Paris y Eurodisney (5/5)

jun 20, 2010 by     5 Comments    Posted under: Autocaravana, Grandes viajes

Tic tac, tic tac… Segundos, minutos, horas, días, semanas… tic tac, tic tac, y nuestro cerebro nos grita… “esto se acaba”. Kilómetros y kilómetros de ruta, olor a gasolina, a ilusión, a momentos inolvidables. Paramos, observamos todo lo que nos rodea, intentando hacer un mapa mental que nos deje intactos todos los recuerdos de un gran viaje como este. Calor, lluvia, días grises, atardeceres naranjas, días soleados que te alegran el alma. Gentes de aquí y de allí. Aromas, cielos impolutos que buscan intrépidos escenarios en los cuales posar sus ojos. Lugares dibujados por manos sabias, vivencias únicas que no se volverán a repetir.

Viajamos con todos estos sentimientos y por un momento, todo se detiene para digerir lo vivido. Son apenas sensaciones que forman parte de nuestra piel, de nuestros engranajes y todo ello nos invita a seguir viajando, descubriendo, enamorándonos de esta manera de viajar en libertad, en calma, con ansias, con los brazos abiertos al mundo. Descubrimos este subidos en nuestra autocaravana, y esta visión privilegiada nos acerca a mundos inimaginables, a aventuras por vivir y a experiencias que harán de nosotros mejores personas.

En esta ocasión “Sunny” cabalga dejando atrás un sinfín de recuerdos que los Países Bajos nos habían ofrecido, recuerdos de largas sendas verdes recorridas en bicicleta, de pintorescos pueblos con sus ancianos molinos y sobre todo, recuerdos de un país con un intenso sabor a mar. La incesante lluvia que durante todo el día nos había acompañado en el Parque Hoge Veluve, parecía ofrecernos una pequeña tregua, brindándonos la ocasión de descubrir algún otro lugar de aquel país tan peculiar.

Pero lo cierto es que teníamos los deberes ya hechos y aunque indudablemente Holanda da para mucho mas, nosotros ya habíamos visitado todo lo que nos habíamos propuesto para esta ocasión. De tal manera decidimos que un viaje caprichoso como estaba siendo este, se merecía un broche de oro para terminar de engarzar todas sus piezas, con lo que pensamos que no había mejor lugar al que destinar el poco tiempo que nos quedaba por disfrutar, que una de las ciudades más bellas del mundo. Una de las más visitadas y probablemente de las más románticas, con permiso de otras tantas poblaciones que te pueden ofrecer casi lo mismo, sin tener que llamarse París, pero qué demonios, porque no zambullirnos en el tópico y dejarnos simplemente llevar.

Evidentemente, lo que quedaba del día nos permitiría disfrutar de nuestra compañía e intentar llevar los kilómetros que nos quedaban hasta París de la manera más amable posible. De pronto pareció que Holanda se entristecía con nuestra decisión y nos ofrecía una emotiva despedida en forma de nuevo diluvio que nos acompañó hasta abandonar prácticamente el país. Apenas sin darnos cuenta cruzamos Bélgica, y entramos nuevamente en territorio Francés donde tantos kilómetros habíamos recorrido apenas unos días antes.

Eran algo más de 500 Kilómetros los que nos separaban de París, por lo que evidentemente debíamos buscar un lugar donde pasar la noche antes de llegar a la capital francesa. Finalmente la elegida fue un área señalada en la pequeña población de Germaine Saint Court. Nos sorprendía el hecho de que fuera un área privada y a su vez estuviera señalada como gratuita, algo que solo pudimos entender al entrar en ella.

Ya casi de noche llegamos a la población, un lugar donde apenas se agrupaban un puñado de casas y poco más. Seguimos las indicaciones y de pronto llegamos a la puerta de una casa solariega, en cuya entrada se encontraban varias autocaravanas aparcadas. –“Hemos llegado tarde, ya está llena”- comentamos, pero de pronto apareció un amable señor que nos invitó a estacionar a pocos metros de donde estábamos, entre varios coches. Nos sorprendió escuchar los relinchos de un caballo y es que estábamos justamente en frente de las caballerizas. El hombre, muy amable, nos dijo si nos parecía bien el sitio, nos ofreció agua y un lugar donde vaciar, todo ello, gratis. Una vez, se cercionó que teníamos cuanto necesitábamos nos dio las buenas noches y desapareció. Aun hoy seguimos sorprendidos con la increíble amabilidad de aquel señor.

Echamos un vistazo a nuestro alrededor y entonces lo entendimos todo. Se trataba de un área de las conocidas como “France Pasión”, donde propietarios de granjas agrícolas y vinícolas ofrecen a los autocaravanistas su propio espacio invitándoles así mismo, a la opción de poder comprar productos de su propia fabricación.

