El Regreso: Sant Magí

jun 12, 2012 by     7 Comments    Posted under: Deportes, Lugares con encanto, Trekking

Hacía tiempo que ansiábamos salir de casa, caminar por la montaña y disfrutar del aire libre. Varios contratiempos personales nos han mantenido en el “dique seco” durante los últimos dos meses, impidiéndonos disfrutar de la mayoría de puentes de que disponíamos esta primavera, lo cual ha hecho que lleguemos a las puertas del verano con más ganas que nunca de disfrutar del buen tiempo.

Llegó el fin de semana y, aunque nuestros planes para salir con la autocaravana se truncaron, nos resistíamos a no hacer nada, más aún después de nuestra reciente mudanza a Sant Andreu de Llavaneres, una pequeña localidad situada a las afueras de Barcelona, a los pies del Parque Natural del Montnegre. Fue por ello que, en cuanto hemos tenido ocasión, no hemos dudado en calzarnos las botas de montaña, agarrar bien nuestro bastón de treking  y volver salir a descubrir el mundo.

La primera sensación fue sin duda sorprendente: poder salir a la montaña a pie, desde casa, sin tener que desplazarnos con el coche es un placer del que solo habíamos disfrutado durante nuestros viajes en autocaravana.  “Que rápido nos vamos a acostumbrar a esto de vivir en un pueblo” pensamos, pues a los pocos minutos nos encontrábamos pisando naturaleza y envueltos de una vegetación exhuberante.

Salimos sin un rumbo muy definido, solamente con ganas de descubrir el entorno que nos rodea. Hacia algunos días habíamos hecho una pequeña incursión por la zona, en la que habíamos descubierto la Ruta de Las Tres Villas, que enlaza las poblaciones de Sant Andreu de Llavaneres, Sant Vicenç de Montalt, y Caldes d’Estrac, y nos disponíamos a conocer parte de ella. Iniciamos nuestro recorrido subiendo por la riera de Sant Andreu de Llavaneres, en dirección norte. A los pocos metros encontramos el desvío que conduce a l´Esglesia vella, situada en el Turó de Sant Sebastià, desde la cual se obtienen unas fantásticas vistas de la costa del Maresme.

En esta ocasión, sin embargo, continuamos por el cauce de la riera, y pronto llegamos a los Eucaliptus, un cruce al abrigo de gigantes y ancianos eucaliptus que nos cobijaron de un sol, excesivamente caluroso para tratarse del mes de Mayo.

Las vistas mejoraban a cada paso, con la extensión del Parque Natural al norte, y el cálido mar Mediterráneo al sur. Sin embargo, nuestra inactividad de los últimos meses nos pasaba factura en estos primeros kilómetros, pues cada paso significaba un enorme esfuerzo. Afortunadamente llegamos a Onze pins, un cruce situado bajo el manto de un inmenso pinar, en el que afortunadamente la pendiente del camino comenzó a suavizarse. Pocos eran los que nos cruzábamos en el ascenso, apenas un par de personas caminando y otra a caballo, pero sin duda sorprendía la vegetación y silencio de un Parque Natural que parece increible, que esté situado a apenas treinta kilómetros de Barcelona.

Continuamos caminando, embelesados por el entorno, hasta que finalmente llegamos al principal destino de la jornada, a medio camino de la ruta trazada, el poblado neolítico de los Rocs de Sant Magi. Se trata de un yacimiento formado por grupos de bloques graníticos de considerable magnitud, apoyados los unos sobre los otros, que forman pequeñas cuevas y pasadizos.

Los bloques exteriores se encuentran unidos entre si mediante muros de piedra, formando un recinto cerrado, amurallado, un hecho no demasiado habitual en los yacimientos de este periodo. En la parte central del conjunto hay un corredor de unos ocho metros de longitud y ochenta centímetros de ancho.

Las primeras excavaciones datan del año 1966. A partir de 1986 se inició una campaña de excavaciones que dieron como resultado, fragmentos de cerámica sin decorar y paredes poco gruesas en un primer nivel, y varios fragmentos de cerámica decorada con la impresión de cordones en relieve en un nivel inferior.

