El Cabrerès, descubriendo un paraíso a fondo
Este pasado fin de semana se ha celebrado la 17ª Edición de la Cabreres, una salida en bicicleta de montaña a la que decidimos asistir hace algunos meses. Poco habituales a participar en este tipo de eventos, sabíamos que la Cabrerès era una de las carreras populares mas importantes a nivel europeo, pero no imaginábamos la magnitud del evento ni mucho menos los increíbles paisajes que nos iba a permitir descubrir.
Fue hace ya algunos meses cuando charlando con algunos amigos y familia sobre el mundo de la bicicleta de montaña nos comentaron la existencia de dicho evento. Lejos quedan aquellos años en los que practicaba asiduamente btt, e incluso me permitía asistir de vez en cuando a alguna carrera. Últimamente nos gusta ir mucho en bici, pero a un ritmo más tranquilo y por pistas más transitables. Aun así, poco a poco me fueron convenciendo para asistir al Cabrerès, cuyo recorrido calificaban como único. La historia de la Cabrerès•BTT comienza a escribirse en el mes de julio del año 1993, cuando un grupo de jóvenes del pequeño pueblo de L’Esquirol emprendieron la iniciativa de organizar una pedalada popular en bicicleta de montaña, con el objetivo de fomentar la práctica de esta modalidad deportiva y dar a conocer la singularidad del paisaje del Collsacabra.
Trece años después de aquella experiencia, fruto de la inquietud juvenil de una decidida admiración por la naturaleza, la Cabrerès•BTT se ha convertido en la prueba de bicicleta todo terreno por antonomasia en nuestro país, y es considerada por los conocedores de este deporte como una de las tres mejores concentraciones del continente europeo. En sólo una década, la Plaça Nova del Esquirol ha visto cómo la iniciativa del Grupo de Amigos de la Bicicleta de Montaña convertía el Collsacabra en el epicentro del ciclismo de montaña.
La Cabrerès•BTT es una prueba genuina e indisociable del entorno que le hace de marco, el Collsacabra. Fue este un paisaje del que ya tuvimos ocasión de disfrutar durante nuestra primera salida en autocaravana, pero en esta ocasión, a pié primero y luego en bicicleta, lo hemos podido descubrir mucho mas de cerca.
El Collsacabra es una región natural de la Cataluña húmeda de 142 km2 de extensión, que cierra por Levante la Plana de Vic y que a parte de Osona, comarca a la que pertenece mayoritariamente, incluye también tierras de las comarcas vecinas de la Garrotxa y de la Selva. Situada entre las cordilleras Prelitoral y Transversal catalanas, es un altiplano formado por una plataforma estructural con riscos a sur y Levante, de una altitud media de 1.100 m, y cuya máxima altura se encuentra en Cabrera, donde alcanza 1.306 metros.
El Collsacabra era hasta hace poco una región eminentemente rural. Sin embargo ha conservado restos y rasgos de vida campesina ejemplificada por un buen número de masías distribuidas en sus rellanos y hondonadas. Situado en un entorno natural excepcional, agreste y solitario, en otro tiempo se destacó por su aislamiento ya que el acceso no era demasiado fácil. Era un país, pues, que fácilmente se convertía en legendario, un país con el terreno abonado para que la imaginación popular situara la acción de una buena colección de leyendas que se identificaban con la magia, la soledad y el misterio de sus parajes.
Con este marco de presentación, algo más de un mes de entreno para mejorar la forma física, y muchísimas ganas nos dispusimos a iniciar nuestra aventura por el Cabrerès.
VIERNES.
La salida en bicicleta estaba programada para el domingo, pero teniendo en cuenta que había preparados más eventos para el sábado y que queríamos disfrutar un poco mas del entorno donde se desarrollaba la prueba decidimos salir como es habitual en nosotros el viernes por la noche para aprovechar al máximo el fin de semana.
