Haciendo buenas migas

jul 27, 2015 by     No Comments    Posted under: Travel & Pets

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Pasadas las primeras y complicadas semanas, afortunadamente llegamos al punto en que Gish y Draper, gato y perro, no se habían matado. Cierto es que hubo más de una riña, normal, pero por finalmente conseguimos que ambos estuvieran en una misma habitación, sin tener que estar pendientes de ambos. Sin embargo, nuestra intención era ir más allá, queríamos que ambos compartieran el reducido espacio de una autocaravana, durante nuestros largos viajes, y para eso necesitábamos que se hicieran amigos. ¿Pero cómo conseguirlo?

Buscamos en páginas en internet e incluso libros, pero resulta difícil encontrar un caso tan concreto como el nuestro. Por eso, estos últimos consejos, los que han convertido a ambos en dos buenos amigos, son fruto únicamente de nuestra experiencia y esperamos que, al igual que  a nosotros nos han funcionado, sirvan también a los demás.

Eliminar las zonas: Llegó el momento de decir basta. La casa es de todos y debemos empezar a cambiar las normas. Se acabó el que cada uno tenga una habitación y, a pesar de que pueden surgir nuevos enfrentamientos, lo más probable es que uno empiece a utilizar la cama del otro, incluso el bebedero, o al inerves. Ambos conocen el aroma del otro, por lo que llega el momento de ofrecerles la posibilidad de explorar aquellos terrenos que hasta ahora les estaban vetados; ha llegado el momento de que se conozcan de verdad.

Juntos y revueltos: Sin duda es el gran paso, llevarlos a ambos en una autocaravana. Apenas 10  metros cuadrados para dos animales, que todavía se miran de reojo. Todavía recuerdo nuestro primer fin de semana, nuestra cautela, evitando que hubiese encuentros demasiado bruscos y, al fin y al cabo, resultó que cuanto más juntos menos problemas.

Paseos en manada: Sabíamos por nuestra experiencia con perros que los paseos en manada hacen congeniar a los animales, pero jamás hubiésemos dicho que podían unir a perros y a gatos. Sin duda nuestra sorpresa fue mayúscula al ver como Gish, acostumbrada desde pequeña a pasear algunas noches con su arnés, se animaba al ver cómo su nuevo compañero de piso paseaba con ella. Primero fue curiosidad, luego juego y ahora es la seguridad que le ofrece su amigo canino cuando ambos salen por la noche a pasear.

Igualdad, ante todo: Llegados a este punto poco más nos queda por hacer. Al fin se conocen, incluso juegan y, poco a poco, incluso empiezan a compartir cama. Evidentemente son muchas las diferencias existente en el trato entre ambos, perro y gata, cachorro y adulta, pero podemos afirmar que nos sentimos enormemente satisfechos de que nuestros pequeños y peludos compañeros de viaje se hayan convertido por fin en dos buenos amigos.

Fin.

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