Era tarde y la noche estaba ya bien entrada, por lo que decidimos que ya investigaríamos mas a la mañana siguiente, así que tras tomar una reparadora cena nos acostamos prontito, ya que el día siguiente se presagiaba muy intenso y queríamos estar al cien por cien para disfrutar del él al máximo.

Día 18: Germaine Saint Court- Paris

El sonido de varios caballos relinchando nos despertó a primera hora de la mañana. Por suerte no era demasiado temprano, con lo que nos levantamos relajadamente. Después de casi veinte días de ruta nos encontrábamos perfectamente adaptados al ritmo del viaje, disipando cualquier pequeña duda que pudiéramos tener sobre nuestra capacidad para estar tantos días residiendo en una vivienda de apenas diez metros cuadrados. Lo cierto es que nos habíamos amoldado perfectamente al reducido tamaño de una autocaravana, a su orden meticuloso y a los estrictos horarios de viaje. De hecho hubiésemos continuado viajando otros veinte días más, pero no debíamos engañarnos, esto llegaba a su fin.

Una vez desayunados salimos a dar un pequeño paseo antes de reanudar la marcha. Un sol radiante nos iluminaba presagiando un magnifico día de verano. Frente a la autocaravana se encontraban varias cuadras de animales que hacían de aquel un lugar francamente pintoresco. Detrás de la autocaravana una pequeña masía donde además de ofrecer habitaciones en alquiler, disponían de una encantadora tiendecita con los productos que ellos mismos elaboraban. Decidimos no perder la ocasión y entrar en ella. Allí encontramos desde sencillos alimentos como huevos y pan casero, hasta magníficos manjares como vino y paté de Foie. Tanta amabilidad había que recompensarla de alguna manera, y que mejor que comprando algunas de las delicatesen que allí se ofrecían.

No quisimos demorarnos demasiado, así que una vez realizadas las compras y agradeciendo todos los servicios de “France Pasión” emprendimos nuevamente la marcha rumbo a París. Llegamos pasado el medio día. Evidentemente, como siempre que vamos a cualquier gran ciudad, no quisimos complicarnos la vida y nos dirigimos directamente al que sabíamos era el camping mejor situado de la ciudad, el Bois de Bologne, y desde allí visitarla tranquilamente. Teníamos claro que únicamente dispondríamos de la tarde para disfrutar de ella, tiempo a todas luces insuficiente para poder descubrir una ciudad como París, pero si nos permitiría dar un paseo por sus calles e intentar bebernos París casi de un trago y saborearlo como un delicioso elixir.

Llegamos al camping y afortunadamente aun no disponiendo de reserva pudimos encontrar una plaza para “Sunny”. No era la mejor del mundo, pero de hecho íbamos a pasar allí tan solo una noche. Una vez instalados, comimos relajadamente y nos pusimos en marcha dispuestos a perdernos por las encantadoras calles de París. El camping dispone de un servicio de autobús (de pago) que nos llevó desde la puerta del camping hasta una céntrica plaza de la ciudad, desde la que ya en Metro podíamos dirigirnos a cualquier punto de la ciudad, con lo cual lo teníamos realmente fácil. Hacia un día precioso y la ciudad estaba a nuestros pies. Solo teníamos que salir y perdernos entre la multitud…

Paris, es una ciudad que difícilmente defrauda al que llega hasta ella, siempre te da la sensación de dejarte algo en el tintero, porque cada uno de sus rincones te enseña un retazo de sus múltiples caras. Es una ciudad mágica, con un encanto especial que se percibe con una mirada diferente, tomando como punto de partida cualquiera de sus preciosos cafés.

A diferencia de otras grandes ciudades europeas, París no tiene un “centro” definido alrededor del cual se extiende la ciudad, más bien todo en París es “centro”, y esto es debido a que no ha ido absorbiendo las pequeñas ciudades que se encontraban a las afueras, sino que estas han mantenido su independencia administrativa pese a que el límite entre ellas sea tan solo un pequeño paso de peatones. Este hecho de permanecer “encerrada” desde hace tiempo, hace que tenga un aspecto antiguo y clásico, y que un paseo por sus calles, te transporte a un lugar donde el tiempo no parece existir, donde pese al bullicio y al movimiento propio de una de las ciudades más importantes del mundo, tendrás la sensación de encontrarte en un lugar que no ha cambiado durante décadas.

El sobrenombre de “Ciudad de la Luz” se debe a que Paris, fue la primera ciudad en dotar a sus calles y edificios importantes de luz eléctrica, lo que causó admiración en todo el mundo, aunque este nombre también se debe a que Francia, y en concreto París, ha sido también la luz del mundo en muchos momentos y una ciudad adelantada a su tiempo, como muestra el hecho de que aquí se fraguaran los derechos del hombre, y los principios de libertad, igualdad y fraternidad, que aún hoy están presentes en muchos lugares del mundo.

