Postdam y Sajonia

jun 29, 2011 by     6 Comments    Posted under: Autocaravana, Deportes, Grandes viajes, Trekking

Apenas sin darnos cuenta habíamos cruzado el ecuador de nuestro viaje. Hasta el momento Alemania nos había ofrecido momentos inolvidables en lugares singulares, y había satisfecho por completo nuestra curiosidad viajera, culminado además por la visita a Berlín, ciudad que nos había dejado una impronta imperecedera. Sin embargo, el paso de los días y sobretodo, la intensa visita a Berlín, habían mermado considerablemente nuestras fuerzas.

Por otra parte, nos quedaban todavía muchísimas aventuras por vivir, porque si bien habíamos empezando la cuenta atrás de los días que nos quedaban de ruta, eran muchos los lugares que teníamos aún pendientes, y aunque la resaca tras la visita a Berlín era evidente, nuestras ganas por seguir descubriendo lugares estaban intactas. Entre esos lugares se encontraba la zona de Sajonia, precisamente una de las causantes de que eligiéramos este año Alemania como destino de nuestras vacaciones. En ella, la sutileza de una ciudad como Dresden, o las vertiginosas vistas de Bastei, habían llamado poderosamente nuestra atención, hasta el punto de decidir pasar allí nuestras vacaciones.

Por supuesto, el pesar por tener que decir adiós a Berlín caía sobre nosotros, pues sin duda, nos habíamos enamorado de esta excitante y majestuosa ciudad. Sin embargo, estábamos satisfechos por cuanto habíamos disfrutado de ella. Miramos hacia atrás y con un “hasta pronto”, abandonamos Berlín e iniciamos nuestro camino hacia nuevas aventuras.

Día 15: Berlín – Holsteim.

La capital germana nos ofreció un esplendido día veraniego en nuestra despedida. Lejanas parecían aquellas nubes que nos habían envuelto en agua y frío, pues el calor era asfixiante desde primera hora de la mañana. Sin demorarnos demasiado, recogimos todo, pagamos la estancia a la encargada del área, y nos pusimos en marcha.

Con la certeza de que regresaríamos algún día, abandonamos Berlín, poniendo rumbo hacia el que sería el primer destino del día, Postdam, la famosa ciudad de los palacios reales. Existía la posibilidad de llegar hasta allí en transporte público desde el área, pero teniendo en cuenta que venia de paso en la ruta trazada, preferimos desplazarnos con la autocaravana.

Situada a veinticuatro kilómetros al suroeste de Berlín, Postdam se encuentra bien comunicada y señalizada, por lo que llegamos a ella sin demasiadas complicaciones. Considerada como la perla de Brandemburgo, es uno de los paisajes culturales más bonitos de Alemania. Durante un periodo de más de trescientos años, los mejores artistas embellecieron el lugar bajo el mando de los Hohenzollern. Sus residencias están repletas de maravillosos parques y jardines. Por este motivo, Potsdam fue declarado monumento cultural de la humanidad en 1990.

Potsdam es además un símbolo para la historia del cine alemán. Los estudios de Potsdam-Babelsberg vieron como Fritz Lang y Fritz Murnau rodaban largometrajes inolvidables como “Fausto” o “Los Nibelungos”, en los años veinte del siglo pasado. Marlene Dietrich protagonizó aquí la famosa película “El ángel azul”. Para los cinéfilos Potsdam es una visita obligada. El que quiera mirar entre bambalinas y decorados, no tiene más que acercarse al parque de Babelsberg, que ofrece shows con especialistas y otras atracciones.

Nada más llegar nos dirigimos directamente al Palacio Sanssouci, en el que, después de dar varias vueltas, encontramos un aparcamiento con varias autos aparcadas. Intentamos dejar a “Suny” en la sombra, ya que el sol apretaba de lo lindo, y después de poner todo a buen recaudo nos dirigimos a visitar el palacio. La zona se hallaba inundada de autobuses repletos de turistas, por lo que respiramos profundamente para no estrenarnos demasiado, e iniciamos la visita. Este palacio es un marco ideal para todo aquel que guste de la cultura y la naturaleza. El parque del palacio de Sanssouci, con sus instalaciones y sus numerosos edificios históricos, es la encarnación más popular de ambos factores. Su construcción comenzó en 1744 bajo el reinado de Federico II de Prusia. La modestia del palacio propiamente dicho contrasta con su parque, que está repleto de sorpresas y sumerge al visitante en la época de los monarcas absolutos. Largas avenidas trazadas geométricamente, reflejan el deseo de ordenar el espacio natural según criterios propios.

Dentro del parque de Sanssouci, destacan el Palacio de Sanssouci (Schloss Sanssouce), los Neue Kammern, la Bildergalerie, el Orangerie (Orangerieschloss), el Nuevo Palacio (Neues Palais), el Palacio de Charlottenhof (Schloss Charlottenhof), las Termas romanas (Römische Bäder), la Casa de Té china (Chinesisches Teehaus) o la Drachenhaus o casa del Dragón.

