La Alemania de las mil caras: Baden- Württemberg

may 1, 2011 by     12 Comments    Posted under: Autocaravana, Grandes viajes

Malos contra buenos en una carrera contrarreloj para encontrar al creador de la mina Polaris, antes de que un gran cataclismo destruyera el mundo por completo. La Resistencia contra el mas férreo nacismo, luchas en el fondo del mar con baqueros repeinados y risas que se escapan recordando esta loca película, todo ello silenciado por el gran secreto, Top Secret!!!!

No creáis que nos hemos vuelto locos, al menos no más locos de lo que ya estábamos antes de salir de Barcelona. Os ha parecido estar protagonizando una de vuestras películas favoritas en alguna ocasión? Esto es lo que nos ha sucedido en muchos momentos de nuestro viaje a Alemania, ya que nos ha parecido estar viviendo algunas de las escenas de ésta peculiar película de humor. Nos vimos envueltos en paisajes en movimiento, en museos post-atómicos, en casas de colores alegres y diálogos con gentes de rudo lenguaje, en ciudades que se dividieron en dos por intereses económicos. Nos subimos a bordo de viejos trenes, que insuflaban a la atmósfera densas columnas de vapor de agua. Disfrutamos de parajes impresionantes y de gentes no menos excepcionales.

Como atrapa Alemania! Esa Alemania que nos ha enseñado sus mil caras: la plateada del Mar Báltico, la azul de sus regiones lacuestres, la silenciosa de sus lagos cristalinos, la blanca de sus cumbres borrascosas que se abren milagrosamente ante nuestros ojos, la multicolor de la modernidad de un Berlín repleto de vida. Un país lleno de contrastes que nos ha fascinado desde el primer momento.

Alemania se erigió como destino de nuestras ansiadas vacaciones de verano por méritos propios. Y digo esto básicamente por que no era éste nuestro destino previsto. La idea era visitar la República Checa y aprovechar para ver parte de la región de Sajonia e incluso llegar a Berlín, una ciudad que hacia tiempo teníamos ganas de visitar. Pero ya en la librería, buscando información para preparar nuestro viaje, fuimos poco a poco quedándonos boquiabiertos ante todo lo que el país germánico nos ofrecía, en la misma medida en que nos decepcionábamos al no encontrar información de la República Checa, más haya de la mítica ciudad de Pragha. Fue por ello que, visto lo visto, decidimos centrarnos en Alemania para nuestra ruta de verano.

Habíamos leído infinidad de relatos de viajes al país Germano, pero si algo tuvimos claro desde un primer momento, era que nos queríamos alejar de los lugares mas turísticos y masificados. Conocíamos ya la Selva Negra y algo de Baviera, y habíamos leído mucho sobre el Valle del Rihn y la Mosela, pero nos pareció que Alemania era un país que nos podía ofrecer mucho más que todo eso.

Rápidamente comenzamos a señalar todos aquellos lugares que más nos llamaban la atención, desde las altas cumbres Alpinas hasta la fría costa del Báltico, haciendo una mezcla entre espacios naturales, visitas culturales, y como no, algo de historia, pues tristemente Alemania tuvo un importante papel en la historia mundial. Sin embargo, no quisimos centrarnos en las desgracias y desventuras que la guerra causó en dicho país, véase, campos de concentración, etc… sino que intentamos descubrir los lugares mas singulares y curiosos que el nacismo nos dejó como legado, para así poder disfrutar de una mirada diferente de este país.

Evidentemente, tuvimos que dejar muchísimos emplazamientos en el tintero, pues la ruta no podía sobrepasar los 22 días de que disponíamos. Finalmente, trazamos un recorrido que empezaría en la frontera con Suiza,  ascendiendo poco a poco atravesando el país entero hasta su costa norte, en el Báltico, y luego descenderíamos por su lado este, disfrutando de su capital, Berlín, y de alguna otra sorpresa que nos encontraríamos por el camino.

No hubo demasiados preparativos previos para este viaje, pues Alemania pertenece a la Unión Europea, lo cual significa viajar “como si estuviéramos en casa”. Tan solo la precaución de disponer de la tarjeta sanitaria europea o algún seguro de viaje por si tuviéramos cualquier incidencia, las vacunas al día de nuestra intrépida compañera de viaje, Gish, y la tramitación del adhesivo con la clasificación ecológica del vehículo. Este es un adhesivo del que hay que disponer para entrar en algunas de las ciudades o zonas del país en las que está restringido el acceso a los vehículos “poco ecológicos”. Se puede adquirir en cualquiera de las estaciones TÜV que hay en Alemania, pero para evitar contratiempos, nosotros preferimos tramitarlo a través de la central que TÜV dispone en Madrid. Muy diligentes, tras el pago de aproximadamente 20 euros y en apenas tres días nos llegó a casa el adhesivo que ya tenemos pegado en el parabrisas de “Suny”, y el cual teóricamente tiene validez indefinida.

Por último recalcamos, que hay que tener en cuenta la climatología cambiante del país, en el que durante el mes de agosto uno puede tanto asarse de calor, como sufrir un clima casi invernal. Comentar que durante nuestro viaje hemos soportado bastante lluvia, pero emulando la actitud de los lugareños hemos puesto al mal tiempo buena cara, no dejando que la climatología condicionara la realización de las actividades que teníamos planeadas. Eso si, conviene ir preparado para casi cualquier situación. Y tras este pequeño preámbulo, os paso a relatar el desarrollo de nuestro viaje, que para esta ocasión hemos divido en seis partes:

1- Baden-Württemberg
2- Alemania central, englobando zonas como la baja Sajonia-Bremen, Turingia y Sajonia-Anhalt, y Norte de Baviera.
3- Costa del Baltico.
4- Berlin
5- Postdam y Sajonia
6- Los Alpes

Día 1 Barcelona – Aigues Mortes

Algo más de mil kilómetros nos separaban de nuestro primer destino, las cataratas del Rihn, en Suiza, por lo que decidimos dividir la ruta en un día y medio de viaje. Tras debatirlo, consideramos mejor hacer primero medio día de camino, para así tener mas tiempo para preparar la auto, y dejar la jornada entera de viaje para nuestro segundo día de ruta. Lo cierto es que a priori parecía una opción muy lógica, pero luego sobre la marcha no nos gustó nada.

Salimos de Barcelona después de comer, relativamente cansados pues nos habíamos pasado toda la mañana preparando el equipaje y cargando la auto. La idea era quedarnos en las inmediaciones de Montpelier, antes de tomar la autopista hacia Lyon, pero siempre que iniciamos un viaje tan largo las primeras jornadas se nos hacen interminables. Quizás sean las ganas por llegar al destino, o quizás lo desentrenados que estamos, pero lo cierto es que aquellos primeros cuatrocientos Kilómetros parecían no acabarse nunca, sobretodo una vez que se hizo de noche.