Tras consultar en foros de autocaravanismo, el compañero Danmc12 nos aconsejó un lugar para pasar la noche en la población de Roda de Ter. Mapa en mano nos dimos cuenta que la ubicación era perfecta para nuestras necesidades, así que depositamos fe ciega en su consejo (algo que no siempre sale bien) y nos dirigimos al lugar. En algo mas de una hora llegamos a Roda de Ter, población situada a escasos Kilómetros al norte de Vic. “Bajo el doble puente de acceso al casco antiguo hay un parque junto al río” dijo, y así fue. El parque era amplio, estaba bien iluminado y no había ni un alma. Era de aquellos lugares en los que tienes tanto espacio que no sabes muy bien donde colocarte. Dimos varias vueltas y al final nos situamos cerca de unas casas, por aquello de la seguridad, y alejados de la orilla del rio para evitar las molestias que causa el rumor del agua durante la noche.
La noche era calida, agradable, y el parque, situado a los pies del casco antiguo de Roda de Ter era de una singular belleza. Tan solo la cercanía de la carretera principal por la que algún ruidoso quinceañero motorista se dedicaba a pasar una y otra vez nos hacia temer una noche “movidita”. No fue así ya que pudimos disfrutar de una plácida noche en aquel tranquilo lugar.
SÁBADO.
No había prisa así que nos permitimos levantarnos pasadas las nueve de la mañana. Sin duda el lugar era tranquilo incluso bien entrado el día. Amaneció una mañana algo nublada pero bastante calurosa. Los pronósticos del tiempo no eran muy halagüeños pero por suerte nuestras “fuentes” de Internet no eran tan catastrofistas como lo eran los noticiarios de televisión. Desayunamos mientras ojeábamos un mapa para hacer el planning del día. Rupit lo conocíamos muy bien y los consejos sobre que más podíamos ver habían sido unánimes para recomendarnos la población de Tavertet. También queríamos visitar el pantano de Sau pero el acceso era por otra serpenteante carretera que no nos quedaba de camino. Mirando en el mapa parecía factible que desde el mismo Tavertet pudiéramos hacer alguna excursión para disfrutar de las vistas del pantano así que nos pusimos en marcha rumbo a tan laureada población.
El acceso a Tavertet se hace desde la misma población de l’Esquirol, donde se encuentra un desvío a la estrecha carretera de curvas que conduce hasta ella. En Roda de Ter ya perdimos algo de tiempo haciendo algunas compras por lo que no quisimos demorarnos más y sin tan siquiera parar en l’Esquirol para ver el ambientillo fuimos directamente a Tavertet. Llegamos a ella en apenas 15 minutos. El excepcional paisaje del que habíamos ido disfrutando por el camino nos había puesto en antecedentes de lo que nos íbamos a encontrar. Nada mas llegar a la población una improvisada valla cortaba el paso desviándonos a un amplio parking situado al pie de la población, en el que no tuvimos ningún problema para encontrar sitio.
Ya a pié, nos dirigimos a la población donde a escasos metros del parking nos encontramos una pequeñísima oficina de información a la que no dudamos en dirigirnos. Allí, un amable lugareño nos ofreció un mapa (por el módico precio de 30 céntimos de euro) y nos recomendó alguna de las rutas que en este se detallaban. Elegimos la que conducía hasta el Puig de la Força, un magnífico balcón con vistas al embalse de Sau que se encuentra situado en la punta del risco de Tavertet y que ofrece unas vistas excelentes al embalse.
