Carintia (2/3)

may 8, 2009 by     2 Comments    Posted under: Autocaravana, Deportes, Grandes viajes

Austria era nuestro próximo destino en el octavo día de viaje, un país que visitamos hace cuatro años del que guardábamos muy buen recuerdo. Nuestro paso por Eslovenia había cumplido con creces cualquier expectativa que pudiéramos tener, y deseábamos que nos sucediera lo mismo con la zona de Carintia.

Desde lo alto del Paso de Predil, situado a una altura de 1150 metros, contemplábamos como el sol se abría paso a través de las tupidas nubes que la noche anterior descargaron una fuerte tromba de agua sobre nosotros, y deseábamos que el buen tiempo del que estábamos disfrutando nos siguiera acompañando durante el viaje.

El Paso de Predil fue nuestra primera sorpresa del día. Habíamos escogido aquella carretera mapa en mano, como camino más rápido para llegar a Austria desde Bovec, sin saber de la importancia histórica de aquel lugar. Frontera natural entre Italia y Eslovenia, el paso de Predil fue un lugar de largas y duras batallas. Como recuerdo a los fallecidos se haya en aquel lugar la imponente figura de un gran león para recordar los trágicos momentos vividos en aquel lugar. Sin duda la escultura, y las vistas que desde él se pueden contemplar bien merecen dirigirse hasta aquel emplazamiento.

Tras disfrutar de aquel magnifico entorno iniciamos el descenso del puerto de montaña a través de territorio Italiano, poco a poco y sin ninguna prisa, hasta encontrarnos nuevamente con otra agradable sorpresa, el Lago de Predil. No era aquel un lugar que apareciera en nuestras guías, ni en las informaciones recibidas de las Oficinas de Turismo, pero sin duda nos pareció uno de los lagos más bellos de cuantos hemos visto durante nuestras vacaciones.

Un pequeño parking nos facilitó la tarea de dejar la autocaravana y llegar hasta él. Al llegar a su orilla quedamos maravillados con aquel increíble lugar de aguas cristalinas, donde los patos nadaban tranquilamente y los turistas más valientes se remojaban los pies. Ciertamente eran aquellas aguas muy frías, pero si hay algo con lo que nos hemos quedado con ganas de hacer en este viaje, ha sido disfrutar de otra rutilla en kayak y haber navegado tranquilamente por aquel lago durante un largo rato. Pero las tareas de inflado y desinflado del kayak nos echaron para atrás. Para la próxima vez tenemos claro que equiparemos nuestra autocaravana con una baca para evitar estas situaciones y no volver a quedarnos con ganas de nada en ninguna de nuestras futuras rutas. Con lo cual descansamos en él un rato y decidimos continuar nuestro viaje.

Nuestro camino nos condujo en pocos Kilómetros hasta la frontera entra Italia y Austria. Escasos metros después de cruzarla nos encontramos uno de los famosos lugares donde comprar la Viñeta, algo que en este caso si que ya sabíamos anticipadamente. La suerte en Austria es que por 7,20 euros puedes disfrutar durante 15 días de las carreteras austriacas, tiempo más que suficiente para nosotros.

Carintia es el estado más sureño de Austria que marca la frontera entre Eslovenia, Italia y Austria. Famosa por sus montañas y lagos, dicha región tiene paisajes y vistas sin igual. Las playas de que disponen sus lagos son muy frecuentadas por los Austriacos en verano para la practica de deportes acuáticos y el disfrute del sol veraniego. Entre todos sus lagos el Wörthersee es el mayor de todos, ubicado en el centro de la región junto a Klagenfurt, capital del estado. Nosotros decidimos que dicho lago era un buen lugar por donde comenzar, así que nos dirigimos a la orilla sur del lago para disfrutar como lo habíamos hecho en muchos otros. Por suerte los mapas de nuestro GPS volvían a ser validos en Austria por lo que nos resultó muy sencillo llegar hasta él.

De camino hacia el Wörthersee aprovechamos para detenernos junto al Faaker See (see es como denominan ellos a los lagos) a comer. Un fantástico día soleado invitaba a comer placidamente junto al lago, algo que sin embargo no nos fue posible conseguir. Lo que no sabíamos por aquel entonces es que eso iba a ser la tónica habitual en el resto de nuestra visita a Carintia, ya que la mayoría de los lagos de la región se hayan rodeados por propiedades privadas que hacen uso del lago ya sea de forma particular o mediante su explotación (campings, hoteles, etc.). Se acabó por tanto eso de coger espontáneamente el Kayac y lanzarse a la aventura como habíamos hecho en Eslovenia. Carintia solo nos daba una opción y era acceder a los lagos entrando en alguno de sus masificados cámpings, cosa que no nos apetecia demasiado.

Comimos en un parking con buenas vistas al lago y continuamos hasta llegar al extremo sur del Wörthersee. Tomamos la carretera que lo rodea por el margen derecho y allí nuestros peores temores se hicieron realidad. Efectivamente la mayor parte de la orilla del Wörthersee es privada, y únicamente es posible acceder a él desde alguna zona cuya reducidas dimensiones no ha hecho posible que se edificara en ella. No sin cierta decepción llegamos a la población de Maria Wörth que nuestra guía calificaba como interesante.

Pasamos junto al pueblo, y desde la carretera nos dio la impresión que las reducidas calles de la población nos iban a crear más de un problema para entrar con la autocaravana y aparcar en ella, algo que en ese momento no nos gusto. Eso y el agobio que empezábamos a experimentar por el trafico existente en Austria, que no siendo excesivo si nos lo pareció a nosotros que acabábamos de llegar de la tranquila y verde Eslovenia, hizo que decidiéramos buscar un lugar mas tranquilo que visitar. A escasos metros de donde nos hallábamos encontramos la respuesta: La Pyramidenkogel.

La Pyramidenkogel (torre piramidal), es una torre de observación de 54 metros de altura, de base pentagonal, construida entre los años 1966 y 1968, que dispone de tres plataformas panorámicas desde las que se puede observar el hermoso paisaje que se extiende a sus pies. Gracias a su posición única de 905 m de altura, la torre Pyramidenkogel permite disfrutar de unas impresionantes vistas de las montañas, los lagos y los hermosos valles de Carintia: La mirada cambia de Karavanke hasta el Hohe Tauern y captura el brillo del lago Wörthersee y el valle de los 4 lagos Keutschach.