Nuestra primera parada nos condujo justamente a los pies del Museo del Louvre, en la que probablemente sea una de las paradas de metro más lujosas de las que hemos visto. Galerías comerciales, obras de arte, y demás elementos poco habituales del transporte sub-urbano de cualquier ciudad, denotan la singularidad del lugar en el que nos encontrábamos.

Salimos a la luz, curiosamente junto a uno de los emblemas de la ciudad, la pirámide del Museo del Louvre, situada en el patio del museo, y que confiere el acceso al edificio. Diseñada por el arquitecto Ieoh Ming Pei e inaugurada en el año 1989, esta pirámide de vidrio y aluminio fue mundialmente popularizada (más si cabe todavía) por su aparición en la conocida película protagonizada por Tom Hanks, basada en la novela de misterio de Dan Brown, el Código da Vinci.

Desde su construcción, la pirámide ha estado sujeta a muchas polémicas, debido al contraste de estilos entre la modernidad del vidrio y el clasicismo del museo, si bien ha servido de inspiración para las ampliaciones de muchos otros museos.

Evidentemente la visita al Museo del Louvre requiere más tiempo del que nosotros disponíamos para visitar Paris, por lo que decidimos dejarla para otra ocasión. Tomamos algunas fotografías del lugar y continuamos con paso firme, buscando el siguiente emplazamiento que volvería a parar nuestro reloj. Paseamos por los preciosos Campos Eliseos, una de las avenidas más famosas del mundo, celebre para los amantes del deporte por ser el lugar donde finaliza el Tour de Francia, y punto de referencia de los amantes de la moda, al albergar las principales firmas. Afortunadamente el día era esplendido y un cálido sol nos acariciaba deliciosamente. Los parisinos disfrutaban de un día poco habitual en la capital francesa y nosotros nos uníamos a ellos, tomando como nuestros sus apreciados rayos.

Fuimos caminando por la orilla del Sena, oteando en el horizonte la cantidad de barcos turísticos que en él surcaban. Sus aguas oscuras reflejaban los rallos de sol en una harmonia casi perfecta. Encaminamos nuestros pasos hacia la Torre Eiffel, la que evidentemente es la construcción más singular de Paris, y cuya historia resulta sin duda tan singular como su extravagante geometría.

Todo comenzó con la organización de la conmemoración del centenario de la Revolución Francesa. Entre los muchos proyectos presentados, figuraba uno, cuyos primeros estudios databan de 1884 y estaban avalados por el célebre ingeniero Gustav Eiffel, y el proyecto consistía en la construcción de una inmensa estructura metálica en forma de torre que sería vista desde una enorme distancia. El proyecto, lejos de enamorar a los parisinos, tuvo un enorme rechazo social, pese al cual finalmente la Torre de Eiffel sería levantada e inaugurada el 31 de agosto de 1889, tras tres años de obras y polémicas.

Pese a lo impresionante de la obra, lo cierto es que la Torre Eiffel no acababa de gustar, y los parisinos la veían como un inmenso armatoste de hierros en medio de Paris, así que se fijó la fecha de 1900 como tope para ser desarmada, tras la finalización de la Exposición Universal que debía albergar Paris en ese año. Llegó el año 1900 y todo parecía indicar que la Torre Eiffel sería demolida pese a los intentos infructuosos de los que la admiraban por encontrarle un uso práctico para justificar su conservación frente a sus detractores, y finalmente, sería la armada francesa quien acabaría por salvar la vida de la Torre Eiffel, ya que tras unas pruebas del ejército con equipos de transmisiones se llegó a la conclusión de que la Torre Eiffel era un lugar privilegiado para la instalación de antenas y equipos de radio, con lo cual la Torre Eiffel ya tenía un uso práctico que provocaría su amnistía y pararía los proyectos de “ejecución”.

A veces, el destino es caprichoso, quien les iba a decir a aquellas gentes, que hoy en día Paris recibiría tantísimas visitas para ver esa “horrorosa mole”, como la calificaron sus habitantes. Hoy no concebiríamos Paris sin su gran silueta viendo pasar el tiempo.

En un día soleado como aquel, una gran multitud se congregaba frente a las taquillas para acceder a la cima de la torre. Por un momento dudamos en hacer la larga cola para subir a ella, pero con el poquito tiempo del que disponíamos nos parecía una lástima perderlo haciendo cola. Además, la ilusión de Conrad era ver la Torre Eifel de cerca, pero no tanto subir a su gran estructura, ya que no es gran amante de las alturas. Fue por ello que decidimos quedarnos a los pies de aquel gigante de hierros retorcidos, disfrutando de uno de los emblemas de la ciudad y aprovechar las fantásticas vistas que teníamos del Trocadero, una zona ubicada frente a la Torre Eiffel, que cuenta con varios jardines que muestran una hermosa vista y todo el ambiente festivo de la ciudad.