Iniciamos el camino dando un agradable paseo por la población. Los riscos definen el aspecto inconfundible del Collsacabra, y Tavertet es el escenario más fiel. Alzado sobre un enorme acantilado de 200 metros que limita con el valle del Ter, este lugar marcado por el aislamiento se ha resistido a perder su encanto. Vestigios de la época neolítica, el sepulcro megalítico, el campo de urnas funerarias y la muralla ibérica dan fe de sus 5.000 años de historia. El núcleo urbano, declarado Bien de Interés Cultural, conserva 48 casas construidas entre los siglos XVII y XVIII que rodean la iglesia románica de Sant Cristòfol documentada desde el siglo XI. Frente a este conjunto armonioso, el despeñadero de Tavertet cae con un contraste de colores y con una paronímica impresionante; al fondo, el Montseny y el Matagalls, y los pies, una masa espesa de bosque y vegetación y el pantano de Sau. Los acantilados, las cuevas y grutas y las corrientes fluviales aportan más riqueza al paisaje. El risco del Mirador, el Salt de l’Avenc de más de 200 metros de caída sobre el valle, el Salto del Molino-Bernat, o el Puig de la Força son probablemente algunos de los lugares mas emblemáticos del lugar. Nosotros iniciamos el camino hasta este último tal y como ya teníamos planeado.
El recorrido hasta el Puig de la Força se inicia en el antiguo camí del Mig de Tavertet, en dirección sur-oeste. Antes de salir de Tavertet dejamos el camino principal para desviarnos hasta el mirador de Balà, en cuyo extremo se encuentra el sot de Balà y el Salt del Molí Bernat, donde pudimos disfrutar de unas increíbles vistas con los acantilados a nuestros pies. Continuamos el recorrido entre los riscos, por un amplio camino que recorre la antigua muralla Ibérica, y cruza el Plà del Castell hasta llegar a la masia del Castell. Por aquel entonces el día empezaba a despejarse dejando a la vista un resplandeciente sol que hacia que la temperatura fuera subiendo rápidamente.
Tomamos el camino a mano izquierda hasta llegar al mirador del Castell, desde el que se pueden disfrutar de unas magnificas vistas del pantano de Sau. Allí nos detuvimos un buen rato, contemplando el paisaje del pantano al fondo y los riscos que lo rodean. El pantano estaba lleno a rebosar, y de la pequeña iglesia que se encuentra en su interior apenas asomaba la punta del campanario. Por aquel entonces hacia calor, mucho calor, y viendo aquel paisaje nos venían a la cabeza recuerdos de agradables paseos en Kayak por lugares parecidos. Sin duda haremos una próxima salida al pantano de Sau para disfrutar de la frescura de sus aguas.
Decidimos continuar hacia el Puig de la Força, un impresionante peñasco desprendido del resto de la montaña, al que lo une un pequeño collado. Este es un mirador inmejorable sobre el embalse de Sau, las Guilleries, la Plana de Vic, las riscos de Santa Cilios y la Sarmiento, el vallecito del Noguer y el salto del Tirabous.
El acceso hasta él se realiza por una emocionante senda señalizada que sale desde las proximidades del mirador del Castell. Hay que fijarse bien ya que aunque esta bien señalizado resulta fácil no ver el desvío y continuar por el camino principal. La senda desciende a través del risco por una estrecha grieta, hasta llegar a un pequeño Rellano. Sigue hacia la derecha por una estrecha repisa, a mitad del risco, pasando por la Balma del Castillo. En unas decenas de metros se llega hasta el colladito del Puig de la Força.
Entre la vegetación, cerca del collado, se pueden ver lienzos de paredes de lo que se supone que era el castillo de Cornil, de los señores de Tavertet. También desde el collado, en la vertiente de Sau, empieza la faja que recorre toda la riscal hasta Tavertet, y enlaza con la faja que continúa hasta la Canal del Teix, cerca de la casa de l’Avenc.
Desde el mismo colladito se puede bajar hasta el pantano de de Sau, por el camino de Perallonga, que sale por la vertiente de bala, un camino muy bonito que da la vuelta al risco del Puig de la Força pero que en esta ocasión decidimos no hacer. Empezaba a ser tarde, el hambre apretaba y lo que es aun peor nos estábamos asfixiando de calor. La temperatura había subido hasta más de 33ºC y yo creo que pocos de los que nos encontrábamos haciendo el recorrido habíamos previsto tales condiciones climáticas. No sin cierto agotamiento por tanto calor llegamos de vuelta a la autocaravana. El parking se encontraba repleto a esas horas, y aunque el sol apretaba con fuerza decidimos no moverla y quedarnos allí a comer.