A escasos metros de Maria Wörth encontramos el desvió, muy bien señalizado, y fuimos siguiendo las indicaciones a pie de carretera. Un último tramo de fuertes pendientes nos obligaron a poner la primera y subir poco a poco. Obviamente, si desde aquella torre había tan buenas vistas como nuestra guía decía tenia que estar en un lugar privilegiado y evidentemente a gran altura. Encontramos un primer parking en el que decidimos dejar la autocaravana. Luego a pié nos dimos cuenta que había otros dos mas arriba, habiéndonos ahorrado andar aquella insufrible cuesta.

Llegamos al pié de la torre y allí se encontraba la taquilla. El precio de la entrada era de 6 euros por persona, la encontramos un poco cara. El acceso a la torre se hace mediante un ascensor situado en la parte interior de la torre que en tan solo 24 segundos nos conduce hasta la primera de sus plataformas. Las dimensiones del mismo son bastante reducidas lo que hizo que tuviéramos que hacer un poco de cola para subir al haber coincidido con un par de autobuses de turistas Alemanes. Apenas sin darnos cuenta llegamos a la primera plataforma de la torre. Desde luego las vistas desde allí eran impresionantes. El día era soleado, pero no estaba lo suficientemente claro para conseguir unas fotografías tan nítidas como hubiésemos querido.

Estuvimos varios minutos disfrutando de las vistas hasta que aprovechando que la guía mantenía distraídos a los alemanes subimos al segundo nivel por una escalera existente en el exterior. Apenas se alzaba 8 metros respecto al primer nivel pero se notaba bastante la diferencia, al menos para una persona con cierto pánico a las alturas como yo. Dimos otra pequeña vuelta y decidimos subir al tercer y último nivel, situado a 43 metros de altura. En este no caben mas de 5 o 6 personas y realmente agradeces que así sea, por que con la altura que tiene la Torre cualquier persona con ganas de hacer el gracioso nos hubiera puesto los pelos como escarpias. Disfrutamos de aquel impresionante paisaje y nos hicimos unas cuentas fotos, unos con aire tranquilo y otros con cara totalmente de terror, después de reírnos un rato comenzamos a bajar.

Al bajar comentamos que esta era sin duda una visita recomendable pero cuyo precio consideramos que era excesivo. Fue entonces cuando curioseando en la garita de venta de tickets de la entrada, descubrimos algo que revolucionó nuestro viaje: La Karnten Card! Esta es una tarjeta unipersonal que permite entrar gratuitamente o con grandes descuentos a toda una serie de lugares turísticos, ya sean museos, parques naturales, montar en teleféricos, barcos, así como el acceso a toda una serie de parques acuáticos o de aguas termales, entre muchas otras cosas. El precio, 35 euros por persona, parece caro a simple vista, pero se amortiza fácilmente en tan solo cuatro o cinco visitas. Además, el territorio que engloba es bastante amplio, algo que en un principio limita a quienes vayan de hotel, pero que ofrece a los autocaravanistas la posibilidad de irse moviendo conociendo toda la región y visitando así mismo una infinidad de lugares y atracciones turísticas.

Fue por ello que mapa en mano empezamos a trazar una pequeña ruta con los lugares que ya queríamos ver, así como todos los que nos interesaban de la completa guía que nos dieron al comprar la tarjeta. Nuestro siguiente destino estaba justamente al otro lado del lago, en las inmediaciones de Klagenfurt: Se trataba de los Minimundus, un pequeño parque temático en el que se hayan las reproducciones de los mayores monumentos del mundo. No era quizás este el lugar de mayor contenido de cuantos nos rodeaban pero la tarde era soleada y agradable, y nos apetecía algo entretenido y diferente.

El parque cumplió al 100 % nuestras expectativas. La Karnten Card en este caso solo nos ofrecía un descuento, teniendo que pagar 6 euros por persona, pero aun así ya empezábamos a amortizarla. Durante un rato fuimos como niños jugando en un mundo en miniatura. Visitamos la Torre Eifel, la gran muralla china, y hasta regresamos a casa para ver nuestra querida Sagrada Familia. Descansamos del soleado día en unas preciosas sillas colgadas en forma de columpios, que tengo que decir que a mi personalmente me encantaron y que me hubiera llevado alguna si no pesaran tanto ; -)

Empezaba a ser tarde, y queríamos encontrar un lugar para dormir antes que anocheciera. Nuestro propósito para el día siguiente era visitar las gorgas de Tscheppaschlucht, así que dimos por finalizada nuestra visita al parque, e iniciamos nuestro camino hacia ellas, alejándonos de la capital Klagenfurt para encontrar un lugar más tranquilo y menos concurrido en el que pasar la noche. Durante el camino el sol empezó a ponerse ofreciéndonos el panorama de un increíble atardecer sobre el río, y aunque era tarde no pudimos evitar detenernos para tomar una instantánea de un momento tan especial.

Fue poco antes de llegar a la población de Ferlach cuando encontramos una señal indicando la existencia de un área para autocaravanas en los alrededores. Contentos por la suerte que habíamos tenido nos dirigimos rápidamente a ella. No nos costó demasiado encontrarla ya que estaba muy bien señalizada. Además, era un área bastante amplia en la que había por aquel entonces más de una docena de autocaravanas aparcadas.

El área estaba muy bien ubicada, junto a la orilla del río y a la sombra de las enormes montanas Karawanken. Además estaba perfectamente equipada para el repostaje y vaciado de las autos, y alejada de cualquier carretera por lo que aparentaba ser un lugar muy tranquilo para pasar la noche. Eso si, era de pago, 4 euros la noche, pero que en este caso bien merecía la pena. La población donde se encuentra el área, Ferlach, es además una pequeña ciudad europea con tradición e historia. Como en la mayoría de las ciudades ha crecido a lo largo de la historia. Ante el campanario: un pequeño parque con un viejo árbol, el camino que lleva al centro urbano es un laberinto de estrechos y retorcidos callejones. Pero en esta ocasión nuestra estancia simplemente era para descansar y coger fuerzas para la mañana siguiente.