El Palais de Chaillot, aparecía enmarcado con el resto de monumentos que formaban parte de aquel gran puzle parisino. A parte del maravilloso paisaje del que disfrutábamos al pasar la vista por cualquier rincón de la ciudad.

Pero nuestro destino principal, residía en un lugar emblemático de Paris, nada mas y nada menos que Montmatre, el barrio bohemio. A principios del siglo XX, Montmartre era la meca del arte. Hoy en día, el recuerdo de aquellos días de luz y color han quedado en los anales de la historia. No obstante, ese encanto que a tantos atrajo todavía se conserva y muchos directores han hecho de él, el escenario perfecto para sus películas. La dulce Amelie paseaba distraída por sus calles buscando a su príncipe azul y la díscola “Satine” se perdía entre lánguidos suspiros, esperando a su amante escritor en el Moulin Rouge. Amores de película, que solo se podrían dar en un barrio de película.

Situado en la orilla derecha del río Sena, el barrio de Montmartre se asienta sobre una gran colina, situada a 130 metros de altura. Puede decirse que el principal monumento del barrio es la basílica del Sacré-Coeur, o del Sagrado Corazón. En un primer momento se pensó como monumento para recordar a los caídos en la guerra franco-prusiana. Aunque posteriormente se convertiría en algo más. La primera piedra se colocó en 1875 y las obras finalizaron en 1914. No obstante, debido a la invasión alemana, la consagración del edificio no vendría hasta 1919.

Llegar hasta Montmartre nos resultó algo más complicado de lo que imaginábamos. Primero por no encontrar la combinación de Metro que nos condujera hasta ella y es que de hecho Paris dispone de una de las redes de Metro más grandes de todo el mundo. A orientarnos nos ayudó una chica de información del propio Metro, quien nos dio una “chuleta” con las indicaciones exactas para llegar hasta la parada que buscábamos.

La parada nos dejó en la parte baja de Montmartre, donde callejeando un poco encontramos finalmente la escalinata que nos llevaría hasta su cima. Desde allí pudimos disfrutar de la mejor vista de París que nos podíamos imaginar. Divisamos La Torre Eiffel, el campo de Marte, el Arco del Triunfo, Nôtre Dame… Todos los edificios emblemáticos, estaban a vista de pájaro, y allí parados entre cientos de personas desconocidas, disfrutamos de un atardecer precioso.

Detrás de la iglesia un laberinto de pequeñas callejuelas y placitas confieren el famoso barrio de Montmatre, por el que decidimos adentrarnos. Una música fantástica de acordeón nos envolvía y nos hacia participe de su magia. Sus preciosos restaurantes, con sus divertidos toldos rojos, hacían del lugar una estampa inolvidable. Los cientos de olores que llegaban hasta nosotros, se mezclaban con la típica estampa del gersey de rayas y la boina negra ladeada, todo un guiño al cine francés de los años 60.

Compramos un riquísimo granizado de fresa, y simplemente nos perdimos por sus callejuelas, intentando encontrar pequeños rincones llenos de encanto Parisimo en el cual perdernos del mundanal ruido. Pero que complicado resulta, cuando en cada esquina te encuentras a algún grupito de músicos tocando notas celestiales. Simplemente nos sentamos en la acera a escucharles, embelesados por todo aquel lugar, que nos llevo directos a soñar el momento en el que estábamos sumidos. Sueños reales para una ciudad de carne y hueso.

Se hacia tarde. Por que el tiempo pasa tan rápido cuando uno quiere que se detenga? En nuestras cabezas volvía la frase, “esto se acaba”, pero nos resistíamos con todas nuestras fuerzas de una manera casi dolorosa. Había que claudicar, y ya si que no había mas tiempo. La hora del ultimo autobús se acercaba, y decidimos que nuestro aperitivo Parisino había sido mas que delicioso, por lo que con la miel en los labios como excusa para regresar pronto a la ciudad de la luz, decidimos emprender el camino de regreso al camping, donde ya de noche, cenaríamos tranquilamente, a la luz de una vela, haciendo de aquel momento nuestra particular “Vie en Rose”.

Día 19: Paris – Eurodisney

Lo mejor de dejar para el final un postre tan dulce como Eurodisney, es sin duda que las ganas con las que lo coges, disipaban nuestra evidente tristeza ante la inminente finalización de nuestras vacaciones de verano. Aun en un día gris y nublado como el que había amanecido, nos encontrábamos ansiosos por dirigirnos al que probablemente sea la encarnación del paraíso para muchos niños.

