Los Alpes Bávaros

jul 8, 2011 by     16 Comments    Posted under: Autocaravana, Grandes viajes

Entre el cielo y la tierra, entre lo divino y lo terrenal se encuentra Berchtesgaden, un oasis en el corazón de los Alpes bávaros, un lugar amable en el que conviven lagos cristalinos y altas montañas que te acompañan hasta las puertas del cielo. Un mundo repleto de encanto, sin florituras, en el cual no se necesitan adjetivos para ser perfecto, donde encuentras belleza en estado puro.

Nada te distrae, nada te desmarca del camino señalado, solo tus ojos inquietos que tratan de encontrar el alma de lo que estas percibiendo. Todo en esta zona rezuma entusiasmo, ganas de vivir, tan solo hay que dejarse llevar, para poder deleitarse ante su paisaje impactante.

Parece mentira que aún queden lugares que tienen tanta historia a sus espaldas, pero que aún así, se protegen del paso del tiempo de una manera tan eficaz. En el silencio de sus valles encuentras la complejidad de sus entresijos, un pequeño rumor, un destello entre sus aguas, un pequeño barco que traza sendas a través de aguas reposadas, en un perfecto equilibrio con su ecosistema, protegido como un delicado cristal, como algo tan valioso que tan solo un pequeño desliz, pudiera hacerlo caer como un castillo de naipes.

Lugar elegido tanto por santos como por demonios, ya que en él convivieron Monjes Agustinos,y un Hitler que se escapaba con su amante para perderse entre las cumbres borrascosas del Nido del Águila. Como curiosidad, comentaros que el nombre de Berchtesgaden, se debe precisamente a la casa de veraneo de Berghof, que el dictador tenía en el Obersalzberg, uno de los montes circundantes del Kehlstein.

Historias, leyendas, iglesias vestidas de blanco y rojo que entregan instantes de grandeza, el indescriptible Königssee que te adentra en sus aguas impregnándolo todo de un halo de majestuosidad, un lugar en el que no entran en juego los dobles sentidos, en el cual el viajero se sentirá como en otro mundo, de hecho fue un estado independiente durante siglos. Todo esto es la zona de Berchtesgaden, pueblos diminutos diseminados cual piedras preciosas brillando en la oscuridad.

Día 18: Bad Reichehall – Berchtesgaden.

El clima alpino parecía habernos abrazado nuevamente, pues no había cesado de llover en toda la noche. Nos levantamos en un día tristemente gris, lo cual nos parecía inverosímil considerando el calor que habíamos pasado apenas 48 hora antes. No apetecía ni salir de la cama, pues parecíamos tener el mismo estado de animo que el día. La noche había sido complicada, y el cansancio hacia acto de presencia, dotando nuestro despertar de desgana. Además, nos daba tristeza pensar que nuestra primera visión de este impresionante paraje, tuviera una paleta de colores tan melancólicos. ¡Pero, como puede cambiar el estado de animo, simplemente con que aparezcan en el horizonte unos tímidos rayos de sol!

Nos encontrábamos aparcados en el centro de la población de Bad Reichehall, por lo que tampoco debíamos demorar demasiado nuestro inicio de ruta. Tan rápido como nuestro perezoso despertar nos permitió, nos encaminamos hacia el Parque Nacional de Berchtesgaden, ese lugar que había llamado poderosamente nuestra atención, hasta el punto de recorrer seiscientos kilómetros para poder disfrutar de el.

El Parque nacional de Berchtesgaden, fue fundado en el año 1978, y es uno de los espacios protegidos más antiguo de los Alpes. Es un rincón fascinante de visitar, especialmente si se está interesado en las magníficas rutas alpinas que ofrece. Está situado al sur de Baviera, haciendo frontera con Austria, de hecho muchas de las montañas que se pueden contemplar en Berchtesgaden están, en realidad, al otro lado de la frontera.

En él, el visitante encontrará una cautivadora muestra del universo alpino que se ha desarrollado en gran parte sin apenas la influencia del hombre. Las rocas de este fascinante paisaje de alta montaña, están compuestas en su mayor parte por sedimentos calizos. Las excursiones a pie por el parque nacional, ofrecen un paisaje idílico, caracterizado por zonas rocosas, superficies sedimentarias, praderas alpinas, pino carrasco y zonas húmedas de helechos, que te adentran en un mundo segmentado en explosiones de color.

Pero sin duda la estrella del Parque es el espectacular Lago Königssee, cuyo nombre significa literalmente “Lago del rey”, que por su forma alargada y las montañas que le rodean parece más bien un fiordo noruego que un lago alpino. Muchas de las rutas más hermosas del Parque parten desde este lago, considerado el lago mas bonito de Alemania.

Dejamos a Suny aparcada en el parking situado a la entrada del Parque Nacional, pagamos los cuatro euros que nos costaba dejarla allí, y nos encaminamos hacia su famoso lago, que hace referencia directa al Rey Luis II de Baviera. Enmarcado por sus enormes paredes rocosas, se encuentra situado entre el Watzmann, el Mar de Piedra “Steinernem Meer”, y la sierra de Hagen, en un enorme recorrido a través de aguas esmeralda que impresiona. Desde el parking tienes un pequeño recorrido en el cual nos encontramos tiendecitas y hoteles de esos que aparecen en las postales tirolesas, todo un derroche de belleza y pequeños detalles que nos dejaron impresionados. Pero, más allá de aquella visión, se encontraba la verdadera estrella del lugar, y es que al ver por primera vez este lago, no puedes por menos que exhalar una pequeña exclamación de admiración, ya que es una de las estampas más bellas de las que hemos podido disfrutar en nuestro viaje a Alemania.

Nos acercamos a la taquilla donde vendían los tickets para subir a los barcos que permiten recorrer el Koningssee: vimos los distintos precios, horarios e itinerarios, y al final optamos por hacer el recorrido más largo que, haciendo una parada en la iglesia de San Bartholomá, permitía llegar hasta el final del lago. Pagamos los 15,80 euros por persona y, apenas sin darnos cuenta, estábamos embarcados en un mundo inimaginable.

Lo primero que llamó nuestra atención fue el silencioso motor de la embarcación, y es que, desde el año 1909, los barcos que cruzan el lago tienen motores eléctricos para que nada perturbe la tranquilidad y la pureza del emplazamiento. La pared este del pico sur del Watzman desciende hacia el lago, formando el despeñadero más alto de los alpes, con más de 2.000 metros de altura.