Pasear a través de su historia, es zambullirte en la magia de sus palacios, y el devenir inquieto de las personas que absortos contemplan este lugar. Sus verdes y dorados brillaban bajo un sol implacable dotándolo de vida propia. Nada más entrar llamó nuestra atención lo grandiosidad del lugar. No se cuantos kilómetros puede tener todo el recorrido, pero realmente impresiona.

Bajamos sus majestuosas escaleras, como antaño lo habían hecho sus reyes y nos encontramos con su famosa fuente, que nos refrescó del sofocante calor. Las vistas desde allí eran excepcionales. Esculturas colocadas aquí y allí en un aparente desorden, pero en el que cada detalle esta totalmente medido: los setos perfectamente cortados, los dorados bruñidos y los verdes coloreados en un juego perfecto. Seguimos nuestro camino en el que cada rincón nos parecía más bonito que el anterior. Te puedes perder en cualquier dirección, y estoy segura de que encontrarás algún detalle que pasó desapercibido ante nuestros ojos, realmente es sublime.

Siguiendo hacia el norte nos encontramos con la Casa de Té (Chinesisches Teehaus), un pabellón del siglo XVIII construido en estilo chino, con columnas doradas, figuras de músicos orientales, animales y palmeras. Todo un derroche de fastuosas imágenes que te dejan un tanto perplejo, supongo que no te esperas encontrar algo así en medio de este gigantesco jardín. El lugar te traslada a tierras de Oriente, y te ves sumergido en notas celestiales acunadas a través del tiempo.

Seguimos andando bajo un sol abrasador, y nos encontramos con la Orangerie, el mayor de los palacios del parque Sanssouci, construido en 1864 como residencia de invitados de la realeza extranjera. De sus estancias, pueden visitarse una torre que ofrece bonitas vistas y la Raphaelsaal, con copias de obras de pintores italianos del siglo XIX, parte del ala oeste aún tiene la función de invernadero.

Anduvimos toda la mañana por sus jardines, e incluso nos hubiésemos quedado a descubrir más tesoros de Postdam, sino hubiera sido por el calor sofocante, y no nos apetecía seguir caminando bajo aquel sol abrasador. Fue por ello que decidimos continuar con nuestro camino. Teníamos claro que la noche la íbamos a pasar en las inmediaciones de Dresden, pero de camino hacia allí, había un curioso lugar el cual queríamos visitar. Se trataba del parque de atracciones de Ferropolis, también llamado “la ciudad del acero”, un museo al aire libre cuyo principal atractivo son las gigantescas excavadoras que allí se exponen. Las máquinas, enormes, tienen cada una de ellas un nombre particular: Max, Arna, Gemini, etc…, y pueden llegar a medir hasta 30 metros de altura, 120 metros de largo, y pesar alrededor de 1980 toneladas.

Este inusual espacio se utiliza además para la celebración de distintos eventos, como opera, el Festival de música de Melt o el Ferropolis Flammen, estando dicho parque integrado dentro de la Ruta Europea de la Cultura Industrial. Para llegar a este curioso lugar, situado en la pequeña población de Gräfenhainichen, tuvimos que dar un pequeño rodeo. En lugar de tomar la Autopista E36, camino más corto hasta Dresden, tomamos la E51 dirección Leipzig, desviándonos por pequeñas carreteras comarcales. Llegamos a él poco antes de la hora de comer. Un gigantesco aparcamiento de arena, que inicialmente habíamos confundido con algún tipo de macro-festival de música, evidenciaba que nos encontrábamos junto al parque de atracciones.

Nos dirigimos hacia él, a través de un bacheado camino de tierra, pero nos detuvimos antes de acceder al parque, pues teníamos ciertas dudas de si entrar o no. Por un lado teníamos muchísimas ganas de visitarlo, pero el sol abrasador convertía aquel lugar en un auténtico horno. En el parking no había ni una misera sombra en la que poder dejar la autocaravana, y no nos atrevíamos a dejar a Gish en esas condiciones. Además, había muchísima gente, por lo que decidimos dejar Ferropolis para otra ocasión mas favorable. Eso si, tenia muy buena pinta.

En las inmediaciones de Gräfenhainichen encontramos una sombra en la que detenernos a comer. Más tarde, nos pusimos otra vez en marcha para dirigirnos, esta vez si, a Dresden. El día estaba resultando agotador. Entre el calor que hacía y la pateada que nos habíamos pegado en Postdam, estábamos realmente agotados, aunque probablemente nuestro cansancio se debía especialmente a los tres días sin parar de nuestra visita a Berlín.

En algo mas de una hora llegamos a Dresden, y nos dirigimos directamente al aparcamiento para autocaravanas, emplazado a pocos metros del centro de la localidad. Situado junto al rió y provisto de grandes árboles bajo los que cobijarse, era un lugar perfecto para dejar la autocaravana, como demostraba el hecho que ya hubiera un buen número de ellas allí aparcadas. Ya a pie nos dispusimos a descubrir una de las ciudades más bonitas de Europa.

