Países Bajos (4/5)

may 3, 2010 by     30 Comments    Posted under: Autocaravana, Grandes viajes

Abrimos los ojos y nos desperezamos pensando que nuestra aventura Francesa había llegado a su fin. Estábamos en nuestro décimo día de viaje y Holanda nos esperaba con los brazos abiertos. Quedaban aun muchísimas aventuras por vivir. Habíamos disfrutado de grandes momentos en nuestro periplo francés, habiendo acumulado miles de experiencias y sensaciones que a priori, pueden parecer pocas para tan solo diez días de viaje, pero nuestra estancia había sido tan intensa, que haciendo computo global de nuestra experiencia, quedaba claro que habíamos sacado el máximo posible a todo lo que habíamos visitado. Ahora solo nos quedaba seguir la estela de alguna ruta oculta en las estrellas, que nos enviara directamente hacia la tierra de los molinos y los tulipanes. Aún así, nos daba tristeza dejar atrás los blancos acantilados de Normandía. Habían sido días de pinceladas diluidas, de claro oscuros muy definidos, pero nuestra ruta transcurría por otros derroteros así que nos pusimos en marcha hacia nuestro próximo destino: Los Países Bajos, punto fuerte de esta ruta.

Día 10: Fecarn – Brujas

Nos despertamos pronto, pero sin demasiadas prisas. Nos esperaban casi cuatrocientos Kilómetros para llegar a nuestra primera parada del día, que nos dejaría a los pies de la preciosa Brujas, en Bélgica, con lo cual nos armamos de paciencia y nos pusimos el traje de faena para continuar con esta gran aventura. Nuestras ganas por seguir descubriendo mundo nos hacían impulsar la auto como si tuviera alas y fuera volando descubriendo todo un mundo intacto.

El trayecto lo iniciamos a través de larguísimas carreteras secundarias francesas, afortunadamente con poco trafico, que nos permitió adelantar kilómetros a buen ritmo y a bajo coste. Más adelante, poco antes de entrar en territorio Belga, tomamos la autopista que no abandonaríamos hasta llegar a nuestro destino.

Llegamos a Brujas alrededor de las cinco de la tarde, con un trafico super intenso ya que cogimos la salida de los trabajadores, por lo que nuestra llegada al casco urbano se nos hizo un tanto pesada. Este hecho mezclado con los kilómetros que llevábamos encima, y el calor que empezaba a apretar, hizo que el cansancio cayera sobre nosotros como una pesada carga que nos costaba mover.

Dimos un par de vueltas, intentando encontrar algún aparcamiento donde poder dejar a Suny tranquilamente. Lo cierto es que nos costó un buen rato encontrar un parking y no es que Brujas sea una ciudad complicada, pero es que después de diez días de viaje por la costa francesa habíamos perdido el pulso a las ciudades! Seguimos dando vueltas y no nos engañemos, por un momento nos agobiamos bastante, pero finalmente logramos encontrar un aparcamiento específico para nuestros vehículos. Justo en frente había un área de autocaravanas, que se hallaba bastante llena. En nuestro caso decidimos ir al parking  ya que en nuestros planes estaba visitar Brujas y continuar ruta… ilusos de nosotros. El parking se hallaba bien ubicado, con bastante sombra por lo que descansamos un rato de tantos kilómetros, tomándonos un refrigerio.

Más tarde, ya con los ánimos más favorables, nos dispusimos a descubrir todo lo que ofrecía la pequeña Venecia del Norte, como llaman a esta amable ciudad.

Brujas conserva un rico legado de los tiempos “ya lejanos” en los que fue metrópoli potente, con un poderío económico que se vino abajo cuando perdió su cualidad portuaria. Hoy Brujas tiene una vida apacible y serena. La belleza de sus casas y el encanto de sus canales, hacen que este sea un destino apetecible para muchos amantes de la belleza y el arte. Desde el año 2000 esta venerable ciudad es Patrimonio Mundial de la Unesco.

No se necesitan muchas palabras para describir Brujas: Solo con pronunciar su nombre ya evocas un ambiente mágico e inolvidable. Un paseo por sus empedradas calles es un viaje al pasado, un cuento de hadas hecho realidad que te puede transportar en sus alas y formar parte de sus leyendas. Pero también es un viaje que harás con los pies puestos en la tierra, porque Brujas es mucho más que un simple cuento para niños.

Hace 800 años, Brujas era la primera gran capital del Condado de Flandes. Una de las principales ciudades comerciales de Europa. Actualmente, dentro de las murallas de la ciudad se puede contemplar una enorme cantidad de monumentos y tesoros artísticos de innegable belleza. Sus murallas, torres y puertas de acceso a la ciudad medieval se conservan prácticamente intactas, y a veces te da la sensación de estar viviendo en una época muy anterior a la que nos ha tocado vivir. Sus gentes son amables y reposadas, y su constante ir y venir en bicicleta crea un ambiente único que se pierde entre adoquines y sonrisas dibujadas en el aire. Desde hace algunos años el tráfico de vehículos se regula en favor de los peatones y bicicletas, con lo que resulta muy agradable pasear por su casco antiguo sin tener que ir esquivando molestos coches.

Nos acercamos dando un paseo al centro de la ciudad. Para mí era la segunda visita a esta pequeña y encantadora localidad, pero para Conrad era la primera e iba bastante interesado en descubrir todo lo que esta ciudad nos ofrecía. La forma más adecuada de visitar Brujas es a pie. Brujas es una ciudad bastante asequible a la hora de explorarla ya que su zona visitable no es demasiado grande. También se puede optar por un paseo en barca recorriendo sus viejos canales, durante el cual podréis contemplar la belleza de esta ciudad con una perspectiva diferente. Pero nosotros optamos por ir a pie e intentar descubrir todas sus diferentes facetas.

Después de la caminata llegamos al centro bastante acalorados. No sé cuantos grados de diferencia había con Francia, pero realmente hacia un calor considerable, que nos pillo un poco desprevenidos. Comenzamos a callejear perdiéndonos por sus calles y plazas para poder saborear al máximo aquel lugar. Paseamos tranquilos, expectantes, observando cada detalle de su arquitectura, sus alegres colores, la cantidad de gente que había por todos los rincones en una calurosa tarde de verano como resulto ser aquella. El lugar nos cautivó nada más poner nuestros ojos en el.

El calor seguía apretando y nuestro cansancio iba en aumento, después de visitar todo el centro, comenzamos a caminar hacia  la autocaravana, pues había una buena tiradita desde el área al centro de Brujas. De camino, descubrimos un precioso parque tropical que nos llamaba a gritos a sentarnos y tomar un respiro. Así lo hicimos y después de un más que merecido descanso y de disfrutar de los dulces rayos de sol que se filtraban a través de las hojas de los arboles, nos quedamos adormecidos tumbados en la hierba, simplemente disfrutando de aquella magnifica y perfumada tarde.

Estuvimos allí un buen rato deleitándonos con el frescor de la hierba, charlando de temas banales, haciéndonos cómplices de miradas tontas y de pequeños instantes fugaces que a veces no damos importancia. Era un decorado perfecto al cual unirte deliciosamente, para saborearlo como una gran fruta madura que comes con ansias y se diluye en tu boca ofreciéndote una sinfonía sin igual de sabores. Casi sin darnos cuenta comenzó a atardecer. De repente, nuestras siluetas se desdibujaban entre las sombras. Estábamos tan a gusto que nos daba pereza movernos, pero Gish nos esperaba en la auto y nuestro regreso no se podía posponer mas. Comenzamos lentamente a caminar en dirección al área, realmente no se cuanto tardamos en llegar, ya que íbamos tan relajados que parecía que nuestros pies fueran de plomo.

Llegamos a ella con los últimos rayos de luz poniéndose en el horizonte. Nuestro plan inicial era continuar con la ruta, pero estábamos evidentemente cansados, así que finalmente decidimos quedarnos a dormir en Brujas para así poder descansar y llegar a Holanda con más fuerzas de las que teníamos en aquel momento.

Para ello lo primero que teníamos que hacer era mover la autocaravana puesto que estaba aparcada en el parking diurno, y pasar allí la noche nos iba a salir bastante caro. La historia era que el área de autocaravanas estaba completa. Por suerte, junto a ella había un parking para autobuses en el que se empezaban a congregar autocaravanas para pasar allí la noche, y aunque salía un poco más caro era nuestra opción más lógica en aquel momento. Al final la estancia en Brujas nos salió por 5 euros del parking diurno y los 22,50 euros del parking nocturno, un precio que nos pareció bastante elevado considerando que veníamos de Francia donde los precios de las áreas son realmente muy razonables.

Una vez movida Suny a su nuevo emplazamiento, cenamos reposadamente, nos duchamos, abrimos las ventanas de la auto para que la brisa refrescante entrara en el habitáculo y nos quedamos dormidos casi en el tiempo de pronunciar un “buenas noches”. Realmente estábamos agotados!

Día 11: Brujas – Kinderdijk (zona Zeeland)

El sueño reparador había funcionado. Después de haber dormido casi diez horas nos levantamos con fuerzas renovadas. Un sol resplandeciente nos daba los buenos días y nosotros agradecimos al astro que brillara con tanta fuerza y nos devolviera toda la luz perdida en el destino anterior. Ahora sí que estábamos preparados para conquistar y descubrir, Holanda. Estábamos nerviosos ante nuestra inminente entrada al país y teníamos muchísimas ganas de disfrutar de todo lo que nos sonara a holandés.

Quizás os interese saber que el nombre de “Holanda” se deriva de la palabra “holtland”, que significa “país de la madera”. Pero esta denominación es, en realidad, el nombre de las dos provincias costeras occidentales, Holanda Meridional y Holanda Septentrional, que han desempeñado un papel importante en la historia del país. La denominación correcta del país es Países Bajos, aunque con permiso de los holandeses nos vamos a permitir llamarla con su nombre coloquial.

El país limita con Bélgica al Sur y con Alemania al Este. Por el Norte y el Oeste el país se encuentra abrigado por el mar del Norte. Es realmente curioso saber que aproximadamente una sexta parte del total del territorio está cubierto de agua. Holanda es un país de contrastes, con playas de arena fina, pueblos pintorescos y coloristas, ciudades modernas y gente políglota y extrovertida.

En el último siglo antes de la era cristiana, cuando llegaron los romanos, la región estaba habitada por celtas y germanos. El Imperio nunca pudo ocupar la zona de los frisones, al norte del Rhin, y se estableció en el delta, donde formó las provincias de Bélgica y Germania Inferior. Los frisones vivían de la pesca y la cría de ganado, mientras en el sur se practicaba la agricultura en torno a villas o centros poblados. A mediados del siglo III, la invasión de la tierra por el mar trastocó completamente la base económica de la región. El fortalecimiento de las tribus germanas obligó a Roma a cederles la custodia de las fronteras del imperio, como hizo con los francos en Toxandria y Brabante (Brabant). La separación del idioma romance y el germánico coincidió con el límite del Imperio Romano, que dividió a los Países Bajos por la mitad.

Los frisones mantuvieron su independencia hasta el siglo VIII, en que los francos y la Iglesia Católica Romana iniciaron una fuerte ofensiva. A finales del siglo, la región estaba sometida a los francos, bajo la dinastía de los Pepin primero y los carolingios después. La decadencia del Imperio Carolingio trajo gran inestabilidad hasta el siglo X, cuando surgieron en esta región varios principados, en una relación feudal con los reinos de Alemania y Francia.

