Costa del Báltico

may 17, 2011 by     8 Comments    Posted under: Autocaravana, Grandes viajes

Desde tiempos inmemoriales, uno de los grandes empeños del hombre ha sido cruzar continentes para hallar nuevos y exóticos mares. En nuestro caso, hemos de confesar que sentimos esa misma debilidad, poder disfrutar del sonido del mar y de sus cambiantes colores, siempre nos sorprende y hechiza. Por lo que al planear este viaje, no dudamos en que uno de nuestros objetivos era llegar hasta el Mar Báltico, que linda con Alemania por su cara norte. Sus paisajes los formaron el hielo y el agua. Los glaciares esculpieron lagos y estanques cristalinos, y depositaron arena y grava creando un paisaje suavemente ondulado. A lo largo del Báltico, el viento y las olas modelan una costa de bahías, islas y penínsulas protegidas por lagunas de agua salada, conocidas como Bodden.

Probablemente la costa Alemana no sea una de las mas conocidas, pero no por ello deja de tener su encanto. De hecho, nos costó decidir qué íbamos a dejar en el tintero, pues no teníamos días suficientes para visitarla toda. Finalmente las grandes sacrificadas fueron las Islas Frísias, situadas en el Mar del Norte, a continuación de las que se encuentran en tierras holandesas y que visitamos el año anterior. Decidimos, por lo tanto, dedicarnos únicamente a la costa del Báltico, un mar frío y extraño a los ojos de dos mediterráneos como nosotros.

Lejano nos parecía el día del inicio de la ruta, pues las vivencias habían sido muchas hasta el momento, pero todavía nos quedaban muchos días por delante e instantes por vivir, por lo que comenzábamos esta nueva etapa del viaje, con muchas ganas y expectativas.

Día 9. Lubeck – Zingst.

El tiempo dio un nuevo giro aquella mañana, algo que parecía ser habitual en el país germano, pues aunque no llovía, un manto gris lo cubría todo nuevamente, rompiendo en mil pedazos un cielo pintado de tormenta, el cual nos mostraba pequeñas grietas que filtraban diminutos rayos de luz. Afortunadamente, poco a poco nos íbamos acostumbrando a tanto cambio, por lo que sin prestarle demasiada atención, desayunamos tranquilamente.

Nuestro primer plato para aquel día era la visita a la ciudad de Lübeck. El día seguía encapotado y frío. Parecía el atrezzo perfecto para visitar una ciudad que ha sido, históricamente, el punto de partida de la mayoría de barcos que se dirijan a los países nórdicos, en los cuales, a parte de embarcar, comenzaba una aventura que te llevaba directamente a tierras vírgenes.

Aunque nos hallábamos en Lubeck, el área en la que habíamos pasado la noche se encontraba a las afueras de la localidad, por lo que, sin perder mucho tiempo, pusimos rumbo al centro de la población. Una extraña sensación de quietud invadía la ciudad aquella mañana, y es que no nos habíamos percatado de que era domingo. Comenzábamos a perder la noción del tiempo, señal inequívoca de que estábamos totalmente inmersos en el viaje.

Junto al puerto antiguo, a pocos minutos del centro, encontramos fácilmente un aparcamiento específico para autocaravanas. No parecía mal lugar para pernoctar, pero al parecer, la noche anterior se había celebrado allí algún tipo de festival y nos hubiese sido imposible llegar hasta allí. Ya a pié nos dirigimos al centro de la ciudad.

Rodeado por sus defensas marítimas, este antiguo puerto y ciudad comercial, ha conservado gran parte del ambiente de sus días de gloria, cuando, como líder de la liga Hanseática, su influencia se extendió por todo el Báltico. Lübeck continua siendo un puerto importante, aunque el grueso de la actividad se ha desplazado hacia la desembocadura del rió Trave. Pero si por algo destaca Lübeck es por ser una de las ciudades medievales más bellas del continente, con edificios de ladrillo rojo, al estilo de los que se pueden ver en toda la costa norte de Europa, desde Holanda hasta Estonia.

Situada en el estado de Schleswig-Holstein, en el norte de Alemania, Lübeck es la última ciudad de importancia antes de llegar a la frontera con Dinamarca. Es una de las pocas ciudades alemanas que se salvaron de los bombardeos masivos de la Segunda Guerra Mundial, y “sólo” un veinte por ciento de su casco urbano fue destruido. Esto es debido a que se convirtió en centro logístico de la Cruz Roja durante el conflicto bélico, y por ello fue algo más respetada que otras ciudades que no corrieron la misma suerte.

El casco antiguo de Lübeck, queda como una isla rodeada por los ríos Trave y Wakenitzes. Es bastante pequeño, por lo que se puede recorrer a pie fácilmente. Lo primero que llamó nuestra atención fue el Museo de las marionetas, que desgraciadamente a aquellas horas encontramos cerrado. Pero pudimos averiguar, que posee una de las colecciones de marionetas más grande, interesante y ecléctica del mundo. Eso quiere decir que no solo tienen infinidad de marionetas de todas las épocas, sino también de todo el mundo: África, Asia, Europa… Todo ello repartido en varias plantas y dividido por salas. Un autentico caramelo que nos quedamos con las ganas de saborear, pero otra vez sera…

Lübeck tiene una importante presencia de arquitectura Gótica. El casco antiguo está dominado por siete agujas que despuntan en el horizonte, pertenecientes a sus respectivas iglesias. Continuamos nuestro paseo y visitamos la iglesia Marienkirche, en la que aún se pueden ver las campanas destrozadas, tras un bombardeo en la segunda guerra mundial y la estatua de un diablo sentado, sobre la que existe una leyenda popular bastante divertida. Cuenta la historia que en el momento de construir la iglesia, el diablo pensó que se construía un bar en el lugar en vez de la iglesia y por lo tanto ayudó a su rápida construcción. A medida que avanzó la obra, se dio cuenta de su error y cogiendo una gran piedra alargada a manera de ariete intentó derribarla.