Tampoco ayudó mucho el hecho de no tener demasiado planeado el tema de nuestro primer lugar de pernocta. Apenas teníamos señaladas un par de áreas en las que no habíamos estado nunca, lo cual supuso el primer contratiempo del viaje. Llegamos a La-Grande-Motte, una población demasiado alejada de la Autopista para nuestro gusto, y nos encontramos un área pegada a la carretera y masificadisima. Además, junto a ella se encontraba una feria abarrotada de gente y atracciones, pues al parecer era fiesta mayor en la población. No nos pareció aquel un lugar demasiado tranquilo en el que pasar la noche, por lo que decidimos continuar hacia adelante. Nuestra siguiente opción se encontraba en la vecina población de Le Boucanet y si he de deciros la verdad, todavía hoy no se si existe tal área. Dimos mil vueltas, y ni siguiendo las coordenadas, ni las indicaciones conseguimos encontrarla. Tampoco la población, muy veraniega y masificada, nos pareció un lugar tranquilo en aquella noche de sábado, por lo que resignados decidimos continuar hacia delante.

Miramos en el mapa y ya solo nos quedaba la opción de Aigues Mortes. Allí no habíamos dormido nunca, pero al menos conocíamos el lugar y lo recordábamos tranquilo. Estaba algo más alejado de donde nos encontrábamos, por lo que llegamos ya cerca de la media noche, demasiado tarde pues el área estaba completa. Cansados por esta ridícula situación en nuestro primer día de viaje, a tan pocos Kilómetros de casa, decidimos aparcar junto a otro par de autocaravanas en el exterior del área y pasar allí la noche.

Día 2 Aigues Mortes – Rheinfalls.

Nos levantamos perezosos, debido al primer día de viaje tan ajetreado que habíamos tenido. Por suerte, la opción de pasar la noche fuera no había sido finalmente tan mala, y salvo la eterna pelea que tuvimos contra la gravedad, para no caer de la cama por lo inclinada que estaba la autocaravana, nada nos había molestado durante la noche.

Ansiosos por llegar a nuestro destino, pero con la evidente morriña que siempre nos sucede hasta adaptarnos a ese horario “europeo”, que tanto nos gusta llevar durante nuestros viajes, salimos de la cama y empezamos a preparar la autocaravana para iniciar la marcha lo antes posible. Por delante nos esperaba un largo día de Kilómetros hasta llegar a nuestro destino, y no estaba en nuestros planes hacer ninguna otra parada, que las estrictamente necesarias para comer y estirar las piernas.

Abrimos el mapa y vimos que teníamos dos caminos posibles para llegar hasta las cataratas del Rihn. Una era entrar a Suiza por Ginebra, y cruzarla hasta llegar a las cataratas, situadas en la población de Schaffausen, al norte de Winterthur; la otra era bordear el país transalpino por el norte y acceder a las cataratas desde Alemania. Todavía no se muy bien porque elegimos esta segunda opción, supongo que fue para evitar el coste de la famosa viñeta suiza, pero teniendo en cuenta que para nuestro regreso tendríamos que deshacer gran parte de dicho camino, sin duda nos hubiese salido más económico comprarla y hacer ida y vuelta cruzando dicho país.

De cualquier forma, el día iba a consistir únicamente en aburridos Kilómetros de autopista, y en un derroche de euros en peajes y gasoil hasta llegar a nuestro destino. El recorrido elegido nos llevó a pasar por las poblaciones de Lyon, Besançon, Mulhouse, y Freiburg. A partir de aquí abandonamos la autopista para adentrarnos poco a poco en los verdes bosques de la Selva Negra, a través de minúsculas carreteras que sirvieron de bálsamo a nuestros cansados ojos, ansiosos por empezar a saborear los primeros tesoros de esta ruta.

Llegamos a la frontera con Suiza cuando ya apenas quedaba un rayo de luz. Íbamos por una sinuosa carretera de montaña cuando nos encontramos de repente con el puesto fronterizo. Extrañamente nos hicieron detenernos y nos pidieron la documentación, me imagino que estarían aburridos. A los pocos minutos nos la devolvieron y supongo que nos dirían algo referente a la viñeta que hay que tener para circular por autopistas, pues no entendimos nada de lo que decían, ya que tan solo hablaban alemán, y ni tan siquiera hicieron el intento de hablar ni que fuera un poquito de inglés. Sorprendidos por este frío recibimiento nos adentramos en Suiza, en dirección a la población de Schaffausen.

Llegábamos a ella cerca de las diez de la noche, y nos sorprendió encontrarnos una población prácticamente desierta a aquellas horas. Cuan diferente a nuestro país, pues en España, cualquier pueblecito por pequeño que sea, tiene mas ambiente en la calle que aquel en pleno verano. Encontramos las cataratas con facilidad, pues se hallan pegadas a la población. Preciosas, iluminadas con un sutil tono azul que nos cautivo nada mas verlas. Rápidos nos dirigimos al parking para autocaravanas, situado apenas a unos minutos del pié de la catarata. Cuando llegamos ya había en él varias “autos”, lógico pues como ya habíamos leído se puede pasar la noche en él a un precio razonable.

Aparcamos y cenamos rápidamente, pues aunque cansados, estábamos ansiosos por empezar a descubrir el lugar, por lo que decidimos ir a dar una pequeña vuelta. Bien pertrechados con linternas, pues el camino estaba totalmente a oscuras, nos dirigimos al pié de la cascada. Apenas dos parejas además de nosotros, se encontraban disfrutando del lugar, cuya tranquilidad tan solo se quebraba por el rumor de la cascada. Fuimos afortunados pues al poco rato de llegar y hacer algunas fotos, la iluminación de la catarata de repente cesó. -”Menos mal, al menos hemos conseguido verla”- pensamos, con cara de cansancio pero con la ilusión reflejada en nuestros rostros, por haber visto aquella pequeña maravilla multicolor. Iniciamos el camino de regreso a la autocaravana dispuestos a descansar.

El día había sido largo y cansado, pero ya estábamos en nuestro destino. Tan solo nos quedaba empezar a disfrutar de la ruta, o al menos eso era lo que nos imaginábamos en aquel momento de la noche, nada más alejado de lo que luego fue la realidad.

Día 3: Rheinfalls – Konstanz

Por fin nuestro viaje comenzaba a tomar forma. Pasado el trámite de los aburridos Kilómetros de viaje hasta Alemania, ahora solo nos quedaba empezar a disfrutar. Además, este año habíamos tenido la precaución de escoger muy bien el trazado de la ruta, para que los Kilómetros a recorrer en cada etapa no fueran demasiados. Y como primer plato, las Cataratas del Rihn, un destino que hacia años que teníamos en “mente” y finalmente íbamos a conocer.

El Rhin fluye a través de tierras esmeralda, a su paso por pequeños pueblos medievales, algunos de ellos engarzados con preciosos castillos. A excepción de Schaffhausen, en la que de repente el Rhin se apodera de rocas y peñascos en una vertiginosa caída de mas de treinta metros de altura. Ofrece un espectáculo fantástico, a parte de ser la catarata más grande de Europa con un caudal nada despreciable de unos 700 metros cúbicos de agua por segundo, en una caída atronadora sobre las rocas que deja sin aliento.

Desde las alturas y entre las brumas provocadas por el agua pulverizada, encontramos el solitario Castillo de Schloss Laufen, que en la actualidad funciona como hotel, con unos precios altamente asequibles, creo recordar que de 22 euros/persona. Para que luego digan que Suiza es cara.

El día se había levantado algo nublado pero era temprano, y parecía que en poco rato despejaría. Desayunamos y vimos que el día había abierto por completo, y es que apenas estábamos saliendo de la autocaravana cuando unos cálidos rayos de sol comenzaron a asomarse. Los primeros coches empezaban a llegar al amplio parking en el que nos encontrábamos, así que decidimos aprovechar nuestra ventaja para visitar las cataratas tranquilamente.