El paisaje de la Holanda actual ha cambiado considerablemente durante los últimos 2000 años. Desde la era de los romanos, el mar ha invadido grandes extensiones de tierra en zonas como Zeeland y el antiguo Zuiderzee. La incesante lucha contra éste alcanzó su momento álgido con el “plan delta”. Éste magnífico logro de la ingeniería hidráulica se diseñó con el fin de proteger el suroeste del país de las inundaciones. En 1995 hubo que evacuar a 200.000 personas, demostrando que el agua sigue siendo una amenaza para el país. Para poder tener un equilibrio con esta fuerza tan necesaria como devastadora, los holandeses realizan “inundaciones controladas”, para así poder mantener a raya al agua.

Holanda está considerado el país con más museos por metro cuadrado de toda Europa, con lo cual podréis comprobar que no todo son molinos, diques y tulipanes. La proliferación de la pintura en Holanda durante el siglo XVII, la edad de oro del país, se correspondió con la enorme demanda de cuadros por parte de las clases adineradas. La ausencia de mecenas reales y eclesiásticos, y la consiguiente falta de una escuela oficial de pintura, permitió a los artistas especializarse en diferentes géneros, como la pintura histórica, el retrato, el paisaje, el bodegón y la pintura de género. Sin lugar a dudas uno de los más renombrados pintores de la época fue Rembrandt y Van Gogh pero también Hals, Heda, Van Vianen, Steen y otros tantos que dieron fama a la conocida escuela de Flamenca.

Pero a nosotros Holanda nos pareció un tesoro verde y plata hundido en el mar del norte; con carriles bici dibujados con tiza en el suelo y molinos mágicos como fondo a este cuadro; con pequeñas localidades marineras disfrazadas de blanco y negro; con el rugir del mar del norte soplando a veces con demasiada ira y unos fantásticos cielos de nubes imposibles que enmarcan todo el carácter de esta zona; con fiestas con sabor a antiguo y preciosas flores de caras sonrientes y colores chispeantes; con canales de aguas juguetonas que engañan a la vista haciéndote creer que estas en Venecia. Holanda tiene sabor a queso, a salitre, a pulsos ganados al mar y a batallas perdidas en este. Pero eso es algo que iremos viendo poco a poco ya que como primer plato lo que tuvimos fue una nueva tirada de aburridos kilómetros.

Son varias las posibilidades que existen para entrar al país. Desde Brujas, quizás lo más lógico sería tomar la autopista hasta Anveres, pasando por Gante, y de ahí entrar en territorio holandés por “tierra”, pero al haber decidido no visitar Gante y querer empezar a explorar el país por la costera zona de Zeeland, decidimos tomar rumbo a la cercana ciudad de Middelburg, a la que debíamos acceder cruzando el fiordo de Westerschelde. La verdad, no teníamos ni idea de que era lo que nos encontraríamos, pero el mapa señalaba un paso, así que ya fuera por tierra, mar, o aire, de alguna manera se debía poder llegar.

Al rato de ponernos de marcha llegamos a la población de Terneuzen, ciudad muy vinculada a su importante puerto de mercancías, y siguiendo las indicaciones llegamos a la carretera que nos conduciría a través del fiordo hasta Middelburg. Finalmente era un túnel el que cruzaba el mar. Antes de entrar en él un cartel informaba que dicho túnel era de peaje, y nos pareció ver que el precio para las caravanas era de poco más de 6 euros, por lo que imaginamos que para las autocaravanas estaría por un igual.

Cruzamos el larguísimo túnel de seis kilómetros y medio de longitud y en su salida norte nos encontramos con las cabinas de peaje. Cuál fue nuestra sorpresa al ver que el precio para cualquier autocaravana era de 17,00 euros! El mismo que autocares y camiones, lo que encontramos claramente un abuso. Lamentablemente, hechos como estos los hemos sufrido en más de una ocasión durante nuestra estancia en tierras holandesas, el que encontramos un país muy preparado para el caravanismo en general, pero en el que el turismo en autocaravana todavía no está demasiado arraigado.

Llegamos a Middelburg, y lo cierto es que el lugar tenía su encanto. En la guía señalaba varios lugares de interés en la ciudad, pero que queréis que os digamos, después de tantos días con el tiempo revuelto, al fin estábamos disfrutando un magnifico sol que nos invitaba a acercarnos al mar del Norte, para disfrutar de las laureadas playas de la zona de Zeeland y sus maravillosos diques, así que sin más dilación nos dirigimos hacia ellos.

Poco a poco nos fuimos acercando a la costa y de repente, ante nosotros, apareció el Mar del Norte, quieto, inmóvil, como nunca antes lo habíamos visto. En su orilla amplios arenales de arena blanca y fina parecían ser el mejor lugar de peregrinación de los holandeses en un día como aquel. Encontramos un pequeño parking y decidimos detenernos para catar la gélida agua del mar del Norte.

Nos adentramos en la playa, en la que resultaba curioso ver las típicas casetas de colores que solo habíamos visto en Portugal. El sol calentaba con fuerza y la arena nos abrasaba los pies, por lo que corrimos rápidamente hacia el agua. La playa era inmensa y parecía imposible llegar hasta la orilla. Finalmente pudimos remojar los pies, y para nuestra sorpresa el agua estaba caliente! Estuvimos allí un buen rato, tumbados en la arena como dos holandeses más, disfrutando del sol, del calor, y del buen tiempo. En el horizonte el enorme dique de Oosterschelde parecía ser un gigante que había conseguido contener al bravo Mar del Norte, amansándolo, domesticándolo, así que, inquietos que somos nosotros, decidimos poner rumbo hacia él para conocerlo de cerca.

Sin duda alguna, uno de los mayores logros de los Países Bajos es la barrera “Eastern Scheldt Barrier”, una fortaleza de cemento y acero de tres kilómetros de longitud, considerada una de las siete maravillas del mundo moderno según la American Society of Civil Engineers. La barrera permanece medio abierta y el mar pasa por debajo durante el buen tiempo, pero cuando empeora, sesenta y dos compuertas de tubos de acero se sumergen en agua sellando la zona en aproximadamente una hora. Esta barrera protege la zona del suroeste de Holanda comprendida entre la provincia de Zeeland y el mar del norte.

Construirla fue una obra para la que fueron necesarios 250 ingenieros. Convertir el lodo de la zona en unos cimientos sólidos requirió la intervención de un barco único especializado en la compactación del suelo, provisto con cuatro gigantescos rodillos vibradores con los que se estuvo machacando la arena del fondo durante tres años.

El lecho oceánico necesitaba un nuevo colchón, así que los ingenieros inventaron un acolchado especial que fabricaron en una nave provisional. El manto se enrolló en un cilindro flotante y se traslado al pontón con la ayuda de la corriente y otro barco especial lo fue colocando. Para colocar los pilares utilizaron un sistema francés llamado “menellie”. El enorme tamaño de los pilares obligó a que se fabricasen cerca del lugar. Tenían trece pisos de altura y se hundían treinta metros por debajo de la superficie. Después de dedicar tres semanas a inundar las dársenas, los pilares huecos fueron trasladados a su destino y se rellenaron de arena para su estabilidad.

En 1986, después de diez años, finalizo oficialmente el proyecto, pero las obras nunca se detuvieron, ya que los trabajos de mantenimiento del mismo son imprescindibles. La barrera se revisa cuatro veces al año para comprobar su perfecto funcionamiento. La barrera ha contenido el oleaje de tormentas en más de veinte ocasiones a lo largo de quince años.

Rápidamente encontramos un parking donde dejar la autocaravana y decidimos bajar las bicis para conocer el lugar. Los diques se hayan recorridos por largos carriles bici que en días de poco viento como era aquel, te permiten disfrutar cómodamente de todo el lugar. La verdad es que durante toda nuestra estancia en los Países bajos la bici ha sido un gran aliado para conocer muchos de sus lugares, siendo este un método de transporte muy cómodo dado lo llano del terreno, y los magníficos carriles bici de que dispone todo el país.

Anduvimos así la mayor parte de la tarde, hasta que consideramos oportuno empezar a buscar un lugar donde pasar la noche, pues Holanda no parecía ser un país tan preparado como Francia para el autocaravanismo. Estando prohibida la pernocta fuera de las zonas autorizadas, una de las instalaciones más recomendadas para los autocaravanistas son los mini-camps, pequeños terrenos con mínimas instalaciones que los propietarios ponen a disposición de los clientes a teóricamente  buen precio.

A los pocos kilómetros encontramos uno, pequeño, pero que parecía tener buena pinta. El dueño, muy amable nos dijo que todavía tenía alguna plaza libre. Lamentablemente, ante nuestra petición de un lugar para vaciar grises, pues teníamos el depósito casi lleno, el dueño nos comentó que era una instalación de la que todavía no disponía pues llevaba muy poco tiempo abierto. No sin cierta decepción tuvimos que despedirnos y seguir con nuestra búsqueda. Al rato encontramos otro. En este caso, antes que nada preguntamos al dueño si disponía de servicios de llenado y vaciado. El hombre afirmó sin dudarlo, y nos condujo a un rincón donde tenía una manguera cutre de la que aprovisionarnos de agua. Al ver que no había desagüe alguno, insistimos en que necesitábamos un lugar para vaciar, a lo que él seguía afirmando sin duda alguna. Siguiendo sus indicaciones llenamos el depósito y nos dirigimos a la parcela que nos ofreció. Por tercera vez insistimos en la necesidad de vaciar, a lo que nos remitió a una esquina fuera del camp, junto a la carretera. Nos dirigimos allí y vimos que se estaba refiriendo a la acequia!!! De verdad se pensaba que íbamos a vaciar las grises allí? En medio de la calle? Y en una acequia para riego? Indignados por el intento de enredarnos de aquel paisano emprendimos nuestro camino sin mediar palabra. La verdad es que no acabamos de entender esto de los camps en Holanda, lugares carentes de servicio alguno cuyo precio tampoco distaba mucho del de los campings, por lo que decidimos dirigirnos a un camping de verdad y no complicarnos más la vida.

Cansados de dar vueltas encontramos finalmente el Camping Resort Land & Zee, un lugar aparentemente tranquilo para pasar la noche. Al final 32 euros tenían la culpa, y aunque nos pese pagar ese dinero para no utilizar ninguno de los servicios que el camping ofrece, no teníamos ganas de dar más vueltas. Lamentablemente habíamos descubierto que Holanda no está demasiado preparada para el autocaravanismo, pero de hecho, que país lo está aparte de Francia y Alemania? Evidentemente teníamos que cambiar el chip si queríamos disfrutar de un país que sin lugar a dudas tenía mucho que ofrecernos. Después de planear nuestras visitas para el día siguiente, y ansiando mejor suerte en las próximas pernoctas nos dejamos caer en la cama intentando conciliar un reparador sueño.

Día 12:  Kinderdijk- Ámsterdam

Nos levantamos con la sensación de que nos habían tomado el pelo. La verdad es que cada vez nos cuesta más entrar en campings, más que nada por la pereza de registrarse, instalarse, pagar, etc,  cuando lo único que nosotros necesitamos es un lugar donde dormir, pero para una vez que entramos en uno al menos esperamos que sea un lugar tranquilo, y aquel camping resultó ser de todo menos tranquilo. La proximidad con la carretera hacia que el ruido del tráfico fuera considerable y es que tiene “guasa” que durmamos mejor en cualquier parking que en un camping que se supone tiene que ser más cómodo, en fin…

Una vez recogido todo y repostado nos dirigimos a nuestra primera visita del día, Kinderdijk, para visitar sus conocidos molinos. En poco más de una hora llegamos a ellos y era curioso ver, que cuanto más nos acercábamos mayor era la afluencia de autocaravanas aparcadas por cualquier lado. Finalmente llegamos a la entrada donde se encuentra un parking de pago, no demasiado grande. Por suerte quedaba alguna plaza libre, así que abonamos los 5 euros que costaba aparcar y nos dispusimos a buscar alguna plaza con sombra, ya que el calor empezaba a ser sofocante, pusimos toldillas y demás para mantener la auto fresquita, para que la pobre Gish no se cociera en su interior.