Un ciudadano, viendo la escena, lo paró y le dijo que ya que estaba terminada y no había nada que hacer, que no merecía la pena derribarla, que ya construirían un bar al lado (hoy día, el bar del ayuntamiento). El diablo soltó la piedra junto al muro de la iglesia, precisamente sobre la que está la escultura del diablillo, hoy en día, dejando la marca de sus manos en ella. Hoy es raro el visitante que no se hace la foto con el descarado diablo, con lo cual da bastante que pensar, quien gano la partido, no?

Justo al norte de la iglesia se alza la Buddenbrookhaus, una esplendida mansión blanca que debe su nombre a Los Buddenbrook, una de las novelas de Thomas Mann, natural de la ciudad. El edificio esta dedicado a su memoria y a la de su hermano, el también escritor Heinrich Mann.

Antaño solamente se podía entrar en la ciudad medieval a través de cuatro torres que hacían las veces de puertas de acceso, de las cuales Holstentor (1478) es la más famosa e impresionante. La ciudad ha conservado desde entonces un ambiente medieval que la diferencia del resto de capitales alemanas. En Lübeck encontramos muchos puntos de interés, pero quizá lo que más se disfruta es pasear por sus viejas calles, a cuál más bonita e inspiradora.

Seguimos callejeando durante largo rato observando el devenir tranquilo de la gente, paseando bajo sus viejos arcos. Recorrimos su centro histórico, empapándonos del Lübeck más desconocido, y por poner un “pero”, tan solo no haber previsto hacer coincidir nuestra visita, con alguno de los días en que se celebran funciones en su famoso teatro de marionetas, lo cual nos pareció realmente curioso.

Cansados, pero satisfechos de nuestra visita a Lubeck, regresamos a la autocaravana y pusimos rumbo hacia nuestro siguiente destino, la ciudad portuaria de Wismar. Cudad histórica donde las halla, gracias a sus preciosas calles empedradas que encierran una amalgama de edificios centenarios, iglesias históricas y un antiguo puerto.

Pasear por la Markplatz, fue todo un descubrimiento, con su Alter Schwede Market Hall, que es todo un testimonio de la época en la que Wismar perteneció al Reino de Suecia y el Wasserkuntz, una fuente renacentista en forma de pabellón que abasteció de agua a la ciudad durante tres siglos.

Su casco antiguo tiene 169 casas patricias, que forman el mayor centro histórico conservado del mar Báltico. Como anécdota podemos contar que Wismar, sirvió de telón de fondo para rodar una de las películas mas importantes del genero de terror, Nosferatu, uno de los vampiros mas famoso de la historia del cine.

Salimos de la plaza y pudimos disfrutar de varias iglesias, a cual más enorme. Tiene seis en concreto, y todas ellas son una incomparable muestra de la famosa arquitectura religiosa gótica en ladrillo rojo, típico de las ciudades que pertenecieron a la Liga Hanseática. La más reconocida de todas ellas, es la de San Nicolás, con su nave central de 37 metros de altura. A su lado pasa la Grube, un antiguo cauce de agua en forma de acequia, que todavía serpentea por el casco histórico y se conserva intacta.

Seguimos caminando y encontramos las cervecerías mas importantes de la población, que constituyen una de las atracciones turísticas más importantes del lugar. Además, no todo iban a ser monumentos! La más importante, la Brauhaus am Lohberg (Kleine Hohe Strasse, 15), además de ser un edificio espectacular, es lugar de parada obligatoria en el camino para degustar su magnifica cerveza, de elaboración propia desde el siglo XV. Está al lado del puerto, con lo cual a parte hay unas vistas preciosas. También tuvimos la opción de poder dar un paseo en barco por toda la cuenca marítima de Wismar.

Cansados, pues era tarde, regresamos a la autocaravana para comer y tomar un respiro, a la vez que planificábamos nuestros siguientes pasos. En nuestra lista se encontraba la visita a otras poblaciones costeras como, Rostock o Stralsund, pero lo cierto es que Lübeck nos había encantado, Wismar, nos pareció bonita, pero nos daba miedo que si seguíamos visitando poblaciones bálticas con un aire tan parecido unas a las otras, al final se nos acabaría haciendo la ruta aburrida.

Fue por ello que decidimos dar un pequeño salto y dirigirnos directamente a la península de Fischland-Darbs-Zingst, un lugar que teníamos unas ganas inmensas de conocer y que nos dejo totalmente entusiasmados. Es lo bueno que tiene viajar en autocaravana, que puedes ir cambiando y dibujando la ruta en cada momento.

La península de Feschland-Darss-Zingst, es una de las más hermosas de las que hemos podido disfrutar. Está situada junto al Parque Nacional más grande de la Alemania del Este, el Vorpommersche Boddenlandschaft, en el que encontramos bosques, praderas, pantanos, dunas y lagunas de agua salada.

Es famoso también por sus variadas regiones y sus kilométricas playas. Su costa de arena fina tiene 60 kilómetros de largo y os podemos asegurar que es única por muchos motivos. Fina arena blanca hasta donde llega la vista, sin piedras e ideal para pasar unos días de descanso, o para volverte loco practicando surf, o windsurfing.

Nos adentramos en la península de Zingst por el sur, desde la población de Dierhagen. En paralelo a la carretera, un magnífico y concurrido carril bici recorría la península de punta a punta. A nuestra derecha, la bahía de Saaler y a la izquierda, la playa y el mar Báltico.

No pudimos evitar detenernos para echar una ojeada. Lo hicimos en la maravillosa Playa de Darsser Westtand, situada dentro del parque nacional, con sus arboles retorcidos extravagantemente en un asombroso ejercicio de flexibilidad, llamados coloquialmente Windflüchtern, y sus famosas cestas de mimbre, que sirven para protegerse del fuerte viento, ya que en ocasiones puede resultar muy molesto cuando estas tomando el sol.

El lugar nos pareció maravilloso, al escribir estas palabras no he podido evitar un pequeño suspiro, por que simplemente la imagen que de ella tengo, me resulta tremendamente deliciosa. No quisimos demorarnos demasiado pues teníamos ganas de visitar primero el pueblo de Ahrenshoop y ya más tarde disfrutar tranquilamente del atardecer en aquellas playas de ensueño.