Primero observamos su embarcadero de madera, enmarcado por pequeñas construcciones que sirven de refugio a las embarcaciones, a lo lejos las montañas se teñían de fantasmagóricos bancos de bruma, que dotaban al lugar de un dramático contraste de luces y sombras. Nunca habíamos visto nada parecido, cuanta composición para un decorado tan precioso, el azul del cielo, el verde de sus praderas, el marrón de sus montañas y el blanco de sus nubes, contrastaban tremendamente con el turquesa tan intenso de sus aguas. Las surcamos silenciosamente, casi costaba respirar para no romper el encanto del momento. Cada vez nos adentrábamos más y más en aquel lago con aspecto de fiordo, y la perplejidad se reflejaba en nuestros rostros. De pronto el barco se detuvo y uno de los tripulantes, trompeta en mano, exhaló el aire de sus pulmones en una macedonia de notas quejumbrosas que te llegaban al alma. Notas que rápidamente chocaban contra las rocas, devolviéndonos un eco amplificado varias veces. Me recordó a mi niñez, cuando jugábamos a eco, eco, eco, y nuestra propia voz sonaba ininterrumpida en un lapsus de tiempo sublime.

Solo logró romper nuestro encantamiento, el reflejo bicolor de la preciosa iglesia de San Bartholomá, que apareció ante nosotros como por arte de magia. Esta iglesia se construyo en honor a San Bartolome apóstol, patrón de los agricultores y lecheros alpinos. La iglesia está situada en la orilla occidental del lago Königssee, en la península de Hirschau. Sólo se puede llegar en barco o después de una larga caminata a través de las montañas circundantes. La primera capilla en el lago fue construida en 1134 por los prebostes de Berchtesgaden. Desde 1697 fue reconstruido en un estilo barroco, inspirada en la catedral de Salzburgo, con sus dos cúpulas en forma de cebolla y un techo abovedado de color rojo, una pequeña joya enmarcada por la belleza impactante que la rodea.

Desembarcamos al llegar a ella, y comenzamos a disfrutar de todo aquel paisaje alpino. Comenzaba a ser tarde, y nos dimos cuenta que habíamos sido poco previsores, ya que no habíamos traído nada de comida. Afortunadamente, vimos que había un pequeño bar donde, como pudimos, logramos entender que únicamente vendían trucha ahumada. Eso si, tenia una pinta deliciosa, con lo cual nos acercamos a la chica que allí había y le pedimos dos bocadillos de su deliciosa trucha, pagamos los cuatro euros que costaba cada uno, y nos pusimos a saborear aquel bocado tan delicioso. Ya con el estomago lleno, nos encaminamos hacia la capilla de hielo, al pie de la cara este del Watzmann, un paseo que nos llevo a adentrarnos en un oscuro y sombrío bosque decorado de helechos y tranquilidad.

La subida era bastante pronunciada, pero el lugar era impresionante. Paso tras paso nos encontrábamos más cerca de nuestro destino, pero cada vez se complicaba más la ascensión. Menos mal que el día estaba bastante nublado y no hacia demasiado calor, pero aun así, con el esfuerzo de la subida íbamos sudando tinta china.

Después de dos horas, llegamos hasta la cueva de hielo, rodeada de altas montañas enmarcadas por lenguas de hielo, que hacían de aquel lugar un sitio deslumbrante. Nos sentamos a sus pies, simplemente para tomar aliento, observando en silencio su majestuosidad y de paso, preparar el camino de vuelta. Nuestros corazones latían con fuerza, e intentaban serenarse ante aquella subida frenética. Tras una relajada conversación, un poquito de agua, y un sinfín de fotografías, le dijimos adiós a la cueva, que hemos de decir que realmente no es una cueva, sino un glacial.

Hicimos el camino de regreso a San Bartholomá, paso a paso, desandando todo lo que habíamos caminado al subir. Estábamos realmente cansados, pero todavía nos quedaban otras sorpresas en este gran Parque Nacional. Volvimos a tomar el barco, para continuar lago adentro, hacia nuestro siguiente destino, el lago Oberssee. Tras otro paseo de ensueño por sus aguas cristalinas, llegamos a la orilla sur del lago.

Allí, emprendimos nuevamente la marcha a pie hacia la catarata de Röthbach, de 400 metros de altura, eso si, acompañados de unos deliciosos helados. El primer tramo hasta llegar al reluciente lago Oberssee, es un relajado paseo. Su orilla es el merecido destino de muchos visitantes, quienes deciden llegar solo hasta aquel pequeño oasis, cuyas aguas son todavía mas silenciosas que las del Köningssee, al que casi igualan en belleza. Pero, los más osados podrán continuar recorriendo la escarpada orilla del Oberssee, teniendo en cuenta, que el camino se complica sobre manera.

Hicimos el recorrido a través de unas escaleras desvencijadas, que parecían que se fueran a desintegrar bajo nuestros pies. Con paciencia infinita, pues habían caído cuatro gotas y el terreno estaba muy resbaladizo, llegamos a la otra orilla del lago, donde las vistas eran todavía más excepcionales.

Nos sentamos en la hierba húmeda y la compartimos con varios patos que allí había. Estábamos exhaustos, y todavía nos quedaba un buen trecho para llegar a la dichosa catarata. Después de comentar la jugada a seguir, y ver que el cielo se comenzaba a tornar negro, y unas primeras gotas comenzaban a caer, decidimos volver sobre nuestros pasos, y dejar la catarata para otra ocasión.

Volvimos a tomar el barco, esta vez si, dirección a Berchtegaden, pero durante el trayecto de vuelta, el cielo se transformo repentinamente por completo, dejándonos casi a oscuras, y una tremenda tormenta se puso a descargar sobre nosotros. En medio de aquel gigantesco lago, aparecíamos como una pequeña barquita a la deriva. En aquel momento pensamos en la decisión tan acertada que habíamos tomado, ya que si hubiéramos seguido subiendo, nos hubiera pillado la tormenta en pleno descenso de la catarata, a veces las cosas suceden por algo.

En aquel instante, solo lograba pensar en la abismal profundidad de aquel lago, doscientos metros de abismo esmeralda que producía cuanto menos “inquietud”. Después de un rato que se nos hizo interminable, el cielo comenzó a teñirse de gris y a dar señales de una pronta recuperación. Diminutos rayos transformaban la luz en un fantástico arcoiris que decoró aquel cielo perfecto de Berchtegaden. Es lo bueno de las tormentas, que el final siempre es fascinante.

