Entre castillos, bosques y desiertos…!

ene 25, 2007 by     3 Comments    Posted under: Autocaravana, Grandes viajes

El puente de la Purísima es para muchos esas pequeñas vacaciones tan necesitadas y esperadas tras el verano. Es por ello que hacia ya tiempo que teníamos bastante meditado el destino. Tras descartar Andorra por sus mas que probables aglomeraciones y la poca nieve que estamos teniendo este año, el reino de Navarra fue el elegido para disfrutar de estos días.

En esta ocasión fué en compañía de unos buenos amigos, Jordi, Malena y sus peques, con quienes desde hacia tiempo habíamos decidido compartir estas “mini-vacaciones”, y la verdad es que muchas veces mas que el sitio, lo importante en un viaje es la compañía.

Tras buscar por Internet y recibir bastante información que amablemente nos hizo llegar por correo la Oficina de Turismo de Navarra, decidimos escoger el pueblo de Mendigorria y mas concretamente el camping el Molino como nuestro campamento base, y desde allí ir a visitar todo lo que pudiéramos. Salimos de Barcelona el martes por la tarde, dirección Pamplona, tomando el camino fácil, todo autopista, y casi sin darnos cuenta estábamos cenando ya en Zaragoza, poco antes de la media noche llegamos a la puerta del camping. Allí descubrimos que los hombres del tiempo no siempre fallan, y el mal tiempo que tanto anunciaban se empezó a hacer presente. Así es que, entre la que estaba cayendo y no ver mucho movimiento en la recepción del camping decidimos pernoctar en el amplio parking que hay a la entrada, algo a lo que ya nos vamos acostumbrando.

A la mañana siguiente, tras hacer el registro del camping y confirmar que estaba medio vacío por esas fechas, salimos a dar una vuelta por los alrededores. No anduvimos mucho con la auto cuando nos encontramos con las ruinas romanas que se encuentran en el pueblo de Andelos. El agradable paisaje y sus llanuras invitaban a dar un buen paseo, no así el fuerte viento que soplaba, que nos hizo cambiar de idea y continuar el camino con la Auto.

Ya algo justitos de tiempo ante la inminente llegada de nuestros “compis” paramos en el pueblo de Artajona, donde pudimos contemplar su conjunto fortificado denominado ”el Cerco” en el que se haya la Ermita de Nuestra señora de Jerusalén. El invierno tiene el gran problema de anochecer muy pronto, y entre la comida y la charla de sobremesa el día se volvió noche, con lo que aprovechamos para ir al pueblo de Olite a dar un paseito y disfrutar de su casco antiguo y de su decoración navideña, hasta que las bajas temperaturas nos obligaron a regresar al calor de nuestras auto/caravanas, para echar unas buenas risas.

El jueves amaneció gris y lluvioso, tras una noche tormentosa en el camping, pero aun así pudieron mas las ganas y regresamos de nuevo a Olite, donde nos había quedado pendiente la visita al castillo, el que aún habiéndolo visitado ya hace un par de años no nos cansamos de volver a verlo. Bien abrigados y paraguas en mano, subimos a tantas torres como nos fue posible, hasta que el hambre empezó a apretar y partimos hacia Pamplona con la esperanza de encontrar un buen lugar para comer, algo que puede parecer fácil, pero que resulto ser tarea casi imposible.

Ya con la panza llena disfrutamos de un agradable paseo por el casco antiguo y el Parque de vuelta del Castillo que rodea la Ciudadela, donde sorprende ver tanta variedad de animales en el centro urbano de una ciudad. Lastima del mal tiempo que quitaba las ganas de seguir paseando por las calles de tan maravillosa ciudad.

Nuestro tercer día en Navarra amaneció nuevamente gris, algo que aun que no nos desanimaba, si empezaba a “cansar”, pero cual fue nuestra sorpresa cuando tras tomar rumbo sur en dirección al desierto de las Bardenas Reales empezó a resplandecer un magnifico sol que presagiaba un gran día de turismo.

Sin apenas muchas indicaciones llegamos al Monasterio de Nuestra señora del Yugo. Situado en lo alto de una cima, desde allí pudimos contemplar con magnificas vistas toda la extensión del desierto de las Bardenas, y las curiosas formaciones rocosas que mas tarde podríamos contemplar de cerca. Allí mismo también, un paisano nos indicó el camino a seguir para llegar a la mas famosa de todas ellas, el “castildetierra”, y desde allí hacer una pequeña ruta por el desierto.

El “castildetierra” nos gustó, y así mismo las Bardenas negras, las rojas y las blancas, que pudimos contemplar por una agradable ruta de unos 20 o 30 Kms que decidimos repetir mas adelante en bicicleta. Si aquella zona de Navarra se caracteriza por algo es por la quietud de sus tierras. Entre pueblo y pueblo son pocas las edificaciones que uno se encuentra, así que haciendo caso a los consejos del paisano nos fuimos antes del anochecer dado lo fácil que resulta allí perderse durante la oscuridad de la noche.