Dimos una vuelta rápida, volvimos a subir a “Suny” y nos encaminamos hacia la colonia de artistas de Ahrenshoop.

Fundada a finales del siglo XIX, es conocida por ser una de las colonias más importantes, pues hoy en día sigue siendo un lugar de artistas, en el cual se puede descubrir el cambio de paisajes y luz tal y como lo hizo en su día el pintor Paul Müller- Kaempff.

El paisaje, la gente, la atmósfera inter-cultural y creativa del lugar, han sido inspiración de obras de arte conocidas mundialmente, y que suponen un gran impulso para la pintura y el arte en general.

Ahrenshoop nos enamoró en cuanto pusimos nuestros pues en ella. Sus casitas con sus techos de paja, pintadas de colores alegres y con todo tipo de ilustraciones en sus puertas, hacían de aquel un lugar realmente excepcional. Recorrimos sus pequeñas calles, observando todo con cara de estupefacción. Todo en el lugar era de una belleza arrebatadora. Son muy recomendables las visitas a las galerías de arte de Kunstkaten y Alte Schule, y como no la de la pequeña iglesia marinera típica de la zona, conocida por su curiosa forma de barco puesto boca abajo, original a la que vez que sencilla.

Dimos un agradable paseo para ver, la playa primero, y la bahía más tarde, disfrutando del contraste entre ambas. Lo cierto es que nos encantaba todo lo que estábamos viendo y se nos pasó el tiempo volando, sin duda, hubiésemos alargado todavía más nuestra visita al lugar, pero empezaba a ser tarde. Pronto anochecería y convenía encontrar un lugar para pernoctar antes de quedarnos sin luz.

Eran dos las áreas que teníamos más próximas. La primera y más cercana, se encontraba a las afueras de la población de Perow. Tras cruzar el parque nacional de Vorpommersche Boddenlandschaft, la encontramos fácilmente, pero no nos gustó. Se encontraba a pié de carretera en el que nos pareció un lugar poco agradable para pasar la noche, así que preferimos dirigirnos a la segunda opción situada en la población de Zingst. En este segundo caso el área se encontraba al Norte de la población, en una zona muy tranquila al lado de la playa, pero llegar hasta ella nos costo un buen rato, pues tuvimos que cruzar toda la población. Al llegar, un grupo de surfistas nos dio la bienvenida. El área se encontraba muy concurrida pero afortunadamente encontramos una plaza. La única pega resulto ser, que estaba bastante justita de servicios, los 15 euros que costaba pasar allí la noche se nos hacían algo caros, ya que prácticamente carecía de servicios, pero el lugar era fabuloso y bien merecía soltar los 15 euros.

Nos acercamos a la playa en el momento en que los últimos rayos de luz se despedían de nosotros. El aire, gélido a aquellas horas, soplaba con fuerza, sonrojando nuestras mejillas, viento que muchos amantes del windsurf y kitesurf se apresuraban a disfrutar. La singularidad de aquel paisaje era abrumadora, los rayos de luz caían sobre sus aguas plateadas, vistiéndolas de un brillo casi cegador. Nos sorprendía la quietud de la pareja sentada en un banco en la misma arena de la playa, con sus manos entrelazadas y la mirada perdida en la infinidad del mar. Ese mar que habíamos echado tanto en falta, y que nos había entregado momentos tan íntimos y especiales. Ese mismo mar que volveríamos a anhelar en el mismo momento que lo volviéramos a abandonar. Allí quietos, con el viento despeinando mis cabellos, observábamos la composición de aquel momento para no olvidarlo jamas.

Apenas quedaba luz, algún resquicio perdido entre las nubes negras, y alguna diminuta lucecilla que se filtraba de la cercana población, momento este en el que aprovechamos para regresar a la autocaravana, y asimilar todo lo vivido durante ese magnifico día. Nos preparamos algo de cena, y descansamos repasando las fotografías de aquel día tan intenso. Hasta que el sueño y el agotamiento, nos pudo y nos abandonamos en los brazos del hado de los sueños.

Dia 10: Zingst – Isla de Rügen.

Nos despertamos ansiosos en nuestro décimo día de viaje. La península de Zingst nos había parecido un lugar excepcional por muchos motivos y teníamos ganas de seguir disfrutando de ella. Lamentablemente el tiempo parecía no acompañarnos demasiado aquella mañana, pero estábamos convencidos de que el sol conseguiría otra victoria mas, sobre el gris matutino Alemán, y se abriría nuevamente paso entre las nubes.

Nuestra idea para aquella mañana, era dirigirnos a uno de los principales atractivos turísticos de la península, el faro de Darsser Ort, situado en pleno parque nacional Vorpommersche Boddenlandschaft. Son varios los caminos que conducen hasta él, pero evidentemente solo se pueden hacer a pié, en bici, o en uno de los carruajes de caballos que recorren el parque. En nuestro caso teníamos ganas de pedalear.

Tras desayunar nos dirigimos nuevamente a la población de Perow, desde la que sale el camino hacia el faro que queríamos hacer. La población nos pareció pequeña y extremadamente turística, lo cual nos hizo poner en alerta al circular por ella, ya que fue bastante complicado no perder el control entre tanto turista. Finalmente logramos cruzarla, y hallamos un aparcamiento en el que dejar la autocaravana. Era de pago, pero preferimos marcharnos con la tranquilidad de dejar el vehículo a buen recaudo. Era curioso ver como nos observaban, dos autocaravanistas españoles en aquel lugar recóndito, y es que hay que reconocer que no vimos otro turismo que no fuera el propio Alemán. Ni una autocaravana de ninguna otra nacionalidad, aparte de la Alemana, nos resulto increible, pero realmente ha sido casi la tónica habitual en gran parte de nuestra ruta.

Al pié del parking, se encontraba justamente el camino que conduce al faro, por lo que bajamos las bicis y nos pusimos a pedalear. El día seguía frío, pero pedalada a pedalada comenzábamos a entrar en calor, el recorrido estaba siendo fantástico y seguimos con nuestro pedaleo tranquilo. Encontramos un poco de todo: tramos asfaltados, otros de tierra que cruzaban los bosques, hasta que finalmente llegamos a un aparcamiento abarrotado de bicicletas.

