Rhone-Alps: Mas que un paisaje Alpino

Rhone-Alps: Mas que un paisaje Alpino

Hacia tiempo que teníamos una cuenta pendiente con los Alpes Franceses, desde Diciembre del pasado 2008 cuando nuestros planes para visitar Grenoble y sus alrededores se fueron al traste. Es por ello que para esta semana santa nos hemos quitado no solo la espinita de aquel viaje sino que lo hemos ampliado hasta llegar a Chamonix.

Una vez realizado el calendario laboral 2009 vimos que en semana santa íbamos a disponer de 6 días para hacer un viajecito en condiciones, con lo cual no dudamos demasiado en que era el momento de quitarnos la espinita que teníamos clavada y viajar a los Alpes franceses. Empezamos a rebuscar en los cajones de casa en busca de toda la información que de Grenoble y sus alrededores habíamos recabado anteriormente, así como ampliarla con algunas guías de viaje que desde entonces nos habíamos comprado.

El viaje estaba mas o menos claro: Saliendo de Barcelona nos dirigiríamos hasta Grenoble, donde iniciaríamos un recorrido por los Alpes Franceses, pasando por las poblaciones de Chambery, Aix-Les-Bains, Annecy, hasta llegar al plato fuerte de la ruta: Chamonix, población situada al pié del Montblanc. Como siempre toda ruta tiene sus sorpresas y sus vicisitudes que iremos desgranando poco a poco. Nuestros principales intereses en esta ruta residian en visitar Grenoble y subir en su teleférico urbano, uno de los pocos que existen en el país, que lleva hasta el mirador de la Bastille, y hacer allí una buena rutilla de trecking, con vistas a la ciudad y a los Alpes, en un entorno fantástico. También queriamos pasar por la población de Hauterives para poder visitar el fantástico Palacio Ideal, creado por un loco soñador llamado Ferdinand Cheval, y visitar Annecy, llamada la pequeña Venecia de la Saboya, por sus encantadores canales y por un ambiente muy especial que la hace irrepetible. De camino a Annecy, Chambéry seria otra de nuestras paradas para disfrutar de su precioso lago natural el Bourget, que es el lago mas grande de Francia; uno de estos paseos conduce hasta la abadía de Hautecombe, la necrópolis de los príncipes de Saboya. En las montañas, también se puede disfrutar de panorámicas impresionantes. Y por último Chamonix, donde teníamos varias visitas planeadas, entre ellas el tren cremallera de Montenvers, que sube los 900 metros de pendiente que hay hasta la Mer de Glace, el mayor glaciar de Francia; y subir al teleférico que permite llegar al impresionante pico Aiguille du Midi, situado a 3.800 metros de altura, desde el que se contempla todo el valle y se puede disfrutar de unas increíbles vistas del Montblanc, uno de los principales retos para nosotros en esta ruta.

Una vez situados y teniendo claro lo que queríamos visitar en esta ruta y con todo preparado para comenzar cuanto antes, nos dispusimos a dormir plácidamente para comenzar a la mañana siguiente con las fuerzas a tope.

Día 1 – Miércoles.

Acostumbrados a salir siempre por la noche, en esta ocasión el mal tiempo y el cansancio de dos intensísimos días de trabajo nos hicieron decidir salir al día siguiente, a primera hora de la mañana. Ya teníamos todo preparado así que tan solo era cuestión de madrugar algo más, e ir a buscar la autocaravana, y comenzar nuestra ruta tan pronto como nos fuera posible. El día amaneció bastante gris pero por suerte había cesado la lluvia y el fuerte viento de la noche anterior. Lo malo quizás fue que aun madrugando no conseguimos salir de Barcelona antes de las 10 de la mañana, y es que son muchas las cosas que hacer y los detalles por los que estar pendiente antes de salir con la autocaravana. Por otra parte, tampoco había prisa ya que nos esperaba un largo día de aburridas autopistas francesas.

Nada mas salir de Barcelona tomamos la autopista que ya no abandonaríamos hasta casi llegar a nuestro destino. A la altura de la Jonquera el tiempo se estropeó un poquito, y aparecieron las temidas lluvias, mas aun después de pegarnos la paliza de lavar la autocaravana el fin de semana anterior!!!! Por suerte, fue solo un pequeño susto y a medida que nos íbamos acercando a los Alpes el tiempo iba mejorando. Pasamos por Perpigñan y Montpelier, y llegamos hasta Orange donde continuamos por la autopista A7 en dirección a Lyon. Fue a la altura de Montelimar donde decidimos que después de recorrer cerca de 500 Kilómetros nos merecíamos un premio, así que en lugar de ir directamente a Grenoble, nos dirigimos a uno de los platos fuertes de la ruta, el Palacio Ideal, una pequeña delicia que se encuentra en la pequeña población de Hauterives.

Ferdinand Cheval, fue el creador del Palacio Ideal y construyo piedra a piedra durante treinta y tres años este fantástico palacio, el sin saberlo tenía un alma gemela, Antonio Gaudí pero realmente que  unía a estos dos genios? Unicamente una cosa, su genialidad y su manera pionera de ver las cosas. Uno un gran arquitecto catalán, el otro un hombre del campo, cuya profesión era cartero. Sin embargo, cada cual por su cuenta, contribuyeron al movimiento del arte moderno y del surrealismo. Quien iba a imaginar que un simple cartero tuviera todo el potencial y la cabezonería de realizar una obra tan preciosa e imaginativa como el Palacio Ideal.

Parece difícil que semejante historia pudiera repetirse en la actualidad. Ferdinand Cheval tenía una inspiración, vivía aislado y daba forma a su sueño amontonando piedras. Sin modelo, sin intercambios, ni nada, a no ser la contemplación de unas postales procedentes de distintas partes del mundo, ¡¡¡imaginación divino tesoro!!!! Tardó mas de treinta años en culminar su obra de arte y tenemos motivos suficientes para pensar que el hombre nunca conoció el aburrimiento. Con piedras de extrañas formas, fósiles y arena, en un espacio de doce metros de ancho, veintiséis de largo y catorce de alto, representó todas las obras maestras de la humanidad: palacios orientales, castillos medievales, templos hindúes, chales suizos y un montón de formas de animales a cual mas peculiar. En las galerías y cuevas del palacio figuran representaciones de Adán y Eva, Arquímedes, Vercingétorix y, por doquier, ingenuas sentencias de su propia cosecha mediante las que expresaba el fundamento de la realización de su paciente obra.

Se queda uno sin palabras al contemplar esta obra inclasificable que es una de las joyas de la región de Rhône-Alpes. Entusiasmó al surrealista André Breton, y a Pablo Picasso, Max Ernst, Nikki de Saint-Phalle. Ellos crearon el mito del increíble cartero Cheval y nosotros que no somos nadie, pero si grandes amantes de la Arquitectura y sobre todo del empeño que alguien puede poner en realizar algo tan grandioso aun teniendo unos medios mas que escasos, es toda una lección de tesón y humildad.

Íbamos en la Autocaravana impacientes por llegar a nuestro destino y poder por fin disfrutar en vivo y en directo de este impresionante monumento.

Para llegar a Hauretives continuamos por la autopista A7 en dirección Lyon hasta pasar la población de Valence, donde abandonamos la autopista para tomar la carretera D51. El día continuaba algo nublado, pero el agradecidísimo horario de verano nos permitió disfrutar de la belleza del recorrido a plena luz del día aun empezando a ser ya algo tarde. Apenas sin darnos cuenta llegamos a la población de Hauterives. Nada mas entrar tuvimos una primera alegría, ya que vimos señalizada la existencia de un área para autocaravanas en el lugar. Ansiosos por visitar el palacio Ideal dejamos el descubrimiento del área para mas tarde, y seguimos las indicaciones hacia nuestra ansiada visita. Llegamos al centro de la población, donde pudimos dejar aparcada a suny en una amplia plaza. Desde allí el itinerario continuaba a pié y así lo hicimos. No habíamos andado ni cien metros cuando llegamos a nuestro destino. Ubicado en medio de la población, como si de una finca mas se tratara se encontraba el acceso al palacio. No habíamos leído mucho sobre el recinto, apenas una veintena de fotografías que encontramos por Internet nos habían hecho llegar hasta allí. No dudábamos que aquel tenia que ser un lugar muy peculiar, pero francamente no nos hacíamos una idea de las dimensiones que podía tener el mismo.