Bajamos del barco y aún seguía lloviendo. Nos encaminamos hacia el parking donde teníamos aparcada a “Suny”. Nos secamos y tomamos una pequeña merienda, a la vez que decidíamos cuales serian nuestros siguientes pasos. Eran cerca de las siete de la tarde, pero en un día como aquel no tardaría en caer la noche, por lo que decidimos dirigirnos al que sería nuestro primer destino del día siguiente, el Nido del Águila, e intentar pasar allí la noche.

El camino hasta el Nido del Águila, desde Berchestgaden, no deja de tener su complicación pués se trata de un empinadisimo puerto de montaña. En primera marcha y poco a poco, ya que llovía y el terreno estaba muy resbaladizo, llegamos hasta el aparcamiento donde se inicia el recorrido hasta el Nido del Águila. Lamentablemente, encontramos en él señales indicando que estaba prohibido pernoctar, con lo cual tuvimos que dar media vuelta, y bajar nuevamente por aquella sinuosa carretera, lo que, siendo además noche cerrada, nos llevó a transitar por sus curvas a apenas diez Kilómetros por hora, con un respeto más que evidente.

Estábamos cansados y lamentablemente, en esta zona de los Alpes, había bastantes menos áreas que en el resto de Alemania, con lo cual decidimos dirigirnos al Camping Muhlleiten, el cual además dispone de tarifas especiales para autocaravanas. Sin tener que registrarnos, pagamos la noche, e incluso reservamos unos fantásticos croissants para la mañana siguiente. Nos metimos en el camping cuyas parcelas estaban bastante encharcadas. En plena noche, y lloviendo como seguía lloviendo, nos costó un triunfo encontrar una plaza más o menos decente. Después de varias intentonas y de algúna que otra patinada, logramos aparcar a “Suny”.

Cansados, mojados, y con ganas de descansar de un día tan intenso, nos dispusimos a meternos en la auto, cuando de pronto llego un padre con su hijo, y nos pidieron ayuda. Resulta que habían alquilado una auto y no sabían como ni donde descargar el químico. Con pocas ganas de explicaciones, intentamos ser lo más amable posible y les ayudamos a encontrar el lugar para hacerlo. Muy agradecidos nos comentaron que era su primera vez en autocaravana, y que estaban haciendo ruta por los Alpes. Nosotros, les explicamos todo nuestro viaje, y se quedaron alucinados ante lo que les relatábamos. La compañía era muy agradable, pero estábamos empapados y necesitábamos una ducha reparadora, con lo cual nos despedimos de estos amables madrileños y nos metimos en nuestra casita con ruedas para descansar.

Por fin, el sueño realizado. Berchtgaden había superado con creces todas nuestras expectativas, y mañana seria otro intensísimo día, un día repleto de aventuras para disfrutar de la solitaria casa del Kehlstein.

Día 19: Berchtesgaden – Inzell.

Nos levantamos en la que parecía ser una pequeña tregua ofrecida por Zeus, dios de los cielos. Los anhelados rayos de sol brillaban, sobre las gotas del agua caída sobre el césped. Animados ante este nuevo cambio climatológico, fuimos a recoger los deliciosos croissants que teníamos encargados para desayunar. La mañana no podía comenzar con mejor pie, pues además, teníamos prevista la visita al Nido del Águila, en la cual habíamos depositado muchas expectativas. Nos encontrábamos más o menos cerca del lugar, pero nos habían recomendado hacer la visita a primera hora, con lo que sin prisa pero sin pausa, realizamos las tareas del día a día, para salir rápidamente.

Estábamos a punto de marcharnos, cuando nos volvimos a encontrar con la familia de Madrid que habíamos conocido la noche anterior. Estuvimos un buen rato charlando con ellos, más incluso de lo que nos podíamos permitir, pues corríamos el riesgo de encontrarnos con una marabunta de gente en el nido del águila si salíamos mucho más tarde. Con un hasta pronto nos despedimos de ellos y nos dirigimos al Obersalzberg, lugar en el que habíamos intentado pernoctar la noche anterior, donde se inicia el recorrido hasta el nido del águila. Allí precisamente se encuentra un excelente centro de información, el Dokumentation Obersalzberg, inaugurado en 1999, que relaciona los acontecimientos de Berchtesgaden con la historia del Tercer Reich.

En pocos minutos llegamos al amplio aparcamiento, dejamos aparcada la autocaravana y compramos las entradas, a razón de 15,50 € por persona. Con los tickets te dan la hora exacta de salida y el numero de autobús que nos llevaría hasta la cima, no tiene perdida. Después de varios minutos de espera, subimos al autobús.

La carretera del Kehlstein, es una obra maestra de la ingeniería. En tan solo trece meses se pudo construir esta carretera en la roca. Es una carretera única por la forma de su construcción y el vertiginoso desnivel que se salva, solamente con una única curva. En 1952 la carretera al monte fue cerrada al publico, quedando instalado un servicio de transporte hasta el aparcamiento. Desde entonces, los autobuses convierten el ascenso en una experiencia única, habiendo recibido el galardón, “como la carretera de montaña más espectacular del país”.

Estábamos nerviosos, nos parecía mentira estar ya montados en el autobús y encaminados hacia la cima. Ahora solo quedaba que subiera el resto de viajeros y comenzar nuestra ascensión. Las vistas durante todo el recorrido eran indescriptibles, en algunos momentos un vértigo terrible nos hacia tragar saliva y respirar hondo, pero era increíble el poder observar en vivo y directo, todo el esplendor de estas viejas montañas. Seguimos subiendo, los oídos se taponaban, y los nervios seguían a flor de piel, hasta que por fin llegamos al final de trayecto, en el que todos nos bajamos, como un kinder sorpresa sale de su escondite.

Desde aquel mirador intermedio, nos encaminamos por un largo túnel que se adentraba en la roca, dando la sensación de introducirte en un refugio anti-nuclear, o algo parecido.

El túnel estaba ligeramente iluminado, lo que le daba un aspecto lúgubre y sombrío. Al final del mismo, nos encontramos con el fastuoso ascensor, mediante el cual se ascienden los últimos metros que quedaban hasta llegar a la cima. Nos llamó poderosamente la atención los dorados y la composición grandiosa del ascensor, reafirmando así, la gran importancia de las personas que en él se elevaban. Unos segundos de impulso, y llegamos al Kehlstein.

Salimos del ascensor y nos encontramos inmersos en un mar de densas nubes que nos daba la bienvenida. Aunque nos pareciera mentira, nos estaba volviendo a suceder lo mismo que en nuestra visita al Pic du Midi du Bigorre, en nuestro viaje a Hautes-Pyrenees, y es que no se veía nada del excepcional paisaje que se suponía teníamos delante de nuestras narices.