Ante nosotros se encontraba el faro de Perow, cuya cima era apenas visible por la niebla tan densa que había en el lugar.

Al bajar de las bicis nos dio la risa, era una situación un tanto surrealista, nos resulto muy divertido tanta gente allí congregada, para ver, que? Una niebla tan intensa que apenas eramos conscientes de lo que teníamos delante. Pero aun así, nos cogimos de la mano, nos adentramos a través de sus arboles retorcidos y hundimos nuestros pies en su gélida arena.

Poco a poco, nos acercamos a la playa, en la que nos encontramos con un paisaje cuanto menos singular. La niebla invadía la playa en toda su longitud, haciendo que su arena pareciera todavía mas blanca si cabe. Anduvimos un buen rato por allí, extrañados pues había quien intentaba tomar el sol bajo aquel manto de nubes. Estos Alemanes no dejan de ser curiosamente adorables.

De vez en cuando, parecía que el cielo se habría en pequeñas hileras brillantes, que nos hacían presagiar un inminente día soleado, pero a los pocos minutos, se volvía a esconder, como un niño travieso que juega con nosotros.

Más tarde, volvimos a coger las bicis, y dando un paseo por el parque nacional, regresamos a la autocaravana. Realmente había muchos lugares para perderse por la península, pues llevábamos toda la mañana pedaleando, y apenas habíamos recorrido una pequeña parte del parque. Por fin, la mañana había abierto, y unos agradables rayos de sol calentaban todo el lugar.

Por otra parte, nos parecía curioso no haber leído nada sobre la península de Zingst cuando preparábamos el viaje, un lugar que nos pareció especialmente indicado para pasar unos tranquilos días de vacaciones. Pero lo cierto es que la inmensa mayoría de los que allí se encontraban eran alemanes, lo cual evidenciaba lo poco conocida que es la región fuera de las fronteras alemanas.

En nuestro caso, dimos por concluida la visita a la península pues nos quedaba todavía mucho por recorrer, así que tomamos la carretera principal en dirección Barth, abandonando la península por el oeste. Encontramos un aparcamiento de un supermercado, en el que nos detuvimos a hacer unas compras y de paso comer, pues ya era tarde. El sol brillaba con fuerza a aquellas horas, parecía mentira que horas atrás estuviéramos inmersos en la niebla. Algo descentrados con tanto cambio de tiempo, retomamos la marcha hacia nuestro siguiente destino, la isla de Rügen.

Situada en el extremo noroeste de Alemania en pleno Mar Báltico, y con una extensión de aproximadamente 40 kilómetros de ancho por 50 kilómetros de largo, y una superficie total de 926 kilómetros cuadrados, la isla de Rügen es la más grande de Alemania. Comentar que esta isla es uno de los mayores destinos de vacaciones y recreación en Alemania, y dispone del curioso indice más elevado de turistas por residente, que cualquier otro lugar de Alemania. En ella se encuentran muchos de los mejores resorts a orillas del mar, principalmente por disponer de un clima bastante moderado, que va desde los 0 grados en invierno hasta los 16.3 en Agosto.

Uno de los mayores atractivos turísticos de la isla son los antiguos trenes de vapor como el que tuvimos ocasión de probar en la zona del Hartz. Con ellos, incluso se puede acceder directamente a muchos de los resorts que comentamos, así como disfrutar de las playas y explorar la diversidad de paisajes que ofrece este paraíso alemán.

El principal acceso a Rügen es a través del puente Rügendamm, que comunica la isla con la ciudad de Stralsund por carretera y tren. Aunque si se prefiere, también se puede llegar en ferry desde esa misma ciudad, o desde Greifswald y Wolgast. En nuestro caso, evidentemente decidimos ir por el puente. No nos encontrábamos lejos de Stralsund, apenas a algo mas de 30 Kilómetros, pero nuestra intención era visitar el Nationalpark Jasmund, situado en el extremo noroeste de la isla, lo cual suponía añadir otros cincuenta Kilómetros más, por lo que no debíamos demorarnos demasiado.

La tarde estaba espléndida, y salvo algunas retenciones en el acceso a la isla, poco mas nos demoró durante nuestro camino hasta la población de Sassnitz. Llegamos a ella sin demasiada información de donde debíamos dirigirnos. Sassnitz, es una pequeña ciudad portuaria, y nos resulto un tanto complicada movernos por ella. Teníamos localizada la oficina de información turística, pero las estrechas calles del centro eran poco amigas de un vehículo como el nuestro, por lo que decidimos continuar con la marcha. No nos costó demasiado encontrar la carretera que se adentraba en el parque Nacional.

Apenas sin darnos cuenta, distraídos con la exuberante vegetación del parque, llegamos a un claro, y en él un amplio aparcamiento en el que para nuestra fortuna, tenia una zona específica para autocaravanas. No lo dudamos y allí dejamos aparcada a Suny. Tan rápido como pudimos, pues la tarde estaba preciosa y queríamos disfrutarla al máximo, nos equipamos bien y salimos a explorar el terreno.

Junto al área de autocaravanas se iniciaba un camino de unos cuatro kilómetros que, según nuestras indicaciones, conducía al Stubbenkammer (Mirador del asiento del Rey), uno de los lugares que más ganas teníamos de visitar, así que ni cortos ni perezosos comenzamos a recorrerlo.

Iniciamos el sendero que nos adentraría en el bosque, transportándonos como por arte de magia, a un mundo de hadas y duendes. Donde los arboles se hicieron inmensos, los colores intensos y los lagos se cubrieron de alfombras de terciopelo verde, que parecían permitirnos nadar sobre ellos. El lugar era una sucesión de imágenes superpuestas, que nos ofrecían una visión inverosímil, de un lugar que parecía imposible que pudiera existir, si no es en la mente de Tolkien.