Disneyland París, conocido coloquialmente como Eurodisney, es un gigantesco conjunto destinado al entretenimiento y la diversión, que incluye diez hoteles, siete de ellos temáticos, dos centros de convenciones, un sinfín de tiendas, restaurantes, cantinas y un campo de golf. Con 175 millones de visitas desde 1992, Disneyland París es sin duda el destino más visitado de la Unión Europea. Si es que en el fondo somos como niños…

Debéis saber que en la misma recepción del camping venden las entradas a Eurodisney, algo de lo que nosotros nos enteramos demasiado tarde y nos quedamos sin, por lo que no nos quedó otra que levantarnos relativamente pronto para llegar a Eurodisney a una hora prudencial y no tener que hacer allí demasiada cola en la taquilla para conseguir las entradas.

Una vez preparados abandonamos el camping y pusimos rumbo a nuestro ansiado destino. Lamentablemente para llegar a él debíamos cruzar todo Paris, y olvidábamos que aun siendo agosto, nos encontrábamos a las nueve de la mañana de un viernes en el centro de una de las ciudades más importantes de Europa, lo cual se traduce en retenciones. Como pudimos, fuimos sorteando los embotellamientos emulando nuestro día a día en Barcelona, hasta tomar la autopista A4 que nos conduciría hasta Eurodisney.

Llegar a él no tiene perdida ya que encontramos perfectamente anunciada en la autopista la salida que debíamos tomar, así como la carretera por la que hay que continuar para llegar hasta el acceso al parque. No eran todavía las diez de la mañana, pero era increíble la cola de coches ya existente para acceder al parking. Tras unos largos minutos de cola abonamos los 14 euros que costaba el día de aparcamiento para las autocaravanas y nos dirigimos a buscar un buen lugar donde dejarla.

Llegábamos a Eurodisney con la incertidumbre de no saber dónde íbamos a pasar la noche. Sabíamos por unos amigos que hace algunos años se podía pernoctar en el mismo parking, pero últimamente habíamos oído que ya no permitían pasar allí la noche. Fue por ello que una vez estacionamos en la zona especificada para las autocaravanas, bajamos y preguntamos a unos autocaravanistas españoles que habían por allí cerca si se podía pasar allí la noche, a lo que ellos respondieron que llevaban allí una semana estacionados.

Con la tranquilidad de que teníamos un lugar donde dormir, cerramos bien la auto, nos equipamos con cámaras fotográficas, algo de comida y unos buenos chubasqueros, y nos dirigimos al parque dispuestos a disfrutar de él cuanto nos fuera posible. El camino hasta la entrada era largo debido a que el parking para autocaravanas se encuentra casi al final del todo. Por suerte, unas cintas automáticas nos hacían la vida más cómoda, y la música típica de Disney amenizaba el momento y nos ponía en situación del lugar al que nos estábamos acercando.

Finalmente llegamos al majestuoso Hotel Disney, a los pies del que se encuentran las taquillas y accesos al parque. Era relativamente temprano, pero por un momento nos asustamos cuando vimos la gran cola de gente que había para comprar entradas. –“Nos vamos a pasar aquí la mañana”- dijimos, pero pronto nos dimos cuenta que a ambos lados de la gran fila había decenas de taquillas, algunas prácticamente vacías, y es que como dice el refrán “donde va Vicente… donde va la gente”. Nos dirigimos a una de las taquillas que vimos más despejadas y en poco más de diez minutos ya teníamos las entradas y estábamos accediendo al parque.

Son varias las opciones y precios de las entradas disponibles. En la actualidad existen dos parques de atracciones, el parque Disney y el Walt Disney Studios, y por algo más de precio se puede obtener una entrada que te permite el acceso a ambos parques en el mismo día, pero en nuestro caso preferimos dedicarnos únicamente a uno de ellos, teniendo en cuenta que yo no había estado nunca en ninguno, fue el Disney de toda la vida el elegido.

De pronto nos vimos inmersos en un mundo mágico de melodías dulces y personajes de ficción. Divertirte es el único deber que tienes en Eurodisney, aparte de sortear al gran número de personas que como tú, también han ido allí con el único “propósito”, de vivir un intenso día acompañados de personajes archi- conocidos, como Mickie, Minnie, Peter Pan, Buzz Lightyear y un largo etc. Pasar un día tonto y sonreír hasta que las comisuras de tus labios protesten, será el único inconveniente que encontraremos en este parque de atracciones.

Días de algodón de azúcar, momentos con sabor a chocolate y juegos divertidos. Lugares para pequeños y mayores, conejos que salen de la chistera y sorprenden al más incrédulo. Eurodisney hace aflorar el niño que todos llevamos dentro. Sueñas o recuerdas instantes que tenias guardados bajo siete llaves, pero que a la que te encuentras allí, se abren de par en par.

Carreras para coger el mejor sitio, indios y vaqueros peleándose por tierras inexistentes, casas terroríficas que te devuelven sonrisas y momentos entrañables. Montañas rusas que suben y bajan a la velocidad del rayo. Casas de cuentos que te presentan a madrastras que envenenan por celos. Y amores sublimes de esos que acaban comiendo perdices.