Eran varias las opciones para realizar la visita, pero a nosotros nos apetecía hacerla dando un paseo en bicicleta para que el aire nos refrescara un poco, con lo cual las bajamos del porta bicis y nos montamos en ellas con ganas de descubrir todo el lugar.

Kinderdijk tiene la colección de molinos de viento más grande de los Países Bajos, están situados cerca de Rotterdam, al sur de Holanda. Estos 19 molinos son Patrimonio de la Humanidad, y se encuentran entre los destinos turísticos más importantes y visitados de todo el país. Han sido restaurados para albergar una auténtica y curiosa maravilla.

Se construyeron durante el siglo XVIII para bombear agua hacia las tierras bajas desde el río Lek. A pesar de ser molinos de viento, también se les conoce como molinos de agua, ya que en realidad esa era su función. Desde finales del siglo XIX, el drenaje de los pólder se hacía mediante vapor, por lo que los molinos de viento pudieron usarse perfectamente hasta la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad, los trabajos de restauración están consiguiendo que cada uno de estos 19 molinos pueda estar de nuevo en funcionamiento en el 2010.

La entrada al reciento es gratuita. Mucha gente va paseando en bicicleta por los alrededores de estos molinos, que se pueden ver in situ o bien en un pequeño crucero por los canales. Sin embargo, para ver los molinos en acción es recomendable hacerlo los Sábados durante el mes de Julio y Agosto que es cuando los ponen en funcionamiento y es todo un espectáculo verlos imponentes en todo su esplendor. No solo pudimos disfrutar del interés que despertaban en si los molinos, sino que también conocimos cómo era la típica vida dentro de uno de estos molinos hacia cien años. El Centro de Visitantes, o Bezoekmolen, está abierto todos los días desde finales de marzo a finales de octubre. Es una visita muy interesante.

Para el que no lleve bici y quiera hacer la visita en una de ellas, puede alquilarlas en el mismo reciento por un precio bastante asequible, aunque también se puede hacer el camino por el borde del canal para ver los molinos a píe, siendo este un agradable paseo llano que hace la delicia de cualquier persona que quiera disfrutar de un paisaje tan idílico como este.

Una brisa fresca acariciaba nuestras caras mientras íbamos observando con atención todo aquel fantástico lugar. Tuvimos suerte de no coincidir con demasiada gente durante la visita, con lo cual disfrutamos de aquel emplazamiento con relativa tranquilidad. Recorrer su precioso canal es realmente una delicia. Cientos de colores se reflejaban en sus intensas aguas teñidas de verde, y difuminadas por nenúfares  diseminados por aquel lugar como si de un precioso puzzle se tratara.

Sus inmensas aspas nos recordaban la utilidad que antaño habían tenido estos ancianos caballeros y la fragilidad con la que hoy en día nos devolvían miradas delicadas. Todo un mundo en calma se abría ante nosotros y nos invitaba a unirnos a él, con un rascado de cadenas contrastando con el delicado sonido que nos devolvían los pajarillos que nos íbamos encontrando, continuamos con nuestra visita.

Los molinos competían entre ellos para mostrar toda su belleza. Realmente el lugar es esplendido. Recorrimos los caminos al borde del canal, y nos deleitamos con los rincones tan pintorescos que fuimos encontrando a lo largo del recorrido. Escuchamos sutiles risas infantiles y el chapotear del agua cuando los niños se tiraban desde el puente para zambullirse en un abismo verde, intentando así refrescarse del intenso calor que aquellas horas hacía. Paramos para observar el espectáculo y vimos como se divertían en una mañana de verano tan agradable como aquella.

Nos sentamos en un viejo y destartalado banco para observarles en silencio y reírnos de sus piruetas y locuras. Tomamos alguna que otra fotografía y pudimos admirar más de cerca los pequeños detalles de los gigantes de piedra. Encaminamos nuestro regreso, disfrutando como niños de estos maravillosos carriles con sus pequeñas bicicletas haciendo las delicias de todos los que en ellas íbamos montados. He de reconocer que la primera toma de contacto con Holanda, nos estaba encantando.

Llegamos a la auto e hicimos un “kit kat”, nos tomamos unas manzanas que habíamos comprado, y nos quedamos observando el precioso canal y la salida de alguno de los barcos de recreo, que hacían el recorrido por aquel precioso paraje. Que delicia estar sentados en el embarcadero, con los ojos cerrados por el fuerte sol, escuchando el ir y venir de la gente y el acunar de las aguas bajo nuestros pies, que sensación más estupenda. Al rato emprendimos la marcha, y tras hacer parada en el puerto de un cercano pueblo para comer y hacer algunas compras, pusimos rumbo hacia Ámsterdam, nuestra siguiente parada para los próximos días. Lo cierto es que nuestra intención inicial aquella tarde, era visitar los Jardines de Keukenhof y disfrutar de sus increíbles paisajes engarzados por tulipanes, pero charlando con un lugareño nos comento que están cerrados, porque claro, en agosto NO HAY FLORES!

Resignados nos dirigimos directamente a Ámsterdam, una de las ciudades europeas más carismáticas. El camino hasta ella lo hicimos todo por autopistas y evidentemente, cuando se trata de ciudades en las que no hay áreas especificas para autocaravanas, nos dirigimos directamente a un camping. Según las referencias que nos habían dado, lo mejorcito y más bien comunicado que había por allí era el camping Gasper, así que fuimos directamente a él. Algo alejado del centro, pero muy próximo a la parada de Metro nos pareció un lugar idóneo desde el que visitar la ciudad, quizás algo lejano para ir con la bici, pero según nos habían comentado, toda la seguridad que se respira en el país no es aplicable a su capital donde una buena bici dura en la calle menos que un caramelo en la puerta de un colegio.

Sin grandes dificultades encontramos al camping. Al llegar a su puerta acudió a nosotros uno de sus empleados, a quien solicitamos una plaza en el camping. Ante su cara de duda y tras decirle que no aceptaríamos un no por respuesta, nos hecho una sonrisa y nos acompañó hasta una plaza, amplia, verde y tranquila. Sinceramente mucho mejor de lo que uno se puede esperar en un camping de ciudad. Nos hizo gracia ver, en medio del camping, una gran explanada llena de tiendas de adolescentes quienes probablemente habían escogido Ámsterdam como destino para su primer viaje al extranjero.

Una vez instalados nos dispusimos a ir a visitar la ciudad. Era ya algo tarde por lo que evidentemente las visitas más importantes  las realizaríamos al día siguiente, pero nos apetecía acercarnos a dar un paseo y ver lo que se cocía en aquella ciudad. Ya estábamos cerrando la auto, cuando una pareja Alemana se nos acerco ofreciéndonos amablemente sus billetes (De 1 día) ya que ellos ya se marchaban. Nos pusimos más contentos que unas castañuelas, les dimos las gracias y nos pusimos en marcha con nuestros recién adquiridos billetes.

La distancia desde el camping hasta la parada del metro era muy poca, pero nos pareció un tanto tétrica y pensamos que como llegáramos muy tarde, nos iba a dar un pelín de respeto, ya que era muy solitaria. Más tarde descubriríamos que toda aquella zona es bastante tranquila y no tiene nada de peligrosa. Nos montamos en el metro, bastante destartalado por cierto y le fui contando a Conrad todas las aventurillas que había vivido allí cuando vine con mis amigas, antes de conocerle a él. Él se iba tronchando de la risa y así, con anécdotas tontas, llegamos casi sin darnos cuenta al centro de la ciudad.

Ámsterdam, es una ciudad descarada, alegre, bulliciosa, desinhibida, a veces un poco exasperante pero con una personalidad propia que la hace inigualable. Una ciudad que combina a la perfección sus extensos canales y numerosos puentes, con la original arquitectura de los siglos XVI y XVII, concentrados en una pequeña superficie. Tan pronto puedes entrar a uno de sus famosos coffe shops, como puedes pasear por su peculiar barrio rojo o tomarte un cucurucho de sus famosas patatas fritas con mil salsas. Es tu elección, Ámsterdam te ofrece mil caras, desde la cara más culta a la más petarda, tú tienes la última palabra.

Ámsterdam es una ciudad abierta y tolerante, que combina una sólida cultura con gentes de hábitos sencillos. Esta Ciudad conserva y ofrece su historia, tiene una oferta permanente de entretenimiento y hace tu visita más fácil con un eficiente sistema urbano de transporte, eso sí, bastante caro. Esta primera toma de conciencia con Ámsterdam iba a ser un preámbulo, ya que la mayoría de lugares a visitar estaban cerrando, pero queríamos pasear por sus canales, el barrio rojo y varios lugares emblemáticos de la ciudad. Pero como ya nos conocéis, comenzamos a caminar y meternos por todos lados, con lo que a las nueve de la noche, habíamos visitado casi el 100% de los lugares visitables que hay que ver en Ámsterdam. Si es que tenemos más peligro!

Callejeamos por el barrio chino y disfrutamos de sus coloridos edificios y sus escaparates iluminados. Vimos brillando los farolillos del barrio rojo y nos deleitamos observando sus reflejos en el canal. Como siempre había mucho ambientillo de turistas, clientes despistados y gente variopinta que por allí pululaba.

Nos ofrecieron hachís, pero es que si no lo hubieran hecho nos hubiéramos sentido ofendidos. No nos engañemos Ámsterdam tiene tópicos, pero me quedo con todos ellos si puedo disfrutar del resto del verdadero Ámsterdam, el bohemio, el soñador, el que te recibe con los brazos abiertos aunque no te pueda ofrecer nada, en el que se respira libertad, y pensarás… que tambien hay borrachos y turismo basura (generalmente adolescentes en un estado ebrio bastante considerable, que los tour operadores venden la historia de que allí puedes acabar con todo) pero esa es otra historia, y esa historia no es mi Ámsterdam. La mía son cientos de cuadernillos con esbozos a carboncillo que conservo como oro en paño, ese es el Ámsterdam que llevo en mi corazón.

Seguimos perdidos por sus canales y ambos reconocimos que lo que más nos gustó fueron los barcos vivienda. De hecho, llegamos a Barcelona con la idea loca de irnos a vivir a uno, pero claro, Barcelona no es Ámsterdam.

Comenzaba a caer una lluvia suave, que poco a poco se fue transformando en una lluvia torrencial que nos estaba dejando empapados. Pensamos que ya teníamos más que suficiente para volver a la auto y allí seguir soñando con la fantástica luz de sus canales y los preciosos edificios multicolores que habíamos visto, enmarcados por cientos y cientos de bicicletas decoradas con divertidos dibujos.

De regreso volvimos a tomar el metro que nos devolvería a nuestro pequeño paraíso en el camping Gasper. Había dejado de llover, pero al estar mojados teníamos sensación de frió. Achuchamos a Gish, la dejamos salir a disfrutar de uno de sus placeres favoritos “rebozarse en la hierba” y después de una calentita ducha y una cena agradable pusimos punto y final a este intenso día.

Día 13: Ámsterdam

Nos levantamos con el día un tanto nublado, pero por suerte, la lluvia de la noche anterior había cesado. Nuestro planing era pasarnos todo el día visitando la ciudad así que nos preparamos unos bocadillos y nos pusimos en marcha. Los billetes de los amables alemanes seguían siendo válidos aquella mañana por lo que cogimos el metro dispuestos a volver a disfrutar de la ciudad.

Ámsterdam es tal vez la ciudad europea que más relevancia histórica le ha dado al diseño arquitectónico y urbano. Aquí se desarrolló la arquitectura moderna entre fachadas históricas y edificios patrimoniales y, aunque es una ciudad pequeña, tiene tantos rincones interesantes que sería imposible verlos todos en una semana. Como se suele decir, te puedes enrollar lo que quieras viendo una ciudad. Lo que más sorprende son sus canales y las vías navegables que encarnan el verdadero espíritu de la ciudad, desde la elegancia de sus mansiones del Grachtengordel o Anillo de los Canales, hasta las hileras de almacenes reformados del Brouwersgrachf o las preciosas casas del Reguliergraschr.