Entramos al edificio en el que se encuentra el acceso al palacio. En el, dos amables señoritas nos informaron de que faltaba cerca de una hora para el cierre del recinto pero que era tiempo suficiente para hacer la visita. Otra cosa es lo que uno quiera alargarla. Por un momento dudamos, el tiempo era un poco justo pero nos temíamos que los pronósticos de mal tiempo para el día siguiente se cumplieran y tuviéramos que hacer la visita lloviendo, fue por ello que decidimos entrar. Salimos de la pequeña edificación y nos encontramos con un pequeño parque y en el medio, el palacio. Sin duda la primera impresión fue de sorpresa: Que pequeño, dijimos los dos. Apenas en una superficie de 100 metros cuadrados se encontraba construido el palacio. Pero que nadie se equivoque…. el palacio es pequeño pero es realmente sorprendente, mas aun cuando conoces la manera como fue construido. Su diseño a caballo entre un edificio de Gaudí y cualquier otro edificio surrealista.

Una vez junto a él, empezamos a descubrir las escalinatas que hay en su interior, sus terrazas, sus galerías, y sobre todo el sinfín de pequeños detalles de como esta realizado, cada uno de ellos único y especial, haciendo del palacio un conjunto incalificable. Nos adentramos por sus escalinatas, la luz se filtraba por cada recoveco e íbamos totalmente alucinados mirando los miles de detalles tan bien tallados que tenia en cualquiera de sus rincones. No se cuantas fotografías hicimos, pero os puedo asegurar que unas cuantas, pero es que realmente era difícil centrar nuestros ojos en una sola parte del palacio.

Mas tarde nos adentramos en el interior de unas pequeñas grutas que tenia el palacio y pudimos disfrutar de sus preciosos grabados con miles y dispares detalles que lo hacían único. Realmente es una visita cien por cien recomendable ya que es un lugar que parece realmente de cuento de hadas, eso si a escala de muñecas ;-)

Agotamos al máximo el tiempo del que disponíamos para visitar el palacio, hasta que vimos que las trabajadoras de allí empezaban a cerrar el “chiringuito”, y salimos del recinto casi al momento en que ellas lo cerraron. Fuimos entonces a dar una vuelta por el pueblo. No tenia nada en especial pero si resultaba un lugar muy agradable, y después de los 500 km. que llevábamos a cuestas nos resulto un precioso bálsamo perfumado, por que el viento nos traía miles de sutiles aromas.

Evidentemente, a esas horas los franceses están ya en sus casas, y tan solo la crepería tenia algo de animación. Nos acercamos a un  riachuelo cruzado por un pequeño puente, y entonces descubrimos la ubicación del área de autocaravanas. Junto a una zona deportiva se hallaban allí estacionadas sobre una veintena de autocaravanas. El lugar era inmejorable, tranquilo y evidentemente seguro, con lo que al finalizar nuestro paseo regresamos a buscar la autocaravana y nos dirigimos hacia allí para pasar nuestra primera noche.

Nuestro primer día había sido muy intenso, cansados por el empacho de kilómetros pero como el buen sabor que nos había dejado nuestra primera parada en esta preciosa ruta, nos dispusimos a ducharnos, cenar algo y meternos en la camita para descansar para el día siguiente.

Día 2 – Jueves.

Nuestro segundo día de viaje empezó con buen pié. Afortunadamente los temidos pronósticos de mal tiempo no se estaban cumpliendo por el momento, y había amanecido un fantástico día soleado que nos hizo iniciar el día con muchas ganas. Así fue que una vez desayunado y repostado en los servicios del área, iniciamos nuestro camino hacia el primer destino del día, la ciudad de Grenoble. El camino hasta allí lo hicimos todo por carreteras secundarias, amplias, cómodas y bastante rápidas, que nos permitieron llegar en poco tiempo hasta la ciudad transalpina.

Grenoble es una ciudad y comuna localizada en el sureste de Francia, situada al pie de los Alpes, en la confluencia del Drac y el río Isere.. Está en la región de Rhone Alpes, de la que Grenoble es la capital.

La ciudad de Grenoble ha sido conocida a lo largo de la historia con otros nombres, Cularo en el siglo III, y Gratianopolis después del año 380 D.C. cuando el emperador Graciano visitó la ciudad y mejoró sus murallas.

Después de la caída del Imperio Romano, la ciudad formó parte del primer Reino de Borgoña, hasta que fue conquistada por Clotario.

Luego paso a ser posesión de más reyes hasta que llegó a los condes de Vienne que le dio el nombre de (Delfinado). Grenoble fue capital de la provincia desde 1349, hasta que el último conde del Delfinado vendió el condado a Francia.

Originalmente su economía se basaba en la fabricación de guantes. En el siglo XIX su economía se diversificó, incluyendo minería, cemento, industria papelera, energía hidroeléctrica y metalurgia. Su perfil internacional creció cuando fue escogido como lugar para hacer los Juegos Olímpicos de Invierno en 1968. Hoy es un centro de industrias químicas y electrónicas, investigación nuclear con nuevos laboratorios de la Comisión de Energía Atómica. También es el segundo centro de investigación científico francés después de París, con más de 17 000 investigadores.

Grenoble dispone actualmente de universidades con más de 60.000 estudiantes. Tiene especialidad en ciencias físicas, ciencias informáticas y matemáticas. También es famosa por sus nueces, realmente todo un manjar.

Lo cierto es que no disponíamos de demasiada información sobre donde podíamos dejar la autocaravana en Grenoble. Los únicos relatos que habíamos podido leer hablaban de un amplio parking descubierto cercano al centro, pero cuando llegamos a él éste se encontraba ocupado por un circo. También hablaban de otro junto a la bastilla, cuyo acceso no lográbamos encontrar. Empezamos a dar vueltas y más vueltas, y ni siguiendo las indicaciones que por la calle encontrábamos, ni con el GPS, ni con el mapa logramos dar con un lugar donde dejar la autocaravana. Empezamos a llegar a aquel punto en el que uno se harta y decide cambar de rumbo, pero nos resistíamos a no visitar Grenoble. Nos había costado mucho llegar hasta ella y no queríamos continuar nuestro viaje sin poder disfrutar de la ciudad. Finalmente encontramos un pequeño parking de zona azul junto al rió. El lugar parecía tranquilo y no nos pareció que Grenoble fuese una ciudad peligrosa, por lo que decidimos dejar allí aparcada la autocaravana.

Junto al rió se encontraba además el acceso al famoso teleférico, inaugurado en la ciudad con motivo de los juegos olímpicos, así que nos dirigimos hacia él. Compramos un ticket de ida y vuelta, y nos subimos en una de aquellas pequeñas pelotas de cristal. Rápidamente empezamos a ascender, disfrutando de unas magnificas vistas de la ciudad y las cumbres de los Alpes a lo lejos.

En pocos minutos llegamos al Fuerte de la Bastilla que actualmente se haya transformado en un Bar-restaurante con terracitas y varios miradores en los que poder disfrutar de las vistas desde el lugar. El Fort de La Bastilla es una antigua fortificación situada en la ladera del monte Rachais y con una altura de 475 m sobre el nivel del mar, por lo tanto, la fortaleza domina toda la ciudad. Los primeros muros se construyeron por el Duque Lesdiguièresem siglo XVI. La Bastilla protegía a todo el valle y la ciudad de los ataques desde el Macizo de la Chartreuse.

Decidimos dar un pequeño paseo por los alrededores, que se encontraban repletos de gente corriendo, andando, circulando en bici, o tan solo disfrutando de un lugar que se ha convertido en el “pulmón” de la ciudad y que todos sus habitantes aprovechan para desconectar del trabajo diario. Es más, existen varios bonos para quien usa frecuentemente el teleférico ya que lo habitual es subir a pie y luego bajar rápidamente en el teleférico. Nosotros que ya habíamos comprado el billete de ida y vuelta, lo aprovechamos, pero hay que decir que casi habíamos hecho gran parte del recorrido de bajada a pie para poder admirar aquellas vistas cuando tuvimos que deshacer todo el camino andado para poder bajar en el teleférico, algo que tampoco nos importo demasiado ya que las vistas desde las Bastilla eran impresionantes.

Empezaba a ser tarde. Llevábamos algo mas de una hora de paseo, hacia un calor de justicia y el hambre empezaba a hacer acto de presencia por lo que decidimos regresar a la autocaravana donde saciar nuestro apetito y descansar. Una vez comido dimos un breve paseo por el centro de Grenoble. Hicimos el circuito de las Fuentes y visitamos el barrio de los Anticuarios, donde pudimos disfrutar de La Casamaures: un palacio de oro gris espectacular. Ambas excursiones fueron muy interesantes, disfrutando en todo momento de unas vistas con un fondo enmarcando los Alpes, hasta que finalmente decidimos continuar con nuestro camino.