Encontramos fácilmente un buen lugar donde aparcar y acto seguido bajamos a estirar las piernas. Fue entonces cuando vimos salir de una autocaravana que había aparcada frente a la nuestra a Francesc y Roser (Ross), un matrimonio que conocemos desde hace tiempo y que justamente son de Badalona (como Conrad). Después de la consecuente cara de sorpresa nos dimos un fuerte abrazo para celebrar ese casual encuentro a tantos kilómetros de casa. Empezamos a contarnos las batallitas de cómo habíamos llegado hasta allí y que caminos habíamos recorrido cada uno, pero por una vez en la vida fuimos lógicos: Era tarde y el hambre apretaba, así que decidimos cenar primero y luego encontrarnos tranquilamente para tomar un poquito de Moscatell con ellos.

Una vez cenados, nos dirigimos a la autocaravana de los “Ross” para disfrutar de una entretenidísima sobremesa durante la que charlamos de viajes, aventuras, y compartimos nuestras experiencias. La verdad es que hacia tiempo que no coincidíamos con ellos y nos alegró mucho poder compartir aquel ratito.

El día había sido largo y lleno de sorpresas, y a la mañana siguiente nos esperaba un duro día por lo que decidimos ser niños buenos y no ir demasiado tarde a la cama, algo que los vecinos de parcela seguro agradecerían. Ambos teníamos intenciones de visitar las gorgas de Tscheppaschlucht al día siguiente, pero a sabiendas de que Francesc y Roser son muy madrugadores decidimos despedirnos por si no coincidíamos.

Día 9: Ferlach – Bad Eisenkappel

Tras una tormentosa noche el día amaneció gris y nublado, pero no convenía asustarse. Era pronto, y aun teníamos esperanzas de que el cielo se despejara y luciera nuevamente el sol. No habíamos terminado de poner el café cuando oímos la autocaravana de los “Ross” que iniciaba la marcha. Ya no volvimos a coincidir con ellos durante la ruta, y hace tiempo que tampoco nos vemos así que aprovechamos para mandarles un fuerte saludo!.

Desayunamos fuerte pues hoy tocaba una dura caminata! Una vez preparados y tras repostar agua iniciamos el camino hacia la Tscheppaschlucht gorge, situada al norte de la población de Ferlach. A los pocos Kilómetros encontramos indicado el parking a mano derecha en el que no tuvimos demasiados problemas para aparcar junto a alguna otra autocaravana que allí se encontraba. En dicho parking, un pequeño puente de madera que cruzaba por encima de la carretera iniciaba el camino hacia las gorgas. Según pudimos entender (pues la mayoría de indicaciones en Austria están en alemán) había que hacer un pequeño recorrido hasta la garita donde se compran los tickets, y una vez allí se inicia el recorrido por las gorgas.

Iniciamos el camino con la mala pata de coincidir con un numeroso grupo de personas que había acudido en autocar, y aunque el camino era amplio se hacia difícil adelantar entre tanta gente para poder llevar nuestro ritmo. Finalmente lo logramos, junto a una pareja de alemanes quienes también se las hicieron y deshicieron para poder adelantar a tanta gente. El trayecto hasta la garita fue casi todo de bajada, por el interior de un sombrío bosque bastante húmedo tras el chaparrón nocturno. Llegamos finalmente a la garita de venta de tickets. Tal como preveíamos la Karnten Card estaba admitida por lo que entramos al recinto sin coste alguno. Con la entrada nos entregaron un pequeño tríptico en el que venia un mapa con las posibles rutas a realizar y los lugares mas interesantes que visitar. Tras echarle una ojeada y con nuestro perfecto alemán ;-) , conseguimos trazar una ruta para descubrir los lugares que nos parecieron mas interesantes, e iniciamos el camino. Hay que decir que no está permitido el acceso a algunos lugares de la ruta con animales domésticos, ni así mismo se aconseja ir con niños muy pequeños por lo complicado de algunos tramos.

Con temor a que aquel numeroso grupo de gente nos alcanzara haciendo de aquel lugar un hervidero, decidimos imponernos un ritmo fuerte, que nuevamente tan solo los alemanes parecían mantener.

Fuimos recorriendo poco a poco el sendero descubriendo las sorpresas que este nos iba ofreciendo por el camino. Para empezar, nada mejor que un trago de agua natural procedente de la roca, bebida en una especie de cuencos de la suerte, cuatro cuencos distintos (amor, salud, suerte, dinero), en los que podías beber para así atraer la fortuna y divertirte un rato pensando deseos que tal vez se cumplan.

Poco a poco y a medida que el estruendo provocado por el río iba creciendo, el camino se iba complicando. El sendero era cada vez más inclinado y estrecho, encontrándonos cada vez más cercanos al margen del río. Pronto empezamos a descubrir el porque de no admitir animales domésticos. Donde había camino empezó a haber pronunciadas escalinatas de acero clavadas directamente sobre las rocas haciendo de aquel un lugar realmente distinto.

Afortunadamente, el sol empezó a colarse entre las nubes, y en el momento en el que llegamos a lo alto de un primer repechón brillaba con fuerza. Nos pareció en aquella primera parada que habíamos visto lo mejor de la ruta, pues sin duda la belleza del lugar era cautivadora, pero nada más alejado de la realidad. El camino continuaba y lo hacia con varias posibilidades. Nosotros nos dirigimos a lo que en el mapa se dibujaba como una especie de escalera de caracol con un puente colgante, así como una cascada, la que según la publicidad parecía ser el plato fuerte de la ruta.

De nuevo el camino volvió a hacerse cuesta arriba, y aunque ahora no había escalinatas de acero, si había pronunciadas escaleras que ascendían vertiginosamente por la ladera de la montaña. En aquel momento habíamos perdido ya el rastro de todos los acompañantes con los que iniciamos la ruta, encontrándonos solos en medio de aquellos parajes.

De repente llegamos a lo que era una estrambótica construcción en medio de las montañas. Un puente de acero cruzaba sobre el río, luego una escalera de caracol nos permitió ascender a una pasarela ubicada sobre la roca, en un nivel superior. Subimos por ella y llegamos a un puente colgante que en este caso sobrevolaba una increíble catarata!

Con ojos como platos al ver el montaje que los austriacos habían realizado allí en medio del bosque estuvimos durante un buen rato haciendo fotografías del lugar. Pero aun quedaba más.