Música estridente que funciona como una potente droga, a la cual al final terminas incluso cogiéndole cariño. Te sentirás héroe por un día, matando monstruos y salvando la galaxia. Volaras por encima de lagos cristalinos y a través de hologramas que te harán sentir que realmente estas en un mundo mágico.

No sé si realmente la magia funciona, pero que el polvo de estrellas cae sobre nuestras cabezas, es algo casi seguro, ya que por un momento olvidas cualquier problema que puedas tener y lo transformas en colores Disney, con lo cual, certificamos que la “magia existe” porque la mente se evade totalmente.

Nos adentramos en sus entrañas e intentamos montarnos en todos los cacharros que pudimos, e incluso en alguno, varias veces, ya que hubo varios que nos encantaron. Lo malo es que había bastante gente y las colas eran considerables, y eso que nos habían comentado que era un día tranquilo, por lo que intentamos subir en aquellas atracciones en las que menos gente había para evitar pasarnos todo el día aguantando aburridas colas, una tarea bastante difícil.

La magia hizo también su efecto en la meteorología, y salvo un pequeño chaparrón que cayó a media mañana, el tiempo fue mejorando poco a poco a lo largo del día, permitiéndonos incluso disfrutar de una estupenda tarde soleada. No os engañaremos, lo pasamos como enanos disfrutando de todo el lugar. Tan pronto estábamos en el lejano oriente, como saludábamos a peligrosos extraterrestres, o Peter Pan intentaba encontrar desesperadamente a Campanilla. Si es que, realmente soñar es gratis.

El sol empezó a caer poco a poco. Centenares de lucecitas se encendían como pequeñas luciérnagas por todo el parque, impidiendo que la oscuridad se apoderara del mismo mientras todos nos apresurábamos en aprovechar las últimas horas de diversión. La hora del cierre estaba cerca, pero antes teníamos un pequeño regalo de despedida del que disfrutar, el desfile, por lo que poco a poco la gente se fue congregando alrededor de las calles por las que pasaría el desfile intentando encontrar un buen lugar desde el que poder contemplarlo. Los datos que teníamos era que este comenzaba a las once y media de la noche, pero ya pasaban de esa hora, y no se vislumbraba nada. La gente, había comenzado a tomar posiciones y no quisimos ser menos.

Llevábamos un buen rato esperando cuando de pronto el parque se quedó a oscuras, dándonos a entender que el desfile estaba cercano. El nerviosismo de la gente era evidente, especialmente el de los más pequeños. De pronto empezamos a escuchar una música a lo lejos y un sinfín de carrozas comenzaron a llegar hasta donde estábamos situados. La cara de los niños que por allí había, era un poema.

Un estruendo enorme sonó en el parque y el cielo se iluminó con cientos de colores. El olor a pólvora era intensísimo y el cielo, impasible, esperaba el siguiente destello para iluminarse con diminutas esferas de color. La iluminación del Castillo de la Bella durmiente fue impresionante. Por todos lados veíamos la cara de asombro de los pequeños y te hacía gracia pensar que seguramente nosotros tendríamos la misma carilla de asombro que ellos.

Después de la última gran traca, todo quedo en silencio. Solo se veía en el horizonte las grandes columnas de humo blanco que había producido el espectáculo, que se difuminaban rápidamente con las rachas de aire. La gente se comenzaba a mover y nosotros seguimos su ejemplo. Nos quedamos un momento charlando con un chico y sus dos hijos con quienes habíamos coincidido durante el desfile. Curiosamente eran también de Badalona, como Conrad. Si es que el mundo es un pañuelo.

Después de despedirnos, fuimos hacia la auto y nos tomamos un vasito de leche fresquita, ya que la noche era bastante calurosa. Seguíamos escuchando la música del parque, que nos acompañó hasta altas horas de la noche.

Y así, diciendo colorín colorado… nuestro intenso día en Eurodisney se había acabado.

Día 20: Eurodisney – Millou

Empezamos el día tal y como habíamos terminado el anterior, con la música Disney sonando de fondo dando la bienvenida a un nuevo día. Como aquel cochecito de niños que vuelve a ponerse en marcha cuando le pones una moneda, el gigantesco Parque Disney se preparaba para recibir nuevamente a centenares de miles de nuevos visitantes.

En nuestro caso, aquel era el punto de partida de un viaje que nos llevaría de regreso a casa. Tras veinte días de ruta se nos hacía muy lejano el momento en que habíamos salido de ella, y aunque por un lado nos apetecía regresar, detestábamos que el viaje llegara a su fin. De hecho, estábamos a tan solo 48 horas de nuestra re-entreé en el mundo laboral.