Nos dirigimos a los pies de la misma, pero en esta ocasión elegimos un pequeño sendero que, cruzando el bosque, nos condujo a la orilla del Rihn desde el que teníamos unas magnificas vistas de la cascada. Sin duda es impresionante, aunque su ubicación, rodeada por la urbe, la hace algo menos salvaje y atractiva de lo que nos habíamos imaginado.

Quisimos darle un poco de emoción al asunto, así que nos dirigimos al lugar desde el que salían las barcazas haciendo varios recorridos. Muchas son las opciones, pero en nuestro caso una era la intención: llegar a lo mas alto del peñasco que se halla situado en el centro de la catarata. Tras pagar los 5,5 euros por persona, embarcamos e iniciamos la excursión hacia el epicentro de la catarata.

A los pocos segundos estábamos inmersos en una niebla de agua que reflejaba un perfecto arco iris que nos dejo absortos en su visión. El conductor, muy hábil, se dirigió de frente contra el pequeño embarcadero, se colocó sobre él, y sin detener el motor para que no se lo llevara la corriente, nos ordenó bajar de la barcaza y subir al grupo que allí se encontraba esperando. Sin duda una singular forma de bajar de un barco. Una vez allí, una estrecha y empinada escalera conducía hasta la cima del peñón. Todo el mundo se abalanzó sobre ella para llegar a la cima. Nosotros, que no teníamos prisa, nos quedamos contemplando el paisaje y para cuando hubo cesado su ansia, subimos hasta la cima.

El lugar era singular, quizás no tan impresionante como pueda perecer, pero en el que sin duda todos queríamos hacernos la foto. Al rato descendimos, tomamos la barcaza de vuelta, e iniciamos el recorrido a pié que rodea la catarata para llegar hasta su parte alta. Mas tarde, continuamos hasta el castillo de Laufen, desde el que también se obtiene una magnifica panorámica de la cascada, previo pago, por supuesto. Nosotros, que ya habíamos saciado nuestras ganas por descubrir el lugar, y viendo la cantidad de gente que comenzaba a llegar, iniciamos el regreso hasta la autocaravana, por los túneles y vías que allí se encontraban.

Llegamos sofocados, pues aunque la mañana había empezado fría, el sol brillaba con fuerza haciendo de aquel un día plenamente veraniego. Como imaginábamos, el parking se encontraba abarrotado a aquellas horas, por lo que iniciamos rumbo a nuestro siguiente destino. Tomamos la carretera que recorre la orilla del Rihn, frontera natural entre Suiza y Alemania, hasta llegar a la población de Stein am Rhein, de la cual habíamos oído hablar muy bien. Nos detuvimos a las afueras, junto a la orilla del río, donde las familias se reunían para disfrutar de un esplendido día de verano. La verdad es que tuvimos muchas tentaciones de sacar el Kayak y pegarnos un chapuzón, ya que hacia un calor de justicia, pero como quien dice acabábamos de salir de casa, y “liarnos” con el kayak significaba perder allí todo el día.

Decidimos comer antes de visitar la población, y mientras yo preparaba la comida, Conrad se percato de que la bomba seguía perdiendo agua. Se puso a revisarla y confirmo nuestros peores temores, estaba rota. Al desmontarla nos dimos cuenta de que los pequeños émbolos que la hacen funcionar se encontraban prácticamente desintegrados. Había estado funcionando todavía no sabemos como, pero tuvimos clarísimo que no podíamos seguir utilizándola así.

Comimos a la vez que pensábamos una posible solución, hasta que finalmente se nos ocurrió la alocada idea de reconstruir los émbolos “artesanalmente”. Pensamos en qué productos teníamos a nuestro alcance que nos permitirían utilizarlos como tal, y lo mas parecido que encontramos fueron los tapones de las botellas de refrescos que llevábamos. Lo sé, era una locura, pero fue lo único que teníamos a mano en ese momento. Para ello necesitábamos algunas cosillas más, como por ejemplo un buen pegamento, por lo que decidimos ir al centro de la población a comprarlas allí y así de paso relajarnos un poco de tantas vicisitudes.

Stein am Rhein está situada al norte del país, en el cantón de Schaffhausen, a orillas del Rhin, exactamente en el lugar, donde el río sale del lago Bodensee, cerca de la frontera entre Suiza y Alemania. La historia de la ciudad se remonta hasta la época medieval y durante la segunda guerra mundial fue bombardeada por los aliados, quedando casi arrasada. Se han conservado sus murallas medievales, incluyendo las puertas. En el casco histórico podemos disfrutar de casas originarias con paredes de madera, decoradas con unos frescos maravillosos, provenientes de los siglos XIV y XV.

Llegamos a ella en pocos minutos, dando un agradable paseo en bici por la orilla del río. El día era esplendido, y todo el mundo se apresuraba a buscar mesa en una de las soleadas terracitas del lugar. La población es pequeñita y esta muy cuidada, cada cosa tiene su sitio. Sus coloridas fachadas, y el empedrado del pavimento, todo tiene un perfecto orden en el país transalpino. Dimos un agradable paseo, embelesados por cuanto encontrábamos a nuestro paso. Cientos de flores en curiosos maceteros y bancos multicolores nos enseñaban su mejor cara, a parte de decenas de barquitas flotando en calma en su precioso embarcadero, nos dejaron absortos ante tanta perfección.

En nuestras mentes seguía revoloteando nuestro problema con la bomba del agua, pero afortunadamente encontramos los materiales que nos faltaban en un pequeño supermercado, y preferimos seguir disfrutando de un día tan soleado como aquel y aparcar nuestro problema para más tarde. Después regresamos a la autocaravana y pusimos rumbo hacia el último de los destinos previstos para el día y que no queríamos perder la ocasión de visitar. Se trataba de la famosa Isla jardín de Mainau, también conocida como “Isla de las Flores”.

Esta isla está ubicada al sur de Alemania, concretamente en el lago Constanza, y protegida por la cordillera de los Alpes. Gracias a la humedad y temperatura del lugar es perfecta para convertirse cada primavera en un jardín repleto de flores y aves. Conocida como la isla de las flores debido a sus ostentosos parques y jardines, Mainau está unida por un puente a la ciudad de Constanza, próxima a la frontera con Suiza. Tiene una superficie de unas 45 hectáreas y pertenece a uno de los barrios de la ciudad. Su historia se remonta al 3.000 a. c., fecha de la que datan los primeros restos humanos. En el año 14 a.c., los romanos ocuparon la isla y construyeron un castillo y un puerto destinado a los barcos de guerra. Entre lo siglos IX y XIII, la isla perteneció al monasterio de Reichenau, luego pasó por distintos dominios hasta que en 1.928 fue heredada por la casa Real Sueca.

El creador de este paraíso fue el gran duque Federico I de Baden, que ordenó la construcción de los jardines del castillo y plantó los primeros cítricos y rosas. En 1.932, el conde sueco Gustaf Lennart Nikolaus Paul Bernadotte se instaló en la pequeña isla donde permaneció hasta su muerte en 2004. Actualmente tras ser constituida como fundación, Mainau es administrada por la viuda del conde, Sonja Bernadotte.