Es posible realizar varios recorridos en barco por los canales, pero hay que mirar bien los precios antes de subir porque hay una oferta enorme y es fácil meter la pata si uno se precipita. Los barcos de excursiones circulan durante todo el año. Las posibilidades varían desde excursiones en barco “normales” de 1 hora a recorridos de 4 horas con cena iluminada por velas. También se puede ir en bicicleta acuática, en el Canal Bus, en el barco de los museos Museumboot o en taxi acuático.

Son muy típicos también los mercadillos que se instalan en varias de sus calles algunos días de la semana. Mercados coloridos, originales, con buenos precios y gran variedad de artículos, donde los ciudadanos de Ámsterdam suelen proveerse de todo lo necesario, desde frutas, verdura, carne, pescado, hasta antigüedades, ropa nueva y de segunda mano, cuadros, libros y un largo etc. Son estos mercados sin duda una fiesta donde no faltan los músicos y artistas callejeros.  Nosotros no quisimos perder la ocasión de visitarlos.

Pero, probablemente el más conocido de todos sea el “mercado de las flores”, uno de los más importantes de la ciudad, en el que lamentablemente tampoco fuimos capaces de encontrar ningún tulipán que no fuera de madera.

Además de sus calles, son muchas las visitas que ofrece la ciudad. Entre varios de sus atractivos se encuentran varias pinacotecas importantes como pueden ser la Casa Museo de Rembrandt, donde podremos admirar la morada del artista entre los años 1639 y 1659, lugar donde nacieron sus obras y poder disfrutarlas (C/ Jodenbreestraat, 4. Abierto de lunes a sábado de 10:00 a 17:00, domingo de 13:00 a 17:00. www.rembrandthuis.nl), o el Museo Vincent Van Gogh, donde disfrutaremos de sus obras en todas las etapas de su vida con cientos de pinturas originales en una exhibición organizada en cinco períodos: Holanda, París, Arles, Saint Rémy y Auvers-sur-Oise. Otras obras originales como el autorretrato La oreja de Van Gogh, se exhiben en otros museos del mundo (C/ Paulus Potterstraat 7, The museum quarter. Abierto de lunes a domingo de 10:00 a 18:00, los viernes cierra a las 22.00.

También son recomendables la visita a la Casa de Anna Frank, el museo Nacional, el Museo del Diamante o el del cine. Realmente la oferta de Ámsterdam es amplia y extensa pudiendo disfrutar de algunas de las mejores obras de arte de la historia, así como algunas curiosidades como el museo del sexo.

Nosotros, intentamos visitar la casa de Anna Frank, donde puedes conocer esta celebre casa con la dura historia que tiene a sus espaldas, pero la cola daba dos vueltas y en aquel momento nos apetecía perder toda la mañana para hacer la visita. Además hacia un día tan bonito que queríamos disfrutar de la luz y los exteriores de la ciudad, con lo cual continuamos con nuestro paseo que nos llevo a descubrir muchos rincones que el día anterior ni siquiera habíamos visto. Comenzaba a ser tarde y teníamos hambre. Queríamos un sitio tranquilo, con buenas vistas en el que poder descansar y comer algo, así que nos dirigimos al Nemo, el museo de ciencia más grande de Holanda.

Fue inaugurado en 1997, y en sus orígenes era conocido como “New Metrópolis”, pero poco después fue renombrado como Museo NEMO para hacer referencia al mundo entre la fantasía y la realidad. Actualmente el museo está dedicado a los descubrimientos científicos y tecnológicos.

Es un gran centro interactivo donde los visitantes de todas las edades pueden descubrir y practicar experimentos y demostraciones en sus diferentes secciones. Les da a los visitantes la oportunidad de sentirse como auténticos científicos y, mientras se divierten, aprenden información sobre física, química y biología. Nos dirigimos a la cubierta del original edificio en el que se encuentra el museo, utilizada habitualmente por los habitantes de Ámsterdam como un solárium donde suelen ir a comer y a tomar el sol.

Subimos su larga escalinata y al llegar arriba vimos sentadas a un montón de personas, jugueteando con el riachuelo de agua que había en la mitad de la estructura, comiendo, o simplemente tomando el sol. El lugar nos encantó y nos dispusimos a sacar nuestros suculentos bocadillos y de dar buena cuenta de ellos. Las vistas eran esplendidas desde allí arriba, teníamos una panorámica única de toda la ciudad, de su catedral y de sus canales. Nos quedamos allí un buen rato y más tarde bajamos las escaleras encaminándonos hacia el centro.

Ya casi habíamos recorrido la ciudad de cabo a rabo, pero antes de marcharnos queríamos hacer una última visita. Nos acicalamos un poco y entramos en los dominios de la provocación y el deseo, pagamos los tres euros que costaban las entradas que nos condujeron al museo del sexo. Decidimos entrar y comprobar sin remilgos lo que aquel lugar nos ofrecía. Una historia retrospectiva del erotismo desde los años veinte. En momentos fue realmente divertido ver como nuestros tatara abuelos se divertían con películas y otros menesteres. Después de reírnos un rato y ver los artilugios raros que por allí había, salimos del lugar con una sonrisa.

Nos despedimos de Ámsterdam cuando ya empezaba a desaparecer el sol. Dijimos un “hasta pronto” y cogimos el metro que nos devolvería a la auto, no sin antes comprar dos billetes al increíble precio de 6 euros, dándonos cuenta del elevado coste del trasporte público de la ciudad. Finalmente llegamos al camping realmente agotados. Había sido un día duro de pateadas, pero muy enriquecedor.

Aprovechamos para poner varias lavadoras, ya que era el primer camping que pisábamos en toda la ruta y así después de hacer la intendencia, nos metimos en la cama y disfrutamos de otro capítulo de “Perdidos”, la serie que nos ha acompañado durante el todo el verano.

Día 14: Ámsterdam – Marken -Volendam- Edam

Nos levantamos con ganas de seguir viviendo experiencias. El día había amanecido con un sol radiante, y aunque seguir visitando Ámsterdam era una opción que no habíamos descartado, preferimos continuar con nuestra ruta descubriendo otros recónditos parajes de la Holanda más desconocida. Además, la visita a Ámsterdam había sido extenuante, pero la ausencia de kilómetros durante nuestra estancia en la ciudad era algo que nuestros cuerpos habían agradecido.

Por todo ello decidimos emprender nuevamente la marcha, así que una vez desayunados, nos despedimos de nuestros vecinos de plaza y pusimos rumbo hacia uno de los lugares que teníamos más ganas de visitar, Marken. Situada a 20 Kilómetros de Ámsterdam. Marken es una isla de pescadores localizada frente a Volendam. Realmente es un islote en el lago interior Ijsselmeer, que hasta 1957 estaba a 2,5 kilómetros de la costa. Hoy en día se haya unida por un dique sobre el que discurre una carretera, considerándose una península.

Si hubiera un pueblo típico que tuviera que retratar, para realizar postales holandesas, ese pueblo seria sin lugar a dudas, Marken. Nada más entrar al pueblo te encuentras con su famosa fábrica de zuecos y por todo el trayecto te vas encontrando granjas con molinos y extensos campos verdes llenos de vacas lecheras, es una imagen idílica. Pero lo realmente curioso de este recorrido, es su precioso mar. Yo diría incluso mágico, ya que a veces aparece y desaparece ante tus ojos como por arte de magia. Y no es que sea realmente un efecto óptico, sino que son los milagros de la ingeniería de diques holandesa, que te permite tener visiones excepcionales de campos inmensos de hierba y extraños veleros fantasmas.

La entrada a Marken puede resultar incluso “artificiosa”. Todos los actores están colocados para que la foto sea perfecta, pero no es que actúen, es el día a día de sus vidas, ya que viven en un entorno tan perfecto que a la que llegas a sus puertas te quedas un tanto desubicado. Los encuentras enfundados en sus zuecos y sus vestimentas típicas. La ropa de un blanco inmaculado está colgada en sus tendederos, para airearse y purificarse con su viento salado. En un rincón acurrucado, la barba jaspeada de un marinero, que siempre está en el puerto, vestido a rayas, con su pipa siempre encendida y su viejo y cansado perro como única compañía.

La imagen de Marken es realmente conmovedora. Es de una belleza tan perfecta que resulta imposible que sea cierta. Aparcamos a Suny en el parking que se encuentra a la entrada y nos dirigimos a visitar el pueblo.

Era temprano con lo cual no había mucha gente. Sus edificios de color blanco y negro, nos daban la bienvenida y unos solitarios girasoles intentaban tomar los pocos rallos de sol, de un día nublado como resulto ser aquel.

Los edificios resplandecían como si alguien los hubiera sacado brillo. La estampa era impresionante. Cualquier detalle de sus viejas ventanas, te hablaba de la delicadeza extrema de estas gentes. Si la perfección tuviera un nombre, estoy segura de que se llamaría Marken.

Paseamos por sus calles totalmente embelesados por su belleza, rendidos a sus pies, como no podía ser de otra manera. Veíamos sus preciosos barcos, enmarcados por el brillo de sus casas y por el ambiente marinero que despedía todo el lugar. Como puede ser que alguien fabricara un sueño como este? Hasta las nubes negras eran bonitas en un marco como aquel. Sus preciosas vayas pintadas de blanco, competían en belleza con sus relucientes casas negras, y sus líneas delicadas transmitían toda la dulzura de las cosas realizadas con verdadero amor. Es imposible que alguien que no estuviera enamorado de este lugar lo hubiera soñado así…

Suspiro, recordando aquel día, las sensaciones que nos transmitió aquel lugar fueron tan especiales que ha día de hoy, no puedo más que decir, que si tenéis la oportunidad de visitar Marken no la desaprovechéis por nada del mundo.

De pronto, comenzó a haber movimiento en el pueblo. Como por arte de magia escuchamos una música que provenía de algún rincón de aquel onírico lugar. Nos fuimos hasta allí y descubrimos que era fiesta local, y sus gentes lo estaban disfrutando por todo lo alto.

Dimos un paseo por aquel colorido mercado, y pudimos ver a toda la gente allí congregada con sus trajes típicos, mostrando la mejor de sus sonrisas. Fue muy gracioso comprobar los artículos que allí se exponían y que hacían la delicia del respetable. Pero que a nosotros nos parecían objetos bastante curiosos.

Después de recorrer todos sus puestos y dar buena cuenta de su delicioso pescadito frito, seguimos un rato mas a la banda, que seguía tocando con ahincó. Casi nos acompaño hasta el parking, donde decidimos coger nuestras bicis para seguir disfrutando de aquel fantástico lugar. Ya a lomos de ellas, nos dispusimos a hacer una ruta para llegar al faro. En aquel momento no sabíamos que otra sorpresa nos esperaba al llegar allí. El camino nos adentró por parajes verdes de ensueño. Comenzamos a ver vacas mezcladas con velas de barco. Suena raro, pero aquella postal nos dejo impresionados.

Todavía no veíamos el mar por ningún lado pero teníamos claro que tenía que estar allí, en algún lugar escondido, porque veíamos navegar las velas de los barcos en un mar de hierba verde infinito. Seguimos pedaleando hasta que llegamos a su precioso faro. Una nube de mosquitos nos dio la bienvenida, algo imperfecto tenía que romper la perfección del lugar. Ahora sí que podíamos disfrutar del faro y de los veleros que allí se congregaban. Fue otra muestra de los bocados de realidad y belleza que aquel lugar nos iba entregando poco a poco.