Apenas sin darnos cuenta, recorrimos los cuatro kilómetros cruzando aquel maravilloso y mágico lugar, no sin emplear un tiempo considerable, pues a cada paso que dábamos, algún rincón llamaba nuestra atención. Podríamos decir que en esta ocasión el recorrido supero con creces las expectativas del destino, y es que cuando llegamos a la costa, nos encontramos con que el Königsstuhl (El asiento del rey) se hallaba dentro de un parque de ocio o algo parecido, o eso nos pareció entender. Con lo cual, nos dio absolutamente lo mismo el no poder observar el mirador del rey (y también toda la parafernalia de restaurantes que seguramente habrían construido en el) gracias al cielo, aquello era realmente un paraíso, y no un parque artificial.

Volvía a ser tarde, por lo que no consideramos oportuno pagar para entrar en el parque, y mas si cabe, por que dudo que encontramos en el, algo que fuera mas precioso que lo que habíamos disfrutado durante nuestro recorrido. Tomamos el camino que conducía a los acantilados, para desde allí, contemplar la impresionante estampa del lugar.

Una larguísima escalera de madera nos invitaba a bajar hasta la playa. En aquel mismo instante, nos vino un flash de nuestra estancia en Dinamarca, mas concretamente cuando visitamos Monts Klint, ya que el lugar nos recordaba tremendamente a el, pero todo hay que decirlo, no tan idílico, y es que si lo pensábamos estábamos en aquel momento casi pegados a Dinamarca.

La escalera parecía no tener fin, se adentraba mas y mas hacia el abismo, y nosotros bajábamos cada vez mas. Pero no se nos iba de la cabeza, que después tendríamos que subir esta grandiosa escalera peldaño a peldaño, si queríamos volver a la auto.

Al poner nuestros pies en la playa, aun nos recordó mas a Monts Klint, pero nuestra desilusión en esta ocasión quedo patente, ya que no era ni por asomo tan espectacular como nuestra añorada Monts Klint. No me entendáis mal, el lugar era precioso, pero es que Monts Klint era una paisaje casi espacial, irreal al cien por cien. Anduvimos por allí largo rato, contemplando aquellos impresionantes acantilados. Parecíamos unos seres diminutos comparados con aquella grandiosidad. Y desde allí abajo pudimos contemplar suspendido en las alturas el majestuoso asiento del rey. Incluso nos pareció estar alucinando un poco, cuando vimos un grupo de cisnes navegando por el mar sosegadamente… Si, si en el mar!

No sin una buena dosis de sufrimiento iniciamos finalmente nuestra ascensión a través de aquella endemoniada escalera, adentrándonos nuevamente en la densidad del bosque Jasmund. Era tarde y estábamos realmente cansados, pero aun así no eramos capaces de dejar de contemplar aquel paraje que nos tenia hechizados, sin duda, lo mejor de la isla.

Llegamos a la autocaravana ya casi de noche y sin aliento. Con la hora justa de prepararnos algo de cena y disfrutar de una inigualable puesta de sol, que difícilmente olvidaremos. La noche no fue menos especial, pues hacia tiempo que no disfrutaba de un cielo tan limpio y estrellado como aquel. Sin duda parecía que estábamos en el fin del mundo, pero un fin del mundo perfecto. Y así, cansados por el día tan ajetreado que habíamos vivido, pero satisfechos de cuanto habíamos conocido, nos dormimos bajo la sutil vigilancia de las estrellas.

Dia 11: Isla de Rügen – Röbel

Dice un conocido refrán: “noches estrelladas, días lluviosos”, y aunque nos pareciera mentira después de una noche sin una sola nube en el cielo, tuvimos otra mañana pasada por agua. De hecho, ya durante la noche, la fuerte tormenta que había caído sobre Rügen nos había despertado en más de una ocasión, y parecía persistir durante la mañana.

Resignados al ver como aquel paraíso en el que nos habíamos dormido la noche anterior, aparecía como un prado anegado bajo un cielo gris. Nos desperezamos despreocupadamente, al menos el esfuerzo por visitar el Parque nacional de Jasmund la tarde anterior había merecido la pena. Desayunamos y, tras reponer agua, emprendimos nuevamente la marcha. El día había amanecido francamente desapacible, pero nos resistíamos a marcharnos de allí, así que pusimos rumbo a la vecina población de Lohme.

Pequeña, costera, y con aspecto algo abandonada, Lohme evidenciaba su pasado turístico y el posterior abandono y deterioro que había sufrido la isla durante la división de Alemania, tras la segunda guerra mundial. Situada al norte de del Parque Nacional Jasmund, es también origen de distintos senderos que recorren la costa hasta el archi-conocido Asiento del Rey.

Nosotros, que nos resistíamos a marcharnos de la isla sin poner un pie en él, decidimos recorrer el parque por su cara norte, concretamente desde Lohme, para ver si desde allí eramos capaces de llegar al dichoso asiento real. Sin embargo la pequeña tregua que la lluvia nos había dado, acabó en aquel mismo instante, lo que nos obligo a ponernos los chubasqueros y a cargar con los paraguas para no empaparnos. Recorrimos gran parte de la costa, pero en aquella ocasión el día no nos acompañó, haciendo de aquel recorrido una sucesión de momentos fríos y poco agradables, por lo que decidimos regresar a la autocaravana. Emprendimos la marcha rumbo hacia otro de los destinos señalados en nuestro paso por la isla de Rugen, la destartalada Prora.

Para ello tomamos la carretera que recorre la isla por su costa este, en dirección a la concurrida población de Binz. Antes de llegar a ella, entre dunas de arena y bosques de pino, se encuentra una de las construcciones más extravagantes de Alemania, una enorme masa de hormigón que se extiende unos cuatro kilómetros por la costa. Esta amenazadora presencia es Prora, una reliquia del programa nazi, cuyo nombre significa “Fuerza a través de la alegría”. La idea de Hitler era que todo el mundo pudiera tener vacaciones en la playa, a un precio asequible, fue por ello que invito a las familias alemanas a que vinieran aquí de vacaciones a ocupar uno de los innumerables apartamentos que allí se hallaban. Pero llegó la guerra y los únicos inquilinos de Prora fueron los refugiados de las ciudades alemanas bombardeadas.