Conocida como la Florencia del Elba, la capital de Sajonia es una perla color verde y piedra. Su famosa silueta es fácilmente reconocible desde la parte nueva de la ciudad. El río Elba divide en dos la localidad: en la orilla izquierda se encuentra el centro histórico, protegido por una amplia fortificación. La vista desde cualquiera de los puentes que cruzan la ciudad es una verdadera maravilla, pero no todo fue siempre tan idílico en Dresden. Todo en la guerra es espantoso, pero hay acontecimientos que por un motivo u otro nos causan más horror. Uno de los episodios mas crueles de la segunda guerra mundial, se produjo precisamente en esta ciudad: el bombardeo por aviones aliados fué tremendo, ya que  más de seiscientos aviones  descargaron sobre la indefensa ciudad, que no era objetivo militar, ni siquiera nudo de comunicaciones.

Toneladas y más toneladas de bombas de fósforo incendiaron la ciudad, joya del arte barroco, causando más de doscientos mil muertos. Murieron quemados, y los que se lanzaron al río esperando así salvarse, murieron hervidos por el agua calentada a más de cien grados por las bombas incendiarias. El acto fue tan horroroso que, en la propia Inglaterra, se han publicado libros calificándolo de crimen contra la humanidad, y eso que los aviones, en su mayor parte, eran británicos. Por supuesto, como los que causaron este cruento e inútil desastre pertenecían al bando de los vencedores, no hubo ningún juicio para ellos, pero al menos espero que tomarán buena nota de todo lo que aconteció aquel fatídico día. A pesar de que fue una ciudad muy bombardeada en la segunda guerra mundial, hoy en día conserva el encanto de sus edificios más antiguos. Entre ellos destaca su fantástica iglesia Frauenkirche, con su magnifica cúpula barroca que sobresale entre el conjunto de la ciudad, reconstruida apenas hace unos años.

Toda la vida de Dresden nace la plaza Altmarkt, en la cual antiguamente se realizaban torneos medievales, mercados, etc…y cada año acoge el mercado navideño más antiguo y conocido de Alemania.

Pero Dresden, esta repleto de misterios, y entre ellos, se encuentra, el enigma de un gran tesoro maya que  parece estar encerrado en el “Codigo Dresden”. Hace unos 2700 años, una gran ciudad Maya, Atlan, situada al oeste de la actual Guatemala, se destruyó debido a un gigantesco terremoto. Las leyes de los mayas se escribían sobre láminas de oro. En esa ciudad habia más de dos mil páginas escritas en este precioso material, que terminarón hundiendose en el lago Izabal.

El Código Dresden habría sido escrito en el siglo XVI por sacerdotes mayas. Después de varias vicisitudes, el codigo cayó en manos de un hombre austriaco que lo regaló en 1739 a la Biblioteca de Dresden. Es un compendio de conocimientos de esta civilización y precisamente en su última inscripción habla del fin del mundo para el 21 de Diciembre de 2012, predicción esta, que tanto éxito ha tenido en su divulgación, sobre todo a nivel cinematográfico.

El Códice de Dresden es una de las fuentes más valiosas para el entendimiento de la cultura Maya. Este manuscrito ha sido una de las claves más importantes para el desciframiento de su escritura jeroglífica. Además las más hermosas y famosas figuras de dioses Mayas también provienen de este códice. En la actualidad, el Códice de Dresden debe su nombre al lugar donde actualmente se encuentra, en la Biblioteca Real de Sajonia en esta localidad. Con cierta seguridad podemos hoy reconstruir la historia de este manuscrito, ya que probablemente en 1519, el famoso conquistador Hernan Cortes lo envio personalmente a Madrid, a la corte del entonces Rey Carlos V, conjuntamente con otras llamadas “curiosidades”.

Desde el parking de autocaravanas, siguiendo la orilla del rio, se llega hasta el centro de la población en apenas diez minutos de agradable paseo, en el que se disfruta de unas magníficas vistas de la localidad. Sus puntiagudas construcciones nos resultaban altamente conocidas, pues habiamos visto esta instantánea en infinidad de ocasiones, pero ahora, estábamos ante ella. Descubrimos, además, que era un día festivo en Dresden, por lo que el paseo a orillas del rió se encontraba abarrotado de gente. Navegando por sus aguas, barcos de vapor de época, cargados de personas sonrientes, desfilaban haciendo sonar sus humeantes sirenas, conviertiendo aquello en un espectáculo realmente singular.

Como pudimos, nos adentramos a traves de sus calles con muchisimos problemas, ya que era imposible caminar ante aquel gentio. Sin embargo, cada rincón que conseguiamos descubrir nos parecia más interesante y adorable que el anterior, la majestuosidad de Dresden impresionaba, aunque entre tanto jaleo, no habia quien se concentrara.

Llegamos hasta su plaza central, la Theaterplatz, imponente con algunas de las referencias historicas más notables de Dresden. En ella habia un grupo tocando, y nos quedamos escuchando la musica. Después, nos dirigimos hacia la Grünes Gewölbe, una deslumbrante cueva del tesoro que alberga algunas de las creaciones más espectaculares del arte de la joyeria y la orfebreria. Quien visite la ciudad no debe perderse sobretodo la fastuosa pieza conocida como, “La Corte de Delhi el dia del cumpleaños del gran mogol”, la cual se tardó más de siete años para poder realizarla, y es digna de admiración. Nosotros no pudimos verla en vivo y en directo, ya que cuando llegamos, al ser fiesta, estaba cerrado, quedandonos realmente con la miel en los labios.