Seguimos nuestra ruta negándonos a desaparecer de allí. Nos costaba dejar todo aquello y comprender que casi había sido un sueño, que ya no tendríamos la oportunidad de volver a emborracharnos de aquella belleza, que tardaríamos en volver a estas tierras, y que Marken quedaría permanentemente en nuestros corazones. Hay lugares que te marcan para siempre y no quieres que su impronta se pierda o se destruya. Pero es que aunque quisieras, ya forma parte de ti, de la persona que eres o de la persona que te has convertido al comprometerte con el lugar..

Regresamos a la auto y abandonamos el parking dándonos cuenta nuevamente del abuso que sufrimos los autocaravanistas en este país, y es que el precio para nuestros vehículos era otra vez más del doble que el de un turismo. No todo podía ser perfecto.

Emprendimos la marcha por el dique que comunica Marken con tierra firme, dándonos cuenta de que el paseo en bici nos había abierto el apetito. Encontramos en ella una pequeña lengua de tierra que se adentraba en el mar, hospedando a gigantes molinos cuyas aspas eran movidas por la suave brisa. Bajo ellos se hallaban algunas autocaravanas, campers, y demás, la mayoría de ellos holandeses que parecían haber abandonado la ciudad en un día como aquel para disfrutar del sol que brillaba con fuerza en aquel momento. Descansamos un rato y nos repusimos para poner rumbo a nuestra siguiente parada, Volendam, situada a 15 Kilómetros de Marken.

Justo en la entrada de la población, existe una zona hotelera y de apartamentos relativamente nueva. En ella hay un amplio parking así como un área para autocaravanas a la que decidimos dirigirnos sin dudarlo.

Aparcamos y cogimos nuevamente las bicis para visitar la población. Hay que decir que hoy en día queda muy poco de lo que fue Volendam antaño. Antes sus gentes vivían de la pesca, pero desde que el gran lago Zuiderzee se desalara es más rentable vivir del turismo.

Originalmente, Volendam era el puerto de Edam, situado sobre el río Ijsselmeer. En 1357, los habitantes de Edam cavaron un canal y construyeron un puerto más cercano, con lo cual el anterior quedó inutilizado. Las tierras abandonadas fueron ocupadas por granjeros y pescadores locales, que formaron la comunidad de Volendam. La población y su cultura están fuertemente conectadas con la Iglesia Católica Romana. Muchos misioneros y obispos crecieron en ella. Hoy, el pueblo cuenta con la capilla de Nuestra Señora del Agua, situada en uno de los parques de la ciudad. La estampa más típica son sus casas de madera pintadas de verde. La ciudad es recorrida por calles angostas y estrechos canales, y las casas de los pescadores exhiben zuecos delante de las puertas.

Comenzamos a pedalear por las afueras de la localidad y el puerto nuevo. Ambos lugares nos parecieron realmente hermosos. Su elegante embarcadero coloreado en tonos marineros reforzaba el aspecto avezado de todo aquel  lugar. Pero al llegar al centro nos decepciono bastante. Cientos de personas se agolpaban para realizar compras, o regresaban en gigantescos barcos que los traían de realizar la travesía de rigor a Marken. Intentamos seguir con nuestro paseo en bici, pero con tanta gente nos resulto imposible. Al final decidimos aparcarlas y seguir la visita a pie, pero tampoco es que mejorara sustancialmente.

Había demasiada gente por todos lados. Después de venir de la tranquilidad de Marken, Volendam nos supo a poco, realmente a muy poco… El lugar nos pareció bonito, sin tener la belleza impresionante de Marken. Supongo que si la hubiéramos visitado a otras horas y con menos gente, seguramente os hubiéramos hablado mas de su belleza y sus coloristas edificaciones, pero en aquel momento lo único que nos apetecía era encontrar algo mas de tranquilidad.

Cogimos nuevamente las bicis y nos dispusimos a ir con ellas hasta Edam, ya que nos separaban tan solo tres kilómetros, con lo cual decidimos hacer el desplazamiento en bici y dejar a Suny aparcada en Volendam.

Para la mayoría de la gente, el sinónimo de Edam es el ‘queso’. Esto no es muy extraño porque los quesos redondos tan populares de Edam, se comercializan ya desde hace siglos. El mercado tradicional de quesos, que se ha vuelto a rehabilitar, se celebra todas las semanas durante la temporada alta. También permanecen unos cuantos almacenes de queso que siguen recordándonos este pasado. Sin embargo, Edam ofrece mucho más que queso! Es una ciudad con una historia rica, fachadas hermosas, plazas, puentes, edificios monumentales, calles comerciales acogedoras y terrazas atractivas.

Tuvimos suerte de llegar allí cuando toda la actividad comercial estaba acabada. Con lo cual, pudimos disfrutar de la tranquilidad que no habíamos podido tener en Volendam. Edam, no es espectacular, pero si es una ciudad muy agradable. Nos perdimos por sus pequeñas calles empedradas y pudimos disfrutar de la quietud de la tarde. Verdes reflejados en sus canales de piedra y gente sonriente sentada en sus encantadoras terracitas.

La vida devuelta a la tranquilidad cotidiana, sus gentes sentadas delante de sus casas, tomando pequeños baños de sol, colores diseminados en formas de piedra que configuraban edificios multicolores.

Edam es de aquellas ciudades que te llenan de paz y que te transmiten buenas vibraciones. Seguimos nuestro infatigable caminar en bici e intentamos volver sobre nuestros pasos.

Comenzaba a ser tarde y estábamos bastante cansados, así que después del último repechon en bici regresamos a la auto. Llegamos poco antes del atardecer con lo que disfrutamos de una magnifica puesta de sol sentados frente a la autocaravana y con Gish curioseando entre las plantas del lugar. Más tarde, miramos nuestros mapas y comenzamos a señalar toda la información que teníamos preparada para realizar otra de las visitas con más interés de este viaje, la Isla de Texel. Con sueños sobre paradisíacas islas y brisas que susurraban nuestros nombres a los cuatro vientos, nos dormimos impacientes por poder saborear sus doradas arenas.

Día 15: Volendam – Isla de Texel

Abrimos el ojo y nos hicimos los remolones durante un ratito más. Hoy era el gran día, seriamos Robinsones cruzando una hipotética isla desierta. Desayunamos con calma pero algo nerviosos y comenzamos a recoger todo. Fuimos a pagar el área y aquí vinieron los primeros problemas del día. El área disponía de una máquina para pagar con tarjeta, pero no nos cogía ninguna de las tarjetas que llevábamos. Con cara de enfado, comenzamos a caminar por el lugar.

Coincidimos con una familia muy simpática (Paes) que nos comentaron que tenían el mismo problema que nosotros. Finalmente y con la ayuda de algún otro autocaravanista, descubrimos que por un mal funcionamiento de la barrera debíamos acercarnos a la recepción de un hotel cercano que llevaba el tema de la pernocta y así poder pagar los 14,00 € que costaba el área. Después de dar mil vueltas y haber perdido casi una hora vinimos con el ticket e intentamos salir de una vez.

Pero para entonces ya habíamos entablado conversación con la familia Paes y nos quedamos hablando un buen rato sobre nuestro siguiente destino, Texel. Ellos venían de allí e iban hacia Ámsterdam y nosotros veníamos de Ámsterdam e íbamos hacia Texel, con lo cual intercambiamos impresiones e informaciones que más tarde pondríamos en práctica.

Después de la agradable charla nos despedimos de ellos con un hasta pronto. Nos encaminamos hacia Den Helder donde salía el ferry hacia Texel. Aquí vendría nuestro segundo problema del día cuando al pagar el ticket del ferry, la encargada, bastante antipática, nos decía que teníamos que pagar como si la auto midiera 7 metros, todo porque nos contaba el portabicis. Después de discutir con ella un buen rato y darnos por vencidos, pagamos los 53,00 euros que nos cobraron por ir y volver hasta la isla de Texel, todo un timo ya que apenas son 15 minutos de Ferry.

Nos montamos en él, dejamos a Suny aparcada en la bodega y subimos a cubierta para disfrutar del paisaje. Hay que decir, que fue realmente excepcional ya que las gaviotas volaban apenas a unos metros de los turistas, intentando que estos les ofrecieran algo de comer. Después de poco tiempo desembarcamos en la Isla de Texel.

Texel (Teksel en frisón, pronunciado ‘Tessel’ en holandés) es la más grande de las islas frisias y a su vez la más occidental. Está situada entre el Mar de Wadden (al este) y el Mar del Norte (al oeste), al sur de la isla de Vlieland y al norte de la provincia de Holanda Septentrional, a la cual pertenece administrativamente. El estrecho de Marsdiep la separa de Den Helder, ya en tierra firme. Toda la isla forma un único municipio, con una superficie de 585,96 km2 de los que 416,14 son agua. La isla tiene unos 20 kilómetros de largo y 8 kilómetros de ancho. En 2004 tenía una población de 13.735 habitantes.

La actual isla de Texel consiste de hecho en dos islas (antiguamente separadas): Texel al sur y Eierland al norte. En 1630 se acaba el dique de arena (Zanddijk) uniendo las dos islas. En 1835 Nicolás Joseph De Cock forma con otros una sociedad anónima con el objetivo de convertir las planas mareales entre las dos en polders. En el nuevo polder se fundó un pueblo, inicialmente con el nombre de Nieuwdorp (Pueblo nuevo o Villa nueva), pero que posteriormente fue rebautizada en honor de su impulsor: De Cocksdorp.

Nuestra romántica visión de Texel terminó en el mismo momento en el que pusimos el pie en ella. Todas las referencias que teníamos sobre ella eran que estaba prácticamente desierta, que era paradisíaca, que se podían ver focas fácilmente y un montón de cosas más que hacían del lugar algo muy especial. No me mal interpretéis, la isla es preciosa, pero de salvaje y paradisíaca tiene poco… mas bien, nada. Visitamos la primera de sus playas, la denominada Koog, una playa de arena fina super masificada que no nos gusto demasiado. Nuestra siguiente parada nos llevo a visitar las marismas de Slufter, el Parque Nacional de las Dunas de Texel.

Cada uno de los terrenos dentro del Parque Nacional tiene su propia flora característica. En las dunas-slacks, puede encontrarse la vegetación más rara, como el Parnassus, las orquídeas tempranas, y el helleborine del pantano.

La edad de las dunas también influye en la vegetación. Las dunas jóvenes cerca del waterfront contienen más cal proporcionalmente. Esto es donde el césped del marram se encuentra particularmente. Las dunas más viejas que quedan más en el interior tienen una deficiencia de la cal. La cal disuelve los rainwater. Los diversos tipos de brezo crecen bien aquí.

El área de naturaleza extensa, el Slufter, es un lugar excepcional. A través de una apertura en la fila de dunas, el agua de mar fluye a través de esta llanura. La flora encontrada aquí es predominantemente lavanda del mar, carcoma del mar y seablite anual. La Slufter fue el lugar que más nos gusto de toda la isla, probablemente porque para llegar al mar hay que hacer una considerable ruta a pié a través de las dunas y marismas, lo cual hace que esté bastante menos masificada. Llegamos a la playa, que en este caso si resultaba un lugar más salvaje y virgen, recordándonos en algún momento las de la Isla de Romo, en Dinamarca, y es que de hecho no estábamos tan lejos de allí.