Desayunamos tranquilamente, preparamos todo, y dijimos adiós a Eurodisney a la vez que decenas de coches empezaban a hacer cola para entrar en él. El viaje de vuelta de Paris a Barcelona era algo que apenas habíamos planeado, únicamente le habíamos echado un par de ojeadas a los mapas para trazar una ruta aproximada de por dónde íbamos a regresar. Fue charlando con el chico de Badalona que conocimos en Eurodisney la tarde anterior, cuando al comentar el elevado coste de los peajes en Francia, nos aconsejó una ruta bastante rápida y económica, algo que a estas alturas del viaje siempre es de agradecer. Sus indicaciones fueron claras, ir a buscar la autopista A77, continuar a su fin por la N7 en la que vas alternando tramos de autovía y carretera bastante buena, hasta llegar a la población de Clemont-Ferran. Una vez allí debíamos tomar la autopista A75 que no abandonaríamos hasta enlazar con la autopista de la costa mediterránea francesa, la A9. El resto es ya de sobras conocido.

Memorizadas sus palabras, y con la ayuda del mapa y el navegador GPS, fuimos recorriendo el viaje de vuelta a casa. La ruta, que sobre el mapa parecía algo difícil de interpretar, resultó ser realmente sencilla e intuitiva sobre la marcha, ya que únicamente bastaba con tomar siempre la dirección más lógica. Además, la alternancia de autopista, autovía y carreteras relativamente buenas, hacían de este un camino muy ameno y relativamente rápido.

Las horas fueron pasando, entre charlas, risas, y momentos somnolientos, hasta que llegó el momento en que consideramos suficientes los Kilómetros recorridos en un día. Buscamos en nuestras guías un lugar cercano en el que pasar la noche, y finalmente optamos por el área municipal de la población de Millau, básicamente por dos motivos: primero por ser la más cercana, y segundo por el viaducto que en el se encuentra y que era objeto de deseo de Conrad desde que se  inaugurara en el año 2004.

Llegamos a él cuando todavía el sol brillaba con fuerza, por lo que pudimos contemplar perfectamente, el que es, el puente más alto del mundo. Inaugurado el 14 de diciembre de 2004 tras 36 meses de trabajos de construcción y una inversión de casi 400 millones de euros, la estructura alcanza una altura máxima de 343 metros sobre el río Tarn, y una longitud de 2.460 m, entre el Causse du Larzac y el Causse Rouge; tiene 7 pilares de hormigón, y el tablero tiene una anchura de 32 metros.

El viaducto de Millau fue concebido formalmente por el arquitecto inglés Norman Foster , y estructuralmente por el ingeniero francés Michel Virlogeux, trabajando ambos conjuntamente para hacer posible esta obra singular. Su integración, muy discreta en el paisaje conforme al deseo del arquitecto y de las colectividades Aveyronesas concernidas, impone recurrir a soluciones técnicas avanzadas: un tablero metálico de un diseño muy fino, reforzado con vientos y soportado por 7 pilas, muy ahiladas y realizadas de hormigón de altas prestaciones.

Pero más allá del afán de una perfecta integración en el paisaje, las soluciones técnicas elegidas presentan varias ventajas no solo en el resultado final de la obra sino también durante la construcción, con una importante reducción de las obras y los volúmenes de materiales a utilizar en el lugar. Esto significó menos máquinas, menos camiones, menos áridos a transportar, y evidentemente menos molestias para las poblaciones más cercanas a la obra.

Una vez saciada nuestra curiosidad ante esta monumental obra de ingeniería, pusimos rumbo al área de autocaravanas que se encuentra junto a la población. Resulta curioso en este caso que la zona de servicios (vaciado y repostaje) esté alejada de la de pernocta. En este caso además, el repostaje de agua es con tarjeta de crédito, algo que nunca habíamos visto antes en otras áreas de autocaravana.

Después, nos dirigimos a la zona de pernocta donde encontramos una cómoda plaza, y la verdad es que menos mal que llegamos relativamente pronto ya que el área estaba “a tope”. Eso si, que curioso nos resulta el hecho de que en estas idílicas y tranquilas áreas de pequeñas poblaciones francesas, lo único que encontramos fueron autocaravanistas franceses. La presencia de dos jóvenes autocaravanistas españoles despertó la curiosidad de algunos autocaravanistas allí presentes, principalmente la de nuestro vecino de parcela, quien aprovechó para recuperar sus buenas nociones de español y entablar una conversación con nosotros hasta ya entrada la noche.

Finalmente, nos despedimos con un amable “bon souire” y tras una  ducha calentita y algo de comer caímos rendidos en la cama.

Día 21:  Millou – Barcelona

Nos despertamos con la sensación de quien ya está en casa. El camino de Millau a Barcelona nos parecía un breve paseo después de tantos kilómetros recorridos. Un paseo en el que aprovechamos para recordar poco a poco todo lo vivido y empezar a pensar en las palabras con las que durante estos días os hemos narrado nuestro viaje.