Continuamos el camino, siguiendo como podíamos las indicaciones de varias intersecciones que fuimos encontrando, sobre todo para no equivocarnos y llegar a la gran cascada de Tscheppaschlucht, un salto de agua de 26 metros. Allí no había construcciones de acero, ni escaleras en la roca. Allí tan solo había naturaleza en estado puro, y eso si, un cordón para evitar que algún inconsciente se abalance sobre la cascada poniéndose en peligro incluso a si mismo. El ruido era ensordecedor, y el agua pulverizada al romper sobre la roca empapaba nuestra cara, pero era difícil resistirse a la belleza de aquel lugar. Como pudimos hicimos algunas fotos, y dejando paso a nuevos visitantes que llegaron al lugar decidimos continuar con la ruta.

La verdad es que después de mas de tres horas andando empezábamos a estar cansados, pero las ganas por seguir descubriendo nuevos lugares nos animaban a continuar. Consultamos el plano que nos habían dado y nos pareció entender que había un camino que continuaba hasta un lago existente mas arriba, desde el que existía un servicio de autobuses incluido en el ticket que nos llevaría de regreso al parking. Hasta ahí todo claro.

Comenzamos a caminar, y aunque el camino era bastante bueno hacia un poco de subida lo que fue poco a poco agotando nuestras últimas fuerzas. Finalmente, tras mas de otra hora andando llegamos a lo que parecía ser una pequeña población. Apenas había tres o cuatro casas, eso si una preciosidad de casitas típicas de madera, pero ni rastro del lago que andábamos buscando ni del autobús que nos tenía que llevar de vuelta a la autocaravana. Preguntando a unos lugareños (quienes solo hablaban alemán) logramos interpretar que una pequeña charca que allí había era el lago que andábamos buscando. He de confesaros que nos decepcionó bastante encontrarnos aquello después de tanto andar, pero este detalle fue realmente insignificante con el precioso paisaje que nos encontramos en aquel valle, y que nos dejo durante un largo rato alucinados. Exceptuando el laguito el resto nos había encantado, y ese recuerdo en ningún caso quedo empañado por ese pequeño “chasco”.

Lo que si nos inquietaba era el hecho de no encontrar ninguna referencia al autobús con el que teníamos que regresar. Para colmo, el cielo se tornó gris plomizo y empezaron a caer las primeras gotas. Lo que al comienzo era una fina llovizna, se comenzó a tornar en una pequeña tormenta de verano. Era tarde, empezábamos a estar hambrientos, y nuestro cansancio desaconsejaba deshacer el camino andado, no creo que hubiésemos aguantado otras cinco horas de bajada. Ley de Murphy los móviles estaban sin batería… pero no convenía asustarse, al menos en exceso. De repente, como caídos del cielo aparecieron la pareja de alemanes junto a los que habíamos iniciado esta ruta. Rápidamente les preguntamos por el autobús y en un medio ingles medio alemán nos indicaron el lugar en el que cada hora pasaba el autobús de vuelta. Dimos un suspiro de alivio y nos dejamos caer literalmente en los bancos de la parada del autobús.

No nos importó esperar casi media hora más, ni que el conductor recorriera la carretera de bajada como si fuera a los mandos de un coche de rallys. Lo que mas nos importaba es que al fin íbamos de camino a la autocaravana, donde podríamos comer y descansar. Al llegar ni tan siquiera quisimos mover la auto para buscar un lugar más “idílico” en el que comer. El mismo parking, a esas horas llenísimo de coches, nos sirvió.

Una vez descansado y con el estomago lleno empezamos a planear el resto del día. Cerca de donde nos encontrábamos se hallaba la población de Bad Eisenkappel, en la que se encuentran las Cuevas de Obir Dripstone, unas de las de mayor importancia del país. No era demasiado tarde por lo que decidimos ir hacia allí para intentar llegar antes de que cerraran, para así entrar a última hora o a las malas comprar las entradas para el día siguiente a primera hora.

Tomamos una carretera secundaria, tranquila y agradable, y cerca de una hora después llegamos a la población de Bad Eisenkappel. Nada más llegar vimos mucha publicidad de las cuevas así como señalización de un gran número de parkings, lo que nos indicaba que las cuevas eran un reclamo turístico importante del lugar. Dimos un par de vueltas, y al final decidimos dejar la autocaravana en un parking cercano al centro de la población, pero con la suficiente tranquilidad.

Ya a pié, fuimos dando un paseo hasta el lugar donde desde la autocaravana nos había parecido que se iniciaba la ruta, no sin cierta sorpresa ya que era una finca situada en la calle principal del pueblo. Llegamos hasta ella y logramos averiguar que desde allí salían los autobuses con los que únicamente se podía llegar al acceso de las cuevas, situado en lo alto de una montaña cercana. Eran cerca de las cuatro de la tarde, y aunque había bastante gente logramos conseguir entradas para el último pase a las cuevas (19 euros/adultos; Gratis con la Karnten Card), cuyo autobús salía a las seis y media desde allí. Esas dos horas y media que en un principio nos hicieron dudar luego nos sirvieron para dar un agradable paseo por la población, tomarnos un riquísimo granizado de limón, y hasta echarnos una cabezadita.

Llegó el momento y a la hora en punto estábamos en la parada del autobús deseando iniciar la ruta. Llegó el autobús, se llenó rápidamente, iniciamos de inmediato el camino hasta el acceso a las cuevas. El conductor, que parecía estar sacado del campeonato del mundo de rallys, (estos austriacos están todos locos) inició un rápido ascenso por una carretera de montaña cuyas curvas quitaban la respiración. Entendimos el porque el uso de aquella carretera era exclusivo para los autobuses ….. si hubiese habido trafico de turismos allí nos matamos seguro!

Finalmente llegamos a la cima, y tan rápido como el mareo nos lo permitía fuimos bajando uno a uno del autobús. Por megafonía anunciaron algo en alemán que no logramos entender, tampoco las indicaciones (también en alemán) no lograban aclarar que debíamos hacer así que nos dirigimos al que parecía ser un encargado de las cuevas. Lo cierto es que tampoco él hablaba ingles (el castellano ni plantearlo) pero logramos entender que había varios grupos según la hora del ticket, y teníamos que esperar un poco.

Apareció el que parecía ser nuestro guía, y nos invitó a pasar junto a un grupo de gente a una pequeña sala donde nos podíamos equipar con casco y ropa de abrigo. Por suerte entre el grupo había cuatro italianos, lo que obligó al guía a utilizar un ingles con acento muy germánico que por suerte para nosotros si sabia hablar.