Iniciamos la marcha hacia nuestra siguiente parada, la ciudad de Chambéry, una pequeña ciudad de estilo medieval, que ha mantenido casi intacto su casco antiguo durante más de 500 años, en la que destacan el castillo y la catedral. En sus calles conviven los edificios modernos con el estilo medieval que se guarda en toda la extensión de la ciudad. Desde las ventanas de sus casas se puedes visualizar perfectamente los Alpes.

Para llegar a ella decidimos tomar la Autopista A41 que comunica ambas ciudades. Lo cierto es que durante aquel trayecto decidimos que en el resto de la ruta únicamente tomaríamos las autopistas que nos resultara estrictamente necesarias hasta que no iniciáramos el viaje de vuelta, a parte de por el elevado coste de las mismas, por la imposibilidad de detenerse en aquellos lugares que uno va viendo a su paso. Por este motivo nos fue imposible detenernos a los pies del macizo de Chartreuse junto al que pasamos, donde decenas de aficionados la parapente realizaban sus saltos y piruetas.

Con la sensación de habernos dejado algo por el camino llegamos a Chambéry. En este caso la información de que disponíamos si hablaba de la existencia de una área para autocaravanas así que nos dirigimos a ella. No nos costó demasiado encontrarla, situada no lejos del centro en un escondido parking descubierto. Si que disponía de servicios de vaciado, pero no había allí ninguna otra autocaravana, y tampoco nos pareció un lugar muy seguro (demasiado escondido para nuestro gusto). De tal manera decidimos continuar buscando, hasta que encontramos un amplio y vistoso parking cerca del centro que nos dio “buenas vibraciones”. Este era de pago mediante parkimetro, así que buscamos una buena sombra, pusimos un ticket y nos dirigimos al centro de la población.

Visitamos su casco antiguo, encontrándonos con una ciudad muy animada en la que todo el mundo se afanaba en ir de un lado a otro como si en ello les fuera la vida. Sus calles están plagadas de tiendas de chocolates, quesos y regalos, bares y heladerias. Evidentemente la cercanía con Suiza era cada vez mas palpable en el estilo de las edificaciones, y en algún momento nos parecía estar visitando la misma Berna (con permiso de tan magnifica ciudad). El tiempo era ciertamente primaveral, así que aprovechamos para saborear nuestro primer helado del año! Momento que nos resulto altamente gratificante!

Llegamos a la famosa Fuente de los Elefantes, uno de los emblemas más importantes de la ciudad, mas conocida como la fuente de “les cuatre sans cul”. Construida en 1838 por el escultor Sappey para rendir homenaje a Benoît de Boigne, un general que contribuyó a la realización de obras públicas en la ciudad, la fuente consta del busto de cuatro elefantes en cada uno de los cuatro lados de una base de piedra y una columna que sujeta una estatua.

Después nos dirigimos a visitar el castillo de Chambéry, construido sobre una fortaleza ya existente en 1285 y la ampliaron en el siglo XIV para servir como residencia, como asiento del poder y de la administración, y como plaza fuerte para la casa de Saboya. Como fortaleza capaz de resistir un sitio, se quedo rápidamente obsoleta. Debido a las hostilidades francesas constantes el duque Emmanuel Philibert decidió llevar su capital a Turín. El Castillo seguía siendo puramente un centro administrativo, hasta que Christine de Francia, duquesa de Saboya, regresa a la corte.   El vencedor Amadeus III agregó un ala real. Mas tarde Napoleon agrego el Aile du Midi (“ala del sur”) que fue reconstruida y redecorada para contener la prefectura imperial del departamento de Mont-Blanc. La modificación elaborada a la estructura fue hecha después de que Saboya fuera anexada por Francia en 1860. Hoy, la administración política del departamento de Savoie está situada en el castillo.

También disfrutamos del Gran Carillon, de las vistas de su precioso teatro Italiano, de las casas con escaleras de caracol típicas de la región; la casa de Rousseau (no llegamos a visitarla por que cuando llegamos estaba cerrada), su iglesia de los Benedictinos de Lemenc y su fantástico Teatro Charles Dullin. Hemos de decir que nuestra visita a Chambery fue corta pero bastante intensa, nos resulto una ciudad con mucho más patrimonio del que nosotros pudimos disfrutar.

Aunque el sol brillaba con fuerza empezábamos a estar cansados. Nuestra intención era llegar aquella tarde hasta Annecy, donde pasaríamos la noche y visitaríamos la ciudad al día siguiente.

En este caso decidimos hacer el trayecto por carretera, y aun habiendo algo de trafico por las obras no nos arrepentimos de ello ya que a nuestro paso por el Lac du Bourget, a la altura de Aix-les-Bains pudimos disfrutar de una esplendida puesta de sol. No había prisa con lo que decidimos parar y disfrutar de aquel momento. Despues continuamos por carretera hasta llegar a Annecy. Seguimos las indicaciones para llegar al puerto, donde tras dar un par de vueltas nos temimos lo peor al ver que estaba prohibido pernoctar en los parkings que allí se encontraban.

Nos pusimos manos a la obra para encontrar el área que según nuestra información se encontraba cerca de donde estabamos, y efectivamente nos resultó fácil de encontrar. Por la carretera que rodea la costa sur del lago, a apenas un kilómetro del centro dimos con el área. Por poner un “pero” quizás que esta no era muy grande, cuando el espacio del parking en el que se encontraba era mucho mayor. La capacidad era para 15 autocaravanas y allí había 16!!!! Una autocaravana con matricula Italiana se había colocado en una zona que aun siendo de paso no molestaba en exceso, y en un pequeño hueco que aun quedaba decidimos estacionar la nuestra poniendo el cartel de “completo”.

Detrás de nosotros llegaron algunas autocaravanas más que tuvieron que dar la vuelta. Si un jueves en abril costaba tanto encontrar sitio no quiero ni imaginar la misión imposible que debe ser conseguir plaza en verano!

Lo cierto es que la situación del área era envidiable, magníficamente ubicada a pocos metros del lago Annecy y a tan solo un paseo del centro de la población. Por un momento tuvimos tentaciones de salir a dar nuevamente un paseo y descubrir un poquito del lugar, pero era tarde y ciertamente el día había sido agotador así que decidimos dejar la visita para el día siguiente. Estuvimos un rato charlando en nuestro pésimo italiano con nuestros vecinos. Aquí vino uno de los momentos mas divertidos, cuando nuestro vecino nos confesó que hablábamos perfectamente Italiano, con ojos como platos les miramos divertidos, les estábamos hablando en Castellano, madre mía la risa que me entro, me tuve que dar la vuelta y todo para que el hombre no se creyera que me estaba riendo de el, pero fue divertidísimo. Desde ese día tenemos clarísimo que nuestro Italiano es perfecto!!!!!… después de despedirnos de ellos en italiano ;-) nos metimos en la autocaravana a cenar, descansar, y dormir plácidamente.

Día 3 – Viernes.

Nuestro tercer día de viaje volvió a amanecer con un sol resplandeciente. Eran poco mas de las nueve de la mañana cuando ya estábamos en pie, desayunados y listos para continuar con nuestro descubrimiento de los Alpes.

Iniciamos la jornada dando un agradable paseo por la orilla del lago, que nos permitió descubrir el increíble entorno en el que la población de Annecy se halla enmarcada, hasta llegar al centro de la misma.

Situada a igual distancia entre Ginebra y Chambéry, el pasado de Annecy ha estado marcado por la historia de estas dos ciudades. Durante el periodo en que dependió del condado de Ginebra, se convirtió en la capital cuando sus condes fueron expulsados de la ciudad en el siglo XIII tras graves conflictos con los obispos. Tras la extinción de la casa de Ginebra en 1394, cuyo último representante fue el antipapa Clemente VII, el condado es integrado en las posesiones de la Casa de Saboya en 1401. En el siglo XVI, con el triunfo del calvinismo en Ginebra, acoge en 1535 al obispo (durante muchos años Annecy fue la sede del obispado de Ginebra) y a las órdenes religiosas católicas que huyeron de la ciudad, convirtiéndose en la capital de la Contrareforma, liderada por San Francisco de Sales.

Durante la Revolución Francesa y el mandato de Napoleón I, la villa se adhiere al departamento de Mont-Blanc cuya capital era Chambéry, y tras la restauración pasa a formar parte de los dominios de la Casa de Saboya. En 1860, tras la anexión de Saboya a Francia, se convierte en la capital del nuevo departamento de la Alta Saboya. Antiguamente llamada Vicus Botae, Annecy fue destruida por bárbaros en el año 267, reconstruida por un romano llamado Annecius, con el nombre de villa Anniciaca con el sufijo galo de posesión aca.