Después de un largo recorrido entre sus maravillosas calles, desistimos y nos fuimos a tomar algo en el Der Reise-Kneipe, situado en el número 15 de la calle Görlitzer, un lugar en el cual poder tomar un cafe, un téa o una cerveza en buena compañia, cuyo propietario es un viajero incansable. En él puedes encontrar fotos, proyecciones de viajes, conferencias, y quedadas en diferentes idiomas, cuyo tema estrella son los “viajes”.

Estabamos exahustos, por lo que volvímos a la auto para descansar de tanto calor, tanta gente y tantas sensaciones vividas. Nos ibamos de Dresden con la sensación de que no habiamos podido disfrutar de la ciudad. Casi no habiamos podido entrar en ninguno de sus monumentos, ni nos habiamos podido emborrachar con su magnifico elixir. Nos daba pena no poder disfrutar de una ciudad como aquella, pero es que era imposible conseguir admirarla más hayá de lo que el gentio nos permitió.

Llegamos al área y decidimos ir a buscar otro lugar para pasar la noche. El parking en el nos encontrabamos parecía un buen lugar, pero no en un día de fiesta mayor en Dresden, pués el tránsito de gente y coches era considerable. Fué por ello que abrimos la guía de Áreas de Autocaravanas y nos dirigimos a una que se encontraba en dirección a Bastei, nuestro destino para el siguiente día, por lo que pusimos rumbo hacia ella.

Siguiendo las indicaciones del GPS la encontramos, en medio de un polígono. Poco iluminada, había un par de autocaravanas cuando llegamos, y aunque no era el lugar más bonito del mundo, pensamos que al menos nos permitiría pasar allí tranquilamente la noche. No habíamos acabado de colocar la autocaravana, cuando de repente oímos un fuerte estruendo. Un tren de mercancías había pasado a toda pastilla por nuestro lado, y es que las vías del tren se encontraban apenas a un centenar de metros. Si el sitio ya no era muy bonito, solo le faltaba estar pegado a las vías del tren, por lo que salimos pitando convencidos de que encontraríamos un lugar mejor en el que pasar la noche.
Recorrimos bastantes kilómetros, e incluso llegamos al desvío hacia Bastei, en el que había un parking totalmente vacío, que no nos acabó de convencer, por lo que decidimos continuar hacia delante. Probablemente pasaríamos por  muchos lugares en los que podíamos haber pernoctado tranquilamente, pero ya se sabe que de noche, todos los lugares parecen malos. Finalmente hayamos un pequeño aparcamiento en la población de Holsteim. Bien iluminado y suficientemente alejado de la carretera, decidimos pasar allí la noche. Entre una cosa y otra, era casi media noche, por lo que tras una ducha fresquita, nos dispusimos a pasar una reparadora y calurosa noche.

Día 16: Holsteim – Freital.

Un sol resplandeciente nos despertó a primera hora de la mañana, recordándonos que el verano parecía haber regresado a Alemania. Nos levantamos cansados, pero con unas ganas tremendas de visitar Bastei, uno de los principales culpables de que estuviéramos en Alemania. Según habíamos leído, la afluencia de gente que acudía en verano a visitar el lugar era considerable, y el calor parecía apretar desde primera hora de la mañana, por lo que decidimos no demorarnos demasiado y emprender rápido el camino a nuestro primer destino del día, el Parque Nacional de la Suiza Sajona.

En pocos minutos deshicimos parte del trayecto que habíamos hecho la noche anterior, y pronto encontramos el desvió a Bastei. Justo en él, un primer aparcamiento permite dejar el vehículo en los momentos de mayor afluencia y tomar un autobús hasta el inicio de la ruta. En nuestro caso, como era temprano, decidimos probar suerte en el aparcamiento que se encontraba junto al acceso al recinto. Afortunadamente no había mucha gente en él, e incluso pudimos aparcar junto a una pequeñita sombra. Bien pertrechados, nos pusimos en marcha en dirección al parque nacional.

El parque nacional de la Suiza de Sajonia, está situado en el sureste de Dresden y protege una gran superficie de más de 36.000 hectáreas de montaña arenisca, surgida del río Elba a lo largo de cien millones de años. La peculiar erosión del paisaje se remonta a la época calcárea, y es una experiencia inolvidable que cautiva al visitante, con su paisaje rocoso, surcado de valles y profundas gargantas. Hay varias maneras de visitarlo: para los más atrevidos desde las alturas, escalando sus rocas y encaramándose por sus escarpadas paredes, disfrutando así de la manera mas singular. Pero también es posible realizar una maravillosa visita dando un cómodo paseo, a través de los muchos senderos que se pierden entre arboles grandiosos y rocas gigantescas, ya que el camino de “Bastei”, ofrece una excelente panorámica del Elba. Por ultimo se puede disfrutar desde el agua, a lomos de un pequeño bote de remos, de todo su recorrido fluvial, una experiencia única que nos ofrece unas vistas de infarto del Elba y del parque natural. Para los más comodones, embarcarse en uno de los numerosos barcos turísticos en los cuales, se tiene la oportunidad de descubrir este impresionante paisaje desde otra perspectiva.