Salimos del edificio principal, y ascendimos por el pequeño sendero que conducía hasta la cima, deseando que allí pudiéramos ver algo. Nos acercamos a una pequeña barandilla que se abría a través de un temible barranco, en el cual seguía dibujado el dichoso mar de nubes. Nos armamos de paciencia, rezando para que el milagro se produjera y pudiéramos apreciar toda la grandeza del lugar, y como dice el refrán el que espera, desespera. Nuestros ánimos iban decayendo poco a poco. Nos afanábamos en observar cualquier sutil cambio, pero nada hacía presagiar que aquello fuera a cambiar.

Nos sentamos en un banco, justamente al lado del precipicio y allí entre susurros esperamos que sucediera. Conrad decidió escalar por unas rocas para conseguir ver algo, mientras yo seguía anhelando que las nubes dieran paso al esplendor. De pronto, la gran masa de nubes comenzó a disiparse. Por momentos parecía que abriría por completo. Con un suspiro observaba todo el proceso, degustando cada segundo, y en cuanto vi que realmente era factible, avisé a Conrad de lo que estaba sucediendo en aquel mismo instante. En un momento corrió hasta a mi lado, y los dos nos quedamos observando aquel ineludible paisaje de belleza absoluta.

El gesto de admiración de los que allí nos encontrábamos fue unánime. Aquello que se ocultaba, ahora se mostraba de una manera cautivadora.

Como si de un puzzle se tratará, todas las piezas se hallaban colocadas en honor a la belleza imperecedera, a la pureza de esos lugares que se pueden contar con los dedos de la mano. Todo lo que podamos transcribir en estas cuatro letras, se quedaría corto para describir las sensaciones allí vividas. La imagen de Berchsgaden a nuestros pies, con su maravilloso Köningssee desde las alturas, ha sido uno de los momentos más impactantes de los que hemos podido ser cómplices.

Como si de una función de teatro se tratara, el telón se volvió a cerrar, transformando de nuevo el lugar, quedando ciego por la densa capa de nubes. Nos dio tristeza por la gente que llegaba en aquel mismo instante, y que probablemente no podría disfrutar de lo que acabábamos de presenciar. Realmente nos sentíamos unos privilegiados.

Después de aquel magnífico instante, regresamos al edificio principal para visitar la que fue antigua residencia de verano de Hitler, la casa del Kehlstein. Hoy en día convertida en un café-restaurante, pudimos disfrutar en ella de unos deliciosos cafés y de la historia, fotograma a fotograma, de como se construyo la leyenda de este lugar.

Todo se remonta al año 1923, momento en que el futuro Führer se enamoró de esta zona, que más adelante se convertiría en su segunda residencia, después de la de Berlín. En este lugar se representó la ficción de un Hitler amigo del pueblo. Sin embargo, cuando la zona de seguridad alrededor de la casa comenzó a extenderse, obligó a muchos vecinos a vender sus tierras a un precio irrisorio. Más adelante, los bombardeos aliados destruyeron el complejo en los últimos días de la guerra.

La casa en si, es una construcción maciza, con sus cimientos de varios metros de grosor, en un ejemplo de arquitectura nacionalsocialista que brinda al visitante una impresionante vista panorámica sobre la región de Berchtesgaden. La casa fue un proyecto de Martin Bormann, quien se la regalo a Adolf Hitler en nombre del partido nacionalsocialista en su cincuenta cumpleaños. Sin embargo, Hitler visitó la casa del Kehlstein en contadas ocasiones.

Satisfechos por cuanto la visita al Nido del Águila nos había ofrecido, bajamos en el majestuoso ascensor y salimos a la fría niebla, esperando que nuestro autobús volviera a recogernos y nos transportara de vuelta al mundo, despertando así de nuestro maravilloso sueño Alpino.

Apenas sin darnos cuenta, estábamos de nuevo en la autocaravana. Era tarde por lo que decidimos comer algo, y reposar de todas las sensaciones vividas en aquella colosal montaña.

Más tarde, iniciamos el camino de descenso, esta vez por el tramo Este de la carretera, que conducía a la pequeña población de Unterau. En este caso, aunque el trayecto es más largo, es mucho menos exigente y por tanto recomendable para quienes conduzcan vehículos más voluminosos. Nosotros, aprovechamos el trayecto para hacer cuantas paradas pudimos, pues cada rincón era digno de prestarle atención.

De repente, un cartel nos indicó que nos encontrábamos a menos de cinco Kilómetros de la frontera con Austria, y a poco más de Salzburgo, ciudad que visitamos hace años en medio de un aguacero y a la cual teníamos tentaciones de regresar. Pero, si algo hemos tenido claro en esta ruta, es que éste viaje lo queríamos dedicar íntegramente a Alemania, por lo que entonando aquel “Austria será otro viaje” decidimos continuar descubriendo las maravillas de los Alpes.

Nos dirigimos a la capital de la región, Berchesgaden, población grande y comercial, que mantiene el equilibrio entre lo tradicional y la gran afluencia de turismo a la que está sometida. Pintoresca e histórica donde las haya, esta localidad se sitúa al sureste del estado de Baviera, dentro de un pequeño enclave entre montañas. El centro de Berchtesgaden, lo compone su villa histórica, y sobre todo la pintoresca plaza del castillo. No lejos de allí, se pueden visitar las minas de sal de Salzbergwerk, cuyo funcionamiento comenzó en el siglo XVI.

Los inicios de la ciudad se remontan al año 1102, siendo mencionada en los documentos por sus importantes depósitos de sal. De hecho, son los más abundantes del sur de Alemania, y la mayor parte de su riqueza se debe precisamente a ellos. El turismo comenzó a desarrollarse y un buen numero de artistas se acercaron a los alrededores de la ciudad, que dio lugar al movimiento artístico denominado “Malereck”, que significa “la esquina del pintor”.

Con todos estos datos nos adentramos en la localidad. Conseguimos estacionar en un pequeño aparcamiento municipal que, por ser un poco tarde, empezaba a vaciarse. Ya a pie, lo primero que encontramos fue un lugar decorado de casitas blancas y flores colgando de alegres maceteros. En muchas de ellas, sobre todo en las casas gremiales, como panaderías, pescaderías, etc., pudimos observar como sus fachadas estaban decoradas con dibujos que hacían referencia al gremio en el que trabajaban. En el caso de las panaderías, retrataban un horno humeante sacando de él, un delicioso pan recién horneado. Berchtesgaden era un lugar repleto de detalles inspiradores, que fuimos degustando uno a uno, metiéndonos por todas sus callejuelas e intentando empaparnos del ambiente alpino que disfrutaba la zona.