Hoy en día puedes pasear a través de esta inmensa mole de cemento, leyendo las pintadas que hay en sus paredes, y alucinando de todo lo que aquel mamotreto significo. También se pueden visitar varios museos, entre ellos, el Prora- Museum, el NVA- Museum y el Rügen Museum, todos ellos de distinta temática. Pero lo mas impresionante es pasear a través de sus cuatro kilómetros de extensión, lo que os aseguro que no dejará a nadie indiferente. Sin embargo, no deja de sorprender el parecido de aquel concepto con el de muchas ciudades de vacaciones costeras de hoy en día, siendo sin duda admirable la anticipada visión del futuro que durante aquel periodo tuvieron.

Satisfechos con la visita, pues era aquel un lugar de los que gusta visitar por su singularidad, continuamos rodeando la costa rumbo al sur-este de la isla. En escasos minutos llegamos a la población de Binz, la cual nos atrapó en un enorme atasco. La tranquilidad que habíamos respirado en toda la isla terminó de repente pues la aglomeración de gente en Binz era increíble. Eso y las curiosas casas coloniales de que dispone la población, nos hacia incluso creer que nos encontrábamos en otra isla. Sin duda resultaba evidente que, como habíamos leído, el extremo sur-este de la isla es el más explotado turísticamente, y en el que se encuentran la mayoría de complejos hoteleros.

Hicimos un intento por aparcar sin demasiado éxito. Luego, nos miramos, y ambos entendimos que aun estando señalado en nuestra ruta, no era aquel un lugar en el que nos apeteciera detenernos, por lo que continuamos con nuestro camino.

Empezaba a ser tarde y nosotros a tener apetito, así que en las inmediaciones de Sellin nos detuvimos a comer en un amplio aparcamiento, junto a un espléndido complejo turístico. Descansamos allí un rato a la vez que oíamos sonar el silbato de las viejas locomotoras de vapor que recorrían la isla. Más tarde, dimos un pequeño paseo por aquel parque, muy bonito, pero carente de personalidad. Sin duda aquel lugar estaba hecho para un turismo de masas del que siempre nos intentamos alejar, por lo que dimos por terminada nuestra visita a la isla. Quizás pudiéramos haber encontrado en Rügen muchos más tesoros de los que ya habíamos descubierto, pero como el Parque Natural de Jasmund Park y Prora nos habían encantado, preferimos marcharnos con el dulce sabor de boca que dichas visitas nos habían dejado, antes que la gran afluencia de turismo que en el sur-este de la isla había nos llegara a agobiar.

Tomamos el camino que conduce al único acceso por carretera a la isla, el puente de Rügendamm, y regresamos al viejo continente. Stralsund, primera ciudad que encontramos nada más cruzar el puente, estaba en la lista de lugares para visitar, pero el cuerpo nos pedía tranquilidad, por lo que decidimos iniciar el camino hacia nuestro próximo destino, la región lacustre de Meckenburg.

Antes, sin embargo, sí había una parada obligatoria que realizar en las inmediaciones de Stralssund, más concretamente en la vecina población de Greifswald. Antigua ciudad hanseática y universitaria de la región de Pomerania Occidental, Greifdwald se encuentra situada a las orillas de la bahía de la cual toma el nombre, Greifswalder Bodeen, en el Mar Báltico, en un enclave muy pintoresco que hace del lugar especialmente relevante para detenerse. Pero, no era la ciudad lo que nos había llevado hasta allí, sino las ruinas del Monasterio de Eldena.

El lugar es realmente un remanso de paz. Sus ruinas descansan entre arboles centenarios. Sin lugar a dudas, es uno de los lugares más románticos y conocidos en Alemania gracias a su gran pintor, Caspar David Friedrich, que inmortalizó estas preciosas ruinas en varios de sus cuadros. Un pintor cuyos esbozos hacía en hojas de cuadernos que llevaba consigo durante sus viajes a pie por los caminos de Alemania.

Hace dos siglos, por aquellos bosques, aun debían conservar el misterio y la belleza de la naturaleza primitiva, intacta. Bosques que aun no habían sido mancillados y atravesados por amplias carreteras y ferrocarriles, ni sus arboles talados masivamente para dejar paso a la civilización industrial. Todo esto es Eldena, el ultimo reducto de naturaleza en la dura civilización.

Abandonamos sus ruinas, con una agradable sensación. Nos había gustado el lugar y queríamos seguir descubriendo otros tantos emplazamientos. El tiempo pareció volverse loco y es que tan pronto veiamos un cálido sol brillando en el horizonte como se ponía a diluviar. No nos lo podiamos creer, que climatología tan cambiante la de este país.

Finalmente llegamos a nuestro destino, la pequeña población de Röbel, emplazada a orillas del lago Müritz. La suerte quiso que nuestra llegada condiciera con un esplendido atardecer. Aparcamos en uno de los parkings que tiene la localidad y salimos escopeteados a disfrutar de esta maravilla ambarina.

A finales de la ultima glaciación, los hielos se retiraron hacia el Este  a través de Mecklenburg, dejando lagos y canales de deshielo, a la par que se fueron depositando arena y grava. De esta forma tan peculiar, se creó un paisaje lleno de páramos, bosques, pantanos e innumerables masas de agua de un azul intenso. En el corazón de esta región se encuentra el maravilloso lago de Müritz, el segundo lago de Alemania, con 29 kilómetros de longitud y 117 kilómetros cuadrados de superficie. Este lago es un paraíso para los amantes de los deportes acuáticos, con lo cual estábamos en nuestra salsa.

Nuestra intención era visitar el lago esa misma tarde, pernoctar en Röbel y hacer una pequeña excursión en kayak a la mañana siguiente. Por ahora nuestros planes iban saliendo a pedir de boca pues la tarde estaba preciosa, la lluvia había cesado, dando paso a un cielo azul que rivalizaba en belleza con el agua tan intensa del lago. La estampa era preciosa. Sus casitas con tejados de paja y sus vivos colores, nos dejaron encantados. Seguimos el curso del lago y fuimos ribeteando su contorno, el lugar mezclaba a la perfección el verde de sus frondosos arboles con la claridad de sus aguas cristalinas.