Con un día precioso nos dispusimos a disfrutar de una ciudad realmente encantadora. Nada mas llegar nos dimos de bruces con el fantástico Palacio de L´Isle del siglo XII que es el emblema de la ciudad. Probablemente no veréis ninguna fotografía de Annecy en la que no aparezca este palacio, también llamado “viajas prisiones”.

Realmente es un pecado no fotografiar esta joya, cuya ubicación es realmente única, además de crear un ambiente distinto que lo engloba en un todo con sus pintorescas casitas y terrazas. Nos empezamos a adentrar por sus callejuelas. Resultó que era día de mercado con lo cual el casco antiguo de la ciudad estaba repleto de un sinfín de bulliciosas paraditas de frutas, verduras, y demás productos regionales que nos dejaron sorprendidos a esas horas de la mañana.

Por otra parte, el frenético ritmo del mercadillo contrastaba con la tranquilidad de la que disfrutaban las preciosas terracitas que había diseminadas por todos sus canales con unas vistas impresionantes al Palacio de la Isla, y que a esas horas empezaban a prepararse para el intenso ritmo del día a día.

Con cara de alucinados nos adentramos por sus callejuelas y pudimos disfrutar de una belleza única. Aunque mucha gente la compara con Venecia, creo que realmente lo único que tienen en común son los canales que inundan el centro de ambas poblaciones. Las dos tienen una belleza impresionante pero una muy distinta a la otra, aunque ciertamente no sabría con cual quedarme.

Subimos por la calle Royale con sus numerosas boutiques, sus jardines y su fuente de los Pozos de San Juan, el corazón palpitante de la vida comercial de Annecy. Deambulamos y deambulamos simplemente por el placer de degustar los aromas, los miles de colores y las sombras tan curiosas que se formaban en cualquier esquina de la vieja Annecy. He de reconocer que es una de las ciudades mas especiales que hemos visitado, realmente es una joyita. Mas tarde nos dispusimos a visitar El Castillo de Annecy, antigua residencia de los condes de Ginebra, y que hoy en día acoge el Conservatorio de Arte e Historia de Annecy y la Oficina Regional de los Lagos Alpinos.

Como último plato de nuestro paseo por Aneccy dejamos la visita a la Catedral de San Pedro, construida en el siglo XVI, y que fue la catedral de Francisco de Siles. Situada en lo alto de una colina, con unas increíbles vistas de la población y el lago situado a sus pies, la catedral es probablemente lo que mas llama la atención cuando uno se acerca a la población. Una vez llegamos a sus pies, tras la fuerte rampa por la que hay que subir desde el centro de Annecy, uno se queda maravillado tanto por las vistas que uno obtiene como por la impresionante arquitectura de la misma. En su interior acoge además numerosas obras de arte barrocas y un espléndido órgano del siglo XIX.

Estuvimos un rato allí sentados, disfrutando de la paz del lugar y las vistas que desde el se disfrutan, y tras dar un par de vueltas al edificio conseguimos fotografiarlo evitando el sol de cara y enmarcándolo en su totalidad en una única fotografía.

Una vez saciamos nuestra curiosidad por tan emblemática población, decidimos regresar a la autocaravana para continuar con nuestra ruta. Hicimos el camino hasta el área lentamente, saboreando los increíbles paisajes Alpinos que desde la orilla del lago Annecy se pueden disfrutar. Ya en la autocaravana, iniciamos nuestro camino hacia el que era probablemente el plato fuerte del viaje, Champonix. Varios eran los caminos para llegar hasta ella, en nuestro caso decidimos ir en dirección a Ugine, tomando probablemente el camino mas largo pero que a su vez parecía ser el mas atractivo. De tal manera tomamos la carretera que rodeaba la costa sur del lago Annecy, disfrutando de unas increíbles vistas del lago y las montañas alpinas a lo lejos, y del sinfín de pequeñas poblaciones que adornaban tan carismático lugar. Apetecía detenerse en todas ellas; solo lo hicimos en Duingt, en la que la impresionante ubicación de su castillo nos hizo detenernos a tomar algunas fotografías.

Continuamos recorriendo la costa sur del lago y pensamos que era una lastima no disponer de mas días para disfrutar de aquel entorno. El paisaje, el lago de aguas cristalinas en el que además se puede aprovechar para la práctica de varios deportes náuticos, un amplio carril bici que se había iniciado en Annecy y parecía no tener fin, y un sinfín de razones hacían de aquel un lugar ideal en el que pasar unas vacaciones.

Finalmente nos empezamos a alejar del lago cruzando amplias praderas hasta que llegamos a la población de Ugine. Una vez en ella nos desviamos para tomar la carretera D-1212 en dirección a Chamonix. El camino se empezó a complicar, y lo que había sido una amplia y cómoda carretera se convirtió en un sinuoso puerto de montaña que obligaba a reducir mucho la marcha. Convenía estar atento, pero lo cierto es que el increíble paisaje del río bajando con fuerza entre las montañas le hacia a uno desviar la mirada continuamente.

Llegamos finalmente a lo que parecía ser la cima, donde encontramos la población de Flumet. Aunque el sol brillaba con fuerza el aire frío nos recordaba el lugar donde nos encontrábamos y es que en Flumet encontramos varias estaciones de esquí y demás negocios relacionados con el mundo de los deportes de invierno. Curiosamente el invierno que tan abundante en nieve ha sido en Cataluña este año no había parecido ser tan generoso con los Alpes franceses. Aunque pasaba apenas una hora del medio día empezábamos a tener hambre por lo que decidimos detenernos allí a comer. Sin duda nos estábamos acostumbrando rápidamente al famoso horario europeo. No perdimos demasiado tiempo retomando rápidamente la marcha, sin duda estábamos ansiosos por llegar a Chamonix. La carretera empezó a mejorar, y a los pocos kilómetros llegamos a Passy, donde enlazamos con la carretera E25 que conduce a Chamonix.

Al final de una fuerte subida se encontraba Chamonix, ciudad transalpina situada a 1.100 metros de altitud, conocida por ser un centro de deportes invernales. Situada al pie del Mont-Blanc, la cima mas alta de Europa (4807 metros), Chamonix, que debe su celebridad a la conquista del Mont-Blanc en 1786, ha tenido el honor de organizar los primeros juegos olímpicos en 1924. Capital mundial del alpinismo en verano y paraíso del esquí en invierno, Chamonix ha sabido conservar su autenticidad siguiendo la evolución del turismo internacional. Dotada de un equipo moderno y de un alojamiento de tradición excepcional.

Chamonix ofrece numerosas citas culturales y deportivas todo el año: encuentros modernos o tradicionales, al aire libre o en instalaciones cubiertas. A finales de enero, los mejores esquiadores del mundo se dan cita para superar la famosa Pista Verde en una de las etapas de la copa del mundo del Arlberg Kandahar. En mayo, el Festival de las Ciencias de la Tierra y el Hombre reúne a reputados científicos de todo el mundo durante 4 días, con numerosas actividades abiertas al público. A lo largo del verano, puede seguir la ecléctica programación de las Semanas Musicales y las horas de órgano en Chamonix. El 15 de agosto se celebra la Fiesta de los Guías en un ambiente extraordinario en el que se dan cita todos los amantes de la montaña bajo un espectáculo de luz y sonido seguido de un concierto: ¡el ambiente está garantizado!

Llegamos a Chamonix cuando todavía no eran las cuatro de la tarde. Envuelta entre montañas en un enclave único, Chamonix evidencia una importante afluencia de aficionados a los deportes de invierno. Nada mas llegar, encontramos un gigantesco aparcamiento de pago junto al acceso al teleférico que asciende hasta la Aguilla de Midi, en el que turismos y autocaravanas podían estacionar tranquilamente. Por aquel entonces se encontraba prácticamente vacío, así que decidimos continuar explorando la población. Nos dirigimos al centro, encontrándonos con el bullicio propio de una población de estas características. Allí encontramos otro aparcamiento, pero en este caso no cabía ni un alfiler. Turismos, autocares, y autocaravanas se aglomeraban en el lugar. Un cartel anunciaba la prohibición de aparcar autocaravanas pero unos cuantos lo ignoraban. Nosotros logramos aparcar un poco mas adelante, al margen de la carretera, junto a otras autocaravanas, y ya a pie nos dirigimos a explorar la población. Lo cierto es que nos sorprendió la cantidad de gente que había, ya que nos imaginábamos que siendo un sitio tan turístico estaría concurrido pero realmente no tanto.