Después de deambular sin rumbo fijo, nos pusimos nuevamente en marcha, encaminando nuestros pasos hacia un pequeño lago situado en las inmediaciones de Ramsau, el Hintersee. Con cerca de dieciséis hectáreas de caminos y aguas cristalinas, el encanto de este lago está caracterizado principalmente por su ubicación, bajo la empinada ladera de la montaña Reiteralm y la Hochkalter, que en días claros se reflejan en sus aguas de una manera maravillosa.

Es un lugar en el que puedes ver bastantes pintores sentados en sus bancos, intentando captar la luz cambiante del lago. De hecho, al ir paseando encontramos estructuras en forma de marco, para hacer fotografiás utilizando este pequeño truco, pequeños detalles que hacen de este lago, una visita recomendable.

También encontramos barcas de recreo que hacían la delicia de pequeños y mayores, en un lago que parecía una piscina de lo tranquilas que eran sus aguas. Caminamos un buen rato, hasta que la luz comenzó a faltar, y allí sentados, fuimos conscientes por primera vez, de que el viaje estaba tocando a su fin.

Regresamos a la autocaravana, cansados, y decidimos despedirnos de Berchestgaden y encaminarnos hacia el área de Inzell, una de las áreas más bonitas que habíamos visto y en la que no queríamos quedarnos con las ganas de dormir.

En apenas media hora llegamos a ella. Tan solo había una autocaravana cuando llegamos, pero hemos de recordar que la capacidad máxima es de tres. Saludamos a la propietaria, quien se alegró de volver a vernos, y salimos a disfrutar de los últimos rayos de luz, en un emplazamiento de ensueño.

Después de ducharnos y cenar, abrimos la ventana para poder observar el magnifico cielo estrellado que había aquella noche. Al rato la somnolencia nos fue envolviendo hasta tal punto, que tan solo fuimos capaces de cerrar la ventana y entonar un buenas noches.

Día 20: Inzell – Büchell-Amzell.

Nos levantamos sin escuchar nada que no fuera naturaleza a nuestro alrededor. La noche había sido tan placida que nos costaba horrores salir de la cama. Desde ella abrimos una de nuestras ventanas y disfrutamos, sin duda, de una de las áreas mas bonitas en las que hemos podido dormir. El agua de su fuente fluía en calma y las vacas, disfrazadas de canela, formaban parte de la estampa tirolesa que teníamos delante.

El área se componía de una casa de paredes blanquisimas, salpicada de flores multicolores, en la cual se podía alquilar habitaciones, e incluso desayunar leche recién ordeñada. Estábamos rodeados de belleza por todos lados, cabritas subiéndose a los bancos del jardín, una pequeña noria de agua que dibujaba círculos todo el tiempo, y una anciana encantadora que nos dio los buenos días desde el balcón agitando su mano en el aire. Con un suspiro, intenté retener todo aquello, para que cuando volviéramos al mundanal ruido y retornáramos a la ciudad, tuviéramos la consciencia de que se puede vivir de otra manera, de que no hace falta tener miles de aparatos electrónicos para ser las personas más felices del mundo.

Nos despedimos de la mujer de cabellos plateados, sin entendernos demasiado. Nos despertaba una ternura inmensa, casi hasta el punto de emocionarnos. Dejamos atrás Inzell, con una sensación de tristeza, de belleza perdida, que seguramente no volveríamos a encontrar, pero la ruta continuaba y eramos conscientes de que aún nos quedaban cosas por descubrir. Pusimos rumbo hacia la carretera alpina, que de hecho habíamos iniciado la tarde anterior al salir de Berchestgaden, pasando a través de pueblos, lagos, y gentes excepcionales.

La carretera alpina o “Deutche Alpenstrasse”, comenzó a construirse en la década de los años 30, como una carretera de recreo en las alturas de los Alpes. Al igual que la autobahn, era un proyecto de prestigio para el régimen nazi, y algunas partes se proyectaron pensando en su utilidad militar. Con algunas interrupciones, la carretera cubre casi 300 kilómetros entre Berchtesgaden y Lindau, a orillas del lago Constanza.

Pasamos toda la mañana recorriendo aquella carretera, deteniéndonos mil veces a lo largo del recorrido, ya fuera en los pequeños lagos como el Lödensee, el Mittersee, y el Weitsee, donde la gente aprovechaba para refrescarse en un día tan caluroso como aquel, o en las pequeñas poblaciones que encontramos a nuestro paso. Prestamos un especial interés a dos de ellas, Ruhpolding y Reit in Winkl, dos de las poblaciones que mejor conservan el ambiente tradicional tiroles. En el caso de Reit in Winkl en concreto, con sus casitas tipicamente tirolesas, se encuentra situada en un valle soleado justo en la frontera con Austria, rodeada casi por completo por montañas.

Ya por la tarde, decidimos tomar la autopista pués nuestra intención era pernoctar cerca del lago Constanza y a ese ritmo no íbamos a llegar nunca. Además, teníamos que hacer una pequeña parada en Munich, para intentar comprar comida para Gish, quien obligatoriamente tiene que comer un tipo de comida específica, y la muy comilona se había zampado la bolsa y media que llevábamos. Que deciros, que si ya cuesta conseguirla en España, como para entenderse en Alemania. Al final lo logramos, de otra marca, pero con la composición parecida a la que usa habitualmente, con lo cual después de casi media tarde dando vueltas, continuamos con nuestro camino.

Retomamos la autopista, ahora si que el viaje empezaba a llegar a su fin. En el horizonte veíamos descender poco a poco el sol, como un reloj de arena marcando el final de nuestras vacaciones. Pero, todavía nos guardábamos una última visita, resistiéndonos a finalizar el viaje mientras todavía tuviéramos luz de la que poder disfrutar. Se trataba de Landsberg-am-Lech, una población medieval e importante parada en la carretera romántica que une Baviera del norte con los Alpes.

Pero, sin duda Landsberg-am-Lech debe gran parte de su fama por ser la prisión política donde Adolf Hitler fue recluido tras su fallido golpe de Estado de 1923. De hecho, fue precisamente en esta prisión donde dicto a su discípulo Rudolf Hess su famoso libro “Mein Kampf”.