Más tarde nos dirigimos hacia el faro, situado al norte de la isla. Allí se encuentra la zona destinada a los deportes náuticos, ya sea vela, windsurf, y demás, y es que de hecho, cada tramo de costa de la isla de Texel tiene un uso muy determinado que está reflejado en varios carteles informativos. Vaya, que la isla dejó de ser virgen hace tiempo…

Para terminar de recorrer toda la isla, emprendimos nuevamente rumbo al sur por su cara este, donde encontramos una agradable sorpresa. Se trata de la pequeña población de Oudeschild, que dispone de un pequeño puerto pesquero realmente delicioso. Lo cierto es que teníamos intención de quedarnos a pernoctar en la isla, pero no encontramos ningun lugar concreto para hacerlo, con lo cual, considerando que no había mucho más que ver decidimos volver en el último ferry y empezar  la ruta al día siguiente desde tierra firme.

Salimos de Texel con una sensación agridulce. Algunas veces nuestros sueños chocan de frente con la realidad y fue lo que se nos sucedió con Texel, que nos dejo un tanto decepcionados ante todas las expectativas que teníamos sobre el lugar. Quizás lo más recomendable sea visitar la isla en bici o coche y ahorrarte así los 53,00 € de la auto, porque bajo nuestro punto de vista, no merece la pena llevarla hasta allí, al no ser que quieras hacer estancia más larga en alguno de sus campings.

Tomamos el Ferry y al poco rato estábamos otra vez en tierra. No teníamos demasiado claro donde pasaríamos la noche, con lo que decidimos emprender la ruta hacia el norte, donde teníamos planeado dirigirnos al día siguiente e ir viendo si encontrábamos algún lugar interesante por el camino.

Apenas sin darnos cuenta nos encontrábamos cruzando una de las construcciones más importantes de toda Holanda, el gran dique de Afsluitdijk que conecta el norte de Holanda Septentrional con la provincia de Frisia, cerrando el IJsselmeer y separándolo del Mar abierto. Con una longitud de 32 km, una anchura de 90 metros, y una altura original de 7,25 m sobre el nivel del mar, el Afsluitdijk es el dique más grande de toda Europa, y en el momento de su construcción se calificó como un triunfo glorioso en la eterna lucha de Holanda contra el agua. Aunque inicialmente estaba previsto que por encima pasaran tanto una vía de tren como una carretera, al final, el espacio de la primera fue aprovechada para el ensanchamiento de la segunda, que actualmente es una autopista de dos carriles por sentido.

La construcción del tramo principal comenzó en 1927. Se trabajaba en cuatro lugares diferentes: ambos extremos y dos islas especialmente construidas para la obra: Breezand y Kornwerderzand, ya en el trazado del dique. El método de construcción fue esencialmente marítimo, con barcos que depositaban el material en dos líneas paralelas siguiendo el trazado previsto. El dique emergido se reforzaba desde tierra con rocas basálticas y mallas. Finalmente, el dique se elevó aún más con arena y arcilla, donde se plantó hierba.

A mitad del dique existe una pequeña área con un mirador desde el que poder contemplar aquella obra gloriosa. Desde él pudimos disfrutar de una increíble puesta de sol mientras observavamos las distintas esculturas que en honor al ingeniero encargado de aquella mastodóntica obra y en recuerdo a todos los trabajadores que en ella participaron allí se erigieron.

Con la visita al dique casi se nos hizo de noche y justo antes de entrar en él habíamos visto un grupo de autocaravanas reunido en el puerto de la costera población de Den Oever, por lo que decidimos no complicarnos más la vida y una vez conseguimos dar media vuelta en el cambio de sentido existente en la zona central del dique nos dirigimos hacia allí.

Al llegar, preguntamos a un grupo de italianos que se encontraban allí, y efectivamente el lugar era un área, que nos pareció bonita a primera vista por su ubicación junto al puerto, pero que parecía ser un poco ruidosa por su proximidad a la autopista. Era tarde por lo que tampoco pensamos en dar más vueltas y nos dispusimos a pasar allí la noche.

Día 16: Den Oever-Giethoorn: Lagos Frisones

Eran cerca de las seis de la mañana cuando el tráfico de la cercana autopista empezó a densificarse. Lo cierto es que durante toda la noche no había cesado, pero a aquellas horas el ruido procedente de la misma hacía imposible seguir durmiendo. Dimos varias vueltas en la cama intentando pegar ojo, pero no había manera. Finalmente, decidimos que lo mejor sería mover la auto a algún lugar cercano más tranquilo para poder dormir un poquito más.

En una tranquila calle de Den Oever encontramos un lugar y aparcamos para dormir ni que fuese un par de horas en silencio. La verdad es que es una lástima que para un área que encontrábamos en Holanda, su ubicación fuera tan poco afortunada.

Al rato nos despertamos, bastante cansados por tanto cambio durante la noche, pero con las ganas intactas de seguir descubriendo Holanda. Al menos habíamos podido dormir bien un par de horas así que después de desayunar y darnos una duchita para despejarnos, pusimos rumbo hacia otro de los lugares “especiales” que teníamos en nuestra agenda. Eso sí, esta vez esperábamos realmente que no nos decepcionara como nos había ocurrido con Texel.

Luego, volvimos a cruzar el gran dique y nos adentramos en la zona de los lagos Frisones, una zona de paisajes muy variados en la que parte del territorio descansa bajo el nivel del mar. Se trata de un territorio principalmente pantanoso, rasgo que permitió a los Frisios, tan amantes de la libertad, resistir las invasiones a las que fueron sometidos a lo largo de los siglos. En ella, podemos encontrar un gran número de pequeños pueblos pintorescos, encantadores y muy pequeños, con el tamaño justo para dar un pequeño paseo y unirte a la tranquilidad y belleza de estos desconocidos lugares.

Esta provincia se distingue también por la práctica frecuente de deportes de vela y las regatas de Skutjes (embarcaciones frisias tradicionales), todo un espectáculo.

Nuestra primera parada nos llevo hasta Workum, un pequeño pueblo de pescadores a orillas del lago Zuiderzee. Es conocido por sus bonitas fachadas y su iglesia inacabada del siglo XVI, La Grote Kerk. Paseamos por sus calles casi desiertas y nos adentramos hacia el muelle de Hoop, donde todavía se construyen barcos tradicionales y puedes observar el proceso in situ.

Después, nos dirigimos a Hindeloopen. Aparcamos en un parking a la entrada del pueblo en el cual también se podía pernoctar por tan solo dos euros y cogimos las bicis dispuestos a mimetizarnos con el entorno. Este pintoresco pueblo marinero tiene un dialecto, una forma de vestir y un estilo de pintura propios. Es una antigua localidad repleta de pequeños canales, vadeados por puentes de madera preciosos, a cuyas orillas se elevan bonitas casas de antiguos capitanes con singulares fachadas.

Nos perdimos entre sus calles y canales, a orillas del lago. Era un lugar realmente encantador, tan coqueto que parecía una pequeña joya sin bruñir. Ir en bicicleta por Holanda es un placer exquisito, ya que no tienes que preocuparte por el tráfico incomodo de los vehículos a motor. Y en estos pequeños pueblos Frisios, aun es más evidente. Parece imposible que esta gente viva enfrascada en tanta calma. El rojo de sus caras delata su piel curtida. Son hombres de mar, pero la exquisitez de toda aquella zona hace que sus gentes no parezcan rudas. Al contrario, les hace vivir y ser de una manera sublime.

Volvimos a coger la auto para encaminarnos hacia Stolen, nuestra siguiente parada. Aparcamos junto al puerto. Este pueblo tiene el honor del ser el pueblo más pequeño de todos los lagos frisones, y ya es decir mucho… porque todos son diminutos. Está repleto de canales, como los anteriores, y unos embarcaderos preciosos.

A ambos lados del pueblo descansan viejos cañones y el antiguo molino de la fortaleza en Lemsterpoort, en el cual puedes ver un museo de linternas, antigüedades y una colección de trajes de época, sombreros, abanicos y campanas.

Abandonamos Stolen y pusimos rumbo hacia Giethoorn, el plato fuerte de esta zona de Holanda. Situada en la provincia de Overijssel, Giethoorn es conocida como la Venecia del norte, por su antigua tradición en los métodos de circular por la ciudad. En el pasado, ningún coche recorría sus calles, y no había rutas para ellos en la parte antigua de la ciudad. Los canales eran su única vía de transporte, y los botes constituían el alma de la vida en la ciudad.

Hoy, las cosas han cambiado, pero el encanto y la afición por surcar las aguas permanecen intactos. Aunque los automóviles ya no son una rareza en Giethoorn, y su casco antiguo fue modernizado con una serie de sendas para bicicletas que han facilitado mucho la comunicación entre lugares distantes de la ciudad. Los canales siguen siendo las arterias urbanas, además de un importante atractivo turístico. De hecho, una de las opciones más populares que ofrece Giethoorn para disfrutar de una tarde inolvidable es realizar un paseo en bote. Los expertos en la materia podrán alquilar una de las típicas barcas rojas a motor eléctrico.

Otra opción más romántica es la del punter, una góndola de fondo plano y corte cuadrado que se mueve con ayuda de sus pasajeros. Viajar en un punter consiste en “empujar” el fondo del canal con una caña larga de modo que se impulse hacia adelante. Sin duda, esta última posibilidad requiere de un espíritu bastante deportivo, pero en realidad no es tan difícil como parece. Una vez que la embarcación ha comenzado a avanzar, la inercia hace el trabajo más sencillo y todo lo que queda es disfrutar de un paseo sumamente original.

Claro que también es posible contar con la ayuda de expertos que nos guíen en el recorrido a través de la ciudad. Los viajes organizados son muy convenientes para quienes deseen conocer más sobre la historia y los lugares clave de Giethoorn, o simplemente para aquellos que prefieran relajarse y dejarse llevar por las aguas de sus canales.

Llegamos a Giethoorn por la tarde y nos dirigimos directamente a una de las áreas de que dispone, concretamente la que está junto al puerto nuevo. No teníamos muy claro a cuanto estábamos del centro por lo que cogimos las bicis para descubrir el lugar.

Comenzamos nuestra andadura y no había forma humana de encontrar el centro. De hecho las afueras nos estaban pareciendo horribles y a punto estuvimos de darnos la vuelta y marcharnos pensando que habíamos vuelto a meter la pata como en Texel. Pero a veces la paciencia tiene su recompensa y de pronto nos encontramos de bruces, con el verdadero Giethorm. Una preciosa joya verde acanalada que nos recibió en una tarde  espectacular. Empezamos a perdernos por todos los lugares que nuestros ojos llegaban a divisar. Éramos como ese niño que entra en una tienda de “chuches”, todo le gusta y no sabe por dónde empezar.

Giethorm es sencillamente “impresionante”. Comenzaba a ser tarde pero no queríamos dejar pasar la ocasión de recorrer sus canales en barca.

Teníamos la opción de dejarlo para el día siguiente por la mañana, pero como uno nunca se sabe qué tiempo hará al día siguiente considerábamos mejor aprovechar aquel momento. Lamentablemente a esas horas los principales lugares de alquiler de embarcaciones ya estaban cerrados. El pueblo parecía estar desierto y solo nos encontramos con algún que otro paisano, pero poca cosa mas…

Callejeamos entre los canales y vimos varios lugares en los que algunos particulares ofrecían el alquiler de barcas. Nos acercamos a uno y entramos para ver si había alguien. Soltamos un tímido “Hello” y esperamos alguna respuesta. Un holandés más grande que un castillo salió a nuestro encuentro.

Nos comentó que estaba cenando pero que no había problema para alquilarnos una barca. Nos dijo que no tenia de dos plazas, pero que nos dejaba una de cuatro a precio de dos. Nos explicó cómo funcionaba aquella inmensa barcaza: Marcha adelante, marcha atrás, y poco más, y nos adentramos en los canales con un pequeño mapa con varias rutas señaladas y cara de niños traviesos. Fue divertidísimo! Íbamos chapoteando y jugando con el agua, intentando no chocar con las barcas que nos íbamos encontrando por el camino. En teoría hay sentidos de circulación, pero lo único con lo que hay que tener cuidado es con los autóctonos que van como locos en sus lanchas motoras, y a veces nos hacían pequeños oleajes que parecía que fueran a volcar aquella inmensa barca. Seguimos adelante y al final de uno de sus canales nos encontramos con la amplitud del lago, que parecía un cristal brillante con piedras preciosas incrustadas. Empezamos a navegar por él, e incluso pusimos la marcha más rápida de la barca, que tampoco penséis era demasiada.