De camino al centro nos encontramos con una pequeña estación de tren de la que partía el tren cremallera que llega a Montenvers, donde se encuentra “Le Mer de Glace”, una de las visitas que teníamos planeada, así que nos dirigimos a las taquillas a pedir información. Resultó que aquellas eran las taquillas donde se gestionaban todas las actividades turísticas del lugar así que pudimos hacer varias averiguaciones: Que la visita al Mer de Glace costaba 23 Euros por persona, y el Teleférico de ida y vuelta a la Aiguille du Midi 40 euros por persona, pero si se hacían las dos excursiones en un mismo día tenían un precio conjunto de 48,50 euros. En nuestro caso queríamos hacer las dos actividades, pero nos encontramos con que el teleférico que accede a la Aiguille du Midi se encontraba cerrado por mal tiempo, y es que aunque el día era soleado al parecer en la cima había unas fuertes rachas de viento que desaconsejaban el acceso hasta ella. De tal manera fue que decidimos aplazar ambas visitas para la mañana siguiente.

Nos dirigimos entonces  a dar un paseo por la población. Chamonix, ciudad muy destinada a la práctica de deportes de invierno no tiene un especial encanto en si misma. La mayoría de las edificaciones no dejan de ser más que hoteles o apartamentos para la gran afluencia de turismo que hay en el lugar, sin tener un especial interés en su arquitectura. Las calles mas céntricas disponen de un sinfín de pequeños locales comerciales destinados a la venta de material deportivo, abarrotadas de gente. Dimos un breve paseo y si os hemos de ser sinceros no nos gustó demasiado el ambientillo que se respiraba, que lejos de ser el de otras poblaciones de montaña parecía más una exposición del último modelito de moda de invierno. Así fue que tras no encontrar en ella nada que despertara especialmente nuestro interés decidimos regresar a la autocaravana. Desde allí pudimos ver a lo lejos la impresionante Aiguille du Midi, y ansiosos por que llegara el día siguiente para subir hasta ella continuamos con nuestro camino.

Los lugares que habíamos visto en Chamonix para pernoctar no nos parecieron demasiado tranquilos por lo que decidimos ir a buscar un lugar donde acabar de pasar la tarde y la noche. Tomamos la carretera que cruza Chamonix en dirección a Suiza, que aunque no nos parecía posible estaba a apenas veinte kilómetros de donde nos encontrábamos. Llegamos a la población de l’Aregentiere, y nos desviamos por un camino que conducía a las pistas de esquí. Allí encontramos un amplio parking que a esas horas se encontraba prácticamente vacío, así que nos situamos cerca de unas autocaravanas que había aparcadas, lo suficientemente alejados del río en el que el ruido del agua, que bajaba con fuerza, amenazaba con aguarnos la noche.

Aunque era pronto las altas cumbres empezaron a ocultar el sol, provocando que la temperatura descendiera rápidamente. Aun así, decidimos ir a dar un paseo en bicicleta de montaña, paseo que no duró mucho ya que la altura a la que nos encontrábamos y el gélido aire que a esas horas se respiraba hicieron que nos quedaramos literalmente congelados. Así fue, que medio helados y regresamos a la autocaravana.

Por otra parte, el paseo en bici nos había permitido descubrir una pequeña pizzería no lejos de donde estábamos aparcados, por lo que una vez empezamos a tener hambre decidimos ir para allí a encargar una pizza para llevar. Lo cierto fue que la pizzería era pequeñísima, y el único cocinero que en ella trabajaba nos hizo esperar cerca de una hora. Finalmente, y no sin pedirnos mil disculpas en su precario inglés, nos entregó nuestra preciadísima cena que devoramos cómodamente en la autocaravana, donde ya nos quedamos recogiditos a pasar la noche.

Día 4 – Sábado.

Eran poco más de las ocho de la mañana cuando ya estábamos en pié. Afortunadamente la elección del lugar donde pernoctar había sido muy acertada, ya que ningún ruido nos había molestado durante la noche. Otro cuento era el de por la mañana, ya que un gran numero de coches comenzaban a llegar al aparcamiento.

Un amable encargado de organizar el parking nos avisó de que en breve empezarian a llegar muchos más esquiadores y que si nos queríamos quedar debíamos mover la autocaravana para ponernos todos en una misma zona. Nosotros le explicamos que nuestra intención era marcharnos así que sin mayor inconveniente y después de desayunar, nos dispusimos a regresar a Chamonix para realizar las excursiones que teníamos planeadas.

Una vez en Chamonix, decidimos dejar la autocaravana en el aparcamiento de pago situado junto al Teleférico que accede a la Aiguille du Midi para poder realizar las excursiones con total tranquilidad. Bien abrigados para la ocasión, nos dirigimos a la taquilla a comprar los tickets para acceder a la Aiguille du Midi. No tuvimos que hacer demasiada cola para obtener la primera mala noticia del día. Aunque el aire había remitido un poco, las vistas en la cima eran casi nulas. La misma chica de la taquilla nos mostró una imagen de la webcam que tienen instalada pudiendo comprobar que no merecía la pena pagar el precio del ticket para no poder ver nada. Decidimos  dirigirnos a pié a la estación donde parte el tren cremallera hacia Montvers, para hacer primero la visita al Mer de Glace, y dejar la visita a la Aiguille du Midi para mas tarde.

Cuando llegamos a la estación había bastante cola. La señorita que nos atendió al comprar los tickets nos comento que tampoco podríamos disfrutar de la visita a la cueva de hielo que hay en el Mer de Glace ya que debido al fuerte viento era peligroso utilizar el pequeño telecabina que hace el descenso al centro del glaciar. Otra vez con cara de circunstancias, decimos subir aunque fuera para poder contemplar las vistas desde el mirador, pero en aquel momento nos dio mucha rabia. Una vez compradas las entradas cuyo precio afortunadamente habían reducido por el contratiempo, salimos ilusionados en el tren cremallera. Las vistas eran impresionantes durante todo el recorrido. El tren llevaba una velocidad mas bien escasa lo que hacia que pudiéramos disfrutar de cada lugar con mucho mas detalle, algo que realmente se agradecía.

Una vez arriba salimos del tren y el espectáculo que allí nos encontramos nos dejo petrificados y no solo por el frió, sino por las vistas tan impresionantes. Anduvimos de un lado a otro haciéndonos fotos y disfrutando de aquel paisaje que parecía sacado de una postal. El gélido aire soplaba con fuerza lo que convertía en todo un acto de valentía acercarse al borde del mirador. Lo que mas nos llamo la atención es que realmente el funicular que bajaba hasta el glaciar hacia un recorrido de muy pocos metros, con lo cual si hubieran tenido mas preparado el lugar hubiese sido fácil hacer un acceso que sirviera a los mas atrevidos para poder bajar hasta el glacial, pero viendo la prohibición explicita por fuerte viento, nos conformamos con ver las impresionantes imágenes del Mar de Hielo, entre lagrimas por el fuerte viento y por el frío tan impresionante que allí hacia.

Después de más de hora y media contemplando las increíbles vistas, conociendo la galería de los cristales, y el museo de la fauna alpina cogimos el tren de regreso a Chamonix. Como curiosidad comentaros que a nuestro lado se sentaron tres chicos ingleses que habían contratado a un guía y según entendimos habían hecho un descenso en snowboard de cerca de cuatro horas a través del glacial, una práctica muy habitual en la zona y que en aquel momento nos dio una envidia tremenda!!! Ensimismados con las historias que sobre el descenso iban contando llegamos a la estación de tren de Chamonix.

Empezábamos a tener hambre así que decidimos ir a y comer algo y a descansar un poco para luego dirigirnos nuevamente al acceso al Teleférico de l’Aiguille du Midi, con los dedos cruzados y la mirada en la cima de las montañas, deseando poder subir finalmente. Llegamos a la taquilla y allí la chica nos comentó que aunque la visibilidad era mejor el fuerte viento soplaba nuevamente por lo que el teleférico se hallaba nuevamente cerrado. Nuestras opciones eran pocas. O nos quedábamos un día mas allí a la espera de que el tiempo mejorara o desistíamos finalmente de subir a la Aiguille du Midi y continuábamos con nuestra ruta. Finalmente la segunda opción fue la elegida y con un “hasta pronto” nos despedimos de la Aiguille du Midi.