El atardecer estaba resultando perfecto. Subimos a la parte alta de la población, desde donde las vistas eran excepcionales. Nos sentamos en un banco a contemplar los colores cambiantes del atardecer, y a saborear el delicioso aroma de los arboles que allí habitaban y así simplemente esperamos a contemplar lo que al momento sucedió, un atardecer increíble a orillas del lago Müritz. Solo el aleteo de los pájaros profanaba aquel perfecto silencio.

Comenzamos a bajar de nuestra nube y volvimos despacio hacia la autocaravana. No nos habíamos percatado de cuanto nos habiamos alejado del aparcamiento, pero que mas daba, habíamos sido testigos de un momento único, y el cansancio pasaba a un segundo plano. Después de volver a subir a Suny, nos dispusimos a entrar en el área para AC´s que había junto al puerto, cerca de aparcamiento en el que nos encontrábamos. Lamentablemente, resultó que estaba abarrotada, lo que nos supuso un pequeño contratiempo pues estábamos cansados y era tarde, mala combinación para tener que ponerse a buscar un lugar para dormir.

Abrimos nuestro libro de áreas y vimos que cerca de allí había un par en las que podríamos pasar la noche. Nos dirigimos a la primera, pero al llegar a ella no nos gustó demasiado. El lugar nos pareció ruidoso y poco agradable. Pusimos por tanto rumbo hacia la segunda área señalizada en nuestra guía, la de la Pensión Müritzwiese. Llegamos a ella a la vez que se ponía a llover fuertemente, lo que nos hacia tener una visión casi nula de lo que habia a nuestro alrededor. Para colmo, el área, estaba totalmente a oscuras, lo que nos hacia tener aún más dudas, pero cansados de la situación, y con el panorama que teníamos, decidimos no dar mas vueltas y adentrarnos en ella.

Eran cerca de las diez y media de la noche, estabamos totalmente  a oscuras, se habían abierto las compuertas del cielo, y para colmo de males, no acabábamos de entender si en la pensión podíamos simplemente repostar o quedarnos a dormir. Conrad se puso el chubasquero y se dirigió a la entrada en medio de la oscuridad. La situación fue de película de Almodovar, pues él intentó entrar a la vez que la dueña de la pensión, salía de ella, pegandose el susto de su vida. El pobre Conrad intentó poner su mejor sonrisa para calmar a la anciana, quién, después de reirse de la situación, le invitó a entrar en la pensión. Ya bajo techo y junto con un par de ancianos amigos de la propietaria, intentó explicarles que veníamos a pasar la noche con nuestra autocaravana, en un dialogo mezcla de español, alemán e ingles, tornándose aquella en una escena más propia de una película de Woody Allen.

Finalmente, después de un buen rato, lograron entenderse, la anciana salió y nos abrió el porticon para que entráramos en sus dominios. Como pudo nos explicó como funcionaba aquello. Nos dio luz, una llave para usar los lavabos, y nos ofreció una preciosa sonrisa que nos dejó mucho más tranquilos.

El lugar parecía ser precioso, pero yo solo veía una figura moviéndose rápidamente en el exterior. Jamas he visto llover de aquella manera. Al rato volvía Conrad, mojado como una sopa, y con carilla de circunstancias. No sabia si le habían llegado a entender, pero al menos ya estábamos a buen recaudo en aquel jardín tan verde.

Después de secarse, tomamos una sopa calentita, aparcamos paraguas, chubasqueros, y botas en un lugar caliente para que pudieran secarse, y nos introdujimos en un mundo de silencio, que nos invitó a unirnos a una danza caprichosa de gotas de agua y sonidos sutiles.

Día 12: Röbel – Berlín

Nos levantamos con ganas de vivir nuestra aventura acuática a orillas del Müritz, pero lo que nos encontramos nos daba pocas opciones de poder realizarla. Había estado toda la noche lloviendo a cantaros y aún seguia cayendo una chupa de agua considerable. Desayunamos tranquilamente en la auto y comenzamos a planear la ruta. Por fin teniamos el placer de poder observar el lugar tan privilegiado en el que habíamos pasado la noche. El área en la pensión Müritzwiese resulto ser un lugar encantador, al menos eso no nos lo pudo arrebatar el mal tiempo.

Un tanto desanimados llegamos a la conclusión de que era mejor hacer kilómetros y no perder el día completo esperando que el tiempo mejorara, con lo cual decidimos dar un salto cuantitativo y ponernos en marcha hacia Berlin, para así poder tener un día más para disfrutar de la capital alemana.

Excitados ante lo que nos esperaba,  ya que nuestra inminente llegada a Berlín estaba aún más cerca, nos encaminamos hacia la ciudad de nuestros sueños, esa que tantas veces habíamos planeado visitar, y  que por fin teniamos casi en la palma de la mano. De esta forma cumpliríamos otro de nuestros anhelos, conocer la capital cuyos sinonimos parecen ser siempre “superlativos”. Como dicen en uno de los diálogos de la fotogénica pelicula “El Cielo sobre Berlin”, -”después de vivir varios años en Alemania, creo que hay más ángeles sobre Berlin que los que podemos permitirnos creer!”- Pues vayamos a su encuentro y escuchemos el aleteo de sus blancas alas…

-El viaje continua en la cuarta parte del relato: Belín.-

La Alemania de las mil caras III: Mar Báltico from conrad y echobelly on Vimeo.

Créditos vídeo: The Strokes- Under cover of darkness

ROAD BOOK

Dia 9: Lubeck – Zingst.
Kilómetros día: 210 Kms.

-Área Autocaravanas centro de Lubeck
GPS: 53º 52′ 17” N – 10º 40′ 43” E
Coste: pago en parkimetro según estancia (domingos gratuito).

-Aparcamiento público Wismar
GPS: 53º 53′ 26” N – 11º 28′ 11” E
Coste: Gratuito.