El calor no cesaba, y una vez comido y después de pegarnos una refrescante ducha decidimos ir a l’Esquirol para encontrar un lugar a la sombra en el que dejar la autocaravana y empezar a ver el ambientillo que se respiraba en la población. Teníamos alguna otra visita prevista pero sin duda el asfixiante calor nos hizo desistir en dar demasiadas vueltas con la autocaravana.
Dimos un par de vueltas por la población. Sin duda l’Esquirol estaba sitiada por ciclistas. Coches provistos de porta bicis se encontraban aparcados por todas partes mientras que la calzada ahora era propiedad de los ciclistas. Grandes, pequeños, padres, hijos, e incluso abuelos habían adoptado la bicicleta como único medio de automoción!.
Antes de salir habiamos preguntado a la organización del evento sobre las posibilidades de pernocta con una autocaravana por los alrededores, quienes nos pusieron en contacto con el Mas el Puig, una pequeña masia emplazada en medio de un amplio prado verde en el que cada año se prevé una zona de acampada apta para cualquier elemento de acampada del que uno disponga. Conseguimos llegar e ella sin demasiadas dificultades. Allí una amable chica nos comentó el funcionamiento del lugar. Por un precio de 9 euros por persona podíamos acampar donde quisiéramos y disfrutar de los servicios de aseos, ducha, y salón con Televisión de que disponían. Lástima que no dispusieran del único servicio que a nosotros nos hubiera interesado, la conexión de luz, pero sin duda la ubicación de la zona de acampada era inmejorable, junto a la salida de la carrera, y el ambientillo que allí se respiraba obligaba a quedarse en aquel lugar.
Después de hacer un poco de todoterreno logramos encontrar una plaza más o menos con sombra, y tras dejar la autocaravana bien aparcada nos fuimos a dar una vuelta por el recinto para ver el ambientillo que se respiraba. Además de la carrera del domingo el Cabrerès tiene más eventos previstos como son la Minicabrerès, una “carrera” en btt para niños de 4 a 16 años, y el Open Barcelona para ciclistas federados. Era realmente curioso ver a los niños correr arriba y abajo en sus pequeñas bicicletas con su dorsal, emocionados por participar en un evento de tal magnitud. Por otro lado, los ciclistas federados se esforzaban por obtener el mejor resultado en las distintas vueltas que tenían que dar al circuito de 8 kilómetros que había preparado.
El campo de fútbol del esquirol se había convertido en el centro de reunión de todo aquel gran número de aficionados al mundo del ciclismo. Había allí preparadas distintas carpas, algunas de la organización, algunas de fabricantes de bicicletas que exponían sus mejores modelos, otras con interesante información de rutas en bici que hacer por Catalunya. En medio del campo una gran carpa hacia de bar con el que saciar la sed de todos los que allí nos encontrábamos.
Anduvimos allí el resto de la tarde, disfrutando de aquel magnifico entorno, refrescándonos como podíamos del asfixiante calor, y encontrándonos con algunos de los amigos con los que teníamos previsto correr al día siguiente. La noche llegó, y regresamos a la zona de acampada. El prado se hallaba repleto de tiendas, autocaravanas, caravanas, carros tienda, que ultimábamos los preparativos para el día siguiente. Las barbacoas empezaron a arder y es que no hay mejor manera de celebrar un evento como ese que una cena entre amigos. Pero al día siguiente había que madrugar así a una hora prudencial el silencio se fue poco a poco apoderando del lugar, silencio que únicamente la juerga que tenían montada unos portugueses truncó durante algún momento.
DOMINGO.
El día empezó muy pronto para todos. No eran todavía las seis y media cuando los portugueses empezaron a pegar voces. “Que marcha que tienen esta gente” pensamos, pero evidentemente la hora de inicio de la carrera eran las 7 de la mañana y los ciclistas tenían que ponerse en marcha.