Después de tantas sensaciones distintas, llegamos a varias conclusiones, y es que hay quien colecciona lugares, como si de cromos se tratara, y va haciendo una muesca en su empuñadura presumiendo del hombre de mundo en el que se ha convertido. Pero no se trata de eso. Cada lugar te entrega algo distinto y vamos dejando parte de nosotros en el camino. Es un sutil equilibrio que hace que cada viaje fluya libremente.

Recuerdos de grandes lugares y lugares diminutos que nos entregaron el mismo brillo, su reflejo puede quedar a veces empañado, cuando de pronto encuentras otro nuevo tesoro, pero la belleza siempre es la misma, atemporal. Misteriosamente, nuestros recuerdos quedan congelados en el tiempo en el que se fraguaron, haciendo verdaderos paraísos intactos que quedaran para siempre en nuestro recuerdo. Pero lo mejor de todo es que salimos al mundo como niños y regresamos como atezados guerreros que han superado mil pruebas. Ese es el verdadero viaje, en el que aprendes, en el que creces, en el que no siempre todo sale como uno espera, en el que te desilusionas y te vuelves a ilusionar al momento.

Momentos robados al tiempo, en una calurosa noche de Verano. Sueños hechos realidad y otros que se vuelven a quedar en el tintero. De eso se trata, de estar constantemente en movimiento…

París- Eurodisney from conrad y echobelly on Vimeo.

Créditos vídeo: Pink Martini – Je en veux pas travailler

ROAD BOOK

Día 17

Pernocta: Área de Autocaravanas de Sancourt
Precio: Gratuita
Servicios: Agua y vaciado (gratuito)
Coordenadas: 49º 46′ 24.11” N;  3º 02′ 28.80” E

Día 18

Pernocta: Camping Bois de Bologne
Precio: 32,00 €
Servicios: Todos
Coordenadas:

Día 19

Pernocta: Área de autocaravanas de Eurodisney
Precio: 14,00 €
Servicios: Solo pernocta.
Coordenadas:

Día 20

Pernocta: Área de autocaravanas de Millau
Precio: Gratuita.
Servicios: Vaciado y agua (ojo, pago con tarjeta de crédito)
Coordenadas: 44º 05’ 45.23’’ N;  3º 05’ 08.83’’ E

Totales viaje

Kilometros recorridos: 5.000 (aproximadamente)
Coste Gas-oil: 455 €
Coste Peajes: 150 €
Coste visitas: 315 €
Coste pernoctas: 240 €

5 Comments + Add Comment

  • ¡Como siempre, genial!
    Muchas gracias por compartir vuestros maravillosos viajes.

  • Hola otra vez:

    Jooooooooooooooooolin que larga se me ha hecho la espera, todos los días entrando para ver si habíais escrito la ultima parte de este fantástico relato, y cada día con el “chasco”. Os voy a tirar de las orejas por hacernos esperar tanto tiempo, después de habernos dejado con la miel en los labios jeje.

    Me he divertido un montón leyendo el relato, ha sido un placer muy dulce. Menuda “traca” final, habéis terminado el relato por todo lo alto. Si tuviera que resumirlo seria diciendo “fiestaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa” ;-)

    Por cierto el vídeo super divertido!!! Pues eso, como siempre un 10. Pero me da mucha penilla haber llegado al final del relato ; -). Tanto tiempo leyendo aventuras y desventuras sobre Loira, Bretaña, Normandia, Holanda, Paris, Eurodisney, y ahora que?… Necesito mas…………. jejejejej

    Un besazo enorme a los dos y enhorabuena por describir tan bien vuestros sentimientos.

  • Hola Aza y Maria, mil gracias por vuestros comentarios. Como siempre intentamos contar nuestras experiencias de una forma amena y sobre todo de una forma “practica” para que nuestras vivencias les puedan servir a cualquiera, que quiera hacer un viaje parecido al nuestro.

    María, pedir disculpas por la tardanza en esta ultima entrega, pero hemos ido muy liados, a parte de, las ganas que teníamos de que hiciera buen tiempo estamos aprovechando a tope para hacer mil cosas jaja.

    Tranquila María, que ya tenemos varios relatos esperando para salir del horno. Espero que sigas teniendo paciencia con nosotros jaja… Pero es que nos faltan horas al día.

    Saludetes a ambos.

  • No debería ni hablaros por mantener tanto tiempo el suspense jejeje.
    Como casi siempre, descubro la nueva entrada en el curro y apenas puedo ojearlo, pero será una interesante lectura para la tarde de hoy antes del partido de la selección.
    Un saludo.

  • Joooooooo Jony que presión jajja, si es que vamos muuuuu liaooooooossss, que nosotros también curramos jaja.

    Vuelvo a pedir disculpas, luego nos flajelaremos jajajaja.

    Pues nada Jony, espero que te guste, siéntate y disfruta de un rato divertido.

    Saludetes.

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