Entre sus principales atractivos destacan la escalera italiana compuesta por una cascada de agua y flores impresionante, sus coníferas y secoyas gigantes y los jardines de frutas tropicales más excepcionales que hemos visto. Entre los pocos edificios erigidos en la isla, además de un restaurante, destacan un castillo, una iglesia barroca, así como la increíble Casa de las Mariposas y un invernadero de palmeras en el que crecen 30 especies diferentes. En este invernadero conviven además papagayos, pavos y otras aves exóticas, rodeadas de cítricos propios de climas más cálidos. Ademas de una colección de orquídeas con más de 3.000 plantas. Una sinfonía de olores y colores impresionante, que recomendamos a todos los amantes de la naturaleza.

El camino hasta allí tampoco deja de tener su encanto. A orillas del Rihn un sinfín de pequeños pueblecitos bien adornados invitaban a detenerse a cada momento. Nosotros lo hicimos en uno de ellos, para comprar unas deliciosas fresas que nos supieron a gloria. Increíble pero cierto, a aquellas alturas del año encontrar fresas.

Mas adelante, cruzamos la frontera para adentrarnos en territorio alemán que ya no abandonaríamos hasta el momento de regresar a casa. Ante nosotros el majestuoso lago Constanza, con una superficie de 538 kilómetros cuadrados, llamado “Bodensee” por el Palatinado carolingio Bodman, se encuentra, enclavado entre los Alpes y la montaña Jura. El lago se alimenta de las aguas de 236 ríos y arroyos, siendo el proveedor principal, el Rhin. El clima cálido posibilita una abundante vegetación sureña y favorece la viticultura y fruticultura de la región. Las orillas del lago Constanza están densamente pobladas. Por todas partes hay muchos lugares pintorescos e impregnados de historia, en los que se puede ver muchas construcciones medievales. La mayoría están conectadas a través del tráfico lacustre.

Cruzamos la población, en cuyo centro pudimos ver que existía un área específica para autocaravanas, y llegamos a los pocos minutos al parque de las Flores. Junto al acceso, un enorme parking (de pago, 4 euros) en el que dejaban muy claro que estaba totalmente prohibido pernoctar. Una lástima pues era un lugar la mar de tranquilo.

Nos dirigimos al acceso, y vimos que a partir de las cuatro de la tarde, la entrada al parque tenia un 50% de descuento. -”Fantástico”-, pensamos, y rápidamente sacamos un par de tickets (7,95 € /persona) y nos adentramos en él. Nada mas entrar, nos sorprendió el olor que el lugar desprende, llenándonos los pulmones de una manera deliciosa. Seguimos a través de un puente de madera que va paralelo al lago, el cual estaba repleto de gente haciendo kayack o simplemente navegando en sus pequeñas embarcaciones, los rayos se filtraban a través de ellos, dejando una estampa inolvidable.

Tras recorrer varios metros, llegamos hasta la entrada del parque donde una gigantesca construcción de flores, imitando una flor sonriente nos dio la bienvenida, cuanto menos nos resulto curiosa. Nos perdimos una y otra vez por todos los confines de un jardín tan colorista, y es que realmente no sabias donde posar tus ojos. Íbamos de un lado a otro como poseídos por tanta belleza. Que deciros, a parte de que el lugar nos encantó. Pero he de confesar que lo que mas me gusto fue la indescriptible Casa de las Mariposas, en la que pudimos observar cientos de especies que nos dejaron simplemente sin palabras. Yendo y viendo a través de la pequeña cascada que allí se encontraba, rezumando belleza por todos sus poros, introduciéndonos en un lugar donde lo sutil y lo delicado caminaban de la mano.

Cansados por el calor y por la pateada que llevábamos, nos sentamos a orillas del lago pudiendo disfrutar de la brisa fresca que nos envolvía. Apoyados el uno en el otro, nos quedamos allí quietos, simplemente contemplando el milagro que allí se producía, la diversidad, la generosidad de especies, y la grandeza que envolvía aquel paraíso floreado.

El horario de cierre del parque se estaba acercando, y de hecho empezaba a oscurecer. Los tonos se volvieron más intensos y la fragancia mas real si cabe. Nuestras piernas se negaban a moverse, esperando que ese sutil equilibrio, permitiera al resto del cuerpo seguir allí disfrutando. Tomamos una ultima bocanada de aire perfumado y comenzamos a movernos lentamente.

De esta forma tan delicada terminaba nuestro primer día de visitas. Debíamos empezar a buscar un lugar donde pasar la noche. Además, todavía teníamos que arreglar la bomba, por lo que no debíamos demorarnos mucho más. Lo cierto es que no disponíamos de excesiva información sobre lugares de pernocta en Alemania. El archivo de los PDI para el Navegador GPS con la localización de las áreas no funcionaba, y entre los datos que habíamos conseguido no había indicada ningún área por allí cerca, por lo que decidimos no complicarnos e ir directamente a la que habíamos visto en el centro de Konstanz.

Al poco rato estábamos en ella, y tuvimos suerte de encontrar una plaza libre. Sin mayor demora empezamos con nuestro bricolaje casero para reparar la bomba. Tras un buen rato de cutter, lima y pegamento, ante la mirada atonita de los que nos rodeaban, conseguimos reparar los émbolos. No diréis que no quedaron “chulos”? La lastima fue que al volver a montar la bomba y probarla, no funcionaba. Decidimos cenar algo rápido, y volver nuevamente a la carga. La verdad es que la autocaravana estaba hecha una “cuadra” y es que a veces no nos damos cuenta de la importancia de tener agua corriente hasta que nos quedamos sin ella. Pensamos que quizás habíamos hecho los émbolos un poco grandes, así que volvimos a desmontar la bomba y seguimos con nuestro bricolaje. Un último intento fallido nos acabó de desmoralizar. Era ya media noche, estábamos sudados como pollos y cansados hasta el punto de la extenuación, la autocaravana seguía hecha un desastre y no habíamos conseguido reparar la bomba. Con un desanimo total, pues acabábamos de iniciar nuestro viaje, decidimos irnos a dormir y pensar en lo que hacer a la mañana siguiente.

Afortunadamente el área, aun estando al lado de una importante carretera de la ciudad, resultó ser muy tranquila, o eso, o es que caímos desfallecidos en la cama.

Día 4: Konstanz – Burg Hohenzollern

Nos levantamos con una sensación rara en el cuerpo. Nuestra preocupación por la averiá de la bomba era evidente, pero afortunadamente el reposo de la noche nos daba algo de claridad para pensar un poco mejor. Teníamos claro que nuestra prioridad era arreglar la bomba, y para eso debíamos dejar aparcada la ruta hasta que no tuviéramos solucionado este problema.

Mientras desayunábamos, hicimos varias llamadas a talleres y concesionarios en España que nos pudieran echar una mano, pero a esas alturas del mes de Agosto nos encontramos que todos estaban cerrados. Finalmente, mirando en el manual de Fiamma, vimos el teléfono de la central, en Italia, así que ni cortos ni perezosos les llamamos. Fue difícil hacerle entender a un italiano, que eramos dos españoles que llamábamos desde Alemania porque teníamos una bomba Fiamma rota, pero finalmente lo logramos, y con una atención exquisita nos facilitaron la dirección del taller de autocaravanas mas cercano para poder conseguir el recambio.