Tres mil eran los ciclistas previstos para la carrera y lógicamente no pueden salir a la vez. Es por ello que la organización ofrece un intervalo de dos horas (de 7 a 9 de la mañana) durante los que poder salir. Un chip bien atado al tobillo marca la hora exacta de salida y llegada de cada uno de los corredores, por lo que no se trata de salir el primero sino de ser el más rápido. Seis amigos éramos los que teníamos previsto correr el Cabrerès. Dos de ellos, los que estaban mas en forma, decidieron salir a las siete de la mañana para hacer el recorrido largo denominado “Golden Race” de 65 Kilómetros. Los cuatro restantes quedamos a las ocho con intenciones de hacer el corto, de mas de 40 Kilómetros, que para alguien que no esta acostumbrado ya son muchos.
Entre preparativos, charlas y fotografías acabamos saliendo cuando apenas faltaban quince minutos para las nueve de la mañana. Tampoco había prisa pues eran muchos los kilómetros que había que recorrer. El nerviosismo era evidente en las primeras pedaladas. Estábamos fríos y el mapa de la ruta preveía un primer tramo con una subida más o menos continua de más de cinco kilómetros, así que nos lo tomamos con calma. La mala suerte quiso que perdiera el bidón de agua en el primer kilómetro de la carrera así que llegue al primer avituallamiento con necesidad de pegar “un buen trago”. Los trozos de naranja que allí ofrecían sabían a gloria, y el agua, aunque no saciaba nuestra sed, si consiguió refrescarnos un poco.
Continuamos con la ascensión que luego muchos calificaron como una tortura y llegamos al Coll de Sant Crist, lugar en el que descubrimos el porque de la singularidad del evento. Allí, rodeados de montañas entendimos que aquellos eran lugares de increíble belleza, difíciles de acceder, que la Cabrerès nos permitió descubrir. Pequeños senderos que raramente nos atreveríamos a realizar por nuestra cuenta nos condujeron hasta aquel lugar que parecía estar sacada de un cuento de niños.
Una vez llegamos al punto mas alto de la ruta iniciamos un rápido descenso, a ratos por amplias pistas en los que nos divertíamos haciendo volar las bicis, a ratos por técnicas trialeras que nos hacían esforzarnos al máximo para no caer rodando montaña abajo, así hasta llegar a Cantonigrós, el ecuador de la ruta, en el que había preparado un pequeño almuerzo. Bocadillo de butifarra, zumo de naranja y vino para quien lo quisiera, manjares que a cualquiera le pudiera parecer nada apetecibles tras recorrer mas de 20 Kilómetros en un caluroso día como aquel, pero que una vez delante devorábamos ansiosamente. Cierto es que la Cabrerès es una carrera pero allí nadie tenia prisa. Nuestra meta era llegar y por el momento todos nos sentíamos muy orgullosos de ver hasta donde habíamos llegado. Hombres y mujeres de todas las edades descansábamos comentando los pormenores de la ruta. Caídas, pinchazos, rampas y demás sufrimientos forman parte de esta pequeña aventura.
Una vez descansado volvimos a iniciar la marcha, he de admitir que con bastante menos brío que al inicio de la ruta. Por si no tuviéramos bastante con el cansancio acumulado justo después de la parada, con las piernas frías y el bocadillo todavía en el estomago, la organización nos condujo a otra interminable subida que nos hizo sufrir bastante. El paisaje, siempre excepcional amenizaba una carrera cuyo final empezábamos a desear alcanzar con ansias.