Nosotros, como no, decidimos descubrirlo caminando por todas sus infinitas pasarelas, recordando el porque de este gran viaje y así, descubrir aquel lugar tan distinto a todo lo que habíamos podido admirar durante nuestra ruta.

Desde al aparcamiento, en apenas cinco minutos, llegamos al pequeño Berghotel Bastei, un lugar de ensueño situado justo al pie del parque Nacional. Lo cierto es que esperábamos haber tenido que andar mucho más, pero en apenas unos pasos empezamos a vislumbrar los primeros acantilados. Las construcciones rocosas que allí encontramos resultaban impresionantes, y ni siquiera parecían obra de la naturaleza.. Todo estaba perfectamente colocado en el que parecía ser un equilibrio precario que ha sabido mantenerse durante el paso de los siglos.

Paseamos por sus pasarelas, cruzamos su famoso puente, e incluso llegamos hasta su conocido mirador donde como no, nos hicimos la típica foto. Pero no creáis pues, aunque era pronto, resultaba difícil hacerse un hueco entre tanta gente. No quiero ni imaginar como estaría el lugar en hora punta. Desde allí disfrutamos de un abismo surcado de aguas calmas y barcos turísticos, ya que aunque estaba bastante lleno, bien merecía la visita.

Continuamos paseando por aquel mundo de ensueño. Desde lo alto, suspiramos ante la belleza singular de estas viejas montañas, ofreciéndonos momentos imborrables que nos invitaban a seguir descubriendo, más y más de cada pequeño centímetro de este lugar situado en las alturas. Sus vertiginosas vistas nos dejaban absortos en un infinito verde y brumoso, entre sus aguas de un naranja intenso, instantáneas tan preciosas que resultaban exquisitas.

Caminamos de una pasarela a otra, saboreando con ansia aquel paisaje lunar, aquellas construcciones recopiladas por el paso de los años, y engarzadas unas con otras en una perfección irreprochable, sabedoras de su magia nos observaban altaneras con su mejor sonrisa.

El acceso al parque es gratuito a excepción de un tramo de recorrido cuyo coste es de 1,50 euros por persona. Nosotros, decidimos pagar la entrada y adentrarnos en sus dominios de madera y silencio. Lo que nos encontramos allí dentro fue sin lugar a dudas, la parte más bonita de todo el parque natural, o al menos las vistas más preciosas que se tienen desde él. Además, dichas vistas no se pueden observar desde otro punto del parque, con lo cual por un pequeño desembolso, puedes disfrutar de un recorrido que fotograma tras fotograma, te sumerge en un espacio de una belleza absoluta.

Salimos del recinto, la visita tocaba a su fin. Deshicimos el camino por el cual habíamos iniciado esta aventura y llegamos a la autocaravana. Pagamos el párking y abandonamos Bastei, con una sensación increíble, habían sido dos horas repletas de sensaciones y era hora de dejar paso libre a los siguientes turistas que llegaban al lugar.

Nos tomamos algo fresquito, pues el calor a aquellas horas era realmente asfixiante, y nos pusimos en marcha para visitar la localidad de Hohnstein, en la que habíamos dormido la noche anterior y nos habíamos quedado con ganas de visitar.

Esta bella localidad rezuma aires medievales. Desde la plaza del mercado, hasta el conjunto de casitas históricas, está formada por un sinfín de pequeños detalles que enmarcan el carácter sosegado de sus gentes. Casas coloridas, flores en las ventanas, y un tiempo de tranquilidad son sus principales características. Subimos a través de calles silenciosas, que te llevaban directamente hasta el burgo de la localidad, desde el cual se goza de una magnífica vista sobre el paisaje de los alrededores.

Volvimos a la auto sudando como pollos. No se a cuantos grados deberíamos estar pero, si ya íbamos cansados, solo nos faltaba el calor para ir realmente derrotados. Abrimos nuestra guía buscando el próximo destino y, aunque eran muchas las posibilidades que nos ofrecía la región de Sajonia, hubo una que llamó poderosamente nuestra atención. Entre la información que llevábamos, teníamos el flyer de un Parque acuático, que por cosas del destino, estaba a pocos kilómetros de donde nos encontrábamos.

Evidentemente teníamos programadas muchas otras visitas, pero no debemos olvidar que estábamos de vacaciones, y con el calor que hacía no se nos ocurrió mejor opción que sumergirnos un rato en aguas cristalinas y bebidas refrescantes para descansar de todo el ajetreo del viaje. Aquella tarde nos pertenecía a nosotros y el “tiempo” se iba a detener. Nos dedicamos a mimar nuestros cuerpos y nuestras almas, para refrescarnos de aquellos calores tremendos.