En la pequeña población de Stockach nos sorprendió encontrar un inmenso concesionario de caravanismo. La verdad es que lo tenían muy bien montado pues tenían tienda, taller, e incluso una área para el vaciado. Entramos en la tienda, afortunadamente uno de ellos hablaba bastante bien ingles, algo no demasiado frecuente en Alemania. Manual en mano le indicamos la pieza exacta que necesitábamos, y lamentablemente nos dijo que no la tenia, que la tenia que pedir y tardaría al menos 3 o cuatro días. Tampoco tenia una nueva como aquella, lo cual aumentaba nuestro desespero. El hombre dudó, se quedó pensando, y se dirigió a una estantería a buscar una caja. Se trataba de una bomba parecida a la nuestra, pero de la marca SHUFLO (la versión alemana de FIAMMA). Comparamos los principales datos técnicos y eran incluso mejores que los de la nuestra, así que sin dudarlo le dijimos que nos la llevábamos. De hecho, incluso aprovechamos para comprar algunas cosas mas, entre las cuales hubo una guía de áreas de servicio y pernocta de autocaravanas de la prestigiosa compañía de seguros ADAC, eso si, en Alemán, con mapas y aparentemente bastante intuitiva, y que se convirtió en una herramienta indispensable durante el resto del viaje.

Ya con la nueva bomba en nuestro poder, nos dirigimos a la autocaravana y buscamos un lugar con sombra en el que poder instalarla, pues el día era increíblemente caluroso. Los anclajes no eran exactamente iguales a los de la nuestra pero Conrad, con la maña que le caracteriza, la logró adaptar. El silencio se apoderó de nosotros cuando ya instalada, tuvimos que comprobar si funcionaba: Le dimos al botón y aleluuuuuuya, salia agua!!!!!

Lo cierto es que casi se nos caían las “lagrimillas” pues la desesperación había sido mucha. Al final, entre una cosa y otra habíamos perdido más de medio día, pero nos daba lo mismo, solo nos importaba que habíamos solucionado el problema y podíamos retomar nuestro viaje. Comimos algo, pues era tarde, y aprovechamos que estábamos cerca de la tienda para reponer agua, fregar platos y cacharros, y poner en orden la autocaravana. Más tarde, emprendimos alegremente el camino hacia nuestro siguiente destino de la ruta.

Nuestros planes para aquel día eran llegar hasta las cercanías de Stuttgart, pero la tarde estaba esplendida, y después de tanto sufrimiento no nos apetecía pasarla toda conduciendo. Buscamos entre nuestra información algún destino más cercano al que dirigirnos y encontramos el castillo de Burg Hohenzollern.

Aproximadamente 100 Kilómetros nos separaban de él, así que iniciamos tranquilamente la marcha. En menos de una hora nos encontrábamos llegando a él, fácilmente distinguible pues se encuentra en una pequeña colina en medio de la llanura del Jura. El paisaje que lo rodea es más bien áspero y rudo. Fue el primer hogar de los Hohenzollern, dinastía que gobernó Prusia, a principios del siglo XIX. El príncipe de la corona de Prusia, Federico Guillermo, inspecciono las ruinas de este ancestral castillo y decidió reconstruirlo.

Entre 1850 y 1867 se erigió un nuevo edificio aprovechando los antiguos cimientos, pero más medieval y espectacular de lo que fue la anterior edificación. Con su grandiosa visión desde la lejanía, el Burg Hohenzollern es uno de los grandes monumentos del creciente nacionalismo Alemán del siglo XIX, con fascinantes interiores. Tras alguna que otra parada para fotografiarlo, pues su ubicación es ciertamente singular, nos adentramos en la carretera que asciende hasta la cima.

Dejamos atrás un par de pequeños aparcamientos, hasta que finalmente encontramos una barrera, y junto a ella un amplio parking, de pago. Sin embargo, era tarde y no había quien lo vigilara, por lo que no dudamos en entrar y aparcar junto a otro par de autocaravanas que allí se encontraban.

A partir de este parking solo se permitía el paso a los vehículos autorizados, así que solo teníamos dos opciones: o íbamos a pie hasta la cima, o esperábamos a un autobús que hacia el recorrido, pero que no teníamos ni idea de que horarios tenia. Con lo cual la elección fue sencilla, nos equipamos bien e iniciamos la ascensión al castillo. Algo más de un Kilómetro era la distancia que había hasta la cima, a través de un camino peatonal que asciende por el bosque. A priori no nos parecía mucha distancia, pero sudamos tinta china para poder subirlo, pues la inclinación del camino resulto ser tremenda.

Finalmente llegamos a la puerta del castillo, casi sin aliento. Allí, en un pequeño ventanuco, se encontraba la venta de tickets. Nos acercamos y la señora, muy amable, nos dijo que el acceso al interior del castillo ya estaba cerrado, pero que si queríamos nos dejaba pasar gratuitamente para que diéramos un paseo por los exteriores del edificio. Muy agradecidos pues después de la subida hubiese sido un buen “chasco” tener que volver para abajo, nos adentramos en las murallas del castillo. Ascendimos por la rampa circular como si de una caracola se tratara, y nos encontramos con una grandiosa escalera de caracol que salió a nuestro encuentro. Como curiosidad comentaros que la masonería adoptó la figura de la escalera como un símbolo iniciatico, en cual culminaría con el ascenso al mundo de la sabiduría. Por tanto, tan solo teníamos que subir las empinadas escaleras para conseguir el premio.

Seguimos nuestro camino hasta que llegamos al patio interior, en el que se encontraba al acecho un poderoso cañón, que apuntaba sin piedad a quien ponia el pie en el reciento. Continuamos con nuestra marcha hasta sus poderosas murallas. Encantados porque nos hubiesen dejado pasar, pues de hecho, lo que más nos interesaba era su exterior y las estupendas vistas que desde allí se podían disfrutar, fuimos poco a poco recorriendo el camino que circunvalaba las murallas, y simplemente fue excepcional.

El sol empezaba a ponerse, ofreciéndonos una magnifica imagen de la llanura a nuestros pies y las altas colinas de los Alpes a lo lejos. Empezó a oscurecer, y una incesante y molesta plaga de hormigas voladoras empezó a inundar el lugar, por lo que decidimos iniciar el regreso a la autocaravana.

Cerca de allí teníamos señalada un área, y queríamos llegar hasta ella antes de que fuera noche cerrada. Llegamos a la auto y estábamos ya preparando todo para marcharnos, cuando oímos que llamaban a la puerta de la auto. Salimos y resulto que se trataba de un matrimonio de murcianos, con sus dos hijos, que viajaban también en autocaravana y que habían aparcado cerca de nosotros.

Si os he de decir la verdad, no recuerdo ni lo que nos preguntaron, pero si recuerdo, que nos enlazamos en una agradable charla que terminó cerca de la hora de cenar. No teníamos planeado nada en especial, y aquel parecía un buen lugar donde pasar la noche. Entre los italianos y nosotros eramos casi media docena de autocaravanas, así que aun sin tener demasiado claro si podíamos pernoctar allí o no, decidimos quedarnos a dormir. Seguimos con la charla incluso cuando ya no nos veíamos las caras, y decidimos despedirnos de ellos y entrar en nuestra casita para cenar y ducharnos tranquilamente.

Día 5: Burg Hohenzollern – Rothenburg ob der Tauber.

Nos levantamos pronto por la mañana. Después de solucionar nuestros problemas con la bomba nos encontrábamos a tope de energía y listos para continuar cuanto antes nuestra ruta. Lamentablemente el tiempo parecía haber cambiado durante la noche, pues había llovido copiosamente mientras dormíamos, y la mañana parecía no haber amanecido mucho mejor.