Continuamos pedaleando durante largo rato hasta que poco antes de llegar al último avituallamiento, en una fuerte y pedregosa bajada mi bicicleta se resintió. De repente los pedales se endurecieron. Algún problema parecía haber con el eje del pedalier. Hay que decir que mi querida bicicleta tiene ya sus años, y aunque esta cuidada y mimada lejos quedan aquellos momentos en los que era una admirada bicicleta de montaña. Logramos llegar hasta el avituallamiento donde me hice con un bote de aceite con el que intentar subsanar el problema. Mejoró, pero no se solucionó, así que tras refrescarnos y coger fuerzas me dispuse a hacer los últimos diez kilómetros de la carrera con el sobre -esfuerzo que significaba pedalear en aquellas condiciones.
Por suerte salvo algún pequeño tramo de subida casi todo el último trayecto fue de bajada. Eso si, un autentico pedregal que aparte de deleitarnos con unos increíbles paisajes destrozó nuestros brazos y espalda haciendo que al acabar la carrera nos dolieran mas estos que las propias piernas.
Finalmente vimos l’Esquirol a lo lejos, y una fuerte subida que nos conducía hasta él. En bici o a pie todos nos apresurábamos en recorrer aquellos últimos metros para llegar a la tan ansiada meta. Llegamos aplaudidos por los amigos que allí nos esperaban. Habían pasado casi cinco horas desde que salimos, tres y media pedaleando según nuestros cronómetros. Evidentemente no íbamos a ganar la carrera pero tampoco era esa nuestra intención, tan solo habíamos asistido para pasarlo bien y así lo habíamos hecho. Habíamos disfrutado de los increíbles paisajes que la Cabrerès nos había permitido conocer, y divertido montando en bici como hace tiempo que no lo hacia.
Una vez recogido el mallot de regalo que dan a todos los participantes, duchados y bien refrescados nos dirigimos al Hostal Collsacabra donde habíamos reservado mesa. Allí, todos juntos, pudimos compartir un agradable momento degustando la magnifica comida casolana que en aquel restaurante preparaban, riéndonos recordando las mil anécdotas que a cada uno de nosotros nos habían sucedido durante el día, y por que no empezando a planificar la del año que viene. Porque aunque a fecha de hoy todavía nos estemos recuperando del cansancio de la carrera tenemos claro que, si podemos, el año que viene repetiremos la experiencia de la Cabrerès•BTT, un evento que ha conseguido ir más allá de ser simplemente una prueba deportiva y se ha convertido en el punto de encuentro de miles de aficionados a la bicicleta de montaña y al deporte en general.
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Vaya lugares que tenéis escondidos. Increíbles fotografías.
Me apunto las fechas y al año que viene me acerco ya que toda esa zona es desconocida y por lo que leo en algunos de tus comentarios, es un delito no visitarla.
Que bien, lo que más me gusta AC, BTT y a jugarrrr…….
Hola apegado!!! Que alegria volver a leerte
En primer lugar no te preocupes, no conocer aquello es “un delito” que incluso muchisimos catalanes hemos cometido durante tiempo!
En segundo lugar, tomo nota para avisarte con tiempo para el año que viene. A este paso la lista de autocaravanistas que asistiremos sera larga. Lo cierto es que la cabrerès es una fiesta de la bicicleta que merece la pena disfrutar, además porque te permite descubrir aquella zona como a ninguno no seria posible por nuestra parte.
Un saludo!!
[...] también una cita pendiente que teníamos en la agenda desde al año pasado, cuando aprovechando la celebración del Cabreres-BTT, una salida en bicicleta de montaña a la que Conrad asistió, tuvimos además ocasión de [...]
Vaya vaya sigo de alegria en alegria, en este nuevo blog descubierto de casualidad ja ja ja, en la fotografia que hay de la zona de acampada sale mi antigua caravana si el de la grande era yo ja ja ja, este año iremos pero con “Can corco” saludos.
gralla, en primera fila estabas? Nosotros nos pusimos bajo los arboles, resguardados del solazo que hizo todo el fin de semana! La verdad es que es una pasada los lugares que te permite conocer el Cabreres. Por poco que podamos este año repetiremos!
Un saludo y lo dicho, nos alegra tenerte por aquí!