Paramos la barcaza para poder disfrutar de aquel momento. Los primeros rayos del atardecer hacían acto de presencia intensificando los colores de aquel lugar. Una fina lluvia pulverizada empezó a caer sobre nosotros, pero ni la lluvia podía romper la perfección de aquel momento. Tan solo dos chicos que se cruzaron con nosotros a toda mecha en su lancha motora lograron despertamos del encantamiento de golpe y porrazo. La verdad es que es un acierto que las barcas sean eléctricas ya que su silencio permite disfrutar mucho mas del entorno. Al rato, dimos media vuelta y nos volvimos a encaminar hacia los canales que nos devolverían a realidad. Ya casi era de noche así que devolvimos a barcaza, cogimos nuestras bicis, y seguimos flotando entre verdes y aguas cristalinas. Lo habíamos pasado genial.

Pusimos rumbo hacia la auto y al rato de llegar empezó a caer un copioso chaparrón. El cansancio cayó sobre nosotros de golpe y es que la noche anterior apenas habíamos podido pegar ojo. Por suerte aquella área era realmente tranquila así que una vez cenados nos abandonamos en  brazos de Morfeo.

Día 17:  Giethoorn- Germaine San Court

Nuestro viaje por tierras holandesas empezaba a llegar a su fin, y parecía que el día lloraba nuestra despedida. Después de varios días de relativo buen tiempo, el día había amanecido muy encapotado y es que no debemos olvidar que Holanda es un país normalmente lluvioso en el mes de Agosto. Antes de iniciar la marcha aprovechamos los servicios del área, dando tiempo a que llegara el guarda a quien debíamos pagar los 11 euros que costaba pasar allí la noche. Una vez estuvimos listos iniciamos rápidamente la marcha y es que todavía nos quedaba una importante visita antes de abandonar el país, el parque Hoge Veluve.

Este parque es propiedad de la asociación “Natuurmonumenten” y fue instalado en el lugar actual en 1930. Tiene una superficie de 4.800 hectáreas y está formado por extensos bosques y prados de brezal. Es el mayor de toda Holanda. Con una extensión de 5.500 hectáreas es una reserva natural de una gran belleza que alberga, además, un célebre museo.
Se trata de una propiedad privada, legado del matrimonio Kröller-Müller, gestionada por la fundación Het Nationale Park De Hoge Veluwe. Altas arboledas de hayas y robles, bosques de pinos y abedules se alternan con claros y landas cubiertas de matorrales, estanques y dunas móviles.

El parque está habitado por varios centenares de ejemplares de caza mayor (ciervos, muflones, corzos y jabalíes), algunos en total libertad; otros son agrupados en enclaves cercados, como el Hertenbos, en los cuales han sido acondicionados miradores para el público.

En los dominios del parque se halla el Museo Nacional Kröller-Müller. Contiguo al museo está el Jardín de Esculturas más grande de Europa. El parque Nacional está abierto todos los días desde las ocho de la mañana hasta la puesta del sol. La entrada da derecho al acceso al parque, a la utilización de las “white bikes” (bicicletas blancas), la visita de los tres museos, el centro de visitantes, el pabellón St. Hubertus y los observatorios. El parque se divide en varias zonas muy concretas y distintas unas de las otras. La parte más árida es la más espectacular, pero también la parte más pantanosa que sirve de abrevadero a los distintos animales que allí conviven. Por último se puede visitar El Pabellón San Huberto, residencia de la pareja Kroller- Muller.

Nosotros decidimos acceder al parque por su entrada norte. Al llegar, encontramos un amplio parking en el que aparcamos. Una ancha carretera se introducía en el, pero no teníamos demasiado claro si podíamos entrar con la auto o no. Al final decidimos que lo mejor sería bajar las bicis para así descubrir mejor el parque. Empezaba a chispear pero decidimos no darle demasiada importancia así que nos equipamos con los chubasqueros, compramos las entradas, y nos introducimos con unas ganas infinitas de disfrutar del parque.

No habíamos avanzado más que unos pocos metros cuando empezó a llover más copiosamente. Nos pusimos los chubasqueros y continuamos nuestro camino, pero no habíamos recorrido ni dos kilómetros más, cuando comenzaron a caer chuzos de punta. Nos bajamos de las bicis e intentamos refugiarnos bajo uno de sus frondosos arboles.

Esperamos allí un rato a que el chaparrón cesara, pero nada más alejado de la realidad. Cada vez llovía mas y mas… Mientras esperábamos coincidimos con otros visitantes quienes corrían en búsqueda de buen cobijo o ya empapados simplemente andaban ignorando el chaparrón que les estaba cayendo encima. Incluso coincidimos con una pareja española que viajaba con su hija y que como nosotros, había decidido visitar el parque en aquel día poco afortunado. Finalmente decidimos continuar a pié, con el paraguas en una mano y la bici en la otra, pensando que el primer museo estaba cerca y que allí nos podríamos refugiar, pero lo único que estábamos consiguiendo era ponernos empapados, por lo que finalmente decidimos dar media vuelta y poner rumbo  hacia la auto. Cuando llegamos, nos tuvimos que cambiar de pies a cabeza pues el agua había calado más de lo que nos pensábamos. Algo desolados por el panorama, nos fuimos a informar a la garita sobre las opciones que teníamos ya que habíamos comprado las entradas para ver el museo y ni siquiera habíamos podido llegar a él. Allí nos ofrecieron entrar en el parque con la auto, y muy amables nos devolvieron el importe del parking en el que habíamos aparcado.

Ya con Suny nos dirigimos al centro del parque, donde se encontraba el Museo Nacional Kröller-Müller para el que teníamos las entradas. Empezaba a ser tarde por lo que aprovechamos para comer deseando que la lluvia cesara. Finalmente lo hizo, e incluso empezaron a salir los primeros rayos de sol, por lo que aprovechamos para visitar el museo. Éste hemos de decir que no nos impresionó demasiado. Habíamos leído que era muy interesante pero a excepción de la peculiaridad de ver las raíces de un árbol poco más llamó nuestra atención.

Salimos y dimos un pequeño paseo por el parque, esta vez a pié. La verdad es que el lugar es espectacular. El entorno, sus árboles, la naturaleza en estado puro, y lo más curioso de todo es que algo así se pueda encontrar en un país como Holanda en el que no habíamos visto más que prados, lagos, y diques que intentan contener el bravo mar. Hubiésemos querido destinar más tiempo para visitar el parque, pero entre lluvias, museos, y demás, habíamos perdido muchisimo tiempo e incluso, lamentablemente, las ganas de seguir visitando un parque que se encontraba completamente encharcado.

Empezamos a pensar en las distintas opciones que teníamos. El fin de nuestro viaje empezaba a estar lamentablemente cerca y teníamos que calcular muy bien cómo aprovechar el tiempo que nos quedaba. Teníamos dos opciones: o hacer la visita a algunas poblaciones cercanas que nuestras guías señalaban como interesantes, o empezar nuestro viaje de regreso al país galo para así destinar el tiempo que con ello ganábamos en hacer una breve visita a París. Considerando que Conrad no había visitado nunca la capital francesa, nos parecio  más interesante dicha opción, así que iniciamos nuestro viaje de regreso. De esta manera poníamos el punto y final a nuestra estancia en Holanda, un país con sabor a mar, a hierba fresca y a largos paseos en bici. Un país que afortunadamente nos había ofrecido unos ansiados días de buen tiempo, que nos habían permitido deleitarnos con algunas de sus maravillas, y digo algunas porque sin duda Holanda da para mucho mas. Pero nosotros marchábamos contentos, pensando que nuevamente habíamos visitado todo aquello que en cada momento habíamos querido conocer.

Por delante, nos quedaban tan solo unos pocos días de ruta, la mayoría de ellos para recorrer los kilómetros que teníamos de regreso a casa, pero también para disfrutar de París, la ciudad de la luz y del amor. Poder perdernos por Montmatre se nos antojaba en aquel momento, como algo sublime. Con lo cual, la elección estaba tomada, primero París y después una ultima visita dulce y deliciosa que nos llevaría hasta la tierra de los sueños, que nos permitiría volar a través de un cristal mágico hasta llegar a Eurodisney.

El viaje continua en la quinta parte del relato: París – Eurodisney.

Paises Bajos from conrad y echobelly on Vimeo.

Créditos vídeo: Radiohead: Talk Show host / Red Sleeping Beauty: How do you kill your food?

ROAD BOOK

Día 10

Pernocta: Área de autocaravanas de Brujas
Precio: 5 euros/ 5 horas día.
22,5 euros/noche
Servicios: Vaciado y agua
Coordenadas: 51º 11’ 46.16’’ N; 3º 13’ 33.15’’ E

Día 11

Pernocta: Camping Resort Land & Zee
Precio: 32 euros/día (AC + 2 Adultos).
Servicios: Luz, agua, y vaciado incluidos.

Día 12

Pernocta: Camping Gasper
Precio: 24 euros/día (AC + 2 Adultos)
Servicios: Luz, agua, y vaciado incluidos.
Coordenadas: 52º 18’ 45.89’’ N; 4º 59’ 27.06’’ E

Día 13

Pernocta: Camping Gasper
Precio: 24 euros/día (AC + 2 Adultos)
Servicios: Luz, agua, y vaciado incluidos.
Coordenadas: 52º 18’ 45.89’’ N; 4º 59’ 27.06’’ E

Día 14

Pernocta: Área de Autocaravanas de Volendam
Precio: 1 euros/hora (7:00 a 19:00 horas)
12 euros de noche – Ojo pago con Tarjeta.
Servicios: Luz, agua y vaciado incluidos.
Coordenadas: 52º 29’ 20.16’’ N; 5º 03’ 35.98’’ E

Día 15

Pernocta: Área de autocaravanas de Den Oever
Precio: 11 euros/noche
Servicios: Agua y vaciado
Coordenadas: 52º 56’ 03.11’’ N; 5º 02’ 23.60’’ E

Día 16

Pernocta: Área de autocaravanas de Ghietorn
Precio: 11 euros/noche.
Servicios: Luz (incluida), vaciado y agua (1 euros/100 litros)
Coordenadas: 52º 43’ 16.47’’ N; 6º 04’ 27.37’’ E

30 Comments + Add Comment

  • Hola pareja!, como ya os han dicho que sois geniales, no lo voy a repetir, como se me ha pasado el rato leyendo ( hoy no comemos!, no sé que excusa voy a sacar). Esperaba todos los días vuestro relato para nuestras vacaciones de verano, ahora lo tengo claro, este será nuestro viaje.Me habeis aclarado la duda que tenía sobre pasar la AC a la isla Texel y decididamente la visitaremos en bici.
    Os agradecería si me facilitaseis la ruta que seguisteis para atravesar Francia con carreteras nacionales.
    Ha sido un placer leeros. Gracias por compartirlo con todos.

  • Hola, hola:

    Estoy de acuerdo con Txintxur, todos los dias entro esperando el nuevo relato, este es peor que pasar el mono jeje.

    Como siempre, fantastico. Que pedazo de fotografias. Y que lugares tan magicos. Nunca he estado en Holanda, pero creo que es un pais al que habra que ir.

    Sois una mala influencia, cuando lo lea Bernardo va a flipar, porque con lo que le gusta montar en bici; se le va a hacer la boca agua.

    Gracias por el buen rato que acabo de pasar, un besote enorme a los dos.