Llegamos al Parque acuático Montemare, en la localidad de Neustadt. Este parque, situado 35 kilómetros al este de Dresden, ofrece deportes, relax y diversión para toda la familia. Un lugar de estilo Caribeño (según constaba en su publicidad) con más de mil trescientos metros cuadrados de instalaciones, y con una media de temperatura de 35º para casi todas sus piscinas. Como comprenderéis, aquello nos pareció “el paraíso”. Además, no hay que olvidar que esto es Alemania, país que se encuentra plagado de parques acuáticos a precios realmente irrisorios, en este caso de tan solo 6,50 € por persona. Vaya, como en España, donde por menos de 30 euros difícilmente encuentras un parque acuático de estas características.

Comimos antes de entrar ya que se nos echaba el tiempo encima, una ensaladita fresca y para dentro. Cogimos toallas y bañadores, y compramos las entradas. Nos cambiamos y salimos dispuestos a zambullirnos en el agua y no salir hasta que estuviéramos más arrugados que un higo. El lugar nos dejó gratamente sorprendidos, pues todo tenia muy buena pinta: instalaciones bonitas en un entorno muy cuidado. Nos metimos en la piscina de olas e intentamos saltarlas antes de que alguna de las grandes nos pusieran patas arriba. Luego nos tiramos por sus toboganes y, como no, nos tumbamos en unas cómodas hamacas, balanceándonos al son de la música. Realmente nos costaba hasta mantener los ojos abiertos, estábamos tan relajados que si en ese momento nos hubieran hecho un encefalograma, supongo que habría salido “plano”. Aisss, que bien sienta un buen baño y qué relajado se queda el cuerpo.

Una vez secos, volvimos al agua, y este estresante ejercicio lo hicimos a lo largo de una tórrida tarde que nos supo a gloria. Más tarde, nos despedimos del Montemare y volvimos hacia la auto. Yo creo que no caminábamos, era como si fuéramos flotando de lo relajados que nos había dejado esta pequeña aventura acuática.

Lo cierto es que salimos renovados, a la vez que la brisa fresca de la tarde parecía hacer descender levemente la temperatura, por lo que decidimos aprovechar para hacer algo más de turismo. Varias eran las opciones: nuestra primera idea era visitar el famoso castillo de Festung Königstein, pero de camino hacia él nos dio pereza, pues no nos seducía demasiado la idea de meternos en un castillo. Miramos nuestra guía y vimos que cerca de allí se encontraba también el palacio Chino de Pillnitz, que poseía unos preciosos jardines, con lo cual ni cortos ni perezosos nos dirigimos hacia él.

No tardamos demasiado en encontrarlo, e incluso cerca de los jardines hallamos un aparcamiento donde poder dejar la autocaravana. La tarde estaba esplendida, y no nos apetecía darnos una paliza andando, por lo que decidimos aprovechar y coger las bicis para dar un agradable paseo. Nuestras piernas protestaban al pedalear, pero la estampa que encontramos nada más poner nuestros pies en los jardines, nos hizo esbozar una sonrisa al instante. El lugar era simplemente delicioso.

Esta preciosidad, se encuentra a orillas de un rió Elba, y es un palacio de estilo chino, que comenzó a construirse en 1720, como residencia de verano para Augusto el Fuerte, que fué rey de Sajonia y de Polonia. Como peculiaridad os podemos contar que los invitados del rey, eran transportados desde Dresden en barco y desembarcaban en su precioso embarcadero, flanqueado por unas impresionantes escaleras que llegan hasta el palacio, una imagen que nos pareció exquisita y evocadora. La decoración incluye algunos de los primeros ejemplos de “chimoiserie” de Europa.

Nos adentramos en su precioso jardín, y una mezcla de paisajismo francés y naturalismo ingles, nos dio la bienvenida. Además, cuenta con edificios dispersos como la Palmenhaus, la orangierie y la kamelienhaus, construida para proteger una camelia de doscientos años de antigüedad. La camelia fue traída a Europa desde Japón en 1776 como regalo de su emperador. Después de pasar por el Jardín Botánico de Kew, cerca de Londres llegó a Pillnitz en 1801, y fue plantada en el mismo lugar en el que se encuentra hoy en día.

También observamos entre sus setos alguna que otra sorpresa, como una especie de barca veneciana aposentada en uno de sus parterres. Todo el lugar estaba embestido de una sutileza envidiable. No habíamos podido elegir mejor después de nuestra tarde de relax, ya que aquí el tiempo fluía en calma, los pulmones se inundaban de aromas florales y un sinfín de detalles hacían del él, el emplazamiento perfecto para perderte entre tus pensamientos. Bancos de un blanco impoluto decoraban la escena, y un reloj solar nos daba las horas tímidamente, todo en aquel lugar irradiaba una ternura tremenda.

Por si esto fuera poco, el palacio de Pillnitz, está situado entre los viñedos que cubren las laderas de las colinas, coronadas por bosques impresionantes. Un emplazamiento magistral, para un palacio que es de cuento de hadas.

Después de recorrerlo, nos sentamos en uno de sus bonitos bancos, para disfrutar de sus vistas, de su estanque con peces de colores, incluso de sus patos, que alegres chapoteaban en el agua, haciendo unos ruidos divertidos. Vamos que estos reyes no vivían nada mal.

La tarde tocaba a su fin, el sol estaba en su cenit, y nosotros allí sentados teníamos la sensación de haber vivido un día especial por muchos motivos. Respiramos profundamente, cogimos nuestras bicis, y volvimos al encuentro de Suny.