Avanzamos hasta una primera sala donde se hacia una breve proyección de un video. Como este era todo en alemán, el guía decidió hacer una breve explicación de lo que en él se narraba para los que no lo comprendíamos.

A partir de ahí iniciamos la excursión por el interior de la cueva, en la que se había recreado el ambiente de cuando aquella fue una explotación minera (con muñecos y todo… Madre mia!). Nos condujeron de un lado para otro, subiendo escaleras, bajando escaleras, recorriendo toda la parte abierta al público de la misma, así como mostrándonos algunas de las salas mejor conservadas que son el autentico reclamo del lugar. No se si fue por el frío que allí hacia, o por que veníamos de ver las impresionantes cuevas Eslovenas, pero lo cierto es que nos defraudó bastante. Cualquiera de las pequeñas cuevas que hemos visto por Francia nos parecieron más impresionantes que aquel lugar, que para los Austriacos parecía tener mucha importancia.

En la publicidad se hablaba de una increíble mezcla de luz y sonido combinada con la naturaleza, que a nosotros nos parecieron adornos para suplir las carencias del lugar. A excepción de una prueba de la buena sonoridad de la cueva con la impactante música de Hendel, y un bellísimo y diminuto lago subterráneo, poco mas nos llamó la atención.

Salimos de la cueva cansados (hay que tener en cuenta el palizón que nos pegamos por la mañana), helados, y hambrientos. Para colmo al salir era ya de noche y llovía a cantaros por lo que no nos entretuvimos demasiado en volver al autocar, esperamos a que este nos llevara de vuelta al pueblo, y regresar a nuestra casita con ruedas.

Ya en “casa” vimos que junto a nuestra autocaravana se encontraba otra de unos italianos aparcados, teniendo en cuenta la hora y el mal tiempo que hacia decidimos que aquel era un buen lugar para pasar la noche. Nos pegamos una ducha reparadora con agua calentita, nos pusimos cómodos, cenamos, y nos acostamos prontito como buenos europeos.

Día 10: Bad Eisenkappel – Falkert See

Sin duda aquella había sido la noche mas lluviosa que habíamos tenido en lo que llevábamos de vacaciones y el miedo a volver a sufrir los aguaceros que vivimos en 2005 nos atemorizaba. El ruido del agua no nos había permitido pegar ojo. Por suerte, por la mañana aunque seguía lloviendo parecía no hacerlo con tanta virulencia como por la noche. Desayunamos, nos equipamos bien, y aprovechamos que había un supermercado cerca para hacer cuatro compras antes de mover la autocaravana.

Una vez preparados iniciamos el camino hacia el siguiente destino de nuestra ruta, el castillo de Burg Hochosterwitz, uno de los mas famosos de Austria, cuya construcción data del siglo XVI, y que ha pertenecido siempre a la familia Khevenhüller. Tras recorrer algunos kilómetros llegamos hasta él. Fácilmente visible, situado en un lo alto de una roca a 150 metros de altura, y en medio de una llanura se hallaba el castillo. Lástima de aquel cielo gris que hacia desmerecer las fotografías porque la ubicación del mismo lo hacia ser ciertamente especial. Nos dirigimos al castillo por una estrechita carretera y llegamos hasta un alborotado y caótico parking. La verdad es que estaba a tope, y aun no se como logramos hacernos con la plaza de un turismo que marchaba en la que suny cabía bastante bien.

Nos dirigimos al acceso. En este caso la Karnten Card únicamente nos ofrecía un descuento del 10% sobre el precio de la entrada en la que podíamos optar por dos opciones. La primera era subir al castillo a pié, cruzando sus 14 puertas, o mediante un elevador que conducía directamente hasta la cima de la roca.

El coste de 6,80 euros por persona (descuento incluido), ya nos pareció caro, lo que nos hizo optar por la opción “básica”. Además, en muchas ocasiones como sucede en esta, la ascensión a píe es lo mas interesante de la visita, ya que el interés del castillo reside en su ubicación mas que en su propia arquitectura.

Así fue que fuimos subiendo el camino, cruzando las 14 puertas de que dispone su muralla, cuya ingeniosa arquitectura defensiva hizo que nunca haya sido conquistado a lo largo de su historia.

Contemplamos las magnificas vistas del valle así como los jardines que rodean al castillo, y llegamos hasta él en poco mas de media hora. Como ya nos imaginábamos el castillo no tiene nada en especial, salvo una agradable plaza donde uno puede tomarse un aperitivo sentado en una de sus terracitas.

Dimos una pequeña vuelta alrededor del castillo, y hemos de decir que aunque la visita es bastante recomendable nos supo a poco, así que regresamos a la autocaravana para continuar con nuestra ruta y dirigirnos al siguiente destino.

Nuestra siguiente parada nos llevó hasta el Ossiachersee, uno de los mayores lagos de la región. En una de sus orillas se encuentra la conocida población de Ossiach, hacia la cual nos dirigimos para intentar visitarla. Al llegar a ella nos encontramos con un panorama que no nos convenció demasiado. Junto a la carretera se encontraban amplísimos aparcamientos abarrotados de coches. Resultó que Ossiach era una de las poblaciones mas turísticas del lugar, y en aquel momento no nos apeteció demasiado encontrarnos con tanta gente con lo que continuamos con nuestra ruta.

Nos detuvimos justo en la otra orilla del lago, entre las poblaciones de Sattendorf y Annenheim, donde un amplio parking nos pareció un buen lugar para comer. Justamente allí se encontraba además el acceso al espectacular funicular que llega hasta una de las cumbres más altas de la zona, el Gerlitzen, situado a 1911 metros de altura. Decidimos que aquella podía ser una aventurilla distinta a lo que hasta ahora habíamos realizado, así que una vez comidos, nos abrigamos bien, y nos dirigimos al acceso al funicular (9,50 euros/adultos; 5,50 euros/niños; Gratis con Karnten Card).

Un primer telecabina nos condujo hasta el Kanzelhöhe, situado a 1500 metros, y desde allí, mediante un telesilla llegamos hasta los 1911 metros del Gerlitzen. Las vistas según íbamos subiendo eran espectaculares, y tanto el telecabina como el telesilla que nos subían hasta el eran realmente curiosos, cubiertos con un parasol de metacrilato con el cual puedes cubrirte si hace mucho frió o dejarlo abierto en un día mas soleado.