Pero a parte de esta singularidad, la población es una verdadera preciosidad. Llegamos a ella justo a tiempo para aprovechar los últimos rayos de luz del día. A esa hora además, en la que el calor empieza a cesar y resulta más llevadero realizar la visita a cualquier lugar. Encontramos aparcamiento fácilmente, y aunque un poco alejado del centro, nos permitió dar un agradable paseo por la orilla del río, desde donde obtuvimos una magnifica instantánea de la población.

Calles empedradas para mostrar la belleza de un lugar en el que parece haber detenido el paso del tiempo, sus edificios aparecían como un juego de construcción, en el que poder diseñar nuestra propia ciudad amurallada. Callejones iluminados por sutiles farolillos, que emanaban encanto y trasportaban a épocas lejanas, puertas diminutas que invitaban paso a paso a recorrer escaleras de juguete. Un lugar en el que cada rincón, nos ofrecia una sorprendente visión del medievo. Diminutas ventanas iluminadas por una vela balanceándose entre cortinas de puntilla. Una visión sublime para terminar con un sabor de boca excepcional.

Llegamos a la autocaravana apenas sin luz, y sin perder demasiado tiempo, pués era tarde, nos pusimos en marcha en dirección al área en la que teníamos pensado pernoctar. La elegida fue el área de Büchell-Amzell, no muy alejada de la autopista, pero a la que tuvimos que llegar por una estrechísima carretera. Contrariamente a lo que nos podíamos esperar, el área era enorme y estaba perfectamente acondicionada. Nos parecía mentira encontrar un lugar tan preparado y con tantas autocaravanas allí, en medio de la “nada”.

Afortunadamente había plazas libres, por lo que elegimos una, al final de todo, con unas esplendidas vistas de los amplios prados iluminados por la luz de la luna. El cielo estaba increíblemente estrellado aquella noche, por lo que, tras cenar, decidimos salir a disfrutar del aire fresco y de una noche tan bonita como aquella. Los vecinos de parcela, habían decidido hacer lo mismo, por lo que, como no, nos enlazamos en una agradable charla, mezcla de español, inglés y alemán. Les sorprendía ver a unos españoles por allí, pero todavía se sorprendieron más, cuando les relatamos el viaje que acabábamos de realizar.

Más tarde, fuimos a dar un último paseo y así de paso tirar la basura, actividad está realmente complicada en Alemania, donde con todos los contenedores que tienen, nunca encuentras el de la basura “normal”. Lo cierto es que ha resultado francamente divertido, ver durante todo el viaje, a los autocaravanistas extranjeros como nosotros, paseando disimuladamente con una “bolsita” sin saber donde depositarla. Al final, conseguimos averiguar que los residuos no reciclables, no se depositan en ningún contenedor, sino que los pasa a recoger directamente el camión de la basura. Pero … y los autocaravanistas? Que hacemos con ellos?

Empezaba a ser tarde y, aunque nos resistíamos a que aquél último día de viaje terminara, el cansancio comenzaba a vencernos. Por delante nos quedaban dos días de aburridos Kilómetros hasta llegar a casa, por lo que, echamos la vista atrás y, recordando cuanto habíamos vivido en este viaje, caímos en un plácido sueño.

Día 21: Büchell-Amzell – Clansayes.

Un día desapacible y lluvioso amaneció aquella última mañana en tierras germanas. No nos lo podíamos creer, con la noche tan despejada de la que habíamos disfrutado. Pero ya poco importaba, pués no había monumentos que visitar, ni senderos que caminar, ya solo quedaba el pesado regreso a casa.

Una vez nos despedimos de nuestros vecinos de parcela, vaciamos como pudimos en medio del diluvio, y nos dirigimos a un pequeño hotel situado junto al área, en el que nos explicaron se pagaba la estancia. Tras veinte días en Alemania no dejabamos de sorprendernos, ya que para un español, es totalmente ilogico, el tener que desplazarse hasta otro lugar, para así poder pagar el importe de la pernocta. En nuestro país, problablemente todo el mundo marcharía sin abonarlo.

Pagamos los nueve euros como buenos huéspedes, e iniciamos el camino de vuelta a casa. Abandonamos Alemania, y tras un breve paso por Austria, en el que aprovechamos para repostar gasoil, ya que erá más barato, nos adentramos en Suiza, país que habíamos decidido cruzar entero para así recortar Kilómetros, aunque para ello tuviéramos que comprar la famosa viñeta. Sin duda, si el viaje de ida lo hubiésemos realizado también por suiza, nos hubiésemos ahorrado tiempo y dinero. Lo que no sabíamos es que en Suiza, Agosto es el mes elegido para realizar el acondicionamiento en sus autopistas, por lo que nos encontramos muchísimos tramos con reducciones a un solo carril y 80 Kms/hora de velocidad máxima.

Abandonamos Suiza para adentrarnos en Francia, un país en el que uno se aburre de pagar peajes. Decidimos tomar la autopista que bordea los Alpes hasta Grenoble, para luego enlazar a la altura de Valence, con la multitudinaria autopista A7 que conduce hasta la costa.

Poco después de pasar Montelimar, abandonamos la autopista para dirigirnos a la pequeña población de Clansayes, en la que existe un área de autocaravanas en la que habíamos decidido pasar la noche. Llegamos a ella tras algunos kilómetros a través de pequeñas carreteras secundarias, con los últimos rayos de sol del día. La amable propietaria salió a recibirnos. Ciertamente, ya no sabíamos en que idioma hablarle. Nos ofreció una agradable plaza, que lamentablemente sería únicamente para una noche. Nos comentó que la piscina, cuyo uso estaba incluido en el precio, ya había cerrado. Que lástima, pensamos, pués el evidente calor mediterráneo nos asfixiaba después de venir de los Alpes.

Una ducha fresquita, una cena ligera y un último repaso a algunas fotografías puso punto y final a un día agotador, de aburridos Kilómetros recorridos a través de cuatro países. Nos parecía mentira que aquella misma mañana estuviéramos en Alemania, y que ahora nos encontráramos a poco más de cuatrocientos kilómetros de casa.

Día 22: Clansayes – Barcelona.

Después de veintidós días de ruta y kilómetros de experiencias, regresamos con la sensación de haber descubierto un gran país. Lejanos quedaban los días en los que habíamos disfrutado del aire cálido y aromas florales en la isla de Mainau; la preocupación por reparar la bomba de nuestra autocaravana; las sensaciones entremezcladas en las ruidosas Rheinfall; los inolvidables momentos vividos en el Brocken y la ayuda inestimable de Timo; los atardeceres gloriosos en la Costa del Báltico, perdiéndonos en sus aguas plateadas y anhelando regresar incluso antes de partir; los momentos vividos en nuestro añorado Berlín, junto a una humeante taza de café Berlines; la tranquilidad y el relax de Sajonia, con sus horas pasando lentamente; y como no, la gran guinda final de este gran pastel, Berchstgaden y sus paisajes tiroleses, que guardan la delicada e impactante belleza de los parajes Alpinos.