Para pernoctar aquella última noche en la región de Sajonia, elegimos un área de autocaravanas situada en la pequeña población de Freital, a las afueras de Dresden. El área estaba situada junto a una pequeña industria familiar, que había acondicionado un pequeño recinto para la pernocta de autocaravanas, algo muy habitual en Alemania. Cuando llegamos, tan solo había en ella una pequeña camper de un matrimonio de ancianos alemanes quienes, ante la imposibilidad de poder comunicarse con nosotros, tan solo sonreían al vernos.

Los últimos rayos de luz entraban por la ventana de la auto. Cenamos reposadamente y nos relajamos después de un día tan caluroso. Una agradable brisa entraba por la ventana, y la somnolencia llamaba a nuestra puerta, con lo cual con un buenas noches apagamos la luz y caímos en brazos de Morfeo.

Día 17: Freital – Bad Reichehall.

Nos levantamos tras una inesperada y tormentosa noche. Aunque nos parecía inimaginable después de un día de calor como el que habíamos pasado, llovía a cantaros aquella mañana. Con cara de incredulidad nos miramos sin entender nada: el tiempo en Alemania es realmente una locura.

Teníamos claro que emprendíamos el tramo final de este viaje, para el cual habíamos tenido muchas dudas sobre que destino elegir. Por un lado estaba Praga, ciudad emblemática situada a apenas ciento cincuenta Kilómetros de donde nos encontrábamos, pero que descartamos por querer dedicar finalmente este viaje exclusivamente a Alemania. Por otra parte, barajamos la opción de dirigirnos al Valle de Mozella para acortar el camino de regreso a casa, pero tras hacer números y ver que el total de Kilómetros a recorrer era parecido, decidimos emprender camino hacia una de las maravillas descubiertas durante este viaje, la zona de Berchestgaden. El único problema es que esta pequeña región se encontraba a unos seiscientos kilómetros de Dresden, lo cual significaba perder casi todo un día en la carretera. Sin embargo, después de hablar y hablar, al final llegamos a la conclusión de que si nuestra primera idea había sido ir hacia los Alpes, hacia allí nos debíamos encaminar.

Evidentemente, ese día se resumió en aburridos kilómetros de carreteras Alemanas, que recorrimos bajo un manto de nubes grises, que a ratos descargaron una considerable tromba de agua sobre nosotros. Finalmente llegamos al pie de los Alpes al atardecer y nos dirigimos hacia un área situada en la pequeña población de Inzell. El área, con capacidad para tan solo tres autocaravanas, era una verdadera preciosidad, tanto por lo cuidada que estaba como por el entorno en el que se encontraba. Sin embargo, no disponía de un lugar de vaciado, instalación que necesitábamos con urgencia, por lo que muy a nuestro pesar, tuvimos que continuar hacia Bad Reichehall.

Llegamos a ella cuando empezaba a hacerse de noche, y nos encontramos que estaba prácticamente completa, algo que tampoco era de extrañar pues en la región de Bertchestgaden son muy pocas las áreas de autocaravanas existentes. Vaciamos a la vez que buscábamos algún lugar donde colocarnos. Lo cierto es que aunque el área no estaba llena, las autocaravanas que se encontraban allí estaban tan mal estacionadas que no permitían que ninguna otra se pudiera instalar. Encontramos en el área una familia de Barcelona que había conseguido emplazar su camper en un pequeño hueco que quedaba. Nosotros, probamos en aparcar al margen de una zona de paso, pero para sorpresa nuestra, uno de los autocaravanistas alemanes vino a decirnos que allí no nos podíamos quedar. Lo cierto es que aquel fue el único encontronazo que hemos tenido durante todo el viaje, pero nos supo muy mal que a aquellas horas alguien se negara a permitirnos que nos quedáramos allí, tan solo a pasar la noche.

Con un cabrero descomunal, vaciamos las grises, llenamos agua y nos fuimos a buscar algún sitio donde descansar, pero esta vez los hados no estaban con nosotros. Justo enfrente del área encontramos un parking con varias autocaravanas aparcadas, que creíamos podía ser tranquilo. Cenamos, nos duchamos y nos acostamos rendidos de un día de tantos kilómetros, pero la aventura lamentablemente no termina aquí, pues el aparcamiento resultó ser super ruidoso. El tránsito de camiones era increíble, viéndonos obligados a buscar otro lugar en mitad de la noche, si queríamos conciliar el sueño.

Lo encontramos, en la oscuridad de la noche y bajo la lluvia. Apenas era un pequeño aparcamiento urbano, pero que al menos nos permitiría dormir algo, descansar y recuperar fuerzas. Berchestgaden nos esperaba, y queríamos estar al cien por cien para disfrutar de ella. Teníamos los nervios a flor de piel, las ganas de visitar esta zona eran tantas que nos sentíamos inquietos. En apenas unas horas comenzaría nuestra aventura Alpina, para la cual teníamos muchos destinos y pocos días para disfrutarla. La zona a primera vista nos había parecido preciosa. En ella, los prados eran más verdes, las vacas mugían más fuerte, las montañas eran más altas, y el aire alpino más recio. Ahora si, Berchestgaden nos espera…

-El viaje continua en la sexta parte del relato: Los Alpes-

 

La Alemania de las mil caras V: Postdam y Sajonia from conrad y echobelly on Vimeo.