Con la carilla de pena entendimos que por muchos planes que hagas “la montaña” es siempre quien tiene la última palabra, y entendiendo mejor que nunca las situaciones vividas por Jesús Calleja en su programa “Desafío Extremo” del cual somos fieles seguidores, regresamos a la autocaravana para continuar con nuestro camino. A veces no recordamos que la naturaleza es caprichosa, y aun haciendo buen tiempo durante toda esta ruta no pudimos disfrutar en condiciones de dos de los platos fuertes de nuestro viaje. Al menos habíamos podido disfrutar del Mar de Hielo, aunque fuera a medias, y de esta forma hacernos una idea de lo que en aquel lugar se puede saborear, pero también hay que pensar que será una magnifica excusa para volver.

Miramos en el mapa y aun sin tener un destino demasiado claro nos pusimos nuevamente en marcha. Decidimos regresar a Annecy, pero en esta ocasión decidimos ir por el camino más corto, por la carretera E25 pasando por Bonneville. Fieles a nuestra promesa de no tomar mas autopistas hasta el viaje de vuelta a casa hicimos todo el camino por carretera, pero hemos de confesaros que en esta ocasión no merecio demasiado la pena ya que no encontramos ningún lugar especialmente interesante en el que mereciera la pena pararse durante este trayecto.

Llegamos a Annecy, y decidimos detenernos en ella para dar una paseo, pero como se suele decir segundas partes nunca fueron buenas y es que allí nos esperaba una sorpresa no del todo agradable. No habíamos caído en que era sábado por la tarde, por lo que aquella encantadora población que el día anterior por la mañana nos había enamorado se encontraba abarrotada de gente. No es que hubiese perdido su encanto, simplemente resultaba imposible moverse en ella. Las calles por las que habíamos paseado tranquilamente se hallaban totalmente congestionadas por el tráfico, las tranquilas terracitas de los bares llenas, y los amplios parques abarrotados de gente. Decidimos que quizás fuese mejor quedarnos con el recuerdo de la encantadora ciudad que teníamos, y sin tan siquiera intentar encontrar un lugar donde aparcar continuamos con nuestro camino.

Pusimos rumbo entonces a Lac du Bourget junto al que habíamos pasado un par de días antes, mas concretamente a la población de le Bourget du Lac donde según nuestra información existe una área de autocaravanas.

Una vez allí podríamos acabar de planear la ruta con toda la información de que disponíamos, y decidir como organizar y aprovechar los días que nos quedaban.

Íbamos circulando por la carretera que conduce a Aix-les-Bains, a la altura de la población de Alby/Cheran cuando vimos una indicación hacia el Pont du l’Abisme. No teníamos ninguna prisa así que apenas dudamos unos segundos en tomar el desvío y dirigirnos hacia el. Yo creo que probablemente sea esta libertad de perderse por cualquier camino que encontramos a nuestro paso lo que mas nos enamora de viajar en autocaravana. Después de varias horas de aburridas carreteras este camino fue como una pequeña inyección de energía. Una placida carretera a través de verdes prados, con pequeñas casitas típicamente Alpinas a los lados, y unas increíbles vistas del Masif des Bauges al fondo nos condujo al Pont du l’Abisme.

La Pont du l’Abisme es un puente colgante con un lapso de 72,6 metros, que permite a la carretera que une las ciudades de Cusy y Gruffy cruzar el río Chéran a una altura de 96 metros, evitando así tener que hacer un desvío de unos 8 kilómetros aguas arriba del río.

Fue construido en 1887 por el ingeniero Fernando Arnodin, cuya preocupación fue más estética que funcional, encontrando a fecha de hoy un puente excesivamente estrecho que no permite el paso de vehículos de grandes dimensiones pero que sin embargo se ha convertido en una atracción turística del Bauges, algo que sin duda el lugar se merece.

Lo cierto es que resulta impactante encontrar aquella construcción allí, en medio de la nada, y tras no pocas dificultades para cruzarlo por el estrecho paso que dejaban unos bloques de hormigón que limitan el ancho de los vehículos que lo pueden cruzar, nos detuvimos a disfrutar haciendo fotos de él y su entorno durante un rato.

Una vez saciada nuestra curiosidad por el lugar, continuamos con nuestro camino, pasamos por varias pequeñas y encantadoras poblaciones como la de Cusy, y llegamos finalmente a Bourget-du-Lac. Una vez en ella no nos resulto demasiado difícil encontrar el área de autocaravanas, muy buen ubicada junto al puerto deportivo de la población. Otra cosa era conseguir una plaza en ella ya que aunque el área dispone de más de 30 plazas se encontraba completa, e incluso eran varias las autocaravanas que se encontraban detenidas en la calle que accede a ella. Nosotros nos detuvimos junto a estas, en un lugar donde parecía no molestaríamos a nadie, y nos dispusimos a dar un paseo por los alrededores.

El lago Bourget, de origen glaciar, es el lago natural más grande de Francia. En su ámbito montañoso, Lamartinez y los románticos hicieron de ese lugar un sitio destacado de la poesía francesa. Nada mas dar un pequeño paseo por el lago uno se hace a la idea del porque. Por si fuera poco, el lago dispone de una esplendida avenida verde, asfaltada y suficientemente amplia para dar largos y cómodos paseos en bicicleta que pueden conducirnos incluso a Chambery, situado a una distancia de tan solo 10 Kilómetros.

A su orilla, la población de Boruget de la cual toma el lago su nombre, es un lugar eminentemente turístico. El puerto deportivo y varios embarcaderos delatan la importante vinculación de la población con los deportes náuticos. La vela y el remo entre otros, parecían tener una gran importancia en un lugar donde abundan los muelles mediante los cuales te puedes adentrar en el lago. Nadar, zambullirse, navegar, forman parte de lo cotidiano en un agua que puede alcanzar en verano los 25º. Varios clubs náuticos, algunos bares y restaurantes e incluso un gimnasio son lo mas destacado de un conjunto de edificaciones formado principalmente por envidiables casitas de veraneo con unas magnificas vistas del lago. Quien pudiera poder disfrutar de ellas aunque de hecho… con nuestra autocaravana lo hacemos siempre que queremos ;-)

Ensimismados por el lugar se nos acabó haciendo de noche durante nuestro paseo, así que bajo la luz de la luna regresamos a la autocaravana a cenar, descansar, y planear las aventuras que viviríamos al día siguiente.

Día 5 – Domingo.

Nuestro penúltimo día de viaje amaneció ligeramente nublado. Tras varios dias con un sol radiante el tiempo parecía adecuarse a nuestro estado anímico, y es que la tan ansiada semana santa empezaba a llegar a su fin. Aun así teníamos por delante todo un domingo al que sacar provecho antes de iniciar la vuelta a casa, así que una vez desayunado nos pusimos las pilas rápidamente y salimos a dar un breve paseo hasta un pequeño castillo ubicado cerca de la población.

Se trata del antiguo castillo de Tomás II, Conde de Piamonte, construido en el siglo XIII en la desembocadura del Leysse. Tuvo sus días de gloria entre los siglos XIII y XV, cuando la Casa de Saboya la convirtió en su residencia principal, aunque a fecha de hoy se encuentra completamente en ruinas. Aun así no deja de ser una visita interesante por el entorno en el que se encuentra ubicada.

Tras el paseo, regresamos a la autocaravana, repostamos en los servicios de que disponia el área, y nos pusimos en marcha. Nuestro primer destino era el lago de Aiguebelette, pero para llegar a él decidimos dar un pequeño paseo por pequeñas carreteras secundarias rodeando el Mont du Chat. Pasamos por las poblaciones de Sant Paul, Marcieux, y Novalaise, hasta que finalmente llegamos a Aiguebelette-le-Lac.

Pequeña perla de esmeralda, el lago de Aiguebelette nos acogio en un ámbito natural excepcional propicio al descanso, al esparcimiento y a las actividades de deportes y de ocios de naturaleza. Para preservar la pureza, la serenidad y la belleza de esas aguas los barcos a motor térmico están prohibidos por lo que la tranquilidad del lago, cuya temperatura en verano puede alcanzar los 28º, es notable, haciendo del lugar un oasis de descanso tanto para los mas pequeños como para los mayores.

Recorrimos lentamente el lago por su margen derecho hasta llegar a la población de Aiguebelette, donde las poquitas casas que lo forman y sus pequeños hostalitos hacen que se respire en él la misma tranquilidad que en el resto del lago.

Junto a la población, un pequeño camping con su embarcadero propio hacen de este un sitio turístico muy frecuentado por aficionados a la pesca. Nosotros nos detuvimos en un pequeño aparcamiento existente en la población, y dimos un paseo por sus alrededores para saborear la serenidad del lugar.

Luego, continuamos con nuestro camino nuevamente por pequeñas y tranquilas carreteras secundarias hasta llegar a la población de les Echelles, en la que aprovechamos para detenernos a comprar pan. Dimos un paseo, y aunque alguna de la información de la que disponíamos la señalaba como un lugar de interés nos pareció bonita aunque no excepcional.