Desayunamos y emprendimos la marcha no sin despedirnos antes de nuestros amigos murcianos, quienes acababan de abrir el ojo cuando nosotros marchábamos. Nuestros caminos transcurrían por derroteros distintos, por lo que con un “hasta pronto” nos despedimos de ellos.

Como primer plato del día teníamos la visita a la pequeña población de Haigerloch. Situada a menos de veinte Kilómetros de donde nos encontrábamos, tardamos poco tiempo en llegar a ella. Se encuentra en lo alto de una colina y a los pies del pequeño rio Eyach, donde describe unas cerradas curvas alrededor de unas formaciones rocosas en un terreno difícilmente accesible, aunque realmente pintoresco desde el punto de vista urbanístico. De hecho, ninguna de las iglesias que hay situadas en la localidad se pudieron orientar al Este, debido al escaso terreno del que disponían.

Quizás lo mas singular de la población sea su ubicación, pero lo que a nosotros nos llevó a dirigirnos hasta ella, fue el pequeño museo que allí se esconde, el Atomkeller- Musseum toda una curiosidad. En la primavera de 1945 los científicos evacuados de Berlín trabajaron febrilmente en sus sótanos para desarrollar un reactor nuclear, un esfuerzo inútil que queda bien explicado en este museo.

Llegamos a la población, y nos dirigimos directamente al área de autocaravanas de que dispone. Situada a las afueras de la población, junto a una zona deportiva-recreativa, nos pareció un buen lugar para pasar la noche, pero no tanto para visitar la población, pues hasta el centro había un trecho a pié bastante considerable, lo cual nos llevaría a perder mucho tiempo con la ida y la vuelta. Decidimos por ello aparcar en un pequeño aparcamiento municipal situado en la parte alta de la población, cerca del centro histórico.

Con total tranquilidad pues la población, como la mayoría de las que hemos visitado en Alemania, nos pareció muy segura, salimos a callejear por el centro. Descendimos hacia la parte baja, y a medio camino encontramos una pequeña pero bien nutrida oficina de información, de la que salimos repletos de papeles con mil lugares.

Diluvió un instante y al minuto volvió a salir el sol. Cerramos nuestros paraguas y seguimos con el paseo, hasta que finalmente dimos de bruces con la entrada al Museo. Se encuentra excavado en la roca, en la parte baja del monte en el que haya la iglesia Schlosskirche. En un pequeño ventanuco, un anciano que bien podía haber protagonizado cualquier película de espiás, nos vendió los tickets, a razón de 1,5 euros por persona. También vendían información del museo, que curiosamente nos acababan de dar gratuitamente en la oficina de información.

Abrimos la pesada puerta para acceder al museo y nos encontramos con una única sala, en la cual además, la mayoría de explicaciones estaban solo en alemán, pero nos hizo mucha gracia ver todos aquellos estrafalarios inventos y aparatos imposibles que allí se mostraban. Te hacia sonreír solo el pensar, que aquellos primeros investigadores creyeran que con aquellos artilugios podían conseguir la división del átomo. Dimos una pequeña vuelta, sin entender prácticamente nada de lo allí escrito, y nos imaginábamos la voz “en off” del doctor Flemong explicando todos sus descubrimientos.

Finalmente salimos de allí, con una amplia sonrisa. El día parecía darnos una pequeña tregua así que dimos un tranquilo y agradable paseo hasta la autocaravana. Ya allí emprendimos la marcha hacia nuestro siguiente destino, otro museo, pero en esta ocasión dedicado al mundo del motor. Se trataba del Museo del fabricante de automóviles Alemán Mercedes-Benz.

Stuttgart no estaba incluido en nuestros planes, pero Conrad es un apasionado del automovilismo, e insistió en visitarlo ya que pasábamos cerca de allí, así que nos dirigimos directamente a él. En algo más de una hora llegábamos a la ciudad. El museo esta situado en el extrarradio de la población. Dimos un par de vueltas, y vimos que salvo el parking cubierto para turismos, únicamente existía el de autocares, así que decidimos aparcar en él, no sin antes acercarnos a la recepción para que nos aseguraran que no había ningún problema. Era día laborable y no había mucha gente, por lo que nos comentaron que la podíamos aparcar allí. Tranquilos tras haber dejado a “Sunny” a buen recaudo, iniciamos la visita al Museo.

El museo Mercedes-Benz Welt se encuentra en el barrio de Obertürkheim, muy cerca del estadio de fútbol de Stuttgart. En él se muestra la historia automovilística de la casa Mercedes, desde los primeros modelos hasta las últimas novedades más vanguardistas. Como curiosidades, podemos ver el primer papamóvil y los dos automóviles más antiguos del mundo: el coche sin caballos del Gottlieb Daimler y el automóvil de tres ruedas de Karl Benz.

El 19 de mayo de 2006 abrió sus puertas, con una superficie total de 16.500 metros cuadrados que albergan a 160 vehículos y a más de 1.500 objetos, distribuidos a lo largo de dos recorridos. Su arquitectura futurista es impecable y llamativa. La estructura interior del edificio está inspirada en la doble hélice espiral del ADN, que encierra el código genético del ser humano.

Los creadores de la compañía se remontan a 1881, cuando Daimler y Benz inventaron de forma independiente el motor de combustión interna para automóviles en el sudoeste de Alemania. Gottlieb Daimler y Wilhelm Maybach, quienes inventaron juntos el motor de cuatro tiempos trabajaron juntos en Cannstatt (un distrito de Stuttgart); Benz tenía su tienda en Mannheim cerca de Heidelberg. No existen registros de que ambos inventores se hubiesen llegado a conocer nunca.

Para los más curiosos explicaros de donde viene el nombre de Mercedes-Benz. Todo se remonta al momento en que Emil Jellinek, inscribió uno de los prototipos de Daimler para una competición en Niza, con el nombre de su hija, Mercedes, pintado en el capó. El vehículo ganó esa y sucesivas carreras, con una gran ventaja sobre sus competidores. Alentado por los triunfos, Jellinek solicitó a la casa Daimler (dueña del auto) que desarrollara un nuevo vehículo con mayor distancia entre ejes, centro de gravedad más bajo y motor más potente. El resultado fue que los “Mercedes” arrasaron con la temporada automovilística. Tanto es así que los diarios de la época anunciaron “el inicio de la era Mercedes”. Luego se difundió como marca y al juntarse las casas Daimler y Benz, se decidió que los productos de la empresa llevaran el nombre de Mercedes-Benz.

Jellinek prometió a la compañía comprar una gran producción de sus vehículos bajo la condición de tener la garantía de ser el distribuidor exclusivo de Daimler para Austria-Hungría, Francia, Bélgica y EEUU, y de que pudiera vender el nuevo modelo bajo el nombre de “Mercedes”. El cambio de nombre fue incluso muy útil para prevenir problemas legales, ya que Daimler había vendido derechos exclusivos de uso del nombre y los conceptos técnicos a compañías en el exterior, por lo cual han sido y son construidos coches de lujo en Inglaterra bajo la marca Daimler.

Ya en el museo, nada más salir del parking, lo que mas nos llamó la atención es el edificio en sí, reluciente bajo los rayos de sol, brilla realmente como una nave espacial. Además, antes de entrar a él, vimos en las afueras del recinto una zona de asientos en plan chill-out que nos llamó poderosamente la atención. Supongo que cuando ya estas cansado de la visita y el tiempo te lo permite, tomarte algo allí sentado tiene que ser todo un placer.

