos sonreír cada vez que te leemos.

    Saludetes enormes.

  • Lo he leido por encima, es una zona a la que le tengo muchas ganas…es una suerte teneros coo refencia.
    Besitos!

  • Hola guapa:

    Que alegría verte por aquí. Leetelo con calma y si necesitas algo mas de información, ya sabes donde estamos. Es una zona muy bonita, en la que podréis hacer muchas actividades si la climatología os lo permite.

    Ya sabes, si necesitas algo mas… Aquui estamos!

    Un besazo enorme.

  • Por fin, por fin!!!! Esto no es bueno para la salud. Nos teníamos muy abandonados. Os vamos a tirar de las orejas jejeje.

    Me ha gustado mucho, muchichisimoooooo! Me lo acabo de terminar de leer hace un rato y ahora acababa de ver el video, por cierto que bonitas las canciones que habeis elegido, me han encantado!

    Cuando llegue a casa lo leere tranquilamente con Bernardo. Por cierto, que pasada la cueva y el museo de las escrituras de figeac, me he quedado alucinada, no habia oido hablar nunca de ellos.

    Como siempre, felicidades por un magnifico trabajo realizado y sobre todo por dejarnos soñar.

    Salu2

  • Hola María:

    Aceptamos la bronca jajaja… Es que vamos muy liados y es complicado. Pero aun así nos comemos la reprimenda jajaj.

    Nos alegra un montón que te haya gustado el relato y que lo disfrutes a tope como siempre. Ya me dirás que le parece a Bernardo?

    En cuanto a la música del vídeo, a mi también me gusta mucho jaja por eso las he elegido para el vídeo jajaj.

    Un besito enorme para los dos.

  • Je je je, Loli y Conrad estaba dudando donde ir este puente, el Perigord es un candidato, que ahora toma fuerza, aunque me comentan que igual esta no es la mejor época, que opináis.
    Lo dejamos para semana santa mejor, tenemos mas destinos para el puente je je je.
    saludos pareja y un abrazo.

  • Hola Gralla:

    Yo opino los mismo, la zona es preciosa en cualquier estación, pero pienso que para el puente de Diciembre te puede limitar demasiado, con lo cual, yo lo dejaría mejor para cuando haga mejor tiempo.

    Vayáis donde vayáis, pasarlo “Genial”.

    Un besazo enorme a los tres.

  • Hola, bona tarda.

    Llegir el vostre reportatge m´ha portat molts records, ja que aquest nadal hem estat per la zona del Perigord.
    Cordes sur ciel és un record del que foren els càtars, la catedral de Perigueux i tants pobles perduts entre camps, roques i muntanyes..

    Hi tornarem!!

    Salut!

  • Gràcies Biel i benvingut al nostre blog!

    Jo crec que el Perigord es d’aquelles regions a les que per moltes vegades que hi tornis, sempre hi trobaràs quelcom nou! Això si, nosaltres la propera vegada mirarem de tornar-hi amb millor temps ja que em sembla que hi ha també moltissimes activitats per fer-hi!

    Salutacions!

    Gracias Biel y bienvenido a nuestro blog

    Yo creo que el Perigord es una de aquellas regiones a las que, por muchas veces que regreses, siempre encontrarás algo nuevo. Eso sí, nosotros, la próxima vez intentaremos volver cuando haga mejor tiempo ya que me parece que también hay muchísimas actividades para realizar por allí.

    Un Saludo

  • impresionante relato i envidiables fotos, me permitis una pregunta, con que programa habeis hecho el montaje???? muchas gracias

  • Hola Roger:

    Gracias por tus palabras y bienvenido al blog. El programa que utilizamos para realizar los vídeos, es el Ciberlink Media show, creo que te puedes bajar una demo gratuitamente para poder trastearlo.

    Saludetes.

  • Fantastico viaje!!. Muchas gracias por vuestro relato.

  • Hola Sonjor:

    Nos alegra que te haya gustado el relato. La zona es preciosa y si la pillas con buen tiempo, supongo que sera aun mas bonita.

    Saludetes y bienvenido al blog.

  • Bon día.
    Gracias por compartir vuestra abundante y muy especial experiencia. Nos ha enriquecido ayudandonos preparar mejor la ruta de Gironella hasta Paris de nueve días en las vacas de Pascua. Es nuestro primer viaje con auto caravana y lo prepararamos con mucha ilusión! Planeamos un o dos días a visitar los castillos del río Loire y degustar los vinos de la zona antes de pasar por Paris y Disney Land. Atracción para los dos niños de 10 y 13 años que nos van a acompañar y van a salir así por la primer vez de España…

    Agradeceríamos mucho vuestro consejo especial.

    Saludos soleados de Mallorca

    Miguel y Lucia

  • Hola! !
    Somos de esas personas “autocaravanistas sin autocaravana” que decís en vuestra revista…pero creo (y espero) que pronto eso cambie, por eso estoy buscando blogs que den consejos y me encontré con el vuestro y…me encanta! ! Me lo estoy leyendo todo!!! Así que muchas gracias por todo. El texto es una maravilla…a veces poesía y las fotos geniales.
    Ojalá nos encontremos en algún viaje…
    Por cierto, tenemos un bebé y me gustó mucho vuestro artículo de viajar con niños.
    Besetes y buenas rutas

  • Gracias por todos los piropos del blog y la revista Marta, así … es un placer ;-) y perdona que no te hayamos contestado antes pero entre una cosa y otra …. vamos siempre “de culo”. Por supuesto estaremos encantados de ayudarte en todo lo que podamos en tu incursión en el mundo del autocaravanismo. Esperemos eso si que pronto puedas ser una “autocaravanista con autocaravana” y coincidamos en algún viaje.

    Por cierto, el artículo sobre viajar con niños de los debemos a Daniel Martínez, colaborador del blog y buen amigo, pues el tiene más experiencia que nosotros en eso de viajar con “los peques”. Cualquier duda que tengais al respecto seguro que el estará también encantado de adyudaros!

    Un saludo y buenas rutas!!!!

  • Ostras Lucia … me acabo de dar cuenta que olvide contestar vuestro mensaje!!! Si ya digo yo que con tanta cosa no puede ser … :-(

    En cuanto a vuestro viaje habeis elegido bien pues Francia es un país fenomenal para “estrenarse” con una autocaravana. Las facilidades que allí dan, tanto para el turismo en general como para las autocaravanas, son excepcionales y hacen que sea muy sencillo hacer turismo! En cuanto a la zona en concreto, el Loira, es muy agradable, quizás algo abarrotada en verano, pero aun así merece la pena visitarla. En mi opinión, el único inconveniente es que puede uno acabar cansado de tanto castillo, pero en dos dias no os dará tiempo a demasiado así que no sufrais por ello. ¿Que teneis pensado visitar?

    Un salydo y lo dicho, disculpas por mi demora!

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