Tantas experiencias acumuladas, que cuesta condensarlas en un espacio limitado de papel. Los dedos vuelan veloces sobre el teclado, e intentan acariciar las palabras, para así poder transmitir todo lo aprendido en cada situación.

Seguimos en continuo movimiento, igual que la luna rige las mareas. Volvemos a encontrarnos con nosotros mismos, y cuando lo vivido supera con creces todas las expectativas, podemos dar por bien realizado, un viaje tan compacto como el que acabamos de relataros en este mismo instante.

La Alemania de las mil caras VI: Los Alpes from conrad y echobelly on Vimeo.

Créditos vídeo: The Postal service: Such great heights

ROAD BOOK

Día 18: Bad Reichehall – Berchtesgaden
Kilómetros día: 45 Kilómetros.

- Parking Koningsee.
GPS: 47º 35′ 31,05” N – 12º 59′ 17,01” E
Coste: 4 euros.

- Pernocta: Camping Muhlleiten (Bertchesgaden).
GPS: 47º 35’ 59’’ N – 12º 59’ 20’’ E.
Servicios: Agua, luz, WC, y vaciado.
Coste: 18,50 € tarifa especial AC sin registro.

Día 19: Berchtesgaden – Inzell
Kilómetros día: 86 Kilómetros.

- Parking Nido del Aguila.
GPS: 47º 37′ 50,19” N – 13º 02′ 22,49” E
Coste: Pago en parkimetro según estancia.

- Parking Municipal Berchestgaden
GPS: 47º 37′ 51,12” N – 13º 00′ 14,73” E
Coste: Pago en Parkimetro según estancia.

- Parking Hintersee
GPS: 47º 36′ 14,64” N – 12º 50′ 58,57” E
Coste: Pago en Parkimetro según estancia.

- Pernocta Area de Inzell (Pag. 572)
GPS: 47º 45’ 35’’ N – 12º 45’ 09’’ E
Servicios: Agua, WC y duchas. Sin vaciado
Capacidad: 3 plazas.
Precio: 10 €/noche

Día 20: Inzell – Büchell-Amzell
Kilómetros día: 313 Kilómetros.

- Aparcamiento municipal Ruhpolding.
GPS: 47º 45′ 40,73” N – 12º 38′ 52,16” E
Servicios: Junto oficina de Información turística.
Coste: Pago en parkimetro.

- Aparcamiento municipal Reit mi Winkl.
GPS: 47º 40′ 26,75” N – 12º 28′ 20,15” E
Coste: Pago en parkimetro.

- Aparcamiento Municipal Landsberg am Lech.
GPS: 48º 02′ 58,21” N – 10º 52′ 16,97” E
Coste: Pago en parkimetro.

- Pernocta Area de Büchell-Amzell (Pag. 545)
GPS: 47º 42’ 33’’ N – 9º 46’ 02’’ E
Capacidad: 17 plazas.
Precio: 9 €/noche.
Observaciones: Pago en el hotel que hay en la carretera.

Día 21: Büchell-Amzell – Clansayes.
Kilómetros día: 734 Kilómetros.

- Pernocta en Área de Clansayes. (Pag. 879)
GPS: 44º 22’ 08’’ N – 4º 47’ 52’’ E
Servicios: Agua, luz, vaciado, WC, y piscina.
Capacidad: 25 plazas.
Precio: 13 €/noche.
Observaciones: Dispone de piscina incluida en el precio.

Día 22: Clansayes – Barcelona.
Kilómetros día: 470 Kilómetros.
Fin del viaje.

DATOS TOTALES VIAJE
Kilómetros recorridos: 5720 Kilómetros.
Coste Gasoil: 664 euros
Coste Peajes: 226,15 euros
Coste Parkings: 31 euros.
Coste Pernoctas; 186 euros
Coste Entradas (2 personas): 234,60 euros.

16 Comments + Add Comment

  • Hola chicos:

    Por fin, la ansiada y ultima parte, ya tenemos con que entreternos el finde. Ya os contare que nos ha parecido, aunque a simple vista, tiene una pinta estupenda. Os seguire contando. Que ganitas de hincarle el diente jejeje.

    Saludetes y feliz finde.

  • Hola guapa, que rapidez jajaj. Pués nada, tu leelo antentamente y más tarde nos cuentas tus impresiones, que ya sabes que son importantes para nosotros.

    Espero que te guste, y sobre todo pases un buen fin de semana.

    Un besote enorme a los dos.

  • Hola chicos:

    Solo deciros… que me habeis dejado impresionada. Preciosas fotos, precioso texto, e interesantes aportes informativos. Cada vez os superais más. Esta ultima entrega de vuestro viaje a Alemania, es un broche de oro en toda regla.

    Me ha encantado la zona, de hecho no tenemos claro aun donde iremos de vacas este año, por que solo tenemos quince dias, pero lo mismo nos centramos en esta zona, por que nos ha encantado.

    He tomado bastantes apuntes, y he hablado con Bernardo, hemos comenzado a trazar una primera ruta, y seguramente nos decantaremos por este viaje.

    Gracias otra vez. Y UN GRACIAS enorme, por enseñarnos estos lugares tan preciosos, y tan bien relatados.

    Un besazo enorme.

  • L0 cuentas con tal perfecciòn que no hay ningun libro de viajes que sea tan perfectò,No te has planteado nunca,hacer una recopilacin de vuestras experiencias y publicarlo. Seguro que motiviais a kampiistas y aviaajeros no tan profesionales,yo soy una entusiasta de tus relatos.Me gusta muchisimo viajar pero todavia desconozco medio mundo Saludos y continuad

  • Hola a ambas:

    Maria, mil gracias por tus palabras. Nos alegra hasta el infinito que te haya gustado y que además os planteis elegir esta zona para vuestras vacaciones de Verano. Yo creo que con quince días tendreis más que suficiente como para descubrir la zona profundamente.

    Como siempre, estamos disponibles para lo que necesiteis, si teneis cualquier duda, o necesitais algo más especifico, solo teneis que llamar a la puerta jaja.

    Mil gracias por estar siempre al pie del cañon. Sois uno de nuestros grandes pilares.