En esta ocasión realmente hacia un frió que pelaba con lo que decidimos cubrirnos como si fuéramos un pequeño polluelo para así poder mantener el poco calor corporal que nos quedaba.

Realmente las vistas cuando llegamos eran impresionantes, nada mas aterrizar nos encontramos con gente haciendo parapente y otras simplemente volando sus pequeñas avionetas de radiocontrol, un espectáculo al cual nos unimos nada mas llegar.

Después de recorrer todas las montañas cercanas e intentar disfrutar de todo aquello decidimos bajar ya que el frió comenzaba a aumentar por momentos y nuestras caras comenzaban a tener un rictus un tanto extraño ; – )

Una vez ya en tierra firme y de vuelta al clima calido, nos pusimos nuevamente en marcha. Nuestro próximo destino era el parque nacional Nockberge, donde nos esperaban varias visitas de interés que teníamos planeado realizar al día siguiente y nos interesaba acercarnos lo máximo posible y pasar la noche.

Abandonamos las orillas del Ossiachersee tomando la carretera en dirección a Radenthein. A medio camino nos encontramos una agradable sorpresa, la población de Feld am See, que a nuestro paso vimos que estaba realmente muy animada y decidimos hacer una paradita para ver el porque de tanta animación. Descubrimos que se estaba celebrando la fiesta del pescado y que habían venido parroquianos desde todos los pueblos de los alrededores. Nos pareció una idea divertida y con el olorcito a pescadito que había en el ambiente solo pudimos hacer una cosa y fue “Unirnos a la Fiesta”. La gente nos sonreía como invitándonos a ponernos cómodos y a disfrutar de la fiesta, y nosotros que somos chicos muy obedientes disfrutamos como enanos de todo lo que allí se ofrecía.

Salimos de allí con una gran sonrisa y comentando todos los pequeños detalles que habíamos vivido con toda aquella gente, pero comenzaba a ser tarde y debíamos encontrar algún lugar donde pasar la noche.

Decidimos dirigirnos al lugar donde realizaríamos nuestra primera visita al día siguiente, Falkert See, un lago precioso situado a 2.310 metros de altura. Pero nuestro destino real no era el lago en si, si no el Parque Temático de Heidy, que habíamos visto anunciado en la guía de la Karting Card y nos hizo gracia visitarlo, si es que en el fondo somos como niños. Llegamos a la población de Patergassen donde se encontraba el desvío hacia Falkert See.

Una pequeña señal nos indicaba que una estrecha carretera era la que nos llevaría hasta allí, pero no indicaba a cuantos kilómetros se encontraba el parque, ni mucho menos la altura a la que estaba situado. Nadie nos había avisado de la aventura que tendríamos que vivir para poder visitar el susodicho parque. Comenzamos a subir con los últimos rallos de luz de un impresionante atardecer austriaco. La carretera era estrecha pero cabían tranquilamente la auto y un coche con lo cual íbamos relativamente tranquilos. La carretera se retorcía una y otra vez en unas formas imposibles de subida, como si de una escalera de caracol se tratara.

Metros, mas metros, kilómetros, mas kilómetros y ni una señal que nos indicara donde estábamos. Nuestra calma del principio comenzaba a tornarse en nerviosismo. Primero pequeñas risillas nerviosas hasta que nuestras caras comenzaron a cambiar. Las vistas eran impresionantes pero la altitud a la que íbamos subiendo también. Nuestra última referencia habían sido 2000 metros de altitud y subiendo, no había un alma en la carretera y el atardecer se había convertido en noche cerrada. Solo nos iluminaba alguna estrella que otra. A estas alturas nos planteamos deshacer todos los kilómetros que habíamos hecho y volver a bajar, pero al mismo tiempo pensábamos que ya no podría haber mucho mas hacia arriba, con lo que decidimos hacer el ultimo repechón y llegar a una cima que nuestros cansados ojos veían al final de una enorme subida, para ver si realmente había algo allí o tendríamos que bajar, cosa que no nos hacia demasiado gracia.

Una vez llegados a la cima, vimos que había una gran explanada y un pequeño edificio que a primera vista no supimos interpretar. De pronto nuestro animo cambio, nuestra sorpresa fue mayúscula cuando nos encontramos con una autocaravana austriaca allí aparcada. Realmente en ese momento le hubiéramos dado un beso de tornillo al austriaco por mucho bigotazo que tuviera. A nuestra pregunta de si se podía dormir allí o no, el hombre amablemente nos contestó que aquel era un lugar que solo la gente de la zona conocía, que había sido una pequeña temeridad haber subido hasta allí a esas horas, pero el susto mereció la pena, las vistas desde allí eran impresionantes. Había una calma y un silencio como en pocos sitios hemos disfrutado. Pusimos la calefacción a tope, ya que estábamos a varios grados bajo cero y nos dispusimos a pasar una noche de lo más tranquila en brazos de Morfeo.

Día 11: Falkert See – Mislater See

Nuestro día comenzó con unas pequeñas partículas de luz filtrándose por la auto. Abrimos la ventana y nos quedamos sin respiración. Si por la noche nos pareció bonito por la mañana resulto ser más espectacular de lo que habíamos imaginado.

Tras desayunar y abrigarnos bien, fuimos hacia donde situaban el parque de Heidi-Alm Falkert . Que deciros… solo la ubicación del parque ya era fantástica por si sola. Nada mas llegar a las taquillas una Heidi de tamaño considerable nos dio la bienvenida. Nos resulto muy divertido, habíamos visto tantas veces repetidos estos dibujos en televisión que era como ser el personaje principal de esta serie.

Eran a penas las diez de la mañana, hora oficial de la apertura del Parque, y una simpática mujer de cabellos dorados y mejillas sonrosadas nos pregunto que cuantos tickets queríamos en un perfecto Italiano y nos pregunto que si llevábamos algún “bambino”, a lo que Conrad contestó que “bambinos” no, pero que si servia yo que soy como una “bambina grande”! La mujer se hecho a reír y nos dio las entradas, (5 euros/adultos; 2,5 euros/niños; Gratis con la Karnten Card). Entramos con una sonrisa de oreja a oreja y disfrutamos del Parque haciendo miles de fotos y aprovechándonos del paisaje tan excepcional que nos envolvía por todas partes.