La visita, cuyo coste es de 8 euros por persona, incluye una audio guía en castellano que nos permitió dar un agradable paseo por el pasado, el presente y el futuro del mundo del automovilismo, a través de los distintos niveles de que dispone el museo. Encontramos en él los modelos más emblemáticos de la marca, así como algunas curiosidades que harán las delicias de los mas apasionados al mundo del motor.

Para los que no somos tan forofos del automovilismo, como es mi caso, disfruté “in extremis” de un diseño interior fantástico. La decoración futurista, en blanco y gris, está pensada para que la luz inunde cada centímetro de él. Aparte de éste, un montón de detalles arquitectónicos hacen del museo un edificio único, ya no solo por lo que en su interior se encuentra, si no por el valor intrínseco del mismo.

La visita es larga, y uno puede demorarse en ella casi toda la mañana. Salimos del Museo Mercedes totalmente encantados con cuanto habíamos visto, a diferencia de lo que nos sucedió en su día en Italia, en el museo Ferrari, en el que nos decepcionamos de una manera increíble tras pagar una entrada a precio de oro para ver cuatro coches.

Eran cerca de las dos de la tarde cuando terminamos la visita, por lo que no nos complicamos mucho y en una calle más o menos tranquila de las afueras de Stuttgart nos detuvimos a comer.

Nuestra idea aquel día era dormir en Rothenburg ob der Tauber, situada a aproximadamente 150 Kilómetros de donde nos encontrábamos, pero el tiempo parecía darnos una pequeña tregua, y los rayos de sol en Alemania hay que aprovecharlos al máximo como si de un tesoro se tratara, por lo que decidimos salirnos de la autopista y desviarnos para visitar la población de Schwabisch Hall. Llegamos a ella tras disfrutar de los paisajes dorados que nos ofreció el Parque Natural Schwäbisch-Fränkischer Wald al cruzarlo.

Según habíamos leído, la población disponía de un aparcamiento para autocaravanas, y lo cierto es que nos lo encontramos de repente, casi sin darnos cuenta. Echamos una ojeada y vimos que tenia buena pinta. Además, parecía estar cerca del centro de la población así que aparcamos en él. Efectivamente, junto al aparcamiento había un pequeño camino peatonal que en pocos minutos nos llevó directamente al centro.

La ciudad medieval se encuentra en el valle del río Kocher en la parte noreste de la región de Baden-Wurtemberg. Su casco histórico cuenta con una de las plazas más bonitas de Alemania. Muy colorista y con la arquitectura típica de la zona con casas de entramado de madera y un puente de piedra que la atraviesa en dos. Para pasar de un extremo al otro del pueblo lo hicimos a través de unos antiquísimos puentes de madera que nos encantaron. Realmente hay que decir que es un lugar excepcional. También es famoso por tener una piscina de agua salada con poderes curativos, lo que lleva atrayendo a visitantes desde hace miles de años.

Dimos un tranquilo paseo por su casco antiguo y he de reconocer que me pareció un lugar precioso. La luz tenia un brillo especial, y simplemente nos dejamos llevar a través de todo aquel entramado de piedra y madera que nos emocionó. Me encanta la sencillez de los lugares que no necesitan artificios para ser bellos, ya que la composición final de sus piezas parece un engranaje perfecto, en el cual no se necesitan falsos adornos.

Nos costaba marcharnos. No encontrábamos ninguna excusa para hacerlo, pero la ruta seguía su curso y solo teníamos que dejarnos llevar para continuar con ella. Regresamos al parking, abonamos los dos euros en el cajero automático y emprendimos nuestro camino. Nuestros siguientes pasos nos llevarían hasta la ciudad de la eterna navidad, Rothenburg ob der Tauber, donde la navidad dura los 365 días del año. Pero al llegar a ella solo vimos luces dispersas en la oscuridad. -”¿Cuando se había hecho de noche?”- pensamos. Íbamos tan ensimismados después de la visita a Schwabisch Hall, que no habíamos sido conscientes de que el tiempo pasaba tan veloz. El casco antiguo de Rothenburg se encontraba rodeado por un gran número de parkings, pues es una de las poblaciones mas turísticas de la zona. Varios de ellos están adaptados como áreas de autocaravanas. Buscamos el número cuatro, pues es el que nos habían recomendado, y nos posicionamos para pasar una velada tranquila y reparadora.

Mañana seria otro día y nos ofrecería la oportunidad de visitar la archi-conocida Rothenburg ob der Tauber, pero para ello habría que esperar unas cuantas horas. Horas preciosas que apaciguarían nuestras ansias, y que nos devolverían las fuerzas para seguir descubriendo la ciudad navideña por excelencia.

-El viaje continua en la segunda parte del relato: Alemania centro.-

La Alemania de las mil caras I: Baden- Württemberg from conrad y echobelly on Vimeo.

Créditos vídeo: The Smashing Pumpkins: Mayonaise

ROAD BOOK 1ª PARTE

Día 1: Barcelona – Aigues Mortes
Kilómetros día: 350.

- Percnocta: Área de Aigues-Mortes. (Pag. 901 Guía Adac)
GPS: 43º 33’ 59’’ N – 4º 11’ 09’’ E
Capacidad: 40 plazas.
Precio: 12 €/noche.

Día 2: Aigues Mortes – Rheinfalls.
Kilómetros día: 836 Kms.

- Pernocta: Parquing Rheinfalls.
GPS: 47º 40’ 27’’ N – 8º 36’ 31’’ E.
Precio: 10,50 euros (pernocta + parking)

Dia 3: Rheinfalls – Konstanz
Kilómetros día: 74 Kms.

- Aparcamiento público Stein am Rhein
GPS: 47º 39′ 51,68” N – 8º 50′ 57,70” E
Precio: Pago en Parkimetro (acepta euros)

- Aparcamiento Mainau (Isla de las Flores).
GPS: 47º 42′ 00,54” N – 9º 10′ 59,01” E
Precio: 4 euros (pago en cajero según duración de la estancia).

- Pernocta: Área de Autocaravanas de Konstanz
GPS: 47º 39’ 29’’ N – 9º 10’ 9’’ E
Capacidad: 12 plazas.
Precio 15 €/noche (noche); 1 €/hora (día)

Dia 4: Konstanz – Burg Hohenzollern
Kilómetros día: 157 Kms.

- Tienda de autocaravanas en Stocach CARAMOBIL
Johann-Glatt-Straße 3-12, 78333 Stockach
* Dispone de área de servicio para autocaravanas.

- Pernocta: Aparcamiento Burg Hohenzollern
GPS: 48º 19′ 32,55 N – 8º 57′ 50,00” E
Precio: Gratuito por la noche. De pago durante el día

Día 5: Burg Hohenzollern – Rothenburg ob der Tauber
Kilómetros día: 251 Kms.

- Area Autocaravanas Haigerloch:
GPS: 48º 22′ 07,14” N – 8º 47′ 39,37” E
Coste: Gratuita.

- Aparcamiento público Haigerloch.
GPS: 48º 21′ 56,42” N – 8º 48′ 00,77” E
Coste: Gratuito.