Finalmente volvimos a ver el sol en el camping, y el domingo el día empezó con un sol radiante, algo que da “buen rollito” cuando uno se levanta y sale de la auto. Lastima que un fuerte resfriado nos privara de continuar disfrutando de la compañía de Jordi y Malena, quienes lógicamente decidieron anticipar la vuelta. Viéndonos allí solitos, y habiendo ya vaciado y repostado los depósitos de la auto la noche anterior, decidimos entontes dejar el camping y continuar la ruta con la auto hacia el norte de Navarra, dirigiéndonos a otro de los lugares de interés que habíamos marcado para visitar, la Selva de Iratí.

Primera parada: Roncesvalles. El buen tiempo con el que había amanecido nos había abandonado por el camino. Es mas, hacia un frío de tres pares de narices. Vaya, como que en las cumbres allí cercanas se presagiaba una buena nevada (y nosotros sin cadenas). Tan abrigaditos como pudimos salimos a dar una vuelta por el pueblo, donde aprovechamos para hacer la visita guiada por el monasterio, el museo y sus alrededores, algo realmente recomendable para conocer bien los orígenes del lugar.

Retomamos el camino dirección a Ochagavia, desde donde se inicia la ruta a la Selva de Iratí, camino que se hizo mas largo de lo previsto ya que la belleza de los paisajes nos invitaba a parar en innumerables lugares ya fuese a disfrutar de un agradable paisaje, del encanto de un pueblecito, o la curiosidad de un puente. Tan distraídos fuimos que al llegar a Ochagavia creímos recomendable no iniciar ruta a pie hacia el interior de la Selva de Iratí debido nuevamente al mal tiempo, y la inminente llegada de la noche. Eso si, disfrutamos de aquel magnifico pueblo, hasta que la oscuridad no nos permitió ver mas allá de nuestros pasos.

No era tarde, serian las 6 y media cuando decidimos (o en este caso decidí) avanzar un poco mas en nuestra ruta hasta el Roncal, aun siendo de noche, para así al día siguiente poder aprovechar mas el tiempo antes de la vuelta. Una decisión quizás acertada, quizás arriesgada, lo cierto es que cruzando aquel ultimo puerto de montaña, de noche, se puso a nevar (y nosotros sin cadenas!!!!!). Eso si que hubiese sido un estreno de auto, atrapados en la nieve. Por suerte, la cosa no fue a mas, y poquito a poco conseguimos llegar hasta Isaba, primer pueblo tras aquel eterno puerto de montaña, inicio del Valle del Roncal. Allí encontramos un pequeño parking (no demasiado tranquilo) donde pudimos hacer noche y descansar del estrés de la nevada.

Nuestro ultimo día amaneció soleado y con las montañas teñidas de blanco por la nevada al fondo. Ciertamente no creo que sin cadenas hubiésemos podido cruzar aquel puerto por la mañana. Iniciamos nuestro viaje de vuelta bajando por el Valle del Roncal, a la orilla del río Esca, donde pudimos contemplar la maravilla de sus paisajes, tan a menudo sorprendidos por los saltos de agua a pie de carretera.

Tras descender el valle llegamos al embalse de Yesa, última parada “turística” de nuestro viaje, y realmente gratificante. Un lugar que desconocíamos totalmente y nos ha sorprendido por lo contrastada de su belleza. Por las orillas del embalse anduvimos un buen rato, hasta que la hora empezaba a anunciar el regreso obligado a Barcelona y el fin por lo tanto de la ruta. Una ruta en la que hemos podido disfrutar de un tiempo realmente cálido para las fechas. Donde hemos conocido parte de una comunidad, Navarra, que realmente desconocíamos y nos ha sorprendido por la variedad de su geografía. Y sobretodo, donde hemos aprendido que esto de la auto nos gusta aun mas de lo que pensábamos!!!

* Un agradecimiento en especial a la familia de Jordi y Malena por compartir con nosotros este viaje, así como por dejarnos la cámara de fotos, tras fallecer la nuestra, y poder realizar así este relato.

3 Comments + Add Comment

  • ¿Pero como es posible que no conocierais Navarra? A los que somos de la Ribera del Ebro nos dejaís de pasta de boniato….

    Muy buen relato, pareja (aunque lo de no encontrar donde comer en Pamplona es como de ciencia ficción…..)

    Quincho

  • Tan cerquita y tan lejos quincho … y todo los que nos queda por conocer todavia!!!

    Lo de no comer no es que no hubiese sitios … es que estaban todos llenos!!

    Un saludo y me alegra q te haya gustado!

  • Hola pareja!…
    Ahora sólo os falta subir un poquito mas al norte y visitarnos a nosotros.

    Ya sabeis que aqui os está esperando la “bambinilla” y toda la familia….

    Por cierto, esta semana santa nos vamos nosotros a Navarra. Creo que iremos a algún camping cerca de Irati.

    Besos desde Bermeo.

    Roberto

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