    Besazos.

    Francis, que alegria leer tus palabras, no sabes cuanto significan para nosotros. En cuanto a plantearnos publicar nuestras experiencias, si que lo habiamos sopesado, pero el gran problema es que, publicar en papel cuesta muchisimo dinero, y las grandes editoriales, no se interesan por libros sobre viajes “que son tan personales”, ya ves… lo que a ti te encanta, ellos piensan que para un blog es genial, pero para publicarlo no… en fin, no descartamos nada, incluso la “autopublicación”, pero con todos los proyectos que tenemos, es algo que ha quedado un tanto aparcado, pero todo se andara…

    En cuanto a viajar, si te gusta y tienes ocasión, yo creo que es una de las mejores maneras de conocer costumbres nuevas, visitar lugares especiales, y sobre todo de conocerte a ti mismo, ya que en cada viaje aprendes millones de cosas.

    Lo dicho, nos alegra tenerte entre nuestros fieles lectores… siempre es un placer que alguien con tus inquietudes, se pare y saque tiempo para leer nuestros viajes.

    Un besazo enorme.

  • Hola chicos, es la primera vez que os escribo en el blog, y no queria perder la oportunidad de felicitaros por el trabajo que realizais.

    Acabo de terminar ahora mismo de leerlo… en dos palabras IM-PRESIONANTE. Me ha gustado muchisimo!!! En este momento cierro los ojos y veo todas las imagenes que acabo de descubrir en vuestro blog y la verdad que me acabo de enamorar de la zona, ya veras cuando se lo enseñe a mi novia Yolanda, miedito me da jejejej.

    Os debo unas cervezas, pero no pequeñas, vaya casi un barril entero jejej

    Me da hasta lastima el terminar las seis partes, y ya no esperar ninguna más sobre alemania, aunque supongo que para vosotros, será un alivio haberos quitado todo ese trabajo de encima.

    Un 10 para los dos, y mil gracias por contar las cosas tan bien.

    Saludetes.

  • Hombre Moove al final te has decidido jajaj… eso si, te ha costado!!!! Genial que te haya gustado tanto y si a tu novia tan bien le gusta, pues ya sabes… os tocara añadir la zona a la ruta, si es que somos una mala influencia!

    Espero que no sea la ultima vez que escribas en el blog, aunque nos sigas en acpasion, nos hace más ilu que escribas directamente en el blog.

    Ya contarás al final que ruta será la definitiva, pero sea la que sea, espero que lo paseis de PM, y que luego lo conteis jajaj.

    Un saludo enorme.

  • Buenas pareja. Pues tras la lectura de esta parte, y tomando los consejos que nos dió Conrad, haremos la zona de Beschesgarden antes de llegar a Salzburgo, e incluso hemos añadido una parada en el area de AC de Inzell.
    A ver si nos vemos.

    Saludos,

  • Hola Danmc:

    Nos alegra que te haya gustado y que hayas decidido hacer la entrada a Beschesgarden como te comentamos… realmente es más rápido. En cuanto al área de Inzell simplemente recordarte que solo consta de tres plazas, con lo cual tendreis que estar pendientes para que no os quedeis fuera.

    Lo dicho, iremos con los ojos bien abiertos por si nos cruzamos, si no es asi, esperamos que lo paseis Genial.

    Un besote a los cuatro.

  • Hola chicos:

    Me he quedado sin palabras al leer este final apoteosico del relato a Alemania. Una zona que realmente no tiene desperdicio. Queria felicitaros por un trabajo tan bien hecho, así da gusto.

    Un viaje increible e increiblemente relatado.

    Gracias por compartirlo.

    SAludos.

  • Hola Manu:

    Gracias por tus palabras, nos alegra que te haya parecido el final de traca jajaja. Simplemente trasmite lo bien que lo pasamos en aquella zona en particular, y en toda Alemania en general.

    Como siempre, gracias por leernos y gracias por estar siempre al pie del cañon.

    Saludetes.

  • Viajar me encantapero tengo un problema,soy muy atrevida y esto me ha ocasionado algùn tropiezo.En Guatemala ,en el rio de pasion me cai de la barca rompiendomé el brazo.En Mandalay (thailandia) en un puente de t eca me cargue el hombro,hospital ,radioetc
    Cinco fracturas en 6 años,pero siempre he continuado el viaje sin comemtarlo con la familia.
    Todos mis compañeros me ayudarón un monton.Ultimamente no me ha pasado nada,por lo tanto continuo con mis aventuras.Besos

    .

  • Hola Francis, viajar esta bien, pero siempre hay que tener en cuenta que hay que regresar de una pieza jajaj con lo cual, te aliento a que sigas viajando, pero no en plan kamikace que al final no te va a aquedar ni un hueso sano jajajaa…

    Un besote enoreme, y seguir disfrutando!

  • Felicidades por vuestro viaje, me ha parecido muy interesante, tengo planificado un recorrido por ese pais para el próximo verano, será un poco mas amplio pues juego con la ventaja de ser prejubilada y no tener que adactar el recorrido a un tiempo determinado, me he permitido copiaros una de vuestras etapas, la que hace mención al Nido de Aguila de Hitler y su entorno, lo describis de tal manera que me imagino lo bonito que es. Por cierto, las fotos……..una pasada de bonitas. Un saludo Maribel

  • Hola Maribel:

    Nos alegra que te haya gustado el relato. La zona en concreto que comentas es preciosa, y si ademas tienes la suerte de tener más tiempo, podreis disfrutar mucho más.

    Encantados estamos con que nos copies ;-) de hecho para eso estan los relatos, para que cualquiera se pueda aprovechar de ellos.

    Lo dicho, espero que disfruteis a tope.

    Saludetes y bienvenida al blog.

  • Conrado me ha encantado el relato de Alemania, el lago, el nido de Águila, etc. por cierto en los Alpes franceses, en la ruta del Montblanc, no muy lejos de Chamonix, una vez que bajas del tren cremallera (vetusto tren), hay un refugio de alta montaña que le llaman nido de águila.

    En fin me genera una sana envidia estos viajes pero como bien sabes yo soy de caminar senderos kilométricos y escalar altas cumbres. Os felicito por este maravilloso blog, a mí me gustaria, como ya te he comentado, poder tener también un blog donde colgar todas mis extensas narraciones noveladas de mis múltiples viajes por senderos iniciáticos. En fin repito muchas felicidades por ese buen trabajo por el que podeis ofrecer una ventana al maravilloso mundo que nos cobija. Un abrazo.

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