El enclave era fabuloso, y rápidamente entendimos el porque aquellos primitivos lugareños eligieron este lugar tan privilegiado para montar su hogar. Sorprendía a su vez, ver junto a un entorno natural e histórico como este, las impresionantes viviendas que se están construyendo rebosantes de diseño y lujo, pero que sin embargo no restan protagonismo a lo que realmente es importante allí, el entorno.

No era excesivamente tarde pero nos pareció aquel un lugar fantástico para reponer fuerzas y comer algo, así que bajo la sombra de aquellos gigantescos pinos, devoramos los bocadillos que traíamos preparados desde casa, mientras disfrutábamos contemplando el entorno de nuestro nuevo hogar.

Al rato, antes de que nos enfriáramos del todo, reemprendimos la marcha. El camino, bien señalizado, nos hizo andar por algunas calles de la urbanización, pero pronto nos volvimos a meter en el interior del bosque, tomando esta vez rumbo hacia la bajada a Sant Vicenç de Montalt. Llegamos a la población después de andar un largo trecho pero sin cansarnos excesivamente, pues la mayor parte del camino era de bajada.

Entramos en  Sant Vicenç y cruzamos la población. A aquellas horas no había prácticamente nadie, lo que nos permitió disfrutar de sus calles a solas. Nos paramos en su iglesia, un edificio de nave única, de estilo tardo-gótico, que data del 1577, y junto a ella descansamos un rato. Luego, retomamos la marcha rumbo al sur. Nuestro destino era la playa de Balís, a la cual llegamos después de un largo y plácido descenso. Un breve paseo por la orilla del Mediterraneo nos condujo nuevamente hasta Sant Andreu de Llavaneres, y aunque eran apenas tres los Kilómetros que nos quedaban hasta el centro de la población, decidimos hacerlos en autobús. En total habían sido más de doce Kilómetros los recorridos durante el día, los cuales consideramos más que suficientes en esta primera toma de contacto.

Llegamos a casa, cansados pero satisfechos. Tras las dificultades de los últimos meses, nos sentíamos inmensamente reconfortados de haber podido salir nuevamente y disfrutar de la montaña, más aún en un día casi de verano como el que habíamos podido disfrutar durante el mes de mayo. La espera se había hecho larga, pero finalmente volvíamos a calzarnos las botas, y ahora no debemos más que mirar hacia delante. Nos sentimos así mismo afortunados por el entorno del lugar que hemos elegido para vivir, pues nos permite disfrutar de una gran variedad de actividades, sin tener apenas que desplazarnos. Sin duda la autocaravana nos ha enseñado a disfrutar de la tranquilidad y del aire puro, y habia llegado el punto en que ya no nos servia disfrutar de esos privilegios únicamente los fines de semana.

 

7 Comments + Add Comment

  • Hola chicos:

    Bonita salida y bonita re-entree. Espero que ya estéis recuperados y enhorabuena por el cambio, la verdad es que las grandes ciudades cada vez cuestan más.

    Me ha gustado volver a leeros.

    Un besazo a los dos y a seguir descubrriendo el mundo.

    Maria y Bernardo.

  • Hola pareja.
    Cuando uno tiene ganas, por corta que sea la escapada, el efecto es siempre positivo. Y más si se disfruta en parajes naturales, indicadísimos para relajarse.
    Bonita lugar que nos habéis retratado.
    Saludos!!!

  • Hola chicos:

    Os doy toda la razón, el lugar a veces es lo de menos, cuando hay ganas de salir y pasarlo bien…

    Por ahora el cambio esta siendo super positivo, despertarte escuchando a los pajaritos y con vistas al mar y la montaña, no tiene precio ;-)

    Un besazo gigante a los tres.

  • buena no, muy buena noticia!
    a recuperar la falta de salidas!
    me alegro un montón
    :-) )

  • La verdad que si Jimmy, ya tocaba… poquito a poco y con buena letra ;-)

    Saludetes.

  • Que ilu mas agradable, yo he vivido en la C/union nº3 durante muchos años, Llavaneres fue mi pueblo, que recuerdos mas agradables me trae, je je je saludos pareja y disfrutar de este precioso pueblo.

  • Hola Gralla:

    Pues si, nos hemos venido a vivir al paraíso Llavanerense, aire puro, tranquilidad, y un entorno precioso. Me alegra que te haya traido buenos recuerdos.

    Saudetes.

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