-Aparcamiento público Areenshop.
GPS: 54º 22′ 41” N – 12º 25′ 00” E
Coste: Pago en parkimetro según estancia

- Pernocta: Área Autocaravanas Zingst. (Pag. 77 guía ADAC)
GPS: 54º 26’ 27’’ N – 12º 42’ 25’’ E
Capacidad: 40 plazas.
Precio: 15€/noche

Dia 10: Zingst – Isla de Rügen.
Kilómetros día: 132 Kms.

- Aparcamiento público Perow
GPS: 54º 27′ 06” N – 12º 33′ 16” E
Coste: 4 euros/día

- Pernocta: Area Autocaravanas Hagen (Pag. 81 guía ADAC)
GPS: 54º 33’ 44’’ N – 13º 37’ 36’’ E
Capacidad: 40 plazas
Precio: 8 €/noche. Vaciado quimico 2 €

Dia 11: Isla de Rügen – Röbel
Kilómetros día: 310 Kms.

- Aparcamiento público Lohme
GPS: 54º 34′ 58” N – 13º 36′ 45” E
Coste: Pago en parkimetro según estancia.

- Aparcamiento ruinas de Prora.
GPS: 54º 26′ 45” N – 13º 34′ 15” E
Coste: Pago en parkimetro según estancia.

- Aparcamiento público Sellin.
GPS: 54º 22′ 19” N – 13º 41′ 43” E
Coste: Pago en parkimetro según estancia.

- Aparcamiento público ruinas de Eldena (Greifwald).
GPS: 54º 05′ 16” N -13º 27′ 13” E
Coste: Gratuito.

- Aparcamiento público Röbel
GPS: 53º 23′ 11” N – 12º 36′ 57” E
Coste: gratuito.

- Pernocta: Área Autocaravanas Gotthun (Röbel) (Pag. 151 guía ADAC)
GPS: 53º 25’ 16’’ N – 12º 35’ 30’’ E
Capacidad: 9 plazas.
Coste: 15,5 €/noche.

8 Comments + Add Comment

  • No os perdisteis nada por no de entrar al recinto de pago, 6€/pers, ( 2009) para ver el Stubbenkammer tmbien llamado Mirador del asiento del Rey,Mucha gente, los arboles próximos dificultaban bastante la vision y el año que estuvimos nosotros habian un sin fin de mosquitos diminutos que se introducian hasta en los ojos, pero compensó con creces el paseo por el tupido bosque de hayas con sus aguas cubierdas de un verdin, que dicen que son únicos en estas zonas ( no recuerdo el nombre que le daban a esto), pero que le daba al lugar un caracter especial.

    Este año haremos el recorrido por el Elba desde su desembocadura hasta el nacimiento, solo espero no tener tanta lluvia.
    Bonito relato, que me trae muchos recuerdos

  • Hola Sagrario:

    Gracias por tu aportación, ya nos parecio lo que comentas, ya que le echamos un vistazo desde fuera y nos parecio una chorrada, con lo cual si encima lo confirmas, pues nos quedamos mucho mas tranquilos.

    En cuanto al resto de la ruta a nosotros nos encanto, realmente es un lugar precioso, con eso verdes tan intensos y como bien dices con ese manto de verdin que le da un aspecto mas mágico si cabe…

    Nos alegra que te haya gustado el relato y tambien te deseamos que para este año tengas mejor tiempo, aunque creo que lo importante es tener claro que te puede hacer casi cualquier temperatura, calor, lluvia, frio…etc…! Aún así merece la pena, nosotros lo volveriamos a hacer con los ojos cerrados.

    Un saludete enorme.

  • Hola chicos:

    Que bonita la tercera parte del viaje, tanto los lugares visitados, las fotografias, el video, el texto… Nos ha gustado muchisimo. Eso si, al final nos acostamos mas tarde por vuestra culpa jeje. Pero es que nos engancho tanto que no fuimos capaces de dejar de leerlo…

    Como siempre un placer leeros, y un placer que nos hagais soñar con tantos lugares especiales.

    Un beso gigante.

  • Hola guapa:

    Nos alegra que te haya gustado tanto, eso si siento que por nuestra culpa hayas tenido menos horas de sueño jajaja… que luego ireis todo el dia echos polvo!

    En cuanto al relato, intentamos reflejar lo que vimos y lo que vivimos, que para cada persona es distinto. Aunque me encanta que gente que ha estado en el mismo lugar, como es el caso de Sagrario, le traiga tantos recuerdos de lo que ella vivio en los mismos lugares.

    Es la magia de la lectura.

    Un besazo enorme a los dos.

  • Hola chicos:

    Muy interesante esta tercera parte, me sumo a los comentarios de Sagraria y Maria. Dan ganas de salir pitando ahora mismo. Impresionante el bosque de hayas y esas playas tan bonitas. Que envidia.

    Espero con ansias la cuarta parte.

    Saludos.

  • Hola Manu:

    Me alegro que este gustando y te parezca interesante. En esta tercera parte hemos podido disfrutar de unos paisajes excepcionales. En cuanto a la cuarta parte, ya te digo que vais a tener que tener paciencia, por que todavia quedan cosillas por determinar, con lo cual…

    Lo dicho, gracias por la visita y por leernos.

    Un saludo enorme.

  • Como imaginaba, esta tercera parte no me ha defraudado. Me ha encantado el relato, las fotos preciosas y el vídeo genial. Si algúnn día vamos por esos lares tened seguro que contaremos con toda la información que estáis poniendo. A mí me encantaría tener esa capacidad de contar las cosas como las contáis vosotros.

    Esperamos con ansia la cuarta parte, que seguro que no tiene nada que envidiar a esta. ;)

  • Hola Alicia:

    Que alegria tenerte de vuelta en las aventuras vividas en Alemania. Que decirte, a parte de darte las gracias por leernos y si encima te ha gustado tanto el texto, como las fotos, como el video… no podemos pedir más…

    En cuanto a lo de contar las cosas de la manera que lo hacemos, yo creo que eso deben ser los genes jajaja… supongo que cada uno ve las cosas de una manera determinada, e intenta plasmarlo de igual manera.

    Nos vemos en la cuarta parte… Aunque no te enfades, por que esta tardara un poquito más, es que vamos de culooooooo!!!!! jajaja

    Un saludo enorme.

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