Fue durante el paseo por la población cuando encontramos una Oficina de Información Turística, que aun encontrándose cerrada nos sirvió para descubrir nuestro siguiente destino. Fue en su escaparate donde vimos anunciada la existencia de un lugar que nos pareció realmente interesante. Se trata de Saint Christophe La Grotte, una gruta ubicada en un inigualable entorno histórico y natural situada en la cercana población de Saint-Christophe Sur Guiers.

Rápidamente nos pusimos en marcha y en apenas unos minutos llegamos a ella. Cuando llegamos hasta allí el lugar nos sorprendió gratamente. Saint-Christophe Sur Guiers es un pequeño pueblo rural en el valle de Guiers formado por la ciudad (Bourg), seguida de un aumento a 500 m de altura, con bosques de piedra caliza, acantilados, su iglesia y sus numerosos caseríos. A través del vertiginoso y colorido “Pas du Frou” uno llega a la parte más alta, la Ruchère, donde las casas se extienden a lo largo de una larga llanura. La iglesia se encuentra a 895 metros de altura, el centro de esquí a 1165 metros, y la casa aislada “El Riondet” a 1229 metros.

Dimos un breve paseo por la población que realmente nos pareció una preciosidad. No es que tuviera mucho patrimonio, pero sus preciosas casitas rodeadas de cientos de flores y un aroma envolvente, hacia que nos sintiéramos realmente como si estuviéramos en el paraíso. Sencillamente nos encandilo.

Seguimos las indicaciones hasta un aparcamiento situado al pié de macizo de Chartreuse, junto a un pequeño parque en el que parecía iniciarse la visita al lugar. Antes de iniciarla decidimos comer, para luego una vez equipados y con la mochila a la espalda empezar a descubrir el lugar.

En el parque junto al que nos encontrábamos aparcados encontramos un esquemático mapa en un panel que informaba de la ubicación de los lugares de interés a nuestro alrededor. Ciertamente era muy muy esquemático, tanto que incluso nos resultaba francamente difícil de descifrar. Fue por ello que buscamos la ayuda de un amable lugareño. Nuestra correcta pronunciación del “bon jour” hizo creer al paisano que entendíamos francés, y aunque el señor era muy amable no conseguimos entender demasiado lo que nos dijo. Con lo que logramos descifrar de lo que nos había explicado el paisano y las pocas pistas que nos dio el panel informativo iniciamos nuestra andanza hacia la Voie Sarde. Logramos llegar hasta ella e iniciamos la subida por la fuerte rampa que la forma.

Allí en medio, al inicio de una fuerte subida nos sorprendió ver una casa en medio del camino por el que se suponía teníamos que seguir. No acababamos de tener claro que hubiesemos tomado el camino correcto así que nos dirigimos a la dueña de la casa que nos miraba sonriente y con ojos expectantes desde la puerta.

Le preguntamos si el camino era el correcto a lo que la señora contesto con un conciso “oui”, así que algo mas tranquilos seguimos la senda que muchos otros visitantes habían dejado y así llegamos hasta el comienzo de la Voie Sarde.

La Voie Sarde (la via Sarde) es una antigua vía romana que significó en su día el eje principal de comunicación entre Lyon y Chambéry, y que antiguamente representaba el único paso fronterizo entre Francia y Saboya.

Fue entre los años 1667 y 1670 cuando el duque de Saboya decidió construir una monumental rampa de piedra de 400 metros de longitud para convertir dicha antigua vía romana en una carretera para en el transporte real. Este trabajo requirió la construcción de un fuerte muro, hasta casi 20 metros en algunos lugares. El parapeto que corona la pared está formado por piedras semi-montado en círculos, técnica que rara vez se utiliza en la región.

Subimos por los largos y pronunciados cuatrocientos metros de rampa, y finalmente llegamos a la cima. Charles Emmanuel II fue quien propuso la construcción de la Voie Sarde y por ello se erigió un monumento en su honor en lo alto de la colina. Curiosamente en dicho monumento no se hace referencia en ningún momento al incontable número de personas que perecieron durante la construcción de tal fastuosa obra de ingeniería. Durante años fueron muchos los viajeros que utilizaron la Voie Sarde hasta que finalmente Napoleón la consideró un paso demasiado difícil y ordenó la excavación del túnel en 1820.

Una vez en la cima anduvimos por el camino que según se cree fue construido por el antiguo imperio romano aprovechando el cauce del agua procedente del deshielo, hasta llegar a una caseta donde se compraban los tickets para visitar las cuevas. Entramos y nos dirigimos a una simpática francesa que allí se hallaba preguntándole por el precio de la excursión y sobre todo el horario de dicha gruta. Ella nos comento que la próxima entrada seria en veinte minutos, con lo cual nos dispusimos a dar una vuelta y a esperar que nuestro guía llegase. En la entrada de la gruta había varias personas que nos supusimos harían la excursión, pero cuando llego nuestro guía nos dimos cuenta que en la visita íbamos a estar nosotros solos.

El guía se presento y nos preguntó en francés de donde éramos. Nosotros contestamos que españoles a lo que el se disculpó diciendo que apenas hablaba el castellano, así que si no era un problema haríamos la visita en inglés. Esto, que a lo primero nos dio algo de pereza supuso luego que la visita además de interesante fuese incluso divertida. Nuestro guía, un chico encantador, nos adentro por la gruta explicándonos cada detalle de la misma con infinidad de detalles. No siempre tienes el privilegio de disponer del guía para nosotros solos por lo que disfrutamos de lo lindo. Además fue muy divertido intentar entendernos con el guía chapurreando francés, ingles, y castellano, lo que resulto ser un batiburrillo bastante educativo y gratificante.

Las Grottes des Echelles (las Cuevas de las Escaleras), están denominadas así debido a la proximidad de las escaleras que permitían el paso de personas y mercancías entre el valle y el desfiladero, escaleras que se perdieron durante la creación de la Voie Sarde. Dos son las cuevas visibles desde la Voie Sarde, la Gruta superior y el Gran Goulet. Estas cuevas se formaron en paralelo al cañón que forma la Voie Sarde y proceden de la misma erosión. Fueron excavadas por una corriente subterránea en el período glacial, y aún a fecha de hoy continúan activas. Frecuentemente son todavía invadidas por el agua por lo que la erosión de las mismas continua día a día. Esta forma de erosión es dominante en la piedra caliza. Se habla de la erosión kárstica.

La cueva llamada “Superior” es una cueva natural de salida de la red de agua subterránea, llena de marmitas gigantes, amplias salas y concreciones sorprendentes.

La segunda cueva conocida como “Le Grand Goulet”, fue utilizada por los arquitectos encargados de la construcción de la Voie Sarde como un conducto natural para canalizar el exceso de agua procedente de la parte superior de la cueva (de ahí el canal, 300 años, a lo largo de la carretera en su Central de más de 300 metros), retomando una iniciativa romana. Dicha cueva estuvo cerrada durante muchos años y ha requerido una importante labor en materia de seguridad para proceder a su reapertura al público el 29 de junio de 2002.

Como curiosidad únicamente comentaros que según cuentan las leyendas populares, Mandrin, el famoso contrabandista de Dauphinois, residía en esta cueva.

Al finalizar la visita, nos despedimos efusivamente del guía cuya compañía había sido realmente agradable. El nos recomendó que antes de irnos no olvidáramos visitar el puente romano, que aunque no tiene ninguna relación con el antiguo imperio si que resultaba una visita agradable.

Así lo hicimos. Al descender, al pie de la rampa, suspendido por encima de la Guiers VIF (frontera natural entre el Ducado de Saboya, Francia), un puente permite el paso de un banco a otro. Los restos de las cabinas de guardia y las armas de los Saboya y el Delfinado son visibles cerca del puente.

Antes de regresar a la autocaravana decidimos dar un último paseo por aquel precioso pueblo en un atardecer que era de infarto. No podíamos irnos sin antes darnos un último homenaje por el espectacular macizo del Chartreusse.

Con cara de satisfacción tras el descubrimiento de un lugar tan peculiar y una visita guiada tan satisfactoria regresamos a la autocaravana para decidir como acabaríamos de disfrutar el día. Nos pusimos en marcha rumbo a Sant Pierre d’Entremont, población situada en el interior del parque Natural regional de Chartreuse, donde se inicia el camino que conduce al circo de Saint Meme.