El Parque esta repleto de miles de figuras a tamaño real de todos los personajes de la serie, El abuelo, Niebla, Heidi, Pedro, Clara e incluso la señorita Rotermeier. Desde luego si viajáis con críos hacerles este regalo, por que realmente creo que es una experiencia que difícilmente olvidaran, y vosotros tampoco, por que como ya hemos comentado el paisaje quita el hipo.

Después de la aventura con Heidi regresamos a la autocaravana y comenzamos a bajar por la sinuosa carretera que el día anterior habíamos subido, con la calma y el cuidado que una carretera de estas características se merece, mas aun teniendo en cuenta que había bastantes coches en sentido contrario. Nos dimos cuenta entonces que había sido una buena idea pasar la noche allí y visitar el parque a primera hora, lo que nos había permitido visitarlo casi solos, algo que muchas veces se agradece en las visitas.

Una vez descendida la carretera que conduce al Falkert See continuamos por la carretera principal en dirección norte, para llegar a nuestro siguiente destino, la carretera turística de Nockalmstrasse, una impresionante carretera de montaña de cerca de 35 Kilómetros recorridos a través del Parque Nacional Nockberge, ofreciendo unas vistas increíbles del parque.

Al inicio de la carretera, un peaje nos recuerda lo especial del lugar. La Nockalmstrasse solo la recorre aquel que quiere disfrutar de las vistas o de sus curvas, aunque en todo momento se recuerda que ese es un lugar de ocio donde conviene ser prudente con la velocidad, sobretodo a los motoristas quienes procedentes de todos los rincones de Europa abundan por dicha carretera. En nuestro caso, el acceso era nuevamente gratis al disponer de la Karnten Card.

Iniciamos el recorrido, ascendiendo poco a poco por las sinuosas curvas de un trazado a través de los densos bosques de pino. El día, que había amanecido claro, se empezaba a nublar, pero esto no desmerecía lo increíble del lugar, cuyas vistas invitaban a detenerse en cada curva. Pero no convenía precipitarse ya que abundan los lugares para poder estacionar tranquilamente junto a los mejores parajes del parque. Y así lo hicimos en una primera ocasión, junto a un pequeño estanque que parecía sacado de un libro de cuentos. Dimos un pequeño paseo por los alrededores para saborear el aire limpio, sus aguas cristalinas, la fauna existente a pocos metros. El lugar invitaba a perderse por el parque durante horas, haciendo alguno de los múltiples recorridos existentes, pero lamentablemente teníamos el día muy bien planeado, y debíamos continuar con nuestro camino.

Regresamos a la autocaravana y continuamos haciendo kilómetros. Paramos una nueva vez, y luego otra vez más. Cualquier lugar resultaba increíble y no podíamos evitar detenernos a tomar aunque fuese una fotografía. Llegamos al punto más alto de la carretera, donde se encuentra un pequeño restaurante abarrotado de motoristas que aprovechan para estirar un poco las piernas. Allí se inicia también un pequeño camino para llegar al Eisentalhöhe, uno de los picos de mas altura del Parque Nacional Nockberge, que dispone de una elevación de 2.042 metros. Nos detuvimos y decidimos dirigirnos hasta él. Lo que parecía un pequeño paseo se convirtió en toda una meta. El cansancio acumulado durante los días que llevábamos de viaje, combinado con el efecto de la altura nos hizo sufrir más de lo que esperábamos para llegar hasta la cima. Finalmente lo hicimos en poco más de cuarenta minutos, y una vez allí disfrutamos de la vista panorámica existente desde el mirador que allí se encuentra, único de la zona.

No se cuanto tiempo estuvimos recorriendo la carretera, pero al llegar al final te quedas con la sensación de haber vivido una experiencia única en una carretera tan peculiar como aquella.

Mas tarde y después de comer, nos dirigimos hasta nuestro próximo destino, el Porsche Automuseum Helmut Pfeifhofer, situado en la población de Gmünd, donde desde el 18 de mayo de 1982, el anticuario Helmut Pfeifhofer creo el primer museo privado de coches Porsche de Europa.

Gmünd, situado en la provincia más meridional de Austria fue el lugar donde después de la expulsión de Porsche de Stuttgart, sobrevivió con su equipo y maquinaria tras la segunda guerra mundial, dedicándose inicialmente a la fabricación y reparación de maquinaria agrícola, tornos, carros, etc., hasta que en marzo de 1948 se fabricó el primer coche con el nombre PORSCHE, el Porsche 356, construido en Gmünd. Veinte kilómetros al norte se encontraba uno de los tramos de carretera más empinados de Europa, la Katschberg, cuya inclinación, que llegaba al 32%, resultaba ser una pista de pruebas ideal para Porsche.

Helmut Pfeifhofer recuerda esta fecha como el inicio de su Porsche – fanatismo, cuando con tan solo diez años de edad, iba a la escuela con algunos de los hijos de los ingenieros de la mítica fábrica, quienes le fueron inspirando el entusiasmo por Porsche. En 1965 consiguió su primer Porsche 356, comprado y restaurado con esmero. Fue seguido por un Volkwagen Kübel Breze, y otros muchos más, pero el Porsche 356 es principalmente el orgullo de una colección que ha crecido hasta los 48 vehículos.

El Museo no es muy grande, pero los coches están muy bien cuidados y realmente es una visita bastante recomendable para los amantes de los míticos coches deportivos de Stuttgart. En ella se pueden contemplar auténticas joyas, así como un archivo de cine contemporáneo y distinta documentación referente a los vehículos.

Con ganas de más salimos finalmente del recinto, y decidimos ir a hacer algunas compras por la población. Resulto que Gmünd, además de disponer de un museo Porsche, era una población con mucho encanto por la que decidimos perdernos por un rato. Finalmente regresamos a la autocaravana para poner rumbo a la que sería nuestra última visita del día, el Castillo Borg Sommeregg, un antiguo palacete convertido en Museo de las Torturas que nos llamo la atención, y al que pusimos rumbo nada mas meter las coordenadas en el Gps. Situado en la población de Seeboden, junto al Millstättersee, la ubicación de este curioso Museo es ya de por si una pasada. Desde el parking vislumbras las cumbres montañosas y enmarcando esta postal un Palacio con apariencia oscura que te da las pistas suficientes para que descubras lo que vas a encontrar dentro de el.