- Mercedess-Benz Museum.
GPS: 48º 47′ 11,15” N – 9º 13′ 54,95” E
Coste entradas: 8 euros/adultos.
Coste aparcamiento: gratuito.

- Aparcamiento Schwabish Hall
GPS: 49º 07′ 00,36” N – 9º 43′ 58,61” E
Coste: 2 euros (pago en cajero según duración de la estancia)

- Pernocta en Rothenburg ob der Tauber. (Pag. 410 guía ADAC)
GPS: 49º 22’ 55’’ N – 10º 11’ 20’’ E
Capacidad: 30 plazas.
Coste: 10 €/día (distintas tarifas según estancia).

12 Comments + Add Comment

  • Hola chicos:

    Primero agradeceros vuestra inestimables ayuda al planear la ruta de Semana santa, ha sido todo un exito, y viendo el mal tiempo que hizo en todas partes, nosotros tuvimos bastante suerte con el clima por la Garrotxa. Nos encanto.

    Y ahora al turron jejej… He comenzada a leer el relato y me he reido un buen rato, no lo he terminado todavia pero me he quedado con la miel en los labios. Cuando llegue a casa del curro me pongo manos a la obra. Ya que anoche lo comenze a leer, pero era ya muy tarde y lo tuve que dejar, antes de saber si habiais solucionado el entuerto con la bomba o no ;-) Con lo cual a la que llegue me lo leere tranquilamente.

    Un besazo… Que monoooooo, espero que pase rapido el día jejej

  • Hola guapa;

    Nos alegra que al final saliera todo tan bien, sobre todo lo de la climatologia, por que nosotros tuvimos un tiempo de perros en Granada.

    En cuanto al relato, ya sabes… Cuando tengas un ratito te lo lees tranquilamente y luego lo comentamos jajaj. Por cierto, en cuanto a la bomba, al final pudimos solucionar el problema, eso si, el cerebro por casi se nos derrite de tanto pensar como solucionarlo jajaj.

    Un besote enorme.

  • Hola chicos, ya estoy aqui otra vez, eso si ahora con los deberes hechos. Me lo termine ayer de una sentada. Me ha gustado mucho, un relato muy entretenido y un viaje que tiene una pinta que no veas… Ya estamos esperando la segunda entrega con ansias.

    Menos mal lo de la bomba, y despues del infierno salisteis bastante bien parados jejeje. Vaya aventuras!!! Pero eso es lo que hace que un viaje merezca la pena.

    Como siempre, gracias por vuestros relatos y por compartirlos con todos nosotros.

    Un besote.

    Bernando y Maria.

  • Hola guapa:

    Nos alegra que te haya gustado. Ahora solo tienes que tener un poquito de paciencia y en una semana estara colgada la segunda parte!!!!

    Por cierto, gracias a ti por leernos “siempre”.

    Un besazo gigante a los dos.

  • Parece que al final tendremos Alemania antes de vacaciones je je je, venga que me quiero ir a Alemania je je je, bueno no se estamos planteándonos esta opción, al final entrasteis en Suiza, así que a pagar la viñeta no, y otra cosa la dirección del adhesivo de la TUV exactamente donde lo localizasteis.
    Y lo ultimo felicidades por este pedazo viaje, haber si puedo realizar lo aunque sea en parte.

  • Hombre Gralla que alegria:

    Gracias a ti por leerlo y si te damos alguna idea, pues mejor que mejor…

    Respondo a tus preguntas:

    1- Entramos por Suiza, pero no pagamos la viñeta, aunque al final nos hubiera salido mas barato, ya que hicimos la ida y la vuelta por aquellas tierras.

    2- En cuanto al adhesivo, nosotros lo compramos directamente en la delegación que TUV tiene en Madrid, creo que el email era este [email protected], aun asi le dire a Conrad que te lo confirme.

    Y nada, si os animais os encontrareis un pais excelente para viajar en AC y repleto de lugares increibles y gentes super amables. Con lo cual ya sabes, cualquier parte del viaje que hagas os encantara.

    Un besoto a los tres.

  • ¡ Hola pareja de viajeros incansables !
    Solamente he tenido tiempo de echarle un vistazo y parece que los dioses nos han venido a visitar.
    Estamos decididos ( si todo sale bien ) a visitar Alemania éste próximo verano y mira por donde nos regaláis un fantástico relato, una vez mas, por tierras teutonas.
    Que precioso el relato y qué fantástica recopilación de datos para los novatos. Estamos deseando tener tiempo para leerlo tranquilamente y empezar a disfrutar del viaje.
    Enhorabuena y gracias

    Un saludo
    Flor y Esteban

  • Hola flor y Esteban:

    Que alegria leeros otra vez de vuelta en nuestro blog. Nos alegra que el relato os pueda servir de ayuda. Alemania es un pais realmente sorprendente, no se que planes teneis a la hora de visitarlo, pero cuando leais el relato del todo (las seis partes jajaja), vereis que es un pais muy diferente, en el cual no os aburrireis.

    Eso si, tener en cuenta la climatologia, e ir ya desde casa mentalizados para encontraros un poco de todo, aunque si pasas del tiempo, y tomais la misma actitud que los Alemanes, vereis que al final ya casi ni lo notais.

    Gracias por vuestras palabras, por la visita y sobre todo por el interes.

    Saludetes.

  • ¡Qué recuerdos!.

    La gran mayoría de sitios que habéis visitado en este primer relato tuve la suerte de conocerlos hace algunos años. La verdad es que Alemania nos sorprendió gratamente.

    Estoy deseando leer el resto de relatos, seguro que con ello me animaréis más aún a volver a este país.

  • Hola Alicia:

    Nos alegra que al leer nuestro relato te hayan venido buenos recuerdos a la memoria, siempre es bonito recordar lugares que nos han gustado y hemos vivido muchas experiencias en ellos. Alemania, sorprende… es un pais para conocerlo profundamente.

    Gracias por tu comentario y la visita, ya sabes donde estamos. La semana que viene, la segunda parte…

    Saludetes.

  • Parece que mi destino es seguir vuestros pasos. Acabamos de llegar de regreso del viaje por Francia (París, Normandía, Bretaña y el Valle del Loira) de un mes bien completo y estaba preparando un viaje a Alemania y me encuentro con vuestro relato, espero que me perdoneis si os sigo copiando.

    El viaje a Alemania me lo han pedido unos amigos para aprovechar mis conocimientos del país y de la lengua (Vivi algunos años de mi juventud allá). En principio la idea era hacer el Norte y Berlin.

    Bueno, seguiré leyendo y a ver que sale.

    Un abrazo. Luis

  • Hola Luisde:

    Eres libre de utilizar la información como quieras, con lo cual si quieres copiar o tomar apuntes, no seré yo quien te tire de las orejas jajaja.

    Por cierto, que envidia con el viajecito que os habeis pegao, ya contarás, aunque por tus palabras se puede ver que mal no lo habeis pasado.

    Por cierto, en cuanto a Alemania, os va a encantar, y más si como apuntas sabes la lengua. En cuanto al relato precisamente se divide en seis partes, debido a las zonas que visitamos, las que tu apuntas, concretamente, son la tercera parte (Mar Báltico) y la cuarta parte (Berlin), con lo cual, preparate para leer, y como siempre si tienes cualquier duda, solo tienes que preguntar.

    Espero que te gusten, y sobre todo, puedas coger muchas ideas para ese próximo viaje.

    Saludetes.

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