El día no dejaba de ofrecernos sorpresas y es que a medio camino hacia Sant Pierre d’Entremont, la carretera nos condujo a través del Pas du Frou, un vertiginoso paso por el cañón que desciende el río Guiers Vif. Como pudimos nos detuvimos en un pequeño aparcamiento a pié de carretera, para poder disfrutar de aquellas vistas tan excepcionales.

Llegamos a Saint Pierre-d’Entremont, y apenas sin detenernos iniciamos la ascensión por la pequeña y estrecha carretera que según las indicaciones conducía hasta el circo de Saint Meme. El circo de Saint-Meme es parte de la reserva natural de los Hauts de Chartreuse. Se encuentra a 900 m sobre el nivel del mar, entre Saboya y el Isère, en el valle de Entremont. Se caracteriza por grandes capas de rocas urgoniennes, que forman cuatro cascadas (de arriba hacia abajo: las fuentes de Cascada, Cascada Grande, Cascade Independiente, Pisse de Guiers) dominado por acantilados de piedra caliza de 500 metros de altura. Las aguas provienen de fuentes subterráneas Guiers vivo, frontera histórica entre el Delfinado y el Reino de Saboya, y en la actualidad los límites entre los dos departamentos de Saboya y Isere.

Lamentablemente el día se encontraba bastante nublado, y comenzaba a ser realmente tarde con lo que empezaba a escasear la luz, lo que desaconsejaba adentrarse en una montaña que apenas conocíamos. También teníamos un problema añadido y era que necesitábamos urgentemente vaciar grises y cargar agua, con lo que tras recorrer unos cuantos kilómetros decidimos dar media vuelta y dejar la visita al circo de Sant Meme para un futuro viaje. Miramos nuestra información y nos dirigimos hacia la población de Saint Pierre de Chartreuse donde según nuestra información había un área de autocaravanas.

De camino a la población pudimos ver en algunos prados las que para nosotros probablemente serían las últimas nieves de la temporada, nieve que había quien aprovechaba con algún trineo. Así mismo fueron varias las estaciones de esquí que encontramos a nuestro paso y es que el Parque Natural del Chartreuse es también una zona habitual para la práctica de los deportes de invierno.

Una vez llegados a la población de Saint Pierre de Chartreuse, encontramos fácilmente el área en la que había cerca de una decena de autocaravas estacionadas.

Nos acercamos a desaguar y comenzó otro de nuestros periplos: Según conseguimos entender para coger agua había que introducir unas fichas que podíamos conseguir en la oficina de turismo de la localidad o bien en uno de los Bares existentes en la población. Nos dispusimos a conseguir dichas fichas y nos encontramos que lamentablemente a esas horas la Oficina de Turismo se encontraba cerrada, y que para colmo el Bar en cuestión estaba de vacaciones. Con cara de idiotas volvimos al área, y comenzamos a pensar que hacer, si mover la auto e ir a buscar otra área (cosa que no nos apetecía demasiado) ya que las horas no lo aconsejaban, o mirar de buscar alguna opción al respecto. Decidimos ir a dar una vuelta a ver si con suerte encontrábamos algún lugar donde poder rellenar agua. Preguntamos a un paisano de una granja cercana con carita de pena para ver si él mismo nos la podía dar, y nos encontramos que el paisano era bastante resuelto.

Cuando logramos hacerle entender nuestra carencia de agua nos acompañó con uno de sus perros hasta al área para ver cual era el problema. Una vez llegamos al lugar, apretó el pulsador del grifo para limpiar el depósito químico de la auto demostrándonos que allí teníamos agua, y ante nuestra cara de duda sobre la potabilidad de dicha agua se agacho y comenzó a beber del mismo chorro para demostrarnos que era agua potable y que no nos debíamos preocupar. Nosotros con cara de flipados ante la decidida actitud del paisano, nos quedamos mirando, le dimos las gracias y nos quedamos dudando sobre que hacer.

La idea no nos seducía demasiado pero evidentemente el agua era la misma y salía limpia, así que le dimos al pulsador y como pudimos conseguimos llenar poco a poco el deposito, eso si, después de limpiar bien a fondo antes el grifo. Al final resultó que el paisano tenía razón por que realmente no nos sucedió nada raro, nuestra piel no se volvió verde, ni cogimos nada extraño, con lo cual “moraleja” … en momentos de apuro, casi todo vale.

Una vez cargamos agua, nos dispusimos a cenar algo, ducharnos y caer fulminados en la cama.

Día 6 – Lunes.

A la mañana siguiente nos levantamos temprano ya que nos esperaban muchos kilómetros de vuelta. El domingo lo habíamos aprovechado al máximo con lo que apenas habíamos adelantado nada del viaje de vuelta. Nos encontrábamos allí perdidos, en medio del parque Natural del Chartreuse, y Barcelona quedaba muy lejos.

La noche había sido muy lluviosa, y por primera vez en todo el viaje el día había amanecido completamente nublado, con una densa niebla que parecía emular nuestro estado de ánimo, tristes por tener que regresar a casa. Lo habíamos pasado genial durante toda la ruta y no nos apetecía que el viaje se acabara, pero por pocas ganas que tuviéramos teníamos que ponernos las pilas si queríamos llegar más o menos pronto a casa.

Pusimos rumbo a Barcelona haciendo las mínimas paradas. Apenas dedicamos unos minutos a Saint Laurent du Pont, una pequeña población que nos llamo la atención y resulto ser un lugar muy acogedor, y nos permitimos detenernos un rato en Voiron, (no confundir con La Voirons en Haute-Savoie) municipio francés ubicado en el departamento de Isère y Rhône-Alpes, denominado “capital de la Chartreuse”, aunque lo cierto es que es una de las tres ciudades que limitan con el Chartreuse junto a Chambery y Grenoble. Apenas tuvimos tiempo para dar un pequeño paseo, pero no quisimos irnos sin dejar de ver la iglesia de Saint-Bruno-siglo XIX, obra del arquitecto diocesano Berruyer Alfred (1819-1901), monumento del neo-gótico construido en el siglo XII que constituye un elemento importante por su arquitectura regional denominado “cemento”.

Lamentablemente ni el día era demasiado apetecible ni el tiempo nos lo permitía, así que sin mas dilación pusimos rumbo a casa con la sensación de que toda aquella zona era un lugar al que se podía destinar muchísimo mas tiempo en un futuro próximo para explorarlo tranquilamente.

En las inmediaciones de Voiron tomamos la autopista que ya no abandonaríamos hasta llegar a casa. Después de recorrer 600 Kilómetros y tras varias horas de viaje llegamos a Barcelona, cansados pero felices de haber podido disfrutar de una aventura de este calibre. Han sido seis días intensos, en los cuales la climatología nos ha ofrecido una preciadísima tregua que no imaginábamos que íbamos a tener, disfrutando de un preludio del buen tiempo que nos ha sentado como un bálsamo reconstituyente.

Llegamos a casa contentos de haber logrado conocer finalmente la zona de Rhone Alps, que nos ha sorprendido y encantado a partes iguales. Nos han quedado muchas cosas en el tintero; excursiones que realizar, parques que visitar, poblaciones que descubrir, pero quizás haya que dejar siempre algo para que en otra ocasión, tengamos la excusa perfecta de volver a quitarnos  la espinita de aquellos lugares que no pudimos visitar.

Rhone Alps from conrad y echobelly on Vimeo.

Créditos vídeo: Belle and Sebastian- The state I am in

ROAD BOOK.

Día 1:
Recorrido: Barcelona – Hauterives.
Kilómetros recorridos: 590.
Pernocta en Área de Autocaravanas de Hauretirves.

Día 2:
Recorrido: Hauterives – Grenoble – Chambery – Annecy.
Kilómetros recorridos: 190
Pernocta en Área de Autocaravanas de Annecy.

Día 3:
Recorrido: Annecy – Chamonix.
Kilómetros recorridos: 120.
Pernocta en Parking pistas de esquí de Aregentiere.

Día 4:
Recorrido: Chamonix – Annecy – Le Bourget du Lac.
Kilómetros recorridos: 150.
Pernocta: Junto Área de Autocaravanas de Le Bouret du Lac.

Día 5:
Recorrido: Le Bourget du Lac – Aiguabelette – Les Echelles – St. Pierre de Chartreuse
Kilómetros recorridos: 100.
Pernocta: Área de Autocaravanas de St. Pierre de Chartreuse.

Día 6:
Recorrido: St. Pierre de Chartreuse – Voiron – Barcelona
Kilómetros recorridos. 650

Total Kilómetros: 1.800 (aproximadamente)

Total Gasoil: 180 euros.

Total peajes: 110 euros.

About the Author

La cortesía es como el aire de los neumáticos, no cuesta nada y hace mas confortable el viaje.