Créditos vídeo: Camera Obscura: French navy
ROAD BOOK

Día 15: Berlín – Holsteim.
Kilómetros día: 367 Kms.

- Aparcamiento público Postdam.
GPS: 52º 24′ 23,52” N – 13º 02′ 38,73” E
Coste: Pago en parkimetro.

- Parking Ferropolis.
GPS: 51º 44′ 34,96” N – 12º 25′ 34,43” E

- Parking Dresden.
GPS: 51º 03′ 26,09” N – 13º 45′ 38,91” E

- Pernocta: Aparcamiento Municipal Holsteim.
GPS: 50º 58’ 45’’ N – 14º 06’ 52’’ E
Precio: gratuito (noche)

Dia 16: Holsteim – Freital.
Kilómetros día: 106 Kms.

- Aparcamiento público Bastei.
GPS: 50º 58′ 00,46” N – 14º 03′ 55,78” E
Coste:

- Aparcamiento público Bastei (al lado de la carretera).
GPS: 50º 59′ 13,49” N – 14º 03′ 15,32” E
Coste:

- Aparcamiento Municipal Holsteim.
GPS: 50º 58’ 45’’ N – 14º 06’ 52’’ E
Precio: Pago en parkimetro.

Aparcamiento Parque Acuático Neustadt.
GPS: 51º 01′ 24,11” N – 14º 12′ 26,98” E
Coste: Gratuito.

- Aparcamiento Palacio de Pillnitz
GPS: 51º 00′ 49,63” N – 13º 51′ 53,34” E
Coste: Pago en parkimetro.

- Pernocta: Área de Freital (a las afueras de Dreden) (Pag. 328 guía ADAC)
GPS: 51º 0’ 44’’ N – 13º 40’ 56’’ E
Capacidad: 10 plazas.
Precio: 9 euros/noche

Dia 17: Freital – Bad Reichehall
Kilómetros día: 655 Kms.

- Pernocta: Area de Bad Reichehall (Pag. 572 guía ADAC)
GPS: 47º 44’ 03’’ N – 12º 52’ 32’’ E
Capacidad: 28 plazas.
Precio: 13 €/noche.

 

6 Comments + Add Comment

  • Hola chicos:

    Que mono teniamos ya, no puede ser! Aunque se perdona, por que estamos todo el mundo igual, con este calor no apetece nada, ponerse a hacer nada, y supongo que escribir menos.

    Pero aun asi, que agradable resulta leeros, sois como un balsamo refrescante, me ha gustado mucho, como siempre muy interesante, lugares chulisimos, que volvemos a poner en cola para visitarlos.

    Solo me queda ver el video, cuando llegue a casa lo vere tranquilamente, ya que en el curro no tengo altavoces.

    Un besazo gigante a los dos.

  • Hola Maria:

    Entonamos el “mea culpa”, pero es que como bien dices con este calor cuesta mucho concentrarse, pero en ello estamos… Esperamos que al menos la ultima parte no se demore tanto.

    Como siempre un placer leerte y un placer volver a verte en el blog.

    Un saludete enorme a los dos.

  • Hola chicos:

    Se ha echo rogar, pero me ha encantado esta quinta parte. Como siempre un placer leeros. Una preguntilla, nosotros vamos con dos niños uno de 7 años y una niña de 4, en cuanto a Ferropolis, creeis que puede ser interesante para ellos? En cuanto al parque acuatico, tambien nos llama mucho la atención, sobre todo por lo que comentais, siendo tan baratos.

    Tenemos la libreta que echa chispas jejej. Mil gracias por vuestro trabajo, y nos hacernos viajar desde cualquier lugar.

    Saludetes.

  • Hola Manu, yo creo que les puede gustar, realmente es impresionante… dependerá de que tipo de parques de atracciones les guste, si les gusta los tipicos, puede ser que este o no les guste o les sorprenda y les encante… ya sabes como son los niños jajja.

    En cuanto a los parques acuaticos, en Alemania hay un monton y a muy buen precio, sera cuestion de que busqueis por la zona que vayais e ir al que más os guste.

    Gracias por el comentario. Si tienes cualquier duda, ya sabes donde estamos.

    Saludetes.

  • Como siempre “chapó” por el relato. No sé si el verano que viene tendremos vacaciones, ya que éste sólot tenemos 6 días, pero si es así no me importaría volver a Alemania y recorrer todas esas ciudades y localidades que tan bien estais describiendo.

    ¡Feliz verano!

  • Hola Alicia:

    Que alegria volver a leerte… Lastima la falta de días, pero si para el año que viene teneis más tiempo, Alemania es un país sorprendente, y además así tendreis todos los relatos para llevaros jajaja.

    Disfrutad del tiempo que tengais, y del que no dispongais, soñar mucho, que tambien con la imaginación se viaja.

    Un saludete enorme y feliz verano tambien para vosotros.

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