Realmente es curioso, te cuentan la historia de los personajes mas importantes (que manda narices) por otro lado, que hayas pasado a la historia por ser el personaje mas cabroncete de tu época, pero realmente resulta interesante. Solo por poner un pero diría, que todos los textos estaban en alemán, y tan solo algunos de ellos traducidos en ingles, con lo cual tuvimos algunos problemas para entenderlos. Pero realmente nos pareció una visita atractiva, eso si… si vais con niños no es recomendable.

Cuando salimos de nuestra visita al Museo, el sol empezaba a esconderse. Empezaba a ser tarde, y aunque tuvimos tentaciones de buscar en la guía que nos dieron con la Karnten Card algún lugar para dar un paseo en barco por el Millstättersee, decidimos empezar a buscar un sitio donde pasar la noche. La zona parecía estar bastante concurrida y necesitábamos urgentemente un lugar donde vaciar la autocaravana por lo que decidimos entrar en un Camping cercano.

Encontramos un agradable Camping justo en la orilla del lago Mislater See. Nada mas llegar al camping empezó a llover suavemente, y a medida que nos íbamos instalando lo hacia con mas fuerza. Lo cierto es que comenzábamos a estar un poco cansados del tiempo que nos encontramos en Austria, ya que casi todos los días que estuvimos nos llovió en algún momento del día. Nada mas colocar a Suny una simpática pareja Alemana nos vino a saludar y estuvimos hablando con ellos bajo la lluvia un buen rato, hasta que casi empapados nos invitaron a resguardarnos bajo su toldo. Nos comentaron que al día siguiente irían dirección a Croacia, a uno de los Campings Naturistas de la zona, ya que según nos dijeron pasaban cada año algunas semanas allí.

Por aquel entonces nuestros planes eran seguir en Austria un par de días más, y luego regresar por territorio italiano, cruzando los Dolomitas, pero nos comenzaron a entrar dudas, ya que si el tiempo seguía así no nos apetecía demasiado alargar nuestra estancia en el país. Después de despedirnos de nuestros compañeros alemanes entramos empapados en nuestra Auto y comenzamos a mirar el mapa para ver lo que íbamos a hacer. Al día siguiente teníamos pensado visitar uno de los glaciares Austriacos y un spa que había en una de las impresionantes montañas cercanas, pero la duda ya había surgido y ya no había marcha atrás.

Por un momento, abrimos el mapa de Croacia, primer destino con el cual teníamos pensado haber comenzado esta ruta, y tras un largo debate decidimos dejar aparcados nuestros planes de Austria para más adelante y poner rumbo nuevamente a la costa del Adriático.

Los que nos conocéis un poco, ya sabéis que nosotros nunca tenemos nada cerrado en nuestras rutas, y esta no iba a ser una excepción, con lo cual, con el mapa de Croacia abierto y la guía echando humo apuntamos los puntos que nos daría tiempo a visitar, desgraciadamente no serian muchos, ya que el tiempo comenzaba a jugar en nuestra contra.

Día 12: Mislater See – Isla Krk (Croacia)

El tiempo pareció estar de acuerdo con nuestro cambio de planes y amaneció un día soleado como hacia días que no amanecía. El cielo azul y claro contrastaba con el olor a hierba húmeda tras el chaparrón de la noche pasada. No quisimos demorarnos mucho pues por delante nos quedaban bastantes kilómetros para llegar a Croacia. En un día teníamos que deshacer el camino andado para desde las cercanías de Trieste, adentrarnos en territorio Croata.

Nos despedimos de nuestros compañeros de parcela, la familia de alemanes, quienes se sorprendieron muy gratamente al conocer nuestra decisión de ir también hacia Croacia. Aun así nuestros planes eran muy distintos a los que ellos tenían, y muy difícilmente nos íbamos a encontrar a orillas del mar Adriàtico.

Iniciamos el camino nuevamente con la pena por marchar de un lugar en el que lo habíamos pasado muy bien. Los días pasados en Austria habían sido muy intensos y nos íbamos con un buen sabor de boca como la anterior ocasión en que disfrutamos de Austria, aunque hemos de confesar que siempre han sido sensaciones agridulces por que en todas nuestras visitas a Austria el tiempo no ha acabado de acompañar nunca del todo. Pero aun así nuestra opinión sobre Austria no cambia ni un ápice, siempre nos ha parecido una maravilla ya sea en su vertiente soleada como con lluvias considerables.

Además, el descubrimiento de la Karnten Card había revolucionado nuestra estancia en el país permitiéndonos conocer a fondo una infinidad de lugares que sin la guía que nos dieron al comprarla no hubiésemos sabido encontrar. Habíamos visitado una pequeñísima parte de los lugares a los que podíamos acceder con la tarjeta; teleféricos, piscinas, balnearios, paseos en barco, trenes cremallera, la lista de cosas que podíamos hacer era infinita, pero la decisión estaba tomada, y por que no decirlo…. nos apetecía un poco de sol y playa antes de regresar a Barcelona.

Así fue como sin echar la vista atrás, pusimos rumbo hacia Croacia, esperando que la climatología nos diera un pequeño respiro, y deseando que todas las expectativas que teníamos sobre esta al salir de Barcelona al fin se cumplieran.

- Continúa en la tercera parte del relato -

Karintia – Austria from conrad y echobelly on Vimeo.

Créditos vídeo: Nouevelle Vague: In a manner of speaking

2 Comments + Add Comment

  • Hola chicos:

    He ido de culo y hacia tiempo que no podia disfrutar de vuestras aventuras jeje. He disfrutado como un crio leyendo vuestro relato, y me ha parecido muy gracioso el Parque tematico de Heydi, quien sabe, seguro que a mi hija le encantaria.

    Lo dicho, esperamos ansiosos la tercera parte…

    Saludillos

    Maria y Bernardo.

  • Buenas pareja! Si es que vamos todos igual …. sino de que hubiesemos tardado ocho meses en narraros esta bonita aventurilla ;-) Nuevamente mil gracias por los comentarios y sobretodo por ser nuestros fieles lectores! No sabeis la “ilu” que nos hace!!

    Por cierto … el parque de la Heidi a los niños seguro que les encantaria … pero a los mayores seguro que también!!!

    Un abrazo.

    Conrad y Echobelly

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