  • Por cierto, se me olvidaba ejej, el video me ha encantado, y la cancion de Radiohead (fantastica), le da un rollito muy chulo.

    Ala, otro besote. jeje

  • Hola a ambas:

    Gracias por vuestros comentarios y por estar otro vez aquí. Txintxur, en cuanto tengamos la información de las carreteras te pondremos la info. Danos un poquito de tiempo, por que hay que mirarlo bien. En cuanto a lo de la comida, si te echan la bronca diles que nosotros hemos tenido la culpa jaja

    Maria, pues ya sabes lo que tienes que hacer, convencer a Bernardo y planear un viajecillo por aquellas tierras que son preciosas. Por cierto gracias por el comentario del vídeo, a mi también me encanta esa canción de Radiohead, bueno para ser mas exactos, casi todas las canciones de Radiohead jaja.

    Lo dicho, saludetes a las dos.

  • Estupendo relato, de unas estupendas vacaciones, casi lo podría hace rmío…jejej… qué recuerdos del verano
    Unas fotos preciosas….

  • Marta que alegria leerte por aqui. Que te puedo decir, el relato refleja lo que sentimos durante el viaje. Y es que, fue genial. Y eso que tuvimos un poco de todo. Mal tiempo, frio, calor, etc…

    Pero lo importante es la compañia jajaj. Ya entreveo que vosotros lo pasasteis tambien genial, aunque os hiciera peor tiempo! ES lo que tiene esos paises. El tiempo es una loteria.

    Muchos besazos. Espero volver a verte, al menos virtualmente hablando jajaj

  • De verdad Loli, que tu narración me ha emocionado. Yo he estado en Holanda y no he tenido, ni de lejos, las sensaciones que cuentas… ahora entiendo porque hay diferentes maneras de ver las cosas…. Un abrazo.

  • Hola Jose:

    Mil gracias por tu comentario. Me alegra de veras que te hayas emocionado leyendo este relato. Los sentimientos siempre fluyen libres cuando hablas de cosas tan vividas.

    Un besote.

  • buf chicos: no voy a faltar a piropearos. Es más, dános un num. de cuenta y te hacemos un ingreso, porque pagar por disfrutar, no es delito!
    Y bien que disfrutamos con vuestros relatos, datos y, encima, video de fotos!
    sois la o…
    un abrazo de otro fiel.

  • Hola Jimmy, ya se te echaba de menos… Como siempre, gracias por tus palabras, siempre nos da muy buen rollo leerlas.

    Y mas en un dia tan feo como este. Esperemos que empiece a hacer YA buen tiempo, por que estoy de lluvia “hasta…….” jajjaa

    Saludetes.

  • Esta vez me ha costado leer todo el capítulo.
    Nuevamente vuestros textos y vuestras fotos, además de invitar a salir corriendo a viajar, nos dan a conocer montones de cosas sin movernos de casa.
    Ahora, una cosa hay que recordar por encima de todo: Holanda no recibe bien el turismo itinerante… o por lo menos no barato jajaja.
    Un saludote

  • Hola Jony, ciertamente este relato era el mas largo de todos los escritos, ya que estuvimos mas días en la zona de Holanda y eso se nota!. Nos alegra que te haya gustado y que hayas disfrutado leyéndolo.

    En cuanto al tema de ser bien recibido o no, es complicado… No es que seamos mal recibidos, si no que nos deben ver cara de potentados porque se pasan bastante. Pero hemos de decir que el trato siempre fue amable.

    Saludetes.

  • Si, si, a eso me refería. Quizá no se enendía bien pero no qeuría expresar que no tengan bien el tema del autocaravanismo (y tal vez furgonetismo) que seguro que es mejor que aquí, sino que parecen precios un poco de señor Marqués.
    Aún así es un país de los que siempre llama muy fuerte para visitar. Creo que será uno de los destinos preferidos por todos los que nos movemos así.
    Un saludote

  • Hola Jony:

    Realmente hay un poco de todo, no es un país preparado al cien por cien para el tema “autocaravanismo”, no hay demasiadas áreas, y los minikamps que hay son caros y con pocos medios, con lo que a veces te obliga a ir a campings. Al final te da la sensación de “tomadura de pelo”, supongo que poco a poco ira cambiando, como tendría que cambiar en el resto de países.

    Todo se andará… Aun así es un país muy recomendable.

    Saludetes.

  • ¡Gracias por vuestros maravillosos relatos!. Estamos deseando leer la última parte, seguro que nos será de gran ayuda para planificar nuestro próximo viaje.

  • Punta bienvenida a nuestro blog. Gracias por tu comentario… se hace lo que se puede ; -) En cuanto al ultimo relato se esta haciendo de rogar, pero es que vamos muy liados y no hemos tenido tiempo ni ganas de ponernos manos a la obra. Supongo que para la semana que viene estará colgado.

    Saludetes.

  • Hola parella!

    Creo q de nuevo voy a seguir vuestros pasos :-) ….con David ya habíamos estado en la Bretaña, pero queremos volver para saborear mejor lugares que nos gustaron mucho, nos quedó pendiente Normandía y…seguro que después de leerme este pedazo de relato querremos ir a Holanda ( al menos yo jiji q soy muy influenciable en estos detalles), ya me lo tengo imprimido todo

    Besitos a los dos de parte de los dos

  • Hola Gloria. Si os decidís por Holanda no os defraudara. Es un país repleto de encanto y en el cual descubrir muchisimas cosas.

    En cuanto a lo de influenciable, jajaj Pues nada, déjate llevar y disfruta.

    Ya contareis a la vuelta. Espero que lo paséis genial. Y si necesitáis cualquier cosilla mas, no dudéis en preguntar.

    Muaks.

  • Hola pareja, he visto que ya estais de vuelta. Espero que hayais tenido un buen viaje, y como ya os he comentado, que podamos disfrutar de vuestro relato pronto.
    Nosotros por Holanda ha sido una maravilla. Hemos hecho toda la Benelux. La primera semana Bélgica, muy bonita toda ella, y a partir de la seguna semana nos adentremos en la sorprendente Holanda, terminadno ya de vuelta por la capital Luxemburgo. Nunca habíamos estado en un país tan nórdico, y nos sorpendió grátamente, y eso que ibamos bien documentados. Es de valorar vuestro trabajo, pues tiene que ser difícil expresar en papel todo lo que uno puede llegar a recoger de los días pasados por estos parjes. Realmente lo que uno se lleva es una mezcla de lo que encuentra, lo que visita, lo que vive y lo que comparte.

    Un saludo bien fuerte de parte de toda la family.

  • Muy buenas Danmc!

    Ya te dijimos que Holanda os gustaría! Para unos aficionados a la bici como vosotros … y con buen tiempo … es un país en el que lo podíais pasar genial. Me alegra que todo os haya ido bien y que nuestra información os haya servido de ayuda. La verdad es que la luz de los países nórdicos “engancha” con lo que ya os veo el año que viene preparando un viaje a Dinamarca ;-)

    Nosotros en Alemania genial! Lo cierto es que nos daba miedo que no fuese algo “monotona” y para nada, el contraste entre las distintas zonas es increíble. La hemos recorrido de norte a sur (o mejor dicho de sur a norte)… y la verdad es que nos ha encantado. Los alemanes con toda su rudeza han sido un 10% en amabilidad, por lo que venimos encantados de allí. Pero vaya … ya os contaremos mas detalles en el relato … que aun tardará en llegar ;-)

    Un saludo enorme a los cuatro y a ver si coincidimos pronto!

  • Pues la has clabado. No habíamos llegado a casa todabía y como el viaje de vuelta es largo y da para hablar de muchos temas, empecemos a especular ideas para el año que viene, y una de las propuestas fue Dinamarca ó Alemania… En fin, ya veremos… el viaje de vuelta fue largo y cansado, con lo que te puedes llegar a imaginar la de barbaridades que se nos han ocurrido.

    Sobre Alemania no conocemos mucho, por lo que sera enriquecedor poder conocerla a través de vuestro viaje.

    A ver si es verdad que coincidimos y nos lo narrais en primera persona.

    Un saludo.

  • Pues os vamos a crear mas dudas porque Dinamarca nos encantó en su día, pero es que Alemania … es mucha Alemania. Lo malo de aficionarse a los países “nórdicos” es lo lejos que están … y lo aburrido que es cruzar toda Francia, pero vaya, nosotros tenemos claro que en verano es mejor buscar destinos fresquitos! En fin … ya nos contaremos. A ver si al final conseguimos cuadrar agendas y hacemos la pequeña salida que comentaba “Sepu”.

    Un saludo

  • Hola chicos:

    Ya estamos de vuelta. MIl gracias por todos los detalles de vuestro relato. Hemos seguido casi al 100% todo vuestro relato y nos lo hemos pasado genial. Un pais encantandor que nos ha conquistado desde el comienzo.

    Gracias y gracias jejej. De verdad, sin gente como vosotros, todo seria mucho mas complicado.

    Un besazo gigante.

  • Hola María!

    Nos alegramos un montón que lo hayáis pasado genial en Holanda, y por supuesto que nuestro relato os haya servido de ayuda. La verdad es que es un país en el que merece la pena perderse ;-) Venga va, queremos detalles … fuisteis a Ghiethorn? Hubo paseo en barco??

    Por cierto, gracias a vosotros porque sin lectores como vosotros el trabajo que hacemos se nos haría muy cuesta arriba.

    Un besote a los dos.

  • Hola otra vez:

    Perdon por el retraso, pero a la que vuelves a la rutina, te quedas sin tiempo de hacer nada. Que mal…

    Pues si fuimos a Ghiethorn y nos montamos en el barquito. Que recuerdos, parece que hubieran pasado mil años.

    En fin, paciencia.

    Un besazo enorme.

  • Hola guapa:

    Totalmente de acuerdo contigo, a la que vuelves a rutina te engulle por completo. Nos alegramos un montón de que lo hayáis pasado tan bien.

    Ahora a esperar a la siguiente escapada y así poder quitarnos el mono creciente jaja.

    Un besazo.

  • Acabo de encontrarme un relato vuestro “Viaje a la Carta”, en “viajar en autocaravana” de Toni de Ros y he empezado a leerlo y me encuentro con que teneis el relato de un viaje por Bretaña, Ñormandia, Paises Bajos y París, y que casualidad, estamos preparando un viaje en Junio por París, Bretaña y Normandía. Iremos tres acs de amigos, si no se une alguno más. Ni que decir tiene, que si siempre leo vuestros relatos con deleite, éste lo voy a leer, y posiblemente a copiar, para empaparme de vuestras experiencia que a buen seguro me va a ser muy útil. Un abrazo desde Canet. Luis.

  • Hola Luis:

    Que alegría volver a leerte, efectivamente Toni de Ros, colgó nuestro relato hace algún tiempo… Pero por algún problema no puso todas las fotos, con lo cual te recomiendo que lo leas en el blog y así podrás disfrutar de todas las fotitos.

    Fue un viaje genial, repleto de anécdotas y de buenos momentos… Con lo cual, te recomiendo que te lo tomes con calma, ya que son cinco partes y mucha información. Si necesitas algo concreto de info, ya sabes donde estamos…

    Un saludete enorme.

  • El otro día no conseguía ver más que el 4/5 del viaje, asi que no me quedó más remedio que empezar a leerlo en Viajarenac, pero ahora ya lo vi aqui entero asi que lo seguiré por aquí y asi disfrutaré también con vuestras fotos. Ya sabeis que tambien soy aficionadillo a ellas… un abrazo. Luis.

  • No conseguias ver en blog el viaje entero???? Que raro?… Ahora funciona a la perfección. Espero puedas disfrutar de el al completo, si hubiera cualquier problema, ya sabes donde estamos…;-)

